Marilyn Monroe en busca de la luz
Encuentros y desencuentros de Blonde.
Blonde no es una biografía, no pretende serlo, sino una obra de ficción cuyo referente es otra obra de ficción, y la encarnación de Ana de Armas es, por mucho, lo mejor del film.
La actriz cubana Ana de Armas está en el centro de la polémica surgida por Blonde, la realización cinematográfica de Andrew Dominik a partir de la novela de Joyce Carol Oates. Apenas la cinta fue estrenada en Venecia comenzó la controversia sobre la entonación del inglés de la muchacha. Entonces Brad Pitt les salió al paso a los criticones y defendió a la actriz. La algarabía apenas comenzaba; también el reconocimiento por la actuación de la cubana.
Tal vez una parte de quienes se interesaron por la película, buscaban el glamour, la leyenda, el mito de Marilyn Monroe. Otros espectadores esperaban, quizás, un film biográfico que incluyera todos los avatares de la Monroe incluyendo las investigaciones sobre sus últimos días y las extrañas circunstancias que rodearon su nunca esclarecida muerte. Tampoco lograron su propósito.
Pero Blonde no es una biografía, no pretende serlo, sino una obra de ficción cuyo referente es otra obra de ficción. Es un acercamiento a ciertos aspectos en la vida de Norma Jeane/Marilyn Monroe. Es, sobre todo, un itinerario del dolor y los abusos que sufriera en su corta vida. En esta versión apenas hay risa, alegría, felicidad, todo lo contrario.

El personaje protagónico está casi todo el tiempo sumido en el sufrimiento, la tristeza, el dolor, la duda, la angustia, la soledad, el desamparo; estados que Ana de Armas expresa de manera magistral. Si la película duele, y mucho, es por esa hondura con que ella interpreta la historia.
Blonde se mueve a grandes saltos por la existencia de Norma Jeane/Marilyn Monroe; luego, la sintetiza, la comprime, de acuerdo con sus criterios temáticos, en consonancia con los asuntos que quiere reflejar. El primero, el principal, es el desamparo en que transcurrieron sus días desde que llegó al mundo como hija no deseada. A partir de esa idea se articula el resto de un largo glosario sentimental. Y al moverse a caprichosos brincos, al manipularse la historia de esta forma, se brinda una versión muy distante e imprecisa de cómo fue en realidad la vida de Norma Jeane.
En el primer bloque narrativo de Blonde asistimos a un segmento de su infancia. Sin embargo, el corte en la línea de tiempo es tan abrupto que apenas el espectador puede hacerse una idea de cómo fueron esos años. Se muestra a una desconsolada niña —a merced de una madre alcohólica y desequilibrada— que es entregada a un orfanato por el matrimonio vecino. Nada más. En el próximo bloque ya vemos a Norma Jeane como modelo, posando para revistas.

Una película tan freudiana como Blonde no debió violentar de esa manera la infancia y adolescencia de Norma Jeane, dejando fuera hechos muy significativos. Ella estuvo viviendo con cuatro familias distintas hasta que se casó con James Dougherty a los dieciséis años (1942) para evitar que la llevaran a un orfanato.
Durante esas adopciones, Norma Jeane fue violada en dos ocasiones, entre los 11 y los 12 años. En 1946 puso fin a su primer matrimonio. No se casaría más hasta 1954 cuando se unió al expelotero Joe DiMaggio, veintidós años mayor.
El fragmento de la película que se detiene en la relación Marilyn-DiMaggio reproduce los clichés al uso sobre el machismo de los atletas y su incomprensión del arte, sin aportar nada creativo en lo que cuenta. Porque si el film pasa por encima de episodios relevantes en la vida de Norma Jeane, se detiene y ralentiza otros que quiere destacar, especialmente en su relación con algunos de los “papis” de su vida.
El primer papi que aparece en el film no es su primer esposo (obviado en el guion) sino su “descubridor”, un sesentón, identificado como Shin, quien le proporcionó una entrevista con el presidente de uno de los grandes estudios de Hollywood. En su vida real, después de presentarse a varios castings, Norma Jeane fue contratada por uno de los ejecutivos de la Twentieth Century Fox para realizar trabajos de extra. Este fue quien le propuso adoptar el nombre artístico de Marilyn Monroe.
La entrevista con el presidente de la compañía es una de las escenas más traumáticas para Marilyn Monroe porque es violada mientras leía el guion. Esa fue la cláusula que definió el contrato.
El segundo papi es el ya nombrado Joe DiMaggio, quien aparece cuando ya ella era famosa. Como la actriz estaba teniendo problemas para lidiar con esa fama, el exjugador de los Yankees de Nueva York, que sabía bien lo que era estar siempre bajo los reflectores, prometió protegerla, pero fracasó por querer reducirla a obediente esposa, sin respetar su profesión.
La única etapa en que se ve feliz a Marilyn Monroe es durante el matrimonio con Arthur Miller (1956-1961). Allí se muestra, inicialmente, una Marilyn que deslumbra al dramaturgo con su inteligencia más que con su belleza. La escena en que ambos —Ana de Armas face to face con Adrien Brody— hablan sobre el personaje de Magda es memorable. Esa felicidad terminó cuando ella tuvo el aborto, otro de los focos de atención de la película.
El último de los “papis” en la cinta es el presidente John F. Kennedy. El segmento donde se representa la relación entre la actriz y el político es una caricatura grotesca de principio a fin con acentos en las escenas de la felación y la del aborto, el preámbulo de su muerte.
El tramo final de la película nos brinda a una mujer acosada, asustada, y sumida en el mayor de los desamparos, en un dolor profundo, acentuado por el descubrimiento de un engaño, de una mentira atroz y reiterada: las cartas que recibió durante mucho tiempo no eran de su padre, sino de Cass Chaplin, a quien suponía su mejor amigo, a quien amó, de quien se embarazó, con quien se ilusionó hasta que la historia terminó en aborto.
Esa mentira final cierra el círculo de su vida como víctima a lo largo de su existencia; pero esa fábula desvirtúa, silencia la (verdadera) relación epistolar que mantuvo Norma Jeane con su hermanastra Bereniece desde los doce años hasta que pudo conocerla personalmente y con quien mantuvo estrecha cercanía.
Toda obra de ficción tiene licencia para elegir la zona de realidad que más le interese destacar. Blonde eligió las zonas oscuras de una Norma Jeane/Marilyn Monroe atormentada por encontrar su círculo de luz. Su encarnación por Ana de Armas es, por mucho, lo mejor del film. La actriz cubana expresa de manera espléndida, en las casi tres horas de metraje, todos los sentimientos apuntados antes. Ella personifica esa angustia existencial de forma tan orgánica que nunca la olvidaremos. Le otorguen o no los grandes premios del cine, ya consiguió su círculo de luz, ya iluminó el universo cinematográfico como antes lo hizo Marilyn. Y puso a millones de personas en el mundo a buscar en Google Maps un pequeño pueblo costero de la provincia Mayabeque llamado Santa Cruz del Norte. (2022)
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