Hilos de la tierra: Tradición y ruptura

Tres creadoras se acercan al universo de las artes textiles desde diversas poéticas.

Con esta pieza ( “Arrecife 1”, 2026, de la instalación “Desierto sumergido”. Vista lateral izquierda) de Karla Betancourt, que se expone en la muestra colectiva Hilos de la tierra, la artista intenta reflejar un problema medioambiental actual que es la muerte de los arrecifes coralinos.

Foto: Cortesía de la artista

La muestra colectiva, Hilos de la tierra, inaugurada a mediados de septiembre en la galería habanera ArteMorfosis ofrece el talento creativo de tres jóvenes artistas: Adriana Pérez Mugía (Pinar del Río, 1985), Karla Betancourt (Sancti Spíritus, 1992) y Nadia Díaz (La Habana, 1982).

Cada una de estas jóvenes creadoras desarrolla una singular metodología que ancla sus raíces en el arte textil y va construyendo, desde allí, interrelaciones con otros lenguajes de las artes visuales, como la fotografía, la pintura, la instalación y la cerámica.

Las obras expuestas resultan fascinantes no sólo por la calidad estética de cada pieza sino porque lo textil se abre paso, como cauce articulador, de soportes y formas de producir sentido.

 

Hilos de la tierra se exhibe en Event Rooms ArteMorfosis. Calle 11, e/ 6 y 8, El Vedado, La Habana y estará abierta el público con entrada libre hasta octubre próximo.

Adriana Pérez Mugía y Nadia Díaz son graduadas de la Academia Nacional de Bellas Artes “San Alejandro”.

Karla Betancourt tiene una maestría en Conservación del Patrimonio (Universidad de las Artes)

"Desierto sumergido”, 2026. Serie “Geometría Sagrada”. Cuentas de vidrio, hilo de nailon y acero zincado. Instalación, dimensiones variables.

Como bien apunta la curadora de la muestra Ana Beatriz Almeida (La Habana, 2000), las “fibras, cuentas de vidrio, superficies, imágenes, objetos, pigmentos y elementos de procedencias diversas se integran en procesos en los que cada puntada y cada engarce conservan las huellas de su propia elaboración. Materiales y procedimientos se convierten así en vehículos de memoria, capaces de entretejer las vivencias individuales con narrativas colectivas y de enriquecer las formas de comprender la experiencia propia y su conexión con el entorno”.

Hilos de la tierra reúne tres prácticas que se aproximan a los ciclos vitales y cósmicos asociados al crecimiento, la mutación, el deterioro y la regeneración…”

Ana Beatriz Almeida, curadora

De ahí que es, precisamente, esa tensión producida por la afinidad y la divergencia la que amplía las posibilidades de lectura de la muestra.

Es sabido que el arte textil se ha vinculado, históricamente, a prácticas ancestrales y a saberes transmitidos de generación en generación; sin embargo, adquiere aquí nuevas posibilidades discursivas, mientras sus cualidades físicas intervienen de manera activa en la construcción conceptual de las obras.

Sin perder su autonomía, las piezas construyen un territorio común en el que la transformación acontece tanto en los grandes ciclos que articulan sus imaginarios como en la escala mínima del gesto y del hacer.

Adriana

Cada obra funciona como una suerte de seducción a la mirada. El atrevimiento a saltarse la tradición del hilo con el cual se teje para llevarlo a una nueva dimensión conceptual y poética. Así vemos las piezas de Adriana Mugia que transitan del hilo al lienzo como especie de danza sobre su propio arquetipo femenino.

Adriana Mugia. “El camino del loco”, 2025. De la serie “El hilo dorado”. Óleo y bordado sobre lienzo, 120 x 150 cm.

La artista toma su postura, se fotografía y traslada esa imagen al lienzo. Sobre el óleo, cada puntada bordada a mano marca el ritmo y la línea que refuerza la forma. El óleo fluye, el hilo contiene. El gesto artístico coloca en un punto de giro, en una suerte de ruptura, al arquetipo y lo dinamita ante la presencia de nuestra mirada.

Nadia

Nadia Díaz. “La emperatriz”, 2025. De la serie “Trinidad”. Fotografía digital. Canvas Mate Premium 390. GSM. Edición especial, 30 x 40 cm.

Por su parte, Nadia, trabaja la cerámica, el tejido y la fotografía. Va, en esta ocasión, de escrutar las fases de la luna a las interrogantes —¿designios?— del Tarot. Una parte de su obra, como la de Adriana, es autorreferencial. Se mueve en la doble condición de objeto y sujeto. Creando, se crea. Como ella misma refiere: “Establezco vínculos entre la experiencia femenina, la espiritualidad y la creación, entendiendo el proceso como parte esencial de la obra. En Trinidad (2025), reinterpreto tres figuras del Tarot —la Sacerdotisa, la Emperatriz y la Reina de Copas— a partir de sus correspondencias astrológicas y numerológicas. A través de la fotografía, encarno estos arquetipos y construyo una lectura personal de sus símbolos.

Karla Betancourt. S/t, 2026. Detalle. De la serie “Abanicos de mar”.

Karla

Crea obras de arte con los mismos elementos que usamos para destruir los ecosistemas de los mares. Sus formaciones coralinas denotan una mirada atenta al entorno vital que le (nos) ha tocado. Representan una inmersión feliz, por su alcance estético, en un mundo contradictorio, cruel, pero aún inmensamente bello.

La artista teje con cuentas y recrea motivos vegetales, la textura del agua, su espuma y sus reflejos, intentando dar vida a los esqueletos marinos, pero construyéndolos con los materiales de desecho que más afectan a la vida natural: el vidrio y el plástico.

Adriana, Nadia y Karla, cada una desde sus saberes y haceres artísticos sostienen nuestra mirada a través de los Hilos de la tierra. Sus gestos son intuiciones que nos provocan, que nos inquietan y confirman que el arte del tejido es tradición y también ruptura. (2026)

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