Agro cubano precisa más semillas propias

Con una capacidad de 32 millones de vitroplantas, las biofábricas del país producen hoy apenas cinco millones de estas semillas de alta calidad y resistencia.

La práctica de producir semillas propias se impulsa hoy en Cuba, con la vista puesta en cortar, hasta donde sea posible, la dependencia externa.

Foto: Archivo IPS Cuba

La Habana, 5 oct.- En las fincas Las Piedras y El Melocotón, la campesina Esther Figueredo sigue una máxima, los primeros y mejores frutos son para semillas, como garantía para las próximas cosechas en esas parcelas en el municipio de Bejucal, en la provincia cubana de Mayabeque.

Esa práctica se impulsa hoy en el país, con la vista puesta en cortar, hasta donde sea posible, la dependencia externa.

Así, Figueredo y su familia, integrantes de la Cooperativa de Créditos y Servicios Antonio Maceo, aseguran las simientes de tomate, ají, habichuela, zanahoria y café, entre otras, sobre todo en tiempos cuando escasean las importaciones.

“Lo mejor es para la semilla, lo que nos da tranquilidad. Las que no tenemos, podemos intercambiarlas con otros productores”, reveló la agricultora.

De acuerdo con Rolando Quincosa, director de semillas y recursos fitogenéticos del Ministerio de la Agricultura, los productores garantizan el 40 por ciento de las semillas, mientras el resto se obtiene por medio de un sistema de semillas, que se perfecciona, a partir de la adopción, en 2018, de una política nacional para ello.

Su objetivo, destacó el primero de octubre, durante el I Foro Iberoamericano de Jóvenes Agroecólogos, es desarrollar el proceso tecnológico y científico en la producción de semillas, variedades resistentes y resilientes al cambio climático, que permitan disponer de cantidades suficientes y con calidad genética para impactar en la producción y los rendimientos que se necesitan en la producción agropecuaria.

 

Certificación de semillas

Según Quincosa, el país trabaja para lograr que, como mínimo, el 56 por ciento de las semillas sean certificadas, en lo cual se siembra en unas 5.000 hectáreas, “para tener las semillas de calidad que necesitamos”, resistentes al clima y las enfermedades y que permitan reducir al mínimo la importación.

“Tenemos alrededor de 60 por ciento de semillas certificadas por el proceso de áreas especializadas, pero todavía tenemos que seguir utilizando un 40 por ciento de semillas que se producen localmente para poder tener todas las semillas que se necesita en el proceso productivo”, destacó.

A su juicio, sin recursos fitogenéticos y semillas, no habrá desarrollo agrícola y forestal. “Es imprescindible tener la semilla de calidad que se necesita para la siembra y poder dar los pasos de avance en la producción especializada,  la local, en el organopónico, en el patio familiar”.

 

Regulación nacional sobre semillas

Desde hace años, en Cuba se habla de esa necesidad y no es la primera vez que se dan pasos en esa dirección.

Sin embargo, el momento es otro: por un lado, arrecian las medidas del bloqueo estadounidense que restringen el comercio, y por otro, el país enfrenta una crisis financiera, agudizada al extremo por la epidemia de covid-19 y el cierre de las principales fuentes de ingresos.

Ya desde la adopción de la política se comenzaron a dar pasos para revertir lo que se perdió en el campo de las semillas, como parte de un programa hasta 2030, reforzado con la aprobación del Decreto-ley 388 que recoge lo que debe hacerse en materia de recursos fitogenéticos y su reglamento.

Al decir de Quincosa, en el país el sistema de semillas incluye tanto a entidades estatales y centros de investigación, como a 3.723 agricultores que producen semillas de calidad, agrupados en 229 Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), 166 Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA)  y 413 Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS).

Entre las acciones realizadas a favor de las semillas, están la divulgación y comunicación para dar a conocer el marco regulatorio –en teleconferencias y on line, debido a la pandemia-, capacitación e inclusión en la enseñanza universitaria, a partir del próximo curso escolar, de una especialidad en semillas y recursos fitogenéticos.

De acuerdo con el directivo, “debemos preparar profesores para poder impartir conocimientos de este tipo, que son muy específicos y muy técnicos para desarrollar la fuerza laboral calificada que necesitamos”.

Lo que no puede esperar

Otras tareas han estado relacionadas con inversiones y mantenimientos constructivos en el sistema de semillas: recuperación de estaciones –una de café ya lista en Holguín y otra en curso en la Isla de la Juventud-, y la creación del Centro Nacional de Recursos Fitogenéticos, en el Instituto de Investigaciones Fundamentales en Agricultura Tropical Alejandro de Humboldt.

Relevante es la recuperación constructiva y tecnológica de las biofábricas del país, que deberá concluir en 2021, con el fin de recuperar su capacidad productiva, que requerirá además del rescate de los recursos humanos.

De una capacidad de 32 millones de vitroplantas, estas biofábricas están produciendo apenas cinco millones.

Cuba está trabajando también en la recuperación de los laboratorios y las 15 fincas provinciales de semillas, en la consolidación de las fincas municipales, así como de los centros de beneficios.

Como parte del programa, se construyó una envasadora de semillas en la capital cubana y se concluyeron plantas de beneficio de granos en las provincias Granma y Pinar del Río y levanta otras en Holguín, además de un centro de peletización de semillas para el tabaco, que puede procesar también otras simientes.

De acuerdo con Quincosa, se trabaja en la actualización de la lista oficial de variedades comerciales, incluidas 10 nuevas variedades y por promover se empleen en los programas de multiplicación las variedades nacionales inscritas, “lo que nos da soberanía e independencia”. (2020)

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