El patrimonio, presencia constante en FICGibara
Desde sus primeras ediciones, este Festival ha priorizado el interés por la conservación del patrimonio, tanto de la Villa Blanca como del cine cubano.
La llamada Villa Blanca, un tesoro de historia y naturaleza, acoge cada año el Festival Internacional de Cine de Gibara
Foto: Rafael Grillo
Fundado en 2003 por Humberto Solás bajo el nombre de Festival de Cine Pobre, el hoy llamado Festival Internacional de Cine de Gibara (FICGibara) subrayó desde sus primeras ediciones la preservación del patrimonio cultural. Preocupado no solo por el de la propia Villa Blanca, donde transcurre el evento, FICGibara también aboga por la totalidad del cine cubano; y contempla el patrimonio en su más amplia dimensión.
Este es un proceso que parte del pasado, conserva y crea en el presente, y transmite hacia las generaciones futuras; y además del patrimonio material, abarca el natural y el inmaterial. Su mantenimiento requiere políticas constantes y modelos de desarrollo que preserven y respeten su diversidad y su singularidad, pues una vez perdidos es casi imposible recuperarlos.
La zona en que creció el asentamiento de Gibara es descrita por el Almirante Cristóbal Colón en el primer registro que conocemos de Cuba—lo que nos subraya su condición singular—. Es el segundo sitio que refleja su Diario: luego de avistar a la cercana Bahía de Bariay, el 29 de octubre de 1492 llegó a sus aguas, a las que llamó Río de Mares.

La perla hermosa de nuestro Oriente
A lo largo de tres siglos, Gibara fue poblándose, entre otras cuestiones, por su ubicación geográfica propicia para el comercio. El 16 de enero de 1817 enmarca su fundación, cuando se colocó la primera piedra de la Batería Fernando VII. La naciente villa, tras la construcción de su sistema defensivo, se convirtió en la segunda ciudad amurallada de la isla.
La creación del puerto en 1821 atrajo un creciente desarrollo y la pujanza económica de las siguientes décadas propició la construcción de importantes edificaciones. Muestra de ello son la mansión neoclásica que alberga el Museo de Arte y el Museo de Historia Municipal, la del Museo de Historia Natural, la Biblioteca Municipal y la Iglesia Parroquial de San Fulgencio.
Habitada mayormente por familias españolas y criollos adinerados, que se refugiaron cuando la guerra de independencia en 1868, Gibara fue una villa cosmopolita que permaneció próspera, mientras otras ciudades cubanas sufrían el asedio mambí. Su riqueza arquitectónica aumentó en medio de la contienda; incluso su población crecía, llegando a ser la más alta por kilómetro cuadrado en la región oriental.
Entrado el siglo XX, su puerto fue perdiendo importancia, al abrirse otros con más facilidades en sitios cercanos. La prosperidad de Gibara empezó a declinar y su envidiable arquitectura —uno de sus atractivos principales— a soportar, junto a la estrechez económica, el paso del tiempo y los múltiples descuidos.

FICGibara, catalizador para el desarrollo
Así la encontró Solás cuando filmó escenas de Miel para Oshún (2001) y en 2003 empezó el camino del Festival, con el deterioro acrecentado por los años del Período Especial.
“Cuando llegamos, la vida estaba muy paralizada. Fue un proceso complejo, pues se cuestionaba el por qué queríamos crear el evento aquí. Gibara fue resurgiendo con los años y ahora la villa es orgullo para la provincia. Ese cambio es enorme y se traduce en los apoyos”, comenta Sergio Benvenuto Solás, actual director del Festival.
“Han sido dos décadas de una interacción cultural formativa, en las que se han visibilizado internacionalmente sus potencialidades ―añade Benvenuto―. Ello ha contribuido a forjar, desde la cultura, un desarrollo local sostenible, con señales inalterables de progreso, a pesar de las circunstancias económicas del presente inmediato”.
FICGibara ha sido un catalizador para el avance socio-económico de la Villa Blanca. La apuesta por el patrimonio está enlazada a su esencia y su visión se extiende más allá del desarrollo comunitario y la actividad cultural hasta incluir el medio ambiente.
Un año después de la primera edición del evento, el centro histórico de Gibara fue declarado Monumento Nacional por la Comisión Nacional de Monumentos, al ser el conjunto arquitectónico colonial más importante de Holguín. Y desde 2022 integra la Red de Oficinas del Historiador y el Conservador de las Ciudades Patrimoniales de Cuba.

Salvar el Teatro Colonial
Pero la restauración inconclusa de su Teatro Colonial ―inaugurado el 13 de septiembre de 1890 como Teatro del Casino Español de Gibara― es una de las deudas con el patrimonio gibareño. Su contigüidad con el cine Jibá permitiría articular un complejo cultural con nuevos espacios a disposición del Festival, quien ha utilizado en ediciones anteriores sus espacios para la presentación de obras de teatro.
El edificio neoclásico permanece cerrado desde 1972; y el proyecto técnico-ejecutivo de su reparación prevé que, una vez culminada esta, posea un aforo de 300 personas. Se le añadiría, además, una sala alternativa en el patio con 80 asientos; y dispondrá de siete camerinos, baños públicos, salón de protocolo, edificio administrativo y cafetería.
“La arquitectura y la restauración de la ciudad siempre han estado en la mesa de debate. Pero también están los temas patrimoniales del cine”, sostiene Benvenuto. “Se impone la urgencia de salvar y preservar el patrimonio cinematográfico cubano. Hay que encontrar soluciones y alternativas para rescatar paulatinamente el máximo de obras posibles”.
Los dilemas del patrimonio cinematográfico
Desde su propia programación cinematográfica, el Festival ha priorizado el patrimonio. En 2022 exhibió una copia restaurada de Los sobrevivientes (1978) de Tomás Gutiérrez Alea; y en esta edición, el largometraje De cierta manera (1974) y varios documentales de la realizadora Sara Gómez, luego de su restauración en Alemania. Para la próxima se prevé la presentación de documentales de Nicolás Guillén Landrián, uno de los más originales cineastas de la isla.
Durante la 17 edición, realizada del 1 al 5 de agosto, FICGibara incluyó en su programa teórico un panel dedicado, precisamente, tanto a la necesidad de conservar el patrimonio de Gibara como el de la cinematografía cubana.
Para el arquitecto Alberto Mora, “lo primero fue reconocer el patrimonio y luego gestionarlo en beneficio de la comunidad. El Festival puede posibilitar que se realicen muchas más acciones”. Mientras, Evelin Cobas, directora del Centro Provincial de Patrimonio, introdujo el abordaje de las tradiciones locales. “Tenemos que seguir potenciando la totalidad de ese patrimonio, que hizo al mundo mirar a Gibara con la ayuda del Festival”.
Sobre el proceso de restauración del Noticiero Icaic Latinoamericano, dirigido por Santiago Álvarez, intervino el promotor francés Xavier D’Arthuys y sentenció: “Una restauración mala es una masacre definitiva. Este debe ser un trabajo minucioso y bien cuidado”. La italiana Milena Fiore, especialista en Conservación, compartió sus experiencias en el rescate de materiales audiovisuales a través de fondos públicos, premios, concursos y la labor de reutilización de archivos.

Asuntos pendientes I: El cine de Solás
Para el cineasta Kiki Álvarez, “ninguna restauración está terminada hasta que llega al oído y los ojos de los espectadores. Por ello la vivencia de ir al cine debe ser la primera tarea de cualquier Festival”. Por quinta vez llegó a Gibara la costarricense Ishtar Yasin, quien insistió en que el patrimonio es un acto de resistencia. “La utilización de archivo en las películas es una manera de conservar también el patrimonio, como lo es filmarla. Una película antes, ahora y siempre, puede rescatar la historia para trasmitir a las nuevas generaciones”.
El debate fue propicio para enunciar también dos temas medulares. El primero: la obra de Humberto Solás, que “es una de las asignaturas pendientes en la restauración del cine cubano, un proyecto a priorizar, pues se estaría recuperando parte del patrimonio de la Nación”, al decir de Sergio Benvenuto.
“Tenemos obras restauradas de Titón, Santiago, pero en el caso de Solás sólo hay una restauración de máxima calidad: Lucía. Esta es una urgencia objetiva y moral y estamos manejando experiencias y buscando alternativas más económicas para lograr este objetivo y para motivar a otros a sumarse”.
Benvenuto añadió que “ni siquiera tenemos en un máximo nivel de custodia y cuidado el resto de su obra. Es importante al menos ubicar el material que existe y preservarlo en el estado que se encuentra, para detener el proceso de deterioro y poder llevarlo después a una digitalización de nivel”.
Asuntos pendientes II: La casa de G. Caín
El otro asunto mentado fue la conservación del inmueble natal del escritor Guillermo Cabrera Infante. Se ubica su nacimiento el 22 de abril de 1929 en una casa de madera todavía existente en la villa y marcada con el número 142, en la calle Independencia. Al Premio Cervantes 1997 se le catalogó como “uno de los hombres más importantes del cine de nuestra nación y seguramente el más ilustre de los gibareños”.
Además de sus novelas y libros de cuentos, Cabrera Infante adoptó en la revista Carteles el seudónimo G. Caín para publicar sus críticas de cine, recogidas luego en Un oficio del siglo XX (1963). Hizo otros libros sobre cine (Arcadia todas las noches y Cine o sardina) y fue autor de los guiones cinematográficos de Wonderwall (Joe Massot, 1968), Vanishing Point (Richard Sarafian, 1971) y La ciudad perdida (Andy García, 2005).
“Cuando muere Cabrera Infante en 2005, Humberto Solás quedó muy triste de no haber tenido la posibilidad de hacerle un tributo en vida”, recordó Benvenuto Solás, sobrino del cineasta fallecido pocos años después, en 2008. “Cuando se están cumpliendo veinte años del Festival que él creó en Gibara, no puedo dejar de plantear esto, al ver todavía esa casa en pie”.
“Esta nación tiene que preservar ese inmueble, mientras resuelve sus discusiones. La casa natal de Wifredo Lam en Sagua La Grande se destruyó, pero esta que tenemos en Gibara hay que cuidarla”, recalcó el actual director, en ese estimulante panel de la cita cinematográfica recién finalizada. (2023).
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