Ryuichi Yahagi y la vida de las piedras

El camino de Hasekura Tsunenaga cuatro siglos después.

Ryuichi Yahagi durante su conferencia en la galería Her-Car, Arroyo Naranjo, La Habana

El profesor, investigador y artista visual —residente en México— Ryuichi Yahagi (Kawasaki, Japón, 1967) visitó La Habana y ofreció una conferencia en la galería Her-Car de Arroyo Naranjo. En ella mostró las esencias en que basa sus modos de hacer, su particular manera de trabajar la escultura, y los materiales que utiliza, que son al mismo tiempo, la base de sus concepciones artísticas, el núcleo de su ars poetica: las piedras.¹

A través de una hora, el artista nipón dio a conocer su visión, su credo, y mostró zonas de su obra: distintas colecciones de piedras que va recogiendo por el mundo, un universo que tiene, como ejes centrales a Japón, su país natal, y a México, país de residencia, los sitios que iluminan sus preguntas identitarias: ¿Quién soy?, de dónde vengo?, ¿hacia dónde voy?

Las piedras que va recogiendo Ryuichi Yahagi en su andar les sirven de modelos para tallar sus “avatares” y luego ambas, original y copia, se integran a las colecciones del artista, se convierten en parte de una nueva familia dentro de su obra. Una familia en la que conviven todos en armonía, porque “Ryuichi otorga a la copia todos los valores estéticos del original, cuidando la manufactura de cada detalle para conseguir los acabados correctos, apropiándose de la realidad para reconstruirla, para verla con otros ojos”.²

Canto rodado falsificado. Instalación de Ryuichi Yahagi (Tomada de su sitio web)

I. Japón y México

Ryuichi Yahagi cursó la licenciatura en artes visuales en la especialidad de escultura en el Colegio de Arte de Kanazawa, Japón, y después de trabajar en su país, hizo un viaje como turista a México en 1994. Allí quedó imantado por las culturas prehispánicas, sobre todo por las esculturas, las figuras de piedra que perviven en los diferentes asentamientos mayas.

De manera que Ryuichi volvió a Japón, siguió trabajando, ahorró dinero, y volvió a México con la intención de aprender el español y seguir explorando las ruinas de Palenque, Chichén Itzá, Uxmal, Tulum, Cobá… Pero la estancia mexicana se convirtió en un proyecto de vida que llega hasta hoy porque amplió sus estudios de artes visuales en la Universidad Autónoma de México (UNAM) y se aplicó con tanta voluntad a la escultura que ingresó, primero, como profesor y unos años más tarde como profesor-investigador en el departamento de artes plásticas de la Universidad de Veracruz, donde reside con su familia nipona-mexicana.

Tres décadas después de su primera visita a México, Ryuichi Yahagi es una suerte de embajador cultural, tanto de su país de origen, como de su país de adopción. En sus investigaciones y en su obra artística (que incluye escultura, fotografía, instalaciones, pintura) se trenzan ambos, se ponen de manifiesto sucesos, realidades, hechos, de esas dos zonas geográficas tan diversas.

“Aproximadamente, cada año tengo cinco exposiciones Japón-México y también hago intercambio cultural, conferencias, envío exposiciones o las recibo acá [en México]. Son, tal vez, como diez eventos por año, que por veinte años son doscientos”, comentó Ryuichi a Universo, publicación de la Universidad de Veracruz, en 2021.

Un proyecto de especial significación humana y repercusión social es el que desarrolla Ryuichi con las piedras que recoge en los alrededores de las plantas nucleares de Japón y en la planta nuclear de Laguna Verde, en Veracruz. Con las piedras recogidas en Villa Rica (cercana a Laguna Verde) crea imitaciones de las recolectadas en las de Japón.

Parque en memoria de Hasekura Tsunegaga a la entreda de la bahía de La Habana

II. Tras las huellas de Hasekura Tsunenaga

Desde hace un año, Ryuichi comenzó a trabajar en un singular proyecto que enlaza el arte con la historia y en uno de cuyos capítulos aparece Cuba; esa  es la razón por la que el artista está en La Habana por estos días, porque recorre la ruta que emprendió Hasekura Tsunenaga en el siglo XVII. El relato es como sigue:

En 1613, el samurai Hasekura Tsunenaga, quien servía a Date Masamune, daimyo de Sendai, encabezó una misión diplomática japonesa para expandir el comercio japonés y establecer relaciones con el virreinato de Nueva España (México), con el reino de España, y con la cúpula del poder católico, en Roma.

Aunque le llevó siete años, Hasekura cumplió su misión con excelencia: estuvo en Acapulco y Veracruz, Nueva España, donde fue recibido con honores por el virrey Diego Fernández de Córdova; en diversas ciudades de España, donde entregó la carta de los acuerdos al rey Felipe III; y finalmente en Roma pudo completar las encomiendas al Sumo Pontífice, el papa Pablo V.

El capítulo cubano había ocurrido cinco años atrás: antes de poner proa al continente europeo, el galeón de Hasekura, después de abandonar Veracruz, se dirigió a Cuba. La embarcación llegó al puerto de La Habana en julio de 1614 y marcó el primer arribo de un japonés a la Isla. Se supone que el propósito haya sido el mismo de los marinos que cubrían la ruta entre Nueva España y España por esa época: reparar los navíos y apertrecharse para seguir navegando.

Hasekura Tsunenaga estuvo de regreso en su país en 1620, pero no pudo disfrutar el éxito de su embajada, porque Felipe III se había negado a sellar los acuerdos, con el argumento cierto de que el cristianismo estaba siendo reprimido en Japón. Un edicto emitido en enero de 1614 ordenó la expulsión de todos los misioneros y la persecusión de la fe cristiana.

La oscuridad rodea los últimos días de Hasekura Tsunenaga, quien murió en 1622. Pero la trascendencia de sus actos, la repercusión histórica y cultural de su figura, está recogida en la música, la literatura, el cine y las artes visuales. Como una nueva contribución, el artista Ryuichi Yahagi recorre su camino cuatro siglos después y recoge piedras en los sitios visitados para confeccionar una colección que llevará su nombre.³ (2023)

Notas

¹ La conferencia, titulada “Canto rodado falsificado”, fue coordinada por la arquitecta y artista visual Mabel Martín, curadora de la galería Her-Car, a quien agradecemos la invitación a la misma.

² Citado por Maribel Sánchez en Diario de Xalapa, 13 de junio de 2023.

³ Entre las obras artísticas que rinden homenaje a Hasekura Tsunenaga, se cuentan el disco The road of Hasekura Tsunenaga (2013), del compositor Rodrigo Rodríguez; el film animado Gisaku (2005), de Baltasar Pedrosa Clavero; la novela El samurai (1980), de Shusaku Endo; y la novela El insólito viaje del samurai Hasekura (2013), de José María Sánchez-Ros Gómez. Las esculturas de Hasekura Tsunenaga están presentes en varias ciudades del mundo, incluyendo a La Habana.

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