Talleres dan empleo a personas con discapacidad en Cuba

Se les llama talleres especiales a estas iniciativas enfocadas a la inclusión social y económica de esta franja vulnerable.

En el taller 604, ubicado en el municipio habanero del Cerro, se producen artículos de cartón, papel y textiles.

Foto: Archivo IPS Cuba

La Habana, 4 ene.- Mujeres y hombres con discapacidades diferentes encuentran un empleo en los talleres especiales que funcionan a lo largo del país, además de una red de amigos, colegas y hasta en muchos casos una segunda familia.

Solo en la capital cubana funcionan 15 de estas unidades estatales, cuyas pequeñas producciones variadas están destinadas a oficinas, hospitales, instalaciones gastronómicas y mercados.

De sus manos salen sábanas y fundas, junto a piezas como bolsas de tela para las compras a partir de los recortes sobrantes. También confeccionan sobres para pagos de salarios, envoltorios para helados, caratulas y envases de cartón.

Enrique Segura, administrador desde hace 12 años del taller 601, del municipio habanero de Playa, lleva mucho tiempo trabajando con personas con discapacidad física motora, auditiva, visual o mental, y ha aprendido a comprenderlas y valorarlas.

“Las labores se distribuyen en dependencia de las posibilidades reales de cada uno, para que todos aporten al proceso productivo”, dijo Segura a la prensa local.

Este directivo, con 37 trabajadores a su cargo, reveló que a través del trato aprende a diferenciar sus capacidades y características. “Cuando aprenden una actividad, pueden ser  muy productivos”, sostuvo.

La búsqueda de mercados llevó al equipo del taller a incursionar en el sector industrial para suministrarles algunos envases deficitarios, de manera que a los artículos de papelería tradicionales agregaron cajas de diferentes dimensiones.

Como a algunos trabajadores la carencia de la llamada sintonía fina, consecuencia de la discapacidad, les impide hacer las cajas grandes, se mantienen haciendo sobres de pagos y diferentes tipos de hojas para el sector de la salud.

Iguales, pero diferentes

Manuel Sobrino y Margarita, una pajera de invidentes, trabaja desde alrededor de 25 años en otro de los talleres, el 604, ubicado en el municipio habanero de Cerro, donde se producen artículos de cartón, papel y textiles.

Según Virginia Castillo, al frente de esa unidad, las dos brigadas existentes agrupan a 22 trabajadores, que deben cumplir las disposiciones laborales vigentes en el país.

“Les exijo puntualidad, respeto del horario y seriedad en el trabajo. Claro, con flexibilidades: algunos no pueden andar bajo la lluvia ni venir apurados; otros, deben frecuentar al médico”, balanceó Castillo.

La directiva recordó que, años atrás, los talleres producían mercancías que iban a parar al almacén. “Ahora, lo que hacemos es contra pedidos de los clientes, según sus necesidades y en el tiempo que lo demanden”, explicó.

“Ya aquel tiempo de producir por producir se acabó. Tienes que tener tus clientes y de su demanda, montas tu plan de producción”, coincidió Segura.

La materia prima empleada en estos talleres proviene en ocasiones de la gran industria, que le vende a la empresa sobrantes y tejidos adquiridos específicamente para la confección de ajuares.

La carencia de materiales para trabajar, sin embargo, preocupa, pues dejaría sin contenido a los trabajadores, cuyos bajos salarios se incrementan apenas un poco cuando se logran cumplir los planes de producción y de ventas.

Uno de los elementos más positivos de la existencia de estas unidades, consideró Segura, es que contribuye a darle un sentido a la vida de estas personas.

“En ocasiones, no tienen quien los cuide, pero aquí se sienten en familia, se compenetran y crean una afinidad. Cuando los atiendes y los quieres, nos abrazan como a familiares cercanos. Si tienen problemas en la casa o en el barrio, vamos y nos ocupamos”, comentó.

Adis María González, jefa de brigada del taller 601, quien trabaja allí desde hace cuatro años, destacó: “mi objetivo aquí es hacerlos sentir bien. Trabajar con ellos te engrandece y te hace ser mejor persona”.

Algunos de los trabajadores discapacitados se quejan de los salarios, mientras otros ven en estas instalaciones un espacio vital.

Coralia Lara, en el taller de Playa desde 2001, comentó: “me encanta trabajar aquí, no es difícil y me gusta, voy a seguir hasta que me jubile. Cuando sobrecumplo el plan, me pagan más”.

Un joven llamado Andrés celebró su cumpleaños en el taller, con la colaboración del colectivo de trabajo. “Cada uno trajo un plato, lo que pudo y Adys puso la música. Me tratan bien aquí”, dijo. (2019)

Un comentario

  1. Yamilka Martinez Pérez

    Hola vivo en la Habana soy débil auditiva y estoy buscando trabajo
    78317078

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