El diseño actual del sistema de pensiones de la seguridad social necesita replantearse para responder a los retos del envejecimiento demográfico y un mercado laboral más heterogéneo.
No es un secreto para nadie que Cuba es un país en franca transición demográfica. En sí misma esta noticia tampoco se debería traducir en un problema: es una felicidad que nuestros abuelos y abuelas estén más tiempo en nuestras vidas.
La regulación jurídica del trabajo autónomo ha transitado por diversas etapas desde su creación en la década de los 70 del siglo XX hasta la actualidad.
En el proceso de transformación generado a partir de la “actualización” del modelo económico cubano, han sido diversas las reformas que se han llevado a cabo. Una de estas ha sido el surgimiento de nuevos sujetos económicos, por un lado, y por otro, el fortalecimiento de algunos ya existentes, como es el caso de los pertenecientes al trabajo por cuenta propia (TCP).
Cuba no puede escapar a ese impacto y requiere soluciones diferenciadas e inclusivas.
Actualmente nos encontramos inmersas en una situación de crisis económica profunda que amenaza el tejido social y el bienestar de las personas, poniendo en serio peligro las condiciones de vida de los sectores más vulnerables de la población.