Camino de lava: la ruta de la escucha
La película de la cubana Gretel Marín, ganadora del Premio a Mejor Corto Documental en Miradas DOC, se enfoca en la representación más auténtica de las problemáticas de los afrodescendientes.
La realización de Gretel Marín, escoltada por un equipo de mujeres, se alzó con el Premio a Mejor Corto Documental en Miradas DOC, en Tenerife
Foto: Cortesía de la realizadora
Camino de lava, el más reciente documental de la cineasta Gretel Marín, comenzó su recorrido internacional con el Premio a Mejor Corto Documental en Miradas DOC. Luego, fue parte de la competencia oficial en el Festival de Cine de Málaga y, más recientemente, se presentó en el Festival Cinélatino-Rencontres de Toulouse.
Marín, quien había dirigido antes el documental El último país, vuelve al tema de la familia; aunque esta vez se detiene en un núcleo familiar que algunos podrían reconocer como “no tradicional”; y desde la conciencia de esta “no norma”, sus personajes trazan la vida delante de la cámara.
En uno de los capítulos del podcast “La corriente del Golfo”, de la plataforma MUBI, los cineastas Kiro Ruso y Paz Encina hablan sobre hasta qué punto los realizadores dan voz a los personajes o si sólo se suplanta su decir con las cámaras. El cortometraje documental de Marín comienza alejándose de esta preocupación al contar con una de sus protagonistas, Afibola Sifunola Umoya, en la elaboración del guion.
Una película concebida totalmente por mujeres
La representación de mujeres afrodescendientes, desde una mirada en la que ellas se sientan cómodas y puedan expresarse, no siempre es una acción lograda en la cinematografía cubana.

Justo ahora que De cierta manera, primer y único largometraje de Sara Gómez, se proyecta en la misma plataforma MUBI, la pregunta de “la representación” versus “la representatividad” de los y las afrodescendientes cubanos interroga el panorama audiovisual insular.
Camino de lava es una película concebida totalmente por mujeres: Gretel Marín en la dirección, guion y producción; Carla Valdés, en la producción; y Claudia Remedios, en la dirección de fotografía. Mientras que la edición es de la propia Marín junto a Adelaida Sancristobal; y Martha Suzana se ocupó de la mezcla y banda sonora.
“Las mujeres que acabaron integrando la equipa conseguimos involucrarnos alrededor de este tema y tuve la suerte de contar con una co-productora Carla Valdés León y una directora de fotografía, Claudia Remedios, sensibles al tema del racismo y dispuestas a aprender, o mejor, a desaprender para conseguir producir y filmar la película de manera creativa”, expresó Marín a la revista Afroféminas.
En esa entrevista, la realizadora comentó: “Gracias a ellas también experimenté esto de que toda la sociedad debería de ser educada contra el racismo a la vez, que esta es nuestra lucha, pero que debería poder compartirse sin dejar por ello de colocar nuestras voces en el centro de ella”.
Olorun Sile: cuando representar(te) es un placer
Es quizás bajo esta égida de “desaprender aprendiendo” que uno de sus personajes, Olorun Sile, muestra lo más auténtico del material audiovisual. Olorun es un niño increíble, con la sabiduría para auto-representarse desde el primer plano de la película.

Con la intención de interferir lo menos posible en la forma de percibirse o comprenderse de este personaje, la directora busca que también sea su madre, la activista y poeta Afibola, quien sostenga a través de sus conversaciones las inquietudes que ambos pueden tener sobre la realidad circundante.
En los momentos de mayor intimidad entre los protagonistas, donde la cámara de Gretel procura no hacer ostensible su presencia en la habitación con ellos, Camino de lava enseña la magia del amor y los cuidados y lo que estos pueden representar para las familias afrodescendientes.
Las rutinas más íntimas entre madre e hijo se convierten en verdaderos fragmentos de visibilización y entendimiento de una parte de la realidad de esta familia, la cual va más allá de la reflexiones de la madre y también de sus preocupaciones.
La sinceridad de Olorun permite establecer una comunicación directa entre personajes y público. Este personaje no solo es consciente de estar siendo filmado, sino que hará una representación de sí mismo sin que esto le ponga en conflicto. Tampoco, por tanto, creará ninguna duda en los espectadores ―los que muchas veces toman esta “realidad construida” como absoluta, cuando solo debe ser apenas verosímil― y se encontrarán aptos para el camino del discurso y el pensamiento.
La Tremenda Poderosa, más que una casa
En ese sentido, la “casa” , que usualmente toma el cine para ilustrar o simbolizar la vida, la familia, el hogar, se presenta en Camino de Lava como una analogía de los deseos y expectativas de madre e hijo, además del elemento material que está por ser construido.
El mundo físico material está lleno de privilegios y en la espiritualidad de una vivienda vacía, por construir, por llenar de recuerdos, se expresa el derecho y la posibilidad de que las personas puedan expresarse a su ritmo, acorde a sus identidades, que no solo son de género sino también de cultura, de historia.
“La Tremenda Poderosa” podría devenir en símbolo de futuro de Afibola para su hijo Olorum, pero no solo de futuro material, sino espiritual, del proyecto de vida o de la vida misma que esta madre desea para su hijo.
Olorun recorriendo con su patineta sus pasajes aún no habitados, hace que se les desee el mejor de los mundos posibles al infante y a la casa. Una morada que ya ha sido nombrada con tanta fuerza: esa que necesitan madre e hijo para vivir en la Cuba actual (2023).
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