El mundo fue un balón

¿De qué color fue tu grito de gol durante la Copa Mundial?

La marea argentina desbordó las calles.

A Jorge Luis Borges, el más universal de los escritores argentinos, acaso el más universal de los escritores latinoamericanos, no le gustaba el fútbol, pero extraña paradoja: treinta y seis años después de su muerte (el mismo año en que Argentina ganó su segunda Copa Mundial), el argentino vivo más conocido en el mundo no es un escritor, no es un artista, ni siquiera un político, sino un futbolista: Lionel Messi, nacido en Rosario, en 1987.

Ser esa cosa que nadie puede definir: argentino

Borges: “La fama”

Desde el 20 de noviembre hasta ayer, 18 de diciembre, el mundo fue un balón de fútbol, casi no se habló de otra cosa, porque el fútbol, más que un deporte es una ideología, una manera de pensar y sentir, al menos en Sudamérica y Europa. Por otra parte, la universalidad del fútbol, las redes sociales, los actuales modos de generar contenidos y jerarquizar las “noticias”, hicieron que la economía, la política, la cultura, los dramas sociales, fueran desplazados por lo que sucedía en Qatar, no solo en los terrenos de juego y los estadios, sino en todo el ámbito mundialista, y, en especial, por los comentarios de y sobre los craks.

Messi besa la Copa, entregada por el presidente de la FiFA ante el emir de Qatar

El planeta fútbol ha girado (y cambiado) mucho desde que Uruguay ganó el Mundial de 1930. Casi un siglo después, en las principales ligas europeas, se desarrollan jugadores de los cinco continentes. De manera que brasileños, argentinos, uruguayos, alemanes, italianos, franceses, ingleses y españoles, quienes se han repartido las copas, encuentran ahora una fuerte oposición, no solo de europeos y latinoamericanos, sino también de africanos, asiáticos, australianos, estadounidenses.

La prueba es que para este Mundial, el cuatricampéon Italia no clasificó; otro cuatricampéon, Alemania, no avanzó a octavos de final; Uruguay, tampoco; mientras que España no llegó a cuartos de final. Marruecos, Japón, Corea del sur, Australia, Senegal y Estados Unidos representaron esos movimientos en el eje del planeta fútbol.

Croacia y Marruecos

Marruecos fue la revelación, el equipo sorpresa de la Copa Mundial. Por primera vez una nación africana llegó a semifinales. Pero había mucho más que eso en la apuesta. El reino multiétnico de Marruecos es africano, árabe y de mayoría musulmana. Cada vez que jugaba Marruecos, sus aficionados copaban el estadio. En su último partido, contra Croacia, dos tercios de la instalación estaban apoyándolo.

La afición croata celebra el tercer lugar de su equipo

Los motivos de esa afición rebasan el deporte. Marruecos derrotó a equipos europeos que invadieron sus territorios y los colonizaron. No fue hasta 1956 que pudo lograr su independencia de España y de Francia. De ahí que sus victorias contra España y Portugal tuvieron un sabor muy especial.

Marruecos pierde la semifinal ante Francia y aflora el llanto

A su vez, Croacia, una nación de menos de cuatro millones de habitantes, ha hecho la hazaña de obtener dos terceros lugares y un segundo lugar en la historia de los mundiales. El juego del tercer lugar contra Marruecos fue peleado por ambos conjuntos hasta el último segundo, como si estuvieran discutiendo la Copa. El coraje que derrocharon fue de lo mejor que se vio en Qatar.

Argentina y Francia

El último juego del Mundial fue la final soñada. Sudamérica contra Europa. Francia, el campeón defensor, repleto de talentos, y Argentina, victoriosa en dos copas al igual que su rival, había mostrado una garra, un empuje, una voluntad de triunfo enormes. Como guinda del pastel, el enfrentamiento de Lionel Messi contra Kylian Mbappé. El primero, debía comandar a los argentinos y buscar el único triunfo que le había sido esquivo; el segundo, debía guiar a Francia a su segunda copa consecutiva, y demostrar que, en la hora actual, es la estrella en ascenso más brillante.

En este minuto, pocas personas en el planeta ignoran que Argentina derrotó a Francia en penales, en un juego que entrará en la historia de estos certámenes como uno de los más disputados y emocionantes, un partido épico, sobre todo a partir de los últimos minutos del tiempo reglamentario.

El conjunto de Francia estuvo ausente del juego en la primera mitad. Argentina los anuló y les marcó dos goles, gracias al genio de Ángel Di María, que provocó un penal (anotado por Messi) y marcó el segundo gol. Francia despertó, de manera agónica, en la segunda mitad. En el minuto 80, Mbappé cobró con acierto un penal: una falta de Otamendi sobre Kolo Muani, y al minuto siguiente, él mismo anotó el empate y forzó la prórroga. En lo adelante fue la locura. Messi agarró un rebote en el minuto 109 y pateó el balón que rebotó en el portero francés, pero las cámaras demostraron claramente que había rebasado la línea de meta. En el 118, cuando parecía sellada la victoria de la Albiceleste, una mano de Gonzalo Montiel condujo a otro penal, cobrado nuevamente por Mbappé para igualar las acciones: 3-3.

Cubanos Albiceleste celebran en La Habana

En la batalla de los penales, el portero argentino, Emiliano Martínez, fue el héroe y los sudamericanos se impusieron 4-2. Argentina ganó su tercera copa, Messi obtuvo lo suyo y una marea albiceleste tomó las calles del mundo.

Cuba no fue la excepción. Muchos aficionados salieron a la vía pública a festejar la victoria. Hasta entrada la noche, desde mi casa en La Habana sentía las voces que pronunciaban Argentina y Messi una y otra vez.

Me hubiera gustado que en noviembre pasado, cuando los Astros de Houston ganaron la Serie Mundial de Béisbol de las Grandes Ligas, hubiera sido lo mismo. Había tres razones de fuerza para eso: el béisbol es nuestro deporte nacional, los Astros tenían a tres cubanos en sus filas, y uno de ellos fue el héroe del último juego.

Pero mientras hace veinte años que la televisión cubana transmite, en directo, los juegos de la Copa Mundial, los partidos de Grandes Ligas (retransmitidos) fueron apenas un espejismo en Telerebelde. Cualquier adolescente cubano habla de Messi, Cristiano, Neymar, mas ignoran quiénes son Yordan Álvarez, José Dariel Abreu, o Aroldis Chapman.

La televisión cubana estrenó un programa nocturno, a propósito de la Copa, “Pasión Mundial” y en la llamada Liga Élite del béisbol cubano se juega de día, a estadio vacío. No es casual que la afición por el deporte nacional haya descendido tanto en la isla. La pasión ha cambiado de deporte.

De cualquier manera, como latinoamericanos, nos alegramos mucho con la victoria de Argentina. Sufrió para obtener su tercera copa, pero así vale doble. Tiene mejor sabor. (2022)

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