Bioproductos de uso agrícola, ¿una tablilla de salvación?
La producción enfrenta las limitaciones de financiamiento generales de la economía cubana, en detrimento de las buenas intenciones y expectativas.
Lombriz hidrolizada con sal, de la UCTB Alquízar.
Foto: Cortesía de UCTB Alquízar
En modernas instalaciones, centros de investigación y en pequeñas unidades, Cuba impulsa la producción de bioproductos de uso agrícola, la vía para paliar el déficit de fertilizantes y bioestimulantes, entre otros, en momentos de escasas finanzas, bajos rendimientos agrícolas y elevados precios de los alimentos del agro.
Aunque no sin tropiezos, tanto productivos, como de aceptación por parte de los productores, los bioproductos se han convertido en casi la única opción para la mayoría de los cultivos y, a fuerza de necesidad, ir rompiendo el hábito de emplear agroquímicos de importación y menosprecio a estas alternativas inocuas y ecoamigables.
Los bioproductos son obtenidos a partir de organismos vivos o sus derivados: hongos, bacterias, materia vegetal y enzimas, mediante el uso de herramientas biotecnológicas, que permiten cubrir un amplio espectro de prestaciones, delegadas durante mucho tiempo, particularmente en la agricultura, a aquellos obtenidos mediante síntesis química, dijo al definir este tipo de productos el profesor Luis Vázquez.
Su uso contribuye a la obtención de frutos más sanos, inocuos y de calidad, disminución de contaminantes y del riesgo de intoxicaciones, reducción de daños a los organismos beneficiosos y sostenibilidad y soberanía de la actividad agrícola al minimizar la dependencia de los agroquímicos importados.

Los caminos
Para Dagoberto Rodríguez, director de Suelos y Fertilizantes del Ministerio de la Agricultura, “lo poco o mucho que pone la agricultura en materia de viandas, granos y hortalizas se ha hecho todo con biológicos en los últimos tres años, excepto la papa y el tabaco”.
A su juicio, su uso es una necesidad imperiosa, a partir del déficit de fertilizantes, y por otra parte, se están implementando las normas de suelo que llevan a un uso más eficiente de estos productos, que van cerrando las brechas que pudieran existir para el desarrollo actual y futuro de los bioproductos en Cuba.
En 2023, Cuba aprobó el Decreto-Ley 64 de la producción, desarrollo y uso de los biofertilizantes, bioestimulantes y bioplaguicidas de uso agrícola, que estableció las pautas para todo el ciclo, desde la investigación y desarrollo hasta la comercialización y evaluación de impacto.
Sin embargo, la producción enfrenta obstáculos. De acuerdo con Lorenzo Montero, en 2023 la producción de bioproductos fue del 35,06% de lo previsto, que representa apenas 7.8 % de la demanda, debido, principalmente, al déficit de envases, materias primas e insumos de importación.
En su artículo Resultados del programa nacional de bioproductos (biofertilizantes y bioestimulantes en el primer año de la implementación de la Ley de soberanía alimentaria y seguridad alimentaria y nutricional, Montero indicó que se lograron importantes producciones alternativas locales, con la producción de 202,34 kilolitros.
Con esos productos se beneficiaron 25 454,50 hectáreas de cultivos varios, señaló durante el I Taller Internacional Los suelos como soporte a la adaptación al cambio climático y la producción de alimentos, realizado en marzo pasado.

Un ejemplo de occidente
Al Programa de bioproductos de Cuba lo respaldan 12 institutos de investigación de todos los organismos, que siguen desarrollando estudios para sostenerlo en el futuro, porque los microorganismos se van transformando y deben mantenerse sus cualidades, evaluarse los problemas y tratar de buscar soluciones, señaló Rodríguez.
Uno de esos centros es la Unidad Científica Tecnológica de Base (UCTB) Alquízar, perteneciente al Instituto de Investigaciones en Fruticultura Tropical, destacada en estudios e innovaciones en bioproductos y su aplicación en el surco.
Según Hugo Marcelino Oliva, investigador auxiliar de la UCTB, desde hace tres años, a partir de un proyecto relacionado con la economía circular, se ha hecho un diagnóstico del aprovechamiento de los residuos de plantas y pescado, la lombricultura y la hidrolisis de las proteínas con papaína, extraída de la leche de la fruta bomba.
En ese camino, han obtenido preparados con humus de lombriz y sábila para la aplicación foliar en todo tipo de plantas y logrado hidrolizar residuos de vegetales, fuentes de azúcares, para uso foliar y la alimentación animal.
Marta Rosa Hernández, directora de esa unidad, destacó que esos bioproductos obtenidos han sido puestos “a disposición de los productores y también en el trabajo en patios y pequeños espacios, acompañando los sistemas agroecológicos para lograr alimentos cada vez más sanos, que puedan ser entregados a la población”.
Por otra parte, en 2023, se puso en marcha en La Habana, el primero de tres complejos industriales del grupo empresarial Labiofam, que cuenta con tecnología moderna para la fabricación de bioproductos para la agricultura y la salud animal.
La planta, dijo René Villafruela, director general del Complejo Industrial Labiofam Habana, tiene capacidad de fabricar en el año cinco millones de litros de caldo de diferentes bio y 1 080 toneladas del rodenticida Biorat.
Sin embargo, la nueva industria no escapa a las complejidades económicas que enfrenta Cuba y ha hallado soluciones en el encadenamiento con el sector no estatal.
De acuerdo con el director de la Empresa Química de Farmacéuticos y Plásticos, Ronald Portieles, cuentan una capacidad instalada de 12 millones de envases en un año y de 24 millones de tapas para esos envases, que opera en encadenamiento con el sector no estatal, para la importación de las materias primas, entre ellas, la resina.
En Cuba, declaró a medios locales, no existe tecnología para la resina y el 80 por ciento de su producción la realizan entidades y filiales estadounidenses, por lo que ante las restricciones de EE.UU. para el comercio con Cuba, se emplea esa materia prima importada desde China, pero en volúmenes insuficientes.
Solucionar los cuellos de botella
De acuerdo con Montero, las bases productivas exigen modelos de gestión eficientes entre entidades y entre municipios, que respondan al incremento de los bioproductos, decisivos para producir alimentos de forma sostenible, a partir de alternativas con materias primas locales.
Por otra parte, destacó, el programa Nacional de Bioproductos demanda de alto estado financiero en moneda dura, que permita aminorar o erradicar un grupo de amenazas y debilidades que dificultan notablemente la producción, por lo que aconseja proyectos internacionales y alianzas con entidades nacionales que generen divisas convertibles.
(2024)
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