Melancolía de Pedro Juan o el retorno de los leones
A fines de 2025, Sábado del Libro presentó la reedición de Editorial Oriente de un volumen del autor de Trilogía sucia de La Habana que vio la luz, originalmente, en el 2000.
Editorial Oriente ha sacado a librerías una nueva edición de Melancolía de los leones, de Pedro Juan Gutiérrez
Foto: Cortesía del Autor
Nada más lejos este Pedro Juan Gutiérrez (PJG) de hoy de la apariencia de un melenudo y señorial león. El hombre de 75 años cumplidos lleva cubierta la cabeza de pelo escaso bajo una gorra de mezclilla verde y hace esfuerzos para evitar que los tics de la enfermedad se apoderen de su brazo izquierdo. Pero en sus ojillos hundidos persiste todavía un brillo, a la vez feroz y melancólico, como si fuese el rescoldo de aquel fuego que lo impulsó a escribir esos cuentos despiadados que acabaron reunidos en la Trilogía sucia de La Habana.
Aquel libro, publicado por la española Editorial Anagrama en 1998, lo alzó al parnaso literario a nivel internacional, al mismo tiempo que lo enterró en infernal ostracismo dentro del suelo patrio. Por suerte para él, vino a su rescate entonces un librillo, de poco más de 100 páginas y compuesto por prosas breves, que vería la luz gracias a Ediciones Unión en el año 2000, y que lo acercaría al reconocimiento de los lectores cubanos.
Ese mismo volumen, titulado Melancolía de los leones, regresa de nuevo a la vida justo un cuarto de siglo después, con reedición de Editorial Oriente; y provoca el retorno de PJG a la Calle de Madera del Centro Histórico de La Habana, para el tradicional espacio Sábado del Libro.

Danzando con leones
Es la mañana soleada del 20 de diciembre de 2025 y la cantidad de público congregada en ese lugar, en pugna ardiente por hacerse de un ejemplar cuando se abre la venta del libro en papel, demuestra que se mantiene incólume la popularidad del escritor nacido en 1950, en Matanzas. Antes, había tenido lugar el rito de la presentación…
Junto al escritor invitado se sientan a la mesa: Gretchen Menéndez Rivas, directora de Editorial Oriente, y el narrador Alberto Marrero. La primera interviene como representante de su institución y aporta elementos sobre el proceso de edición. Toca al segundo hacer las loas del volumen y este afirma que los relatos reunidos en el libro “develan una obra madura, sin titubeos diletantes u otras carencias”.
Marrero se explaya, para destacar “la vitalidad de las imágenes, el ritmo de la narración”, y “una sencillez de las historias” ligada al “sentido filosófico implícito”, que es “la clave del valor literario y humano de este libro”. En cambio, el autor también de ensayos como Diálogo con mi sombra habla bastante poco, aunque revela detalles de la concepción de esos cuentos y alguna anécdota del momento en que salió originalmente su libro.

Oh, Melancolía: una historia previa
Tras la salida de Melancolía de los leones en 2000, el que firma estas líneas hizo una reseña del libro para la revista Cubahora, primera publicación digital surgida en la isla. Fue esa la ocasión prístina en que el nombre de Pedro Juan Gutiérrez se mencionó por un medio cubano en internet; y a mí me costó una llamada de atención acerca de “por qué escribía de ese personaje”.
Muchos años después, yo subí hasta la azotea de Centro Habana que se hizo famosa por transcurrir ahí buena parte de las historias protagonizadas por un tal Pedro Juan, alter ego del escritor. Había ido a entrevistarlo y aproveché para contarle aquel suceso de la reseña. A cambio, me contó de la situación vivida por él al regresar de España tras el lanzamiento de la Trilogía sucia….
PJG había escrito ese libro “con muchísima furia, defraudado, molesto, era casi un acto de venganza contra mí mismo y contra todo”, en medio de la terrible de la crisis económica que hundió al país en los años 90 y de catástrofes personales.
Él previó “desde el principio, que ese era un libro muy manipulable políticamente”.
León contra mono amarrado
Efectivamente, la publicación en el extranjero de aquellos cuentos descarnados, sobre hambre, pobreza y lujuria desenfrenada, con tan amplia difusión, le desató un pandemónium encima. “Todo muy feo, muy patético, sin darme explicaciones”, me expresó el escritor de Carne de perro, resumiendo su calvario.
Lo expulsaron de la revista Bohemia, donde se había desempeñado por muchos años, y de la Unión de Periodistas de Cuba. Pero la Unión Nacional de Escritores y Artistas le ofreció apoyo en ese momento crítico y le lanzó una propuesta de salvación a través de su editorial. Según palabras del propio PJG: “Me pidieron algo potable”.
Y les respondió: “Sí, da la casualidad que tengo un librito, que estuve trece años escribiéndolo, antes de la Trilogía sucia…” Él había estado seleccionando entre sus textos narrativos, depurando, desechando los que no le gustaban, hasta quedarse con el volumen escueto que entregaría a Marilyn Bobes, la editora de Unión.
“Ella lo leyó, quedó fascinada, y fue así como se publicó Melancolía de los leones”, me contó PJG en esa visita que le hice en 2012.

Una muestra de Melancolía…
«Una vez encontré a la mujer de mi vida. Lo sabemos desde el primer momento porque nos sentimos muy felices. Demasiado felices. Presentimos que mientras estemos juntos no moriremos jamás y seremos inmortales. Vamos a su apartamento. Me siento en la sala mientras ella hace café. Desde la cocina me grita que juegue con el doberman y una pelota de goma. “Trátalo con cariño, es como si fuera mi hijo”, me dice. Lanzo la pelota dos veces y él me la trae de vuelta, con mucha gracia. Es un perrazo simpático. Se derrumba de bruces sobre el sofá y parece un chiquillo alegre. La tercera vez regresa corriendo muy rápido, y al saltar vuela sin control sobre el sofá, se estrella contra la persiana de cristales y se precipita en el vacío. Estamos en el piso veintiuno. Bajo, traigo el cadáver de regreso, todo se mancha de sangre, y me voy» (Momentos estelares de la humanidad, página 66).
Paseo entre leones
Si bien al personaje central no se le denomina Pedro Juan, ni la trama se carga con la leonina procacidad que estimuló la consideración del autor como una suerte de “Charles Bukowski tropical” y representante del “realismo sucio” —etiquetas que el propio PJG rechaza—, hay en la historia anterior varios elementos indicadores de su cercanía temporal con los cuentos de Trilogía sucia… (1998) y la novela El Rey de La Habana (1999).
Ya el mismo título —apropiado del desencantado y suicida Stefan Sweig— denota una intención ácida, por su contraste con la cualidad aciaga del relato. Un juego de claroscuros conduce esta breve narración desde el inicio optimista hasta un desenlace horrendo. Y además de ese karma fatídico del protagonista, tan recurrente en los libros cumbres de PJG, la semejanza proviene igualmente del aspecto estilístico, caracterizado por una presentación objetiva de los hechos y la gramática concisa, a base de oraciones breves.
Pero es “Cosechas de Pedros” (página 14) el relato que va a darnos la mejor imagen sobre en qué consiste Melancolía…, en su totalidad. Porque según dice ahí: “Dentro de Pedro hay muchos pedritos”, divergentes entre ellos; y así es este libro. La reunión de textos narrativos, escritos durante un período abarcador de tantos años, desemboca en un compendio revelador de las lecturas disímiles del autor, de sus constantes ensayos y las insaciables búsquedas creativas.
Múltiples síntomas de melancolía
Ninguno llega a ser muy extenso, y van desde el relato de varias páginas hasta las variantes del minicuento (una cuartilla) y la microficción (“Monólogo erótico” tiene sólo tres líneas). PJG prueba la fabulación simbolista (“Sobre ángeles”), el antropomorfismo (“Crueldad de los gatos”), la especulación existencialista (“Catálogos de miedos”) y la alegoría a lo Kafka (“Paisaje ideal”, “Implacables las runas”).
Se inspira en la historia gótica de fantasmas (“Polizón a bordo”), la tragedia romántica (“Y Lina perdida”) y el cuento de efecto al modo Poe (“El crimen perfecto”).
También, como Borges, acude al Doppelgänger (el doble) en “El otro Julio”. Traza parábolas crueles, de tintes piñerianos (“Los trasvestis y sus juegos”, “Ligeramente distinta”). Y a la manera de Cortázar, explora con “Razones para ser irracional” la lenta instalación del absurdo en la subjetividad y la vida cotidiana.
Para los acostumbrados al PJG de los libros del llamado “Ciclo de Centro Habana”, esta Melancolía de los leones podría ser una lectura desconcertante. Pero si se deciden a abrir el paladar, van a disfrutar mucho estos “miles de pedritos” (2026).
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