Roberto Salas: Un acto de justicia poética
Por tercera vez en la historia un creador del lente en Cuba es distinguido con el Premio Nacional de Artes Plásticas (2025).
Roberto Salas Merino, fotógrafo cubano y Premio Nacional de Artes Plásticas 2025.
Foto: Tomada de Cubaperiodistas
En esta ocasión, el reconocimiento recae en Roberto Salas (Nueva York, 16 de noviembre de 1940), figura esencial en la construcción visual de la memoria contemporánea de la isla caribeña.
El el pasado 30 de abril, el teatro del Museo Nacional de Bellas Artes fue escenario de la ceremonia de entrega del máximo galardón que se concede a un artista visual en Cuba.
La buena fotografía no se aprende en ninguna escuela, sino en la calle, mirando la vida de la gente, con sensibilidad».
Roberto Salas
El investigador y crítico de arte Rafael Acosta de Arriba, en sus palabras de elogio, destacó que “no asistimos solo a la entrega de un Premio Nacional, sino a un verdadero acto de justicia poética”, destacando la coherencia, profundidad y mirada crítica que han definido la obra de Salas desde sus inicios, junto a su padre, el reconocido fotógrafo Osvaldo Salas.
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Roberto Salas Merino (Nueva York, 16 de noviembre de 1940). Destacado fotógrafo cubano, nacido en Estados Unidos. Estudió fotografía con su padre, Osvaldo Salas (1914-1992), y a los quince años hizo sus primeros trabajos para el periódico El Imparcial, de Nueva York. Es miembro fundador de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), y miembro de honor del Fondo Cubano de la Imagen Fotográfica (FCIF).
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Un lente osado
Con apenas quince años, Salitas, como es conocido en Cuba, publicó una instantánea que ha recorrido el mundo entero. Inicialmente publicada en agosto de 1957 en el New York Tribune y luego reproducida en el Herald, Times y la afamada revista Life. Se trata de la bandera del Movimiento 26 de Julio en la Estatua de la Libertad de New York.
Como ha dicho en varias ocasiones, la pasión por la fotografía le entró por las venas. De su padre Osvaldo Salas (1914-1992) recibió no sólo los conocimientos básicos, la técnica, como se dice, sino la pasión por una profesión que lo ubicaría, años más tarde, junto a Alberto Korda, Raúl Corrales, Liborio Noval, Ernesto Fernández y otros, en el grupo de “fotógrafos de la épica”. Ellos supieron captar de modo brillante los momentos y procesos iniciales del triunfo de la Revolución cubana y con el talento, la osadía y creatividad de sus lentes entregaron auténticas obras de arte. Esa fotografía era documento, periodismo y arte a un tiempo.
La señora y la bandera: una anécdota
Corrían los últimos años de la década del cincuenta del pasado siglo XX y según cuenta el propio Salitas, “La señora y la bandera”, como le nombro a esta foto, fue creada en 1957. Fidel estaba en la Sierra, los asesinatos y la corrupción en Cuba, la mafia, etc., sucedían… y la prensa norteamericana no reflejaba nada de esto, ¡silencio absoluto! ¡Cuba no existía! Los del Club Patriótico 26 de Julio en Nueva York comenzaron a ver cómo provocar a la prensa y a la opinión pública de Estados Unidos para hablar de Cuba. Entonces se les ocurre dar un golpe publicitario con algo y sale la idea de hacerlo con la bandera del Movimiento. Se manejaron varias locaciones, pero a mí se me ocurre la Estatua de la Libertad.
“Pensé, dice, que esto sí era delicado con los americanos, por lo simbólico que era para ellos esa construcción. Mi imagen fue la tapa al pomo, como decimos. Se desistió del acto-protesta y se quedó solo la colocación de la bandera. Un pequeño grupo, sin plan, nos lanzamos a hacerla y lo logramos.

Todo salió bien, sin problemas, ni complicaciones con las autoridades. Primero porque fue muy rápido, hasta el punto que la bandera se retiró a mi señal de que ya tenía la fotografía; dos, como éramos pocos no parecía un “acto”, sino que fuimos exclusivamente para hacer la imagen. Nadie se dio cuenta ni llamó la atención porque la estatua es grande y allá en la corona la bandera, a simple vista, casi ni se veía.
Desde el punto de vista de las intenciones e implicaciones, realmente no pensé en nada de eso, buscaba un golpe publicitario, es todo. Esa imagen fue tomada con una cámara de 35mm y un lente telefoto de 135mm, a las 10 a.m., más o menos, en un día bien claro. Fotográficamente no presentaba complicaciones, las condiciones eran ideales», acota el artista.

Lo que no sospechó Salitas es que su osadía e ingenio convirtieron la imagen en un verdadero suceso que llamó poderosamente la atención de la prensa estadounidense de la época, gracias a la sensibilidad del artista que puso en lo más alto del famoso símbolo neoyorquino la rebeldía de un pueblo.
Su trayectoria creativa —que transita del fotorreportaje a una dimensión artística profundamente humanista— deja una huella que trasciende la documentación de hechos para convertirse en testimonio sensible de una época y de su gente.
El propio Salitas lo ha expresado en varias entrevistas: “todas las fotografías que pude hacer en mi vida, las hice desde una mirada y una intencionalidad propias. Todo el tiempo fui en busca de lo diferente, lo novedoso, lo que pudiera resultar atractivo e impactante”.
“El fotógrafo verdadero — dice Salitas—hace las cosas por instinto, como un reflejo; luego, si se convierte en arte o en algo rutinario, se sabrá con el tiempo”.

Más allá de la “epica”
Desde que se inició como fotógrafo hasta la actualidad Salitas ha incursionado en diversos géneros: fotografía periodística, documental, de modas, desnudo, publicidad. Ahí están sus ensayos fotográficos: El último cabildo de Regla (1961); Tumba-bembé-batá (1963); Vietnam, (1966-73); Desnudos, 1994-2004; Así son los cubanos, 2007-2015 y Nostalgias, 2009-2019, entre otros.
La fuerza de sus retratos, por ejemplo, se manifiesta en imágenes de figuras fundamentales de la historia cubana como Fidel Castro, Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos en las cuales el fotógrafo logra despojar a los personajes de la rigidez del mito para revelar su profunda humanidad.

Con el tiempo el artista expandió su obra hacia diversas temáticas como la exploración del cuerpo humano, el erotismo y la ciudad, demostrando una versatilidad técnica y conceptual que desafía cualquier encasillamiento.
A juicio del crítico de arte Yurís Nórido, “Roberto Salas reafirma que la fotografía no es un pariente menor en la familia de las artes visuales, sino un lenguaje artístico total, capaz de contener la épica de un pueblo y la delicadeza de una forma pura”.
La fotografía también gana

Para Roberto Salas “la buena fotografía no se aprende en ninguna escuela, sino en la calle, mirando la vida de la gente, con sensibilidad, porque sin ella, no sucede nada; y si no la tienes, estás perdiendo el tiempo”.
Al momento de recibir el Premio subrayó que el reconocimiento trasciende su trayectoria personal: “Este premio no es para mí, es para la fotografía. Considero que es quien se lo merece porque permite que nos entendamos entre todos; es un idioma universal”.
El crítico de arte, Rafael Acosta de Arriba, por su parte, celebró la importancia de que el jurado del Premio Nacional de Artes Plásticas 2025 haya reconocido la obra de un fotógrafo, distinción que han recibido con anterioridad los maestros Raúl Corrales y Ernesto Fernández.
Salitas expresó también su emoción y gratitud, reconociendo el impulso de las nuevas generaciones y la creciente presencia femenina en la fotografía contemporánea cubana.
Con este premio no sólo se distingue a un creador sino a la fotografía pues la legitima como lenguaje imprescindible dentro de las artes visuales en Cuba. (2026)
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Nota:
Para la elaboración de este material se utilizaron referencias tomadas de La Jiribilla y Cubaperiodistas.
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