Un plan presentado esta semana con ese objetivo se basa en la diversificación de las producciones azucareras.
En medio de una difícil coyuntura económica y asediada por nuevas sanciones de Estados Unidos, Cuba fijó las metas del Programa de Desarrollo hasta 2030 para revitalizar su otrora principal industria, durante décadas locomotora de la economía nacional.
Aunque logró un pequeño crecimiento de producción hasta 1,3 millones de toneladas, con una mejor realización en el mercado externo, la zafra azucarera en Cuba continúa lastrada por viejas dificultades.
Un rayo de luz asomó en el hosco panorama de la producción cubana de azúcar al cumplir este año el plan de exportaciones. Pero la agroindustria que alguna vez asumió el protagonismo casi total de la economía cubana continúa enredada entre dificultades que la mantienen en niveles mínimos de fabricación.
La legislación más reciente abre nuevas oportunidades para una forma de producción con protagonismo en las producciones agropecuarias cubanas.
Las cooperativas se apuntalan como forma de organización empresarial en Cuba. Después de incursionar hace unos pocos años por primera vez en ámbitos no agropecuarios, pasos recientes confirman que la agricultura, su lugar de origen, apuesta a un modelo de gestión económica diferente de la empresa estatal dominante en el resto de la economía cubana.
Reflexión crítica sobre recientes decretos en el sector agrícola de Cuba.
En los últimos tiempos, en el sector agropecuario cubano se observa un resurgir del aumento de la centralización y reducción de la autonomía, en particular de las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS) y de Producción Agropecuaria (CPA), así como una disminución del papel y desempeño de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP).