Jesús Díaz: cine y lejanía
A 20 años de la muerte del intelectual cubano, se analiza su faceta de hombre de cine. Fue guionista y realizador de documentales y largos de ficción.
Intelectual controvertido y polifacético, Jesús Díaz es el creador de obras esenciales del cine cubano .
Foto: Archivo del autor del texto.
Jesús Díaz murió durmiendo en su apartamento de Madrid. Era el jueves 2 de mayo de 2002. Tenía una prolífica, polémica y polifacética vida intelectual y tenía, por supuesto, una isla pegada en las entrañas. En sesenta años de existencia acumuló amigos y enemigos, profesó ideas de las que más tarde renegó, fue director fundador del magazine cultural El Caimán Barbudo, así como miembro fundador del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana y de su controvertida (proscrita) revista Pensamiento Crítico.
Escribió cuentos, novelas, ensayos, guiones y artículos, dirigió documentales y ficciones, impartió conferencias y cursos de cine y literatura, ganó premios y, en los últimos años de su vida, fundó y dirigió la revista Encuentro de la cultura cubana.
Jesús fue un hombre a quemarropa, que vivió el cine, la literatura, la política y el liderazgo cultural como elementos coadyuvantes en el asentamiento de una personalidad compleja, sin medianías.
Se entregaba a cada proyecto con la devoción del verso de Fayad Jamís: “habrá que darlo todo”. Y en ese darlo todo hubo pasiones, errores, excesos a favor y excesos en contra, siendo siempre fiel al calificativo de “intelectual incómodo”, parte de la vanguardia y nunca del pelotón.
Jesús Díaz, entre polémicas y leyendas
Vivió la Revolución en primera persona, apasionándose, fue un febril militante del Partido Comunista y fue, después de su exilio, producido en 1991, una de las voces más agudas que, desde la intelectualidad, con apasionamiento y voluntad de restañar los diseminados fragmentos de la cultura cubana, criticó las políticas del gobierno de la isla.

Es así que, entre polémicas, demonizaciones, egos y algunas leyendas, queda en pie, un poco olvidada pero en pie, la estela ineludible de Jesús Díaz en el campo cultural cubano, su voluntad testimoniante en Los años duros, Las iniciales de la tierra, Las palabras perdidas, La piel y la máscara y Las cuatro fugas de Manuel, su búsqueda de temas polémicos en Cincuentaicinco Hermanos y Lejanía, su liderazgo, su esperanza y su voluntad crítica en El Caimán Barbudo, Pensamiento Crítico y Encuentro de la cultura cubana.
Es, por tanto, hora de desmitificar, de des-demonizar, de des-descalificar. Y es ese, precisamente, el objetivo primero de este trabajo, cuya pretensión es analizar el cine de Jesús Díaz y sus años en el ICAIC, centrando la atención en tres momentos destacados: el documental Cincuentaicinco Hermanos, el filme de ficción Lejanía y el guion del popular largometraje Clandestinos.
Jesús Díaz, creador febril
“El guion no es literatura, para nada. La palabra en el guion no ofrece resistencia, es solo un medio para llegar a un fin. Y tiene que ponerse en función de ese algo posterior, que es la película… Lo primero que yo tuve que aprender, cuando empecé a escribir guiones, fue justamente su especificidad. Es decir, estaba trabajando para otro medio aun cuando trabajaba para él a partir de la palabra”, comentó Díaz al crítico uruguayo Jorge Ruffinelli.
En 1978, cuando Jesús filmó el documental Cincuentaicinco Hermanos, ya era, además de un hombre de literatura y un agudo polemista, un hombre de cine, un guionista. Había escrito junto a Pastor Vega y Manuel Octavio Gómez; había dirigido cortos documentales; había filmado en Siberia; y trabajado junto a su amigo Fernando Pérez en los documentales Puerto Rico y Crónica de la Victoria. “Jesús era un creador febril… Trabajaba con una pasión y una inteligencia superior”, según lo describió Fernando Pérez.
Pero es Cincuentaicinco Hermanos, sin que haya dudas al respecto, el punto más alto de su obra documental. Considerado por el crítico inglés Michael Chanan como “la cumbre del género a finales de los setenta”, el documental, que a ratos se asemeja a un Noticiero ICAIC Latinoamericano (a uno de los mejores), se acerca a la idiosincrasia que une a los cubanos, vivan donde vivan y tengan la ideología que tengan.

La película suya que más gustaba a Jesús Díaz
A partir de la visita de la Brigada Antonio Maceo a La Habana se entretejen las historias que componen un documental ante el que no hay otra alternativa que la de abrirse el pecho.
Es ese el sentimiento que transversaliza la hora y quince minutos del emotivo documental: el reencuentro con la patria de jóvenes cubanos que, de niños, fueron trasladados a los Estados Unidos como parte de la Operación Peter Pan. Niños que no pudieron elegir, que fueron obligados por sus padres a abandonar la isla, se reencuentran, rebosantes de gozo y añoranza, con las raíces más auténticas de su nacionalidad.
Es así que, cuando alguien, de cualquier parte y de cualquier edad, quiera saber los sentimientos que han unido por muchos años a los cubanos, debe ver Cincuentaicinco hermanos, un documental que aborda el amor a la patria por encima de cualquier ideología y que, según confesó Díaz, era la película suya que más le gustaba.
El documental es un intento (logrado) de mostrar los rostros del exilio y romper la imagen monolítica de que todos los cubanos que vivían fuera de Cuba eran enemigos. Así lo cuenta el crítico e historiador brasileño Paulo Antonio Paranaguá: “Si antes y después del Mariel (1980), comunidad del exilio o diáspora eran términos reemplazados por insultos, su visibilidad como conjunto y su individualización eran nulas. La apuesta de Jesús Díaz, autor del guion y director de Cincuentaicinco hermanos, fue la de que podía darle caras y vivencias a esta problemática en un documental del ICAIC, cuando ello era imposible en cualquier otro foco audiovisual de la isla.”
Jesús Díaz y la primera película sobre el exilio
A Cincuentaicinco hermanos le sucederían las dos películas de ficción de Díaz, Polvo Rojo, de 1981, y Lejanía, de 1985. Todo esto matizado por el fuerte desempeño político de Jesús Díaz durante los 20 años que permaneció como creador adscripto al ICAIC y su ecosistema de pequeñas herejías sistemáticas.
En 1985, en medio de la vorágine productiva y de creación que sacudía al ICAIC, Jesús Díaz estrenó su segundo largometraje de ficción. Lejanía es una muy interesante historia en la que, tras más de diez años de abandono, una madre (emigrada) regresa a Cuba para visitar a su hijo, que no perdona la dejadez de la madre ni sus continuas faltas de cariño.
Inspirada en sus experiencias al dirigir Cincuentaicinco hermanos, esta fue la primera película cubana en abordar (como tema central y no línea argumental periférica) el asunto del exilio y los desencuentros familiares provocados por el destierro.

Es una muestra del desgarre provocado por la diáspora, del drama humano que significó (y significa) el exilio; pero también señala que la lejanía de una madre no puede suplirse con algunas llamadas al año, ni con regalos que buscan curar las heridas sentimentales.
Sin embargo, Lejanía tuvo una complicada recepción entre la crítica y los militantes furibundos. La prensa no publicó siquiera una nota sobre la película que llenaba los cines y generaba polémicas entre los espectadores. Luego de obtener el premio a la mejor dirección en el Festival de Nueva Delhi y el Gran Premio FIPRESCI en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, Lejanía fue, paradójicamente, elegida “Película del Año” por la misma prensa cubana que hasta ese momento había tendido un velo de silencio sobre el filme.
Clandestinos: un guion de Jesús Díaz
Tras alcanzar con Lejanía un pico en su carrera como director, Jesús Díaz regresa a los guiones, esta vez para escribir un relato de épica y amor en la Cuba prerrevolucionaria. Su historia se convertiría en Clandestinos, la aclamada ópera prima de su amigo Fernando Pérez. Estrenada en 1987, es una de las cintas imprescindibles del cine cubano y el mejor de los guiones escritos por Díaz.
La pulcritud de la escritura permite que convivan, sin forzarlas, situaciones de comedia con escenas de carga dramática elevada. La épica y las pasiones suceden con naturalidad, así como secuencias de adrenalina con diálogos bien estructurados, que se quedan tintineando en el espectador, al punto de concebir varias frases que perviven en el imaginario cinematográfico cubano.
Nereida y Ernesto (Isabel Santos y Luis Alberto García) son, además de una de las parejas más recordadas del cine nacional, la cristalización de la madurez cinematográfica de Díaz. Fernando Pérez, demostrando madurez desde su primera ficción, convierte las palabras del guionista en imágenes, sonido y huellas profundas en la idiosincrasia cubana, que tan bien recuerda ese “Te la estoy entregando viva” de la escena final.
Las obras de Jesús Díaz, desde la crítica y el apego a la realidad, desde las contradicciones intelectuales respecto a la Revolución, permiten establecer un arco entre la utopía inicial y el posterior desencanto. Cada una de ellas, algunas más solapadas y otras con más vehemencia, buscan los rezagos de la esperanza en el interior de la espera y cómo, entre desilusiones y esperas crónicas, fundar nuevas esperanzas (2022).
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