Una fruta de gran potencial para el consumo interno y la exportación insuficientemente aprovechada.
Año tras año pueden encontrarse en la prensa nacional artículos que denuncian las pérdidas de producciones agropecuarias en los campos cubanos por dificultades organizativas y logísticas. Tal es el caso del mango, rubro de amplia aceptación por parte de la población cubana en sus diferentes formatos.
El año 2020 estuvo plagado de desafíos aún presentes: el azote de la pandemia del coronavirus, la consecuente cuasi paralización de la actividad económica, la caída de los ingresos por exportaciones y el recrudecimiento del bloqueo norteamericano buscando, oportunistamente, la asfixia de la nación.
El gobierno cubano anuncia casi a la par un acuerdo internacional sobre su deuda externa y una prohibición para la recepción de dólares en efectivo en su banca.
Dos maniobras presentó simultáneamente el gobierno cubano en estos días: la renegociación de pagos de la deuda con el Club de París y la suspensión temporal del depósito de dólares en efectivo en la banca nacional. Ambos pasos, anunciados el mismo día, 10 de junio, apuntan a aliviar el elevado riesgo-país que pesa sobre las operaciones comerciales y financieras externas de Cuba. Pero en los medios y entre la población tuvo mayor repercusión la segunda, quizás más por motivos políticos, aunque la inestabilidad en el consumo interno asome como otra razón.
En el sector agropecuario existe un amplio abanico de opciones para el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas (pymes).
El anuncio oficial este primero de junio de que solo faltan las normas legales para la apertura de pequeñas y medianas empresas en Cuba abre las puertas a estas formas no estales de gestión empresarial en el sector agropecuario, objeto de un importante proceso de transformaciones.