Las empresas estatales de Cuba están urgidas de acometer transformaciones dirigidas a su sostenibilidad interna, considerando además de nuestras realidades, tendencias mundiales en el campo de la gestión empresarial.
En una contribución anterior sobre este tema se abordaba la importancia de considerar en las transformaciones de la empresa estatal cubana no sólo aquellas que deben ocurrir desde su entorno (macroeconómico, social, institucional …), sino también a lo interno de la empresa. Vale la pena abundar algo al respecto.
Las transformaciones en el entorno general de la empresa estatal son indispensables para su despegue. Pero igual importancia tienen las transformaciones al interior de esta.
Los actores económicos en Cuba han dado mucho de qué hablar en los últimos tiempos. Ya contamos con más de 2000 nuevas micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) entre privadas (la gran mayoría, como era de esperar) y estatales. Como se decía en una contribución anterior, son parte de la solución necesaria – no la varita mágica- cuyo aporte se espera sea importante para alcanzar propósitos como dinamizar la economía, mejorar su estructura productiva, y contribuir al aumento de la oferta total por vía de la producción nacional.
El historiador de la ciudad Eusebio Leal, ya fallecido, trazó la prioridad de construir y mejorar las condiciones de vida de los habitantes de ese espacio cubano.
Los andamios están vacíos y no se escucha el habitual sonido de las herramientas. La escasez de materiales de construcción frena labores en el Centro Histórico de La Habana, que tiene como prioridades la edificación de viviendas y la restauración.
Cuba exporta grano de calidad para obtener ingresos e importa para satisfacer la demanda interna.
Mientras consumidores padecen la llegada tardía a las bodegas de la limitada cuota de café de la canasta básica y la venta casi exclusiva en tiendas en moneda libremente convertible, en la región oriental del país, se inicia un proyecto internacional que persigue contribuir a recuperar el cultivo.