Mercados para-lelos
Manual del comprador
En los mercados estatales o privados, la pertinencia de las reclamaciones es dictada por el sentido común, en dependencia de la magnitud, de cuánto “le tumbaron” en la pesa y el precio del producto.
Foto: Jorge Luis Baños/ IPS
Para entender la dinámica de los mercados agropecuarios en Cuba no te sirve ningún texto clásico, ni del capitalismo, ni del socialismo, acaso haya que mirar hacia las relaciones mercantiles en el medioevo, o más atrás; si eres el comprador debes tener una brújula que te guíe entre la selva de ofertas y precios del Estado y los cuentapropistas que operan bajo diferentes denominaciones, aunque nada te garantiza la total claridad, ni mucho menos el éxito de tu gestión: obtener, al mejor precio posible, el producto buscado.
Valiéndose de esa brújula, el comprador debe explorar sin confundirse por los precios más bajos, porque, aun cuando al parecer los productos sean de calidad similar a los más caros, en la pesa de los vendedores la libra puede tener menos de 16 onzas.
Las libras de 14 onzas, y hasta menos, son comunes en muchos mercados, estatales o privados. Para “enfrentar” ese inconveniente el comprador debe ir acompañado de su propia pesa digital y cuando tenga el producto en sus manos, hacer la comprobación. Pero tanto la verificación como la reclamación –si es pertinente– deben ser operaciones discretas, sin llamar la atención del resto de los compradores.
La pertinencia de las reclamaciones es dictada por el sentido común, en dependencia de la magnitud, de cuánto “le tumbaron” en la pesa y el precio del producto. No es lo mismo un cuarto de libra de carne de cerdo que de boniato.
Encontrar al vendedor confiable –el que mejor pesa– en un mercado lleva una investigación que exige varias visitas con las correspondientes comprobaciones sin dejarse llevar por prejuicios tales como el color de la piel o la edad del negociante. Un recurso útil para encontrarlo es observar el tamaño de la cola de los compradores en determinados puestos de venta.

Allí donde usted vea más personas, es posible que esté el vendedor que andaba buscando, aquel que no solo es amable, sino que no lo estafa, que sus libras son de 16 onzas o 460 gramos (o están muy cerca).
Hallado el unicornio, hágale la visita con frecuencia, pero no se haga ilusiones, no va a perdurar. En varias ocasiones he experimentado esa sensación de pérdida del animal mitológico.
Cuando es demasiado evidente la preferencia de los consumidores por un vendedor en particular, ya sea en un mercado o en una zona donde convergen puestos de venta de procedencia diversa, el resto de los vendedores tratará de sacarlo de la competencia. Casi siempre lo logran, porque la honestidad no es tendencia en esos sitios.
Y si por alguna casualidad te mudas de provincia, municipio, o circunscripción, entonces debes acometer nuevas investigaciones, más arduas y engorrosas; aunque suelen parecerse bastante los precios, existen otras “mecánicas” en la capital y en el interior, en el centro y en la periferia.
El mercado sumergido
En todos los países existe el mercado negro o sumergido, un sector del comercio que opera al margen del contrato social. En La Habana no hay ninguno de la magnitud de Tepitos, en México; lo más cercano que tuvimos fue La Cuevita, en el barrio homónimo de San Miguel del Padrón, que sigue vigente, pero con bajo perfil, distante de las dimensiones que llegó a alcanzar unos años atrás.
Apenas hay un espacio en el comercio cubano donde el mercado negro no esté presente, como contraparte, como resistencia, y la población lo utiliza, lo mismo para comprar un paquete de café, una libra de azúcar o de arroz, una cajetilla de cigarros, o unas libras más de papa; ya sea en la bodega, donde se adquiere la cuota normada, o en los mercados agropecuarios, donde se distribuye el tubérculo.

Desde hace varias semanas, los vendedores callejeros vocean “hay papa” por los barrios, mas cualquiera sabe que se consigue a mejor precio en los mercados. Claro, no puedes ir allí y pedirla directamente, delante de la cola. Debes cumplir el protocolo, a no ser que seas “un mareao” y “aquí no hay vida para los mareaos”, Orichas dixit.
El pan nuestro
La crisis de la harina, como resultado de la crisis de la economía cubana, ha potenciado a niveles insospechados los precios de mercado negro del más humilde y sagrado de los alimentos, el pan; y como un pan de 80 gramos es todo lo que ofrece la cuota normada, nunca antes se vio tal despliegue de vendedores de pan por las calles de la ciudad.
¿De dónde sale la harina para producirlo? Pregunta ociosa, “es por gusto”, como reza la frase más popular del lenguaje urbano por estos días. Lo que se sabe, no se pregunta. Lo que debes conocer es dónde se consigue el mejor pan al mejor precio. Como dijo el príncipe de Dinamarca, “that is te question”. (2023)
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