Cuba busca la independencia de su energía ante crisis de combustible
En medio de la crisis de combustible y apagones prolongados, Cuba apuesta por energías limpias para garantizar soberanía energética.
Colas en servicentros de La Habana reflejan la crisis de combustibles y la falta de suministro eléctrico.
Foto: Jorge Luis Baños/IPS
La Habana, 16 feb.- Al caer la tarde noche, barrios enteros de la capital quedan en total oscuridad, mitigada solamente por velas o bombillos recargables. A la vez, las colas en los servicentros de combustible en moneda nacional han desaparecido mientras en los que operan en divisas la espera por Ticket se hace interminable.
El parte de la electricidad es consultado a diario por la población. El déficit se mantiene en torno a los 1.800 megavatios (MW) y más de la mitad del país permanece sin servicio eléctrico durante largas horas.
Lo expuesto es resultado del recrudecimiento del bloqueo norteamericano y la interrupción total del suministro de petróleo venezolano, que hasta diciembre pasado resguardaba un tercio de las necesidades nacionales.
Este es el rostro visible del Plan de los 1.000 MW, que ha multiplicado por más de cuatro la capacidad solar del país en apenas un año: de 262 MW en 2024 a unos 1.200 MW a finales de 2025”.
Armando Rodríguez, ministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente
Estados Unidos ha lanzado una ofensiva que incluye amenazas de aranceles a cualquier nación que abastezca crudo a la nación, asfixiando económicamente a un país que produce solo una fracción de lo que requiere y cuyo sistema electroenergético, envejecido y con mantenimiento postergado, se encuentra en una espiral de deterioro.
Las centrales termoeléctricas, la mayoría con más de cuatro décadas de explotación, operan muy por debajo de sus capacidades originales y con muchísima frecuencia están fuera de servicio.

El sol es la respuesta
En este contexto, la frase “Soberanía o dependencia” ha pasado a convertirse en una ecuación de supervivencia nacional. La respuesta proviene de la energía solar.
El parque solar “Pepe Rivas”, a pocos kilómetros de Cienfuegos, extiende 43.000 paneles sobre 32 hectáreas de tierra. Desde el mes pasado, la instalación comenzó a inyectar energía a la red, junto a la vieja termoeléctrica Carlos Manuel de Céspedes.
En palabras de Armando Rodríguez, ministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente a través de su red social Facebook: “Este es el rostro visible del Plan de los 1.000 MW, que ha multiplicado por más de cuatro la capacidad solar del país en apenas un año: de 262 MW en 2024 a unos 1.200 MW a finales de 2025”.
“El uso de energías limpias no solo contribuye a la sostenibilidad ambiental, sino que refuerza la soberanía energética de la nación”, expresó el presidente Miguel Díaz-Canel en su más reciente comparecencia nacional.
La diferencia de costos es determinante: mientras un kilovatio/hora con fuel oil supera los 20 centavos de dólar, el solar ronda los seis. En un país sin liquidez, esa brecha es cuestión de Estado.
Parques como “Mal Tiempo”, en Cruces, municipio de la provincia central de Cienfuegos; con 21,87 MW, permiten ahorrar unas 9.000 toneladas de combustible fósil al año.
La cooperación internacional, principalmente de China, ha sido clave, tanto en grandes instalaciones como en proyectos sociales: 5.000 sistemas fotovoltaicos domésticos donados a hogares rurales aislados, llevando luz estable por primera vez a familias que nunca la tuvieron.

El reto
Cuando el sol se pone, los paneles dejan de generar y la realidad vuelve a ser dura. Cuba carece de la capacidad de almacenamiento imprescindible.
El plan original proyectaba 150 MW en baterías, pero la cifra instalada hasta el momento es inferior.
“La generación fotovoltaica es importantísima, pero de noche, ¿qué hacemos?”, cuestionaba un forista en medios oficiales, reflejando la opinión popular.
“Se necesita adquirir baterías de almacenamiento. De esta forma sí se puede garantizar al pueblo la sostenibilidad de una energía limpia y la soberanía energética que tanto necesitamos”.
La luz al final del túnel
Actualmente se construyen cuatro grandes emplazamientos de acumulación de energía. Pese a la dificultad, el pasado sábado, 14 de febrero y Día de la Energía, mientras el sol empieza a disminuir sobre el parque “Pepe Rivas” y los paneles dejan de generar, una nueva certeza se potencia.
Cuba demostró que puede levantar en tiempo récord y bajo condiciones adversas extremas, una infraestructura limpia que hace solo un año parecía imposible.
Por primera vez en décadas, la solución depende de la energía solar, un recurso infinito que a Cuba le sobra.
En el reciente Día de la Energía, autoridades y especialistas subrayaron que Cuba comienza a vislumbrar un horizonte de soberanía energética con la multiplicación por más de cuatro de su capacidad de generación solar en un año, al pasar de 262 megavatios (MW) en 2024 a alrededor de 1.200 MW a finales de 2025.
Todo ello dentro del denominado “Plan de los 1.000 MW”. La estrategia se apoya en ciencia e inversión, con el propósito de almacenar la energía generada durante el día y enfrentar la falta de suministro en horarios nocturnos. El “Plan de los 1.000 MW” marca el inicio de un camino hacia una energía limpia y propia. (2026)
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