Antonia Eiriz revisitada

Heridas pintadas y grabadas.

Cada obra de Antonia Eiriz es una suerte de palimpsesto.

Se expone por estos días, hasta el 31 de agosto, en la galería Galiano de Centro Habana, una muestra de la impar Antonia Eiriz (La Habana, 1929-Miami, 1995), “Heridas sobre el papel”, que toma como pretexto la denominada “Reencuentro”, montada por la propia galería en 1991, y el aniversario 60 de la institución.

Cuarenta y seis piezas (23 grabados y 23 pinturas) de varios tamaños conforman la exposición que –advertimos– es un suceso artístico relevante en el tórrido verano de la isla. Cualquier muestra de Antonia Eiriz lo es, pero mucho más si se exhibe una cantidad tan generosa y notable de sus creaciones.

Cartel de la exposición

Las piezas están repartidas a partes iguales en las dos salas con que cuenta la galería. En la primera, están las pinturas y los dibujos –tintas sobre cartulina o papel– y en la segunda, los grabados –litografías y xilografías–; pero salvo las técnicas y materiales empleados, la estética es la misma para todas: un expresionismo muy de Antonia Eiriz, una forma expresiva que lleva su sello, su firma, su genio, sus heridas.

Más que sobre el papel, el lienzo, o la cartulina, dibujadas, pintadas, o grabadas, las heridas de Antonia están hechas sobre sí misma, remiten hacia sí misma, muestran su dolor humano, de criatura sufriente y desgarrada. Ella es la modelo de “Desnudo femenino” (1953); “Desnudo” (1960); y también el Muñecón (1959); aparece junto a “Mis compañeras” (1962); y es víctima de “La carcoma” (1964), todas presentes en la muestra de la calle Galiano.

Desnudo femenino, 1953. Tinta y aguada sobre cartulina

Cada obra de Antonia Eiriz es una suerte de palimpsesto. En el fondo de cada una hay una multiplicidad de figuras a las que solo se puede acceder variando la perspectiva. Nunca sus piezas se abren desde una primera mirada. Hay que acercarse o alejarse, cambiar el punto de vista, la posición frente al cuadro. Solo así se pueden “leer” las variadas tramas que ofrecen sus creaciones. En esas tramas están inscriptas sus heridas.

Las heridas de Antonia fueron muchas. Físicas y psíquicas. Sufrió poliemielitis a los dos años y debió lidiar el resto de su vida con una deformación en una pierna. Mujer pobre, de barrio muy humilde, tuvo que erguirse sobre esas desventajas, esa otredad; y cuando ya había alcanzado premios, reconocimentos, cuando era celebrada, admiradad, respetada como artista y profesora, al presentar al Salón Nacional de Artes Plásticas, en 1968, “Una tribuna para la paz democrática”, esa obra irreverente, transgresora, punzante, mordaz, los comisarios del realismo socialista la lapidaron.

Lo que vino después fue una secuela triste. Durante muchos años Antonia Eiriz, recluida en su casa del reparto Juanelo, se dedicó a la enseñanza del papier maché y su arte más genuino y personal enmudeció. En 1991, la convencieron para exponer de nuevo en la galería Galiano en la mencionada “Reencuentro”.

Mis compañeras, 1962. Tinta sobre papel

Justamente ese año, un joven artista que trabajaba para la galería de San Miguel del Padrón, la conoció allí personalmente cuando ella asistió a una muestra de la Bienal con sus alumnos de Juanelo. Han pasado más de treinta años de aquel encuentro y aquel joven no ha olvidado el intercambio que sostuvo con Antonia.

Según me cuenta el pintor, diseñador, editor y crítico Ángel Alonso –el joven referido– su entrada en la galería, con muletas y cara de dolor no la olvidará jamás. “Era una mirada hermosa y dramática como una película de Tarkovski. Yo le pregunté ‘cómo está Antonia?’, y ella me dijo: ‘Tengo un ánimo de asco’. Fueron esas todas las palabras que le oí pronunciar”.

Ángel Alonso (La Habana, 1967), quien estudió en la academia San Alejandro, me dijo que Antonia era la pintora que más admiraban los artistas de su generación.

Otra artista nacida en los sesenta, también egresada de San Alejandro, Sandra Ceballos, en quien reconocemos la huella profunda de Antonia Eiriz, nos dejó este juicio:

«En la obra de Antonia Eiriz se libera la belleza de lo macabro taciturno, la prisión de muchedumbres y demonios lánguidos –en ocasiones–, manadas carcomidas por “dementores” demagogos e intransigentes; masas humanas desconsoladas, casi putrefactas, y el inevitable pulso con la muerte. Es una estética difícil, enfocada o disparada para salones de gente muy afinada con lo psíquico, una erupción de fuerza alfa pintada con la rabia del que acaricia un demonio; expresión para dar una lección a todos aquellos y aquellas que piensan que las hembras del arte somos “amaneradas” por el mero hecho de poseer una vulva entre las piernas».

Como sabemos, Antonia Eiriz llegó a Miami en 1993 y comenzó a pintar de nuevo. De ese año es “Entre líneas”, óleo sobre tela de 65,5 x 75 cm que se expone en el Museo de Arte de Fort Lauderdale, Florida. La obra fue exhibida en el High Museum or Art de Atlanta como parte de la muestra “Anillos: cinco pasiones del arte mundial” durante los Juegos Olímpicos de 1996. Allí fue colocada cerca de “El grito”, de Edvard Munch, y de un paisaje de Vincent Van Gogh. Según cuenta Susana Barciela, sobrina de Antonia, el día que ella visitó la exposición, vio a una pareja boquiabierta frente al cuadro de su tía. Y agrega que, según le dijo J. Carter Brown, director emérito del National Museum of Arte de Washington y curador de la muestra, “Entre líneas” apabulló a la gente.¹

Pero Antonia Eiriz no pudo vivir esa emoción. Su corazón había dejado de latir el 9 de marzo de 1995, semanas después de conocer que “Entre líneas” estaba entre las cien obras seleccionadas por Carter Brown. Fue su último pulso con la muerte, aunque, a la larga, ganó la partida: tras veintisiete años de su adiós, la obra de Antonia nos sigue conmoviendo y su legado creciendo. (2022)

 

Nota:

¹Véase, Susana Barciela: “Antonia Eiriz”, en http://www.aeiriz.com/sobre-la-artista.html

Un comentario

  1. Plácido Valdés

    Hola Susana,

    He estado tratando de contactarte por ya un buen tiempo. Espero que aún me recuerdes.
    Me da tanto gusto ver este escrito y así también saber que estás bien.
    Quisiera saber de ti y te agradezco si me puedes contactar a mi correo personal placidovaldes@yahoo.com o a mi celular 787-295-9150z
    Te mando un abrazo,
    Plácido

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