Tensiones del modelo económico cubano

La economía cubana acumuló en 2019 presiones en proporción mayor que el crecimiento visible, en una señal de intenciones de dar continuidad a las reformas del modelo económico.

A pesar una labor de inversiones que gana intensidad gradual, la economía cubana no ha conseguido niveles sólidos de crecimiento todavía.

Foto: Ivet Gonzáles Lemes_IPS

La economía cubana se encuentra en un bache, atrapada entre tensiones lógicas por el programa de transformaciones del modelo económico y un asedio que Estados Unidos acentuó en 2019 en áreas de alta sensibilidad: la importación de petróleo, el turismo y la actividad bancaria externa.

En su habitual informe de fin de año ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, el ministro de Economía, Alejandro Gil, no precisó esta vez el dato general del producto interno bruto en 2019. Prefirió hacer énfasis en los planes reservados para el 2020, que confirman la persistencia de un bajo crecimiento del PIB (1 por ciento el próximo año), mientras dejan prioridad para inversiones fundamentales en la infraestructura hidráulica, el turismo, industrias, telecomunicaciones y el sector electroenergético, entre otros.

Ante los diputados, Gil optó por citar a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que estimó un crecimiento de 0,5 por ciento de la economía cubana este año, en línea con el ajuste que el Gobierno de Miguel Díaz-Canel había hecho, en julio, en sus planes.

Las presiones se acrecentaron en el segundo semestre por la coincidencia de medidas económicas internas de gran repercusión social, con el incremento del acoso por Estados Unidos a nexos comerciales de Cuba con otros países.

En agosto las autoridades implementaron un alza general de salarios en el sector presupuestado y de pensiones, en proporciones sorpresivas, que despertó aplausos en la sociedad. El salario medio en ese sector subió de 667 pesos a 1.067 y fueron beneficiados 1.400.000 trabajadores.

Pero la medida puso bajo enorme presión a la administración del Estado. La ministra de Finanzas y Precios, Meisi Bolaños, reconoció ante los diputados que el ajuste parcial de salarios y de pensiones fue “el reto más importante en la ejecución de los montos” del Presupuesto.

El alza salarial elevó los gastos de la administración estatal en alrededor de 4.300 millones de pesos. El gobierno los asumió mediante reajustes presupuestarios, que implicaron la reducción en un 10 por ciento como mínimo en otros gastos presupuestados y mediante el retiro de fondos programados hasta mayo, que permanecían sin ejecutar.

Inmediatamente después, las autoridades emprendieron acciones de control de precios, polémicas algunas, e implementaron nuevas opciones en el consumo, en un evidente esfuerzo por atajar los peligros inflacionarios que asomaron en el horizonte, ante el alza brusca de la demanda solvente.

En los meses finales del 2019, el gobierno implementó medidas sorpresivas, como el alza de salarios del sector presupuestados y la apertura de nuevas alternativas comerciales para dinamizar el consumo.

Foto: Tomada de Granma

Contradictoriamente, estas operaciones y tensiones del Presupuesto coincidieron con un paquete de medidas de urgencia para hacer frente a un agudo recorte en la disponibilidad de combustibles, a partir de septiembre. El Gobierno de Donald Trump aceleró este año la persecución contra las compañías navieras y buques tanqueros de bandera venezolana o de otros países, contratados para transportar petróleo de Venezuela a Cuba.

La contracción en la disponibilidad de energía se sintió. Para evitar a toda costa los apagones, el gobierno de Díaz-Canel priorizó el abastecimiento de combustibles en termoeléctricas y concentró los recortes del suministro sobre el transporte de pasajeros y de carga. Las colas en las gasolineras quedaron como dramática evidencia de una crisis energética que duró, de manera marcada, hasta finales de octubre.

A este impacto se sumaron otras medidas de Washington para frenar los viajes de cruceros a Cuba, una de las alternativas del turismo de crecimiento más dinámico en años anteriores. La industria del ocio, uno de los pilares externos de la economía cubana, apenas llegó a unos 4.300.000 visitantes, unos 400.000 menos que en 2018, por la contracción de viajeros estadounidenses y la baja de importantes mercados emisores europeos.

Otro sostén financiero clave para Cuba, los ingresos a cuenta de la exportación de servicios médicos, también sintieron una conmoción por el giro político hacia la derecha, y el distanciamiento de La Habana, de países de la región con los que Cuba tenía fuertes acuerdos gubernamentales: Brasil y Bolivia, a los que les antecedió Ecuador.

A pesar de los aires de tormenta, el Gobierno cubano se ha lanzado en un programa de medidas con abierta intención de dar continuidad a la reforma del modelo económico. Los pasos más recientes anticipan avances más profundos el próximo año en materia de política monetaria, el sistema de precios y las formas de propiedad, y en el reordenamiento de la actividad empresarial. (2019).

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