Las flechas incendiarias de Enrique Pineda Barnet

Calificada por Fernando Pérez como “audaz, imaginativa”, la obra del cineasta de La Bella del Alhambra incluyó, además, varios documentales y piezas experimentales.

director cubano de cine Enrique Pineda Barnet

Fallecido el 12 de enero de 2021, Enrique Pineda Barnet dejó una obra de las más amplias y representativas en la cinematografía cubana.

Foto: Tomado de Cubacine.

El próximo 28 de octubre, Enrique Pineda Barnet (1933-2021) cumpliría 90 años de edad. En ocasión de la entrega del Premio Nacional de Cine a este director en 2006, otro realizador cubano, Fernando Pérez, escribió: “La obra cinematográfica de Enrique también se ha expresado en ese afán incendiario, revolucionario y audaz en el que la flecha no siempre ha dado en el blanco, pero lo importante ha sido y es, el vuelo imaginativo de la flecha”

Para buena parte de los cinéfilos, su filmografía se reduce a la aclamada La bella del Alhambra (1990), aunque Pineda Barnet ―como muy pocos creadores audiovisuales de Cuba ― haya desplegado una obra caracterizada por la variedad de géneros y formatos, pues realizó documentales, largometrajes de ficción y cortos experimentales.

Estudiar su filmografía no tiene la recompensa de escribir sobre uno de los creadores más exitosos de la cinematografía cubana, sino todo lo contrario. Pues con excepción del largometraje galardonado con el Premio Goya de la academia de cine español, sus cintas tuvieron poca popularidad, e incluso algunas nunca fueron exhibidas.

Habría que agregar que, después de 1990, parte de sus obras fueron creadas de forma independiente y fuera de Cuba. Todo lo cual hace más difícil; pero, a la vez, más rico el análisis.

Por lo tanto, si se quieren revisitar sus creaciones, examinarlas en su contexto crítico-creativo y comprender la dimensión del juicio emitido por Fernando Pérez, es necesario crear conjuntos ideo-temáticos, más allá del sentido cronológico.

Conjunto 1: Las artes escénicas
El ballet y la figura de Alicia Alonso aparecen en Giselle (1964) y otras obras tempranas de Pineda Barnet.

El primer conjunto dentro del heterogéneo mapa fílmico de Pineda Barnet se encuentra en sus cintas sobre el teatro y el ballet. Su inicio puede señalarse durante los primeros años sesenta, dentro de la producción de Enciclopedia Popular.

Allí trabajó en un proyecto ambicioso, aunque inconcluso, la “Colección de Teatros de La Habana”. Su propósito era aprovechar el espléndido momento que estaba viviendo la escena capitalina, debido a su diversidad, calidad, imaginación, experimentalismo. En él solo pudo terminar Fuenteovejuna (1963) y Aire Frío (1965).

De este primer grupo, es imprescindible Giselle (1964). En su primer largometraje consigue la transmutación del lenguaje escénico-teatral de la danza al cinematográfico, con lo cual la percepción del clásico se engrandeció.

Las artes escénicas vuelven con Ensayo romántico (1985), que tiene en común, con Giselle, el tratamiento del ballet a través de la figura de Alicia Alonso. Su mérito cinematográfico reside en su carácter de crónica.

El teatro regresó con El Charentón del Buendía (2005-08). Pensado como una continuidad de la “Colección de Teatros de La Habana”, es un texto audiovisual que se mueve entre el documental y el making of.

Conjunto 2: La experimentación
Fotograma de Cosmorama (1964), un “estudio experimental de formas y estructuras en movimiento”.

El segundo núcleo temático, igualmente disperso a lo largo de su bio-filmografía, nos remite a la presencia de la experimentación en sus películas.

Su génesis es Cosmorama (1964), un breve ensayo audiovisual que recrea una de las obras del artista cinético Sandú Darié. Pineda Barnet aprovechó la coyuntura y consiguió una obra considerada, en la actualidad, precursora del video-arte.

La segunda pieza del conjunto experimental es Juventud, Rebeldía, Revolución (1970), realizado al calor del movimiento juvenil que se estaba desarrollando en todo el mundo a finales de la década de los sesenta. Su narración se sostiene en las discusiones sobre los conceptos de rebeldía y revolución; y el tópico de la violencia, recreada, en sus diversas formas, durante la puesta en escena.

De este mismo período es Ñame (1970), un divertimento-crónica sobre los 50 días que estuvieron en Camagüey los trabajadores del ICAIC, para la recogida de ese tubérculo en 1969. Pero ni Juventud, Rebeldía, Revolución ni Ñame se exhibieron nunca comercialmente.

El ciclo experimental se reinicia en los 90’s con First (1997), co-dirigida con Tomás Piard. Con este monólogo pensado en los límites entre teatro y video performance, Pineda Barnet comienza una serie de cortometrajes reflexivos sobre la responsabilidad, la culpa, lo correcto, la verdad y otros valores.

Le sigue, entrada la nueva centuria, Ecuación o los dos Juanes (2002). Su texto más críptico. Tres historias contadas a través de la gestualidad de los actores, el uso de máscaras y otros atributos que identifican a cada personaje. No hay diálogos, solo música y sonido ambiente.

End (2014), Upstair (2014) y Aplauso (2016) tienen en común el tema de la existencia, excelentes bandas sonoras y un exergo condicionante para la comprensión de su argumento.

Conjunto 3: La Memoria y la Historia de Bronce
La preocupación de Pineda Barnet por la memoria y la historia se hacen patentes en Mella (1975)

El núcleo sólido de su filmografía tiene como eje temático “la Memoria y la Historia de Bronce”. En él se agrupan el documental David y casi todos sus largometrajes de ficción. La motivación para la realización de David (1967) fue su admiración por la personalidad de Frank País.

Con este largo documental no deseaba hacer simplemente una biografía, sino una búsqueda lúdica de la verdad histórica mediante la reconstrucción y la exploración testimonial, contradictoria, de los seres humanos en su medio ambiental. La Historia se modela como narrativa a través de la ironía, el exceso, la yuxtaposición de elementos y la teatralidad.

El exceso y la teatralidad son todavía estrategias de representación en Mella (1975). La presencia de un actor (Sergio Corrieri) en el papel del personaje real, que funciona como un relator de los sucesos pero sin poseer una semejanza propiciadora de la identificación plena del público con la iconografía, invirtió la estrategia de acercamiento al hecho histórico. Lo documental se sumerge ahora en un tipo de ficción, que sólo tiene valor en tanto puesta en escena recreada.

En Aquella larga noche (1979), el discurso narrativo pierde el carácter experimental y se pone en función de naturalizar la efectividad política del film. No hay teatralidad ni excesos: los actores encarnan sus personajes; el relato no demanda el distanciamiento del público.

El sentido didáctico de los tres primeros largometrajes se diluye en Tiempo de amar (1983). Los protagonistas siguen siendo los ejecutores del acontecer histórico, pero no como representación de sus mártires o héroes. El conflicto argumental se centra en las tensiones que puede provocar el compromiso público frente al privado en el entorno de la Crisis de Octubre.

La corista del Alhambra vista en el Conjunto 3

La Bella del Alhambra (1989) le permitió alcanzar a Pineda Barnet una popularidad desbordante y premios nunca esperados. Parecía un rara avis dentro de su filmografía. Sin embargo, la historia de esta joven corista, pobre, venida a menos, convertida en la gran vedette del Alhambra, no está desvinculada de lo hecho por su realizador anteriormente.

La Bella… contiene tópicos ideo-temáticos similares a sus obras más significativas: El protagonista envuelto en una circunstancia histórica que, de algún modo, va a transformar su vida y su profundo amor por el teatro.

La recreación de la memoria histórica ocurre en un espacio artístico-cultural y los sucesos políticos quedan como un fondo movedizo. Rachel se va convirtiendo en víctima de ese entorno extra-artístico, que la ahoga desde sus relaciones más personales. No puede escapar al destino que vive la isla y en esto es idéntica a los protagonistas anteriores.

El tema de la recreación de la Memoria y su vínculo con la Historia de Bronce regresa en 2009 con La Anunciación, diez años después. Una parábola intimista, y a la vez épica, sobre la vida de la familia cubana en el contexto de un proceso histórico-político que ha conformado, modificado, su funcionamiento durante medio siglo.

Los actores Carlos Miguel Caballero y Héctor Noas encarnan una relación homoerótica en Verde verde (2011)

El rastreo de la memoria pasa por la historia de vida de cada personaje componente de esa familia, como un calidoscopio. Esto le permite mostrar la memoria a través de microrrelatos que se entrecruzan y movilizan más allá de los megarrelatos asociados con ella; ninguno dirigido hacia una misma finalidad con respecto al gran proyecto socio-político.

Verde verde y el testamento de la Memoria

La mirada del creador se coloca ahora en una posición crítica sobre los efectos de esa Historia y la analiza desde sus consecuencias sobre el núcleo central de la sociedad: la familia.

Su último largometraje es Verde verde (2011), otra cinta que parecía no tener contacto alguno con el trabajo anterior de Pineda Barnet.

La relación homoerótica entre los dos protagonistas, que llena buena parte del argumento, fue algo nuevo en su filmografía y en buena parte del cine cubano. El filme no basa su originalidad en su argumento, sino en la estructura del relato y, sobre todo, en la connotación de lo visual-espacial.

Verde verde no es una obra perfecta; pero es un filme que no deja impávido al espectador. Es violento e inquietante no solo por el desarrollo de la fábula, sino también porque logra conjugar toda la puesta en escena, hacia este objetivo.

Todos los textos fílmicos dirigidos por Enrique Pineda Barnet no se han analizado ni mencionado aquí. Todavía quedan fuera un grupo de documentales, que pueden no considerarse como aportes a ese afán incendiario, audaz e imaginativo de su poética (2023).

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