La Serie Mundial, los peloteros cubanos y el béisbol en la isla
Últimas jugadas de la temporada.
Jorge Soler, el Jugador Más Valioso de la Serie Mundial
Yulieski Gurriel roleteó por el campo corto, Dansby Swanson recogió el rolling, tiró a primera y Freddie Freeman completó el último out de la Serie Mundial de Grandes Ligas en 2021 para que el conjunto de los Bravos de Atlanta venciera a los Astros de Houston y levantara la copa de campeón después de veintiséis años de espera. Otro trofeo, el del Jugador Más valioso, fue a manos del habanero Jorge Soler, quien coronó una postemporada brillante para los peloteros cubanos, pues el tunero Yordan Álvarez había sido el JMV de la Serie de Campeonato de la Liga Americana.
Cinco jugadores de la isla tomaron parte en la Serie Mundial, tres por los Astros de Houston: Yuli Gurriel, Yordan Álvarez y Aledmys Díaz; y dos por los Bravos de Atlanta: Jorge Soler y Guillermo Heredia. Este fue el segundo anillo de Serie Mundial para Soler, el otro lo obtuvo con los Cachorros de Chicago en 2016, pero esta de 2021 fue la de su consagración gloriosa: conectó de jonrón para poner delante a su equipo en tres de los seis juegos.
Veintisiete jugadores de la Mayor de las Antillas participaron de esta temporada en las Grandes Ligas de béisbol de Estados Unidos y varios tuvieron actuaciones muy sobresalientes, además de Álvarez y Soler: Yuli Gurriel conquistó el liderato de bateo en la Liga Americana y resultó premiado, además, con el Guante de Oro por su defensa en primera base; Adolis García fue finalista a Novato del Año en el propio circuito con relevantes cifras de jonrones (31) y carreras impulsadas (90); José Dariel Abreu conectó 30 cuadrangulares e impulsó 117 carreras; Randy Arozarena, Yasmani Grandal, y Lourdes Y. Gurriel lograron igualmente muy buenos desempeños.
Entre los lanzadores, Raisel Iglesias salvó 34 juegos para los Angelinos y Aroldis Chapman 30 con los Yankees. Adolis García, quien también descolló con su defensa en los jardines, fue elegido como Jugador del Año en los Rangers de Texas, mientras que los hermanos Gurriel, y Randy Arozarena fueron finalistas, tanto al Guante de Oro como al Bate de Plata por sus destacadas faenas defensivas y ofensivas.

En la segunda categoría aparece, también, Yordan Álvarez. (En el momento en que escribo esta crónica no se han dado a conocer aún los ganadores al bate de plata).
Cabe mencionar las actuaciones de los lanzadores Vladimir Gutiérrez, quien ganó 9 juegos en 114 entradas como abridor con Cincinatti, y Néstor Cortés, que ponchó a 103 bateadores en 93 innings con los Yankees en labores de abridor y relevista.
Por contraste, el béisbol en la isla ha caído en un pozo sin fondo. La fuga de la mitad de la plantilla de los jugadores en el Mundial Sub 23 es apenas el último capítulo. La próxima Serie Nacional, aún sin fecha de inicio, es una incógnita; de ella solo se sabe que los juegos serán diurnos y que comenzará en 2022.
El pasado 19 de octubre, en vísperas del Día de la Cultura Cubana, el béisbol fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación en un acto celebrado en el Palmar del Junco, en la ciudad de Matanzas, por el legado de ese estadio en la historia de este deporte desde el siglo xix, cuando, en los albores, su práctica se entreteje con el incio de las guerras de independencia y la cristalización de nuestra cultura. Asumido como muestra de patriotismo en el enfrentamiento al poder colonial español, la pelota se convirtió en símbolo de cubanía y se erigió como deporte nacional.
A partir de entonces, el béisbol echó raíces y se expandió en toda la isla, desde las ciudades hasta los campos, y desarrolló una amplia cantera de jugadores que tomaban parte en los campeonatos amateurs y en la liga profesional, la más fuerte del Caribe hasta 1960. Tanta era la calidad de los peloteros cubanos que comenzaron a expandirse de manera significativa hacia Estados Unidos y Méjico sin debilitar la liga del patio.
Mucho ha llovido desde ese tiempo y muchas cosas han cambiado. A estas alturas del siglo XXI, el deporte profesional es un negocio que mueve una cantidad de dinero considerable y a las ligas de élite van los mejores jugadores del mundo en busca de los contratos más jugosos. Luego, esos atletas al enfrentarse a los mejores exponentes de su deporte, logran un mayor desarrollo. Así, los países que sostienen esas ligas, mantienen un nivel muy alto en la disciplina. Es natural que Estados Unidos –el país donde participa la mayor cantidad de estrellas del béisbol– sea la principal potencia en el juego de las bolas y los strikes.
República Dominicana, Puerto Rico, Venezuela, México, son igualmente muy fuertes en ese deporte porque mantienen la calidad de sus ligas profesionales –aunque con menor cantidad de jugadores extranjeros– y además desarrollan sus mejores talento en las Grandes Ligas.

Urgidas de revertir la crisis en que está sumido el béisbol cubano, las autoridas deportivas de la isla han empezado a dar indicios de cambios en la liga doméstica, la Serie Nacional; se habla de diferenciar los salarios de los jugadores regulares de los suplentes y de participación de las pequeñas y medianas empresas en el manejo de los estadios. Son todavía medidas muy tímidas, debe haber más para estimular a los jugadores. Ya varios han regresado al país después de probarse en torneos foráneos. Pero si no encuentran el incentivo necesario, volverán a volar.
Entre los cambios que necesita el béisbol cubano se incluye también la promoción de ese deporte, del que las nuevas generaciones se han ido alejando cada vez más para acercarse al fútbol. Poder ver los partidos de la temporada regular y de la postemporada de Grandes Ligas en la televisión nacional sería la mejor promoción que se pudiera hacer. En ese terreno ha habido avances y retrocesos una vez y otra. Después de haberse visto la Serie Mundial de 2016 ahora estamos en el punto cero.
A pesar de la crisis del béisbol en la isla los peloteros cubanos siguen llegando a las Grandes Ligas y triunfando. Está en su ADN. Siglo y medio de práctica establecieron una tradición muy fuerte, un legado poderoso. Es nuestro patrimonio, como el danzón y la rumba. Por eso es muy triste que haya que “ir a bailar” a otra parte porque en tu patio no hay salón o no hay orquesta.
Un año atrás, para este mismo sitio, escribí lo siguiente: “Parece mentira que a estas alturas del desarrollo en las comunicaciones, los aficionados del primer país –allende Estados Unidos– que vio el Clásico de Octubre por televisión, no puedan presenciarlo en vivo. No haber visto jugar a varias generaciones de peloteros brillantes que ahora están en el Salón de la Fama de Cooperstown es similar –para un amante del rock– a perderse la época de gloria de tantas bandas famosas, como también sucedió aquí”. Desafortunadamente, esa historia se repite. (2021)
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