Plataformas de crowdfunding: ¿cómo usarlas desde Cuba?

Forma parte de la serie Herramientas digitales para la ciudadanía cubana, que reúne información y soluciones ajustadas al contexto de la isla caribeña.

Un equipo realiza en estos momentos una campaña en Verkami para realizar el filme cubano El trono del Rey.

Foto: Tomada de Crowdfunding El Trono del ReyVerkami

Con la creciente popularización de internet y la dificultad de obtener fondos mediante vías “convencionales” por la crisis económica, cada vez más proyectos en Cuba optan por el financiamiento a través de pequeñas donaciones online: el crowdfunding o micromecenazgo.

Una campaña de recaudación de donaciones no resulta una tarea sencilla: conlleva dotes de gestión, comunicación y un proyecto sólido con un objetivo claro y realista. Pero, antes que nada, se necesita tener una cuenta bancaria en el extranjero donde recibir el dinero recaudado.

A la hora de presentar el proyecto, es recomendable describirlo detalladamente, mostrar adelantos, desglosar justificadamente el presupuesto, encantar a las y los usuarios con motivaciones personales, establecer recompensas según el monto que donen los patrocinadores y mantener una campaña efectiva de promoción.

Eso sí, los objetivos pueden ser muy diversos: costear un proyecto creativo, una causa benéfica o hasta un viaje. Ese punto es importante, porque, según la meta, se sabrá cuál plataforma de crowdfunding escoger.

IPS Cuba reúne algunas plataformas que han sido usadas con éxito en proyectos de la isla caribeña:

Kickstarter

Esta plataforma se alza como una de las más grandes, con cifras históricas. Fue creada en 2009 en New York y acumula más de 200.000 proyectos financiados con éxito y casi 7.000 millones de dólares recaudados a través de 21 millones de “patrocinadores”.

Sus usuarios son tantos que la empresa presume de que, además de facilitar los fondos para un proyecto, crean una comunidad de seguidores en torno a este.

Pero en Kickstarter todo debe ser un proyecto creativo, que se ajuste a ciertas categorías preestablecidas.

“Un proyecto tiene un claro objetivo como grabar un disco, publicar un libro o realizar una obra de arte. Al final del proceso, este se concretará y se producirá algo”, indica su sitio web. Bajo esta premisa, vetan, por ejemplo, las iniciativas que busquen financiar obras benéficas o que ofrezcan incentivos monetarios (no se trata de buscar inversionistas, sino mecenas).

Verkami funciona mediante proyectos, pero que abarcan cualquier ámbito de la creación, incluso los de corte científico, tecnológico, educativo, comunitario, cooperativo, incluso se pueden financiar actividades culturales o fiestas populares.

Su sistema de crowdfunding es el “todo o nada”. El creador se traza una meta para recaudar cierta cantidad de dinero en un periodo de tiempo, sobre el cual Kickstarter permite hasta 60 días. Si el proyecto no logra el desafío, la plataforma cancela el proyecto y devuelve las aportaciones realizadas. Así nadie gana ni pierde nada.

En cambio, si la campaña es exitosa, Kickstarter transfiere el dinero al beneficiario, pero descuenta una comisión de cinco por ciento por los servicios, más otra por el procesamiento de pago que varía entre el tres y el cinco por ciento.

Si bien el índice de éxito en su plataforma es de menos de 40 por ciento, muchos proyectos han logrado salir adelante por otras vías gracias a la visibilidad lograda en Kickstarter.

Indiegogo

Esta corporación californiana es tan famosa como su competencia neoyorquina. Pero, a diferencia de esta, admite el micromecenazgo de causas sociales y particulares, por ejemplo, para emprender un pequeño negocio. Además, no usa el “todo o nada”.

Aunque no se haya alcanzado la cifra total de dinero que se trazó en un inicio, Indiegogo ingresa al beneficiario el monto recaudado.

Eso no exime de presión a los creadores, pues prevalece el compromiso con las recompensas de los patrocinadores y el proyecto debe igualmente arrancar sin el presupuesto planificado. Si el crowdfunding es la única fuente de financiamiento prevista, eso puede convertirse en un riesgo.

Para empeorar la situación, si alguien falla la meta, Indiegogo le cobra una comisión de nueve por ciento sobre el dinero recaudado. Pero, si acierta, solo le cobra cuatro por ciento. En cualquier caso, ahí no se incluye otra tarifa por la transferencia bancaria, la cual consiste en aproximadamente tres por ciento del total obtenido.

GoFundMe

No tiene condiciones, ni plazos ni límites. Básicamente, aquí se puede recaudar dinero para cualquier cosa. Las personas usuarias de dicha plataforma la utilizan para subsanar gastos médicos, en educación, actos benéficos, funerales, emergencias, viajes…

Los fondos recaudados pueden recogerse en cuanto empiecen a ingresarse los donativos. Una campaña puede mantenerse activa el tiempo que se desee, si bien existen plazos para las retiradas de dinero.

No hay “todo o nada”, ni condicionantes de ningún tipo. Y la comisión apenas consiste en la que impone la pasarela de pago por las transferencias (2,9 por ciento más 25 centavos).

Realmente, es muy sencillo realizar crowdfunding en la plataforma. Ahora, que se cumplan tus metas establecidas depende de otros factores como el objetivo de la colecta o las destrezas comunicativas del beneficiario.

Lo más negativo de GoFundMe –y el mismo problema lo tienen Kicktarter e Indiegogo– recae en que su sede y sus bancos residen en Estados Unidos. Esto constituye un impedimento para organizar iniciativas en el espacio de la isla caribeña por el bloqueo económico de ese país hacia Cuba. Por tanto, resulta viable si se tienen cuentas en bancos europeos.

Aun así, ha habido casos en los que esas plataformas han realizado cuestionarios extras sobre los crowdfunding destinados a Cuba o los bancos que estas iniciativas emplearon han llegado a congelar los fondos ingresados.

Usar desde o para Cuba cualquiera de las tres plataformas presentadas hasta ahora – probablemente, las más grandes del mundo–, conlleva el reto de sortear fuertes dificultades técnicas y económicas.

También habría que tener en cuenta si es necesario el uso redes privadas virtuales (VPN, por sus siglas en inglés) para acceder a las plataformas Indiegogo y GoFundMe –a Kickstarter se entra sin problemas– y mantener activa la campaña de crowdfunding.

Ninguna de estas trabas ha impedido que personas residentes en Cuba hayan logrado anteriormente cumplir sus metas a través de dichas corporaciones.

Sin embargo, muchos compatriotas han optado por utilizar plataformas alternativas, con sedes europeas, como esta catalana.

Verkami

Su funcionamiento es bastante parecido al de Kicktarter: mediante proyectos, pero que abarcan cualquier ámbito de la creación, incluso los de corte científico, tecnológico, educativo, comunitario, cooperativo, incluso se pueden financiar actividades culturales o fiestas populares.

También utilizan el sistema de “todo o nada”, pero con un límite de tiempo de 40 días. Y descuentan un cinco por ciento de comisión, más otras tarifas de transferencia bancaria.

Eso sí, comparados con la corporación estadounidense, esta plataforma oriunda de Matarós, Barcelona, exhibe un rango histórico mucho menor: a pesar de su comienzo casi parejo –en 2010–, tienen menos de 11.000 proyectos financiados y unos 53 millones de euros recaudados a través de 1.400.000 mecenas.

No obstante, su tasa de éxito es muy superior: 74 por ciento, el mayor índice de eficiencia a escala mundial de una plataforma de crowdfunding, según indica su propia página web. Esta hazaña podría deberse al asesoramiento personalizado que brindan a sus clientes.

El músico Jorgito Kamankola logró financiar su disco Antes que lo prohíban a través de Verkami; y el grupo Perséfone Teatro pudo concretar su obra Ricardo II. (2022)

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