Lo que dejó la Liga Élite y otros temas del béisbol cubano
Un repaso al deporte nacional
El equipo Matanzas ganó la II Liga Élite
Sin secarse el sudor de la Liga Élite, ganada por el equipo Matanzas, los jugadores más destacados en ella compiten –del 28 de enero al 2 de febrero– en la Serie de las Estrellas, un torneo relámpago anunciado repentinamente en el que participan, además, conjuntos de México y de Venezuela.
Lo mejor de la Liga Élite lo vimos en los juegos finales. De allí, nos quedamos con lo más atractivo: los estadios llenos en Matanzas y en Artemisa y la cerrada porfía en varios desafíos de las semifinales y la final; pero ni siquiera en esas instancias, que se suponen de mayor calidad, dejamos de apreciar errores –demasiados– a la defensa, lanzadores descontrolados, mala calidad en los terrenos –incluyendo la iluminación– y erradas decisiones arbitrales no corregidas cuando fueron protestadas y se acudió a la tecnología, que se mostró insuficiente.
El combinado matancero, favorito desde la arrancada del campeonato, con una nómina de jugadores de varios provincias y reforzado en los play off por dos exgrandes ligas, si bien exhibió superioridad en la ofensiva y mejor oficio a la defensa, no enseñó solidez en el pitcheo ni tampoco su dirección parece haber dejado atrás algunas prácticas obsoletas, como el toque de bola innecesario; un cuerpo de relevistas en el que no se confía; la insistencia en el mismo pitcher para resolver los apuros; o un cerrador que lanza más de un inning.

Entre las notas positivas de la liga Élite debe agregarse la fuerza de voluntad, el empuje, la entrega, de varios veteranos ilustres que adicionaron récords a su larga carrera en el béisbol: Frederich Cepeda, Danel Castro, Yordanis Samón, Ariel Sánchez.
El campeón de la liga Élite no tendrá el incentivo de asistir (como sucedió el año anterior) a la Serie del Caribe. La lamentable actuación de Agricultores en la pasada edición parece haber sido el motivo por el que Cuba no fue invitada esta vez y queda en suspenso cuándo volverá a ser convocada por la Confederación de Béisbol Profesional del Caribe (CBPC) para un tercer regreso, luego de sus incursiones entre 2014-2019 y en 2023. En esas siete apariciones consiguieron un título en 2015, conquistado por un equipo Vegueros muy reforzado.
La Serie del Caribe 2024 se disputará en Miami del 1ro al día 9 de febrero. Allí lidiarán conjuntos de Puerto Rico, República Dominicana, México y Venezuela –los países miembros de la CBPC–, junto a los de Nicaragua y de Curazao como invitados.
Esta será la edición número 66 del torneo, dominado por los clubes de la liga profesional cubana desde su surgimiento en 1949 hasta 1960. Durante ese período, Cuba ganó en siete ocasiones; Puerto Rico, en cuatro; y Panamá, una vez.
La suspensión de la liga profesional cubana, máximo animador y pilar del certamen, provocó una pausa en la Serie del Caribe durante la década de los sesenta; y no fue hasta 1970 que se retomó, con la participación de las ligas de Venezuela, Puerto Rico y República Dominicana; sin embargo, es al año siguiente cuando recobra su relevancia al sumarse la Liga Mexicana del Pacífico.
La fuerza del béisbol en la región, desde 1970 hasta hoy, está reflejada en los triunfos logrados en la Serie del Caribe por los equipos de los países que integran la CBPC: República Dominicana ha ganado el título veintidós veces; Puerto Rico, doce; México, nueve; Venezuela, siete. Son ellos justamente los que organizan las ligas profesionales de mayor calidad en el área.
El béisbol que se juega en Cuba se ha ido alejando de ese nivel. Ese descenso ha atravesado un largo proceso y se hizo más notorio, más señalado, desde que los jugadores profesionales ya pudieron participar en los torneos internacionales. Hasta entonces, las selecciones de Cuba solo encontraban oposición en los combinados de Estados Unidos (integrados por jugadores universitarios). Pero como todo proceso ligado a la sociedad, sus causas son diversas.

Cuando aún los triunfos internacionales acompañaban a las selecciones cubanas, en los inicios de la década de los noventa, la dirección del béisbol cometió un error catastrófico: el retiro masivo de un enorme grupo de peloteros talentosos aún jóvenes –estelares no pocos de ellos–. Sobre las causas y las consecuencias de esa brutalidad mayúscula nunca se ha hecho un análisis crítico y público.
En esa propia década comenzó a tomar cuerpo la fuga de jugadores. Los triunfos de algunos de ellos en las Grandes Ligas fueron un acicate, la muestra de un destino posible para los peloteros cubanos, aunque inseguro, difícil, lleno de obstáculos. Pero a pesar de todo lo que enfrentaban, esa diáspora fue creciendo; y en la misma medida se desangraba el béisbol nacional.
El segundo lugar alcanzado por Cuba en el Primer Clásico Mundial de Béisbol (2006) fue un espejismo que contribuyó a seguir con el triunfalismo, pregonado por los funcionarios del deporte, cuando la realidad era que ya, a esas alturas, el béisbol cubano iba loma abajo. Los años siguientes se encargaron de demostrarlo.
En la hora actual, es cada vez más difícil para el estado cubano la subvención del deporte. Eso se ha reflejado en las últimas series nacionales de béisbol: dificultades en la transportación de los conjuntos; juegos diurnos en su mayoría (con muy poco público en los estadios); quejas por el alojamiento y la alimentación de jugadores y personal técnico, entre otras consecuencias.
Una solución para esa crisis no parece estar en el horizonte porque es fruto de la realidad social. A menos que la dirección de ese deporte reciba la aprobación –o la orientación– para organizar una liga profesional, como ha hecho Nicaragua, o como no ha dejado de hacer con éxito Venezuela. ¿Qué duda cabe que llevan tiempo pensándolo y, como están las cosas, no debe faltar mucho para que suceda? Que tenga éxito ya es otra cosa.
Cuando se publique esta crónica ya se estará jugando pelota en Matanzas, en la Serie de las Estrellas, y un par de días después, en Miami, comenzará la Serie del Caribe, con varios peloteros cubanos en las nóminas de los equipos en disputa. Ellos también son parte de nuestro béisbol. (2024)
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