Sin amanecer: viaje a las grietas de la amistad y la lealtad
Daniel Chile debuta en el largometraje de ficción con un drama/thriller donde un suceso trágico arrastra a dos hombres a decisiones que los superan.
Tras el exitoso corto El último juego, ganador en el Festival de Cine Pobre de Gibara, uno de los favoritos del público en el 37º Kinoforum–Festival Internacional de Cortos de São Paulo y escogido para la Selección Oficial de Shorts México 2026, el cubano Daniel Chile se lanzó al rodaje de Sin amanecer, su primer largometraje de ficción.
Foto: Cortesía de Neus Pechero
Daniel Chile González (La Habana, 1987) ha construido una sólida trayectoria dentro del cortometraje con obras como Tres puntos (2008), Atrapado (2017) y El último juego (2025). Ahora da el salto al largometraje de ficción con Sin amanecer, producción del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), que se encuentra en etapa de postproducción.
En entrevista con Altercine, el cineasta habla sobre el proceso de creación de su ópera prima, el significado de cumplir un sueño infantil y su deseo de que el público no juzgue a sus personajes sino intente comprenderlos.
Un sueño de infancia hecho realidad
Sobre sus motivaciones para enfrentar este nuevo reto en el mundo del audiovisual, Chile explica:
«Filmar esta película significó cumplir un sueño que tengo desde niño y que nunca abandoné. Siempre tuve la fe de que en algún momento de mi vida lo iba a conseguir, aunque sabía que el camino no sería fácil.
»El salto del cortometraje al largometraje ha sido una evolución natural, aunque implicó un reto en todos los sentidos, tanto narrativo como humano, técnico y de producción. La experiencia me exigió mucho, pero también descubrí nuevas formas de trabajar y enfrentarme a la historia y a los personajes.»

Guion ganador y producción rigurosa
Maya Quiroga (MQ): ¿Cómo fue el proceso de desarrollo y producción de esta película?
Daniel Chile (DCh): «El guion lo escribí junto a mi amigo Amílcar Salatti, coguionista también de El último juego. En 2022, Sin amanecer estuvo entre los ganadores del Fondo de Fomento del Cine Cubano, en la modalidad de Desarrollo de Proyectos. Al año siguiente, filmamos un teaser, pero después el proyecto entró un tiempo en pausa.
»Más adelante, surgió la posibilidad de presentarlo al Icaic y, finalmente, pudimos poner en marcha el proceso de la película.
»La productora i4films asumió la producción e hizo un trabajo riguroso y profesional, algo que agradezco muchísimo. El rodaje no estuvo exento de dificultades, pero fue una experiencia positiva, sobre todo por los grandes profesionales que me acompañaron y se entregaron a la película.»
(MQ): ¿Qué le fue útil del aprendizaje en el mundo del cortometraje y qué dificultades afrontó al manejar un formato de mayor duración y complejidad?
(DCh): «Los cortos fueron un espacio de experimentación y aprendizaje, especialmente El último juego, donde exploré en la puesta en cámara ideas que después intenté desarrollar y llevar más lejos en el largometraje.
»Pero no es lo mismo filmar tres o cinco días un cortometraje con un equipo reducido, que sostener durante más de 20 días un largometraje con una estructura mucho mayor. Hay que tener constancia y resistencia para llegar a buen puerto.»

Amistad puesta a prueba
(MQ): Su filmografía previa explora la condición humana en situaciones límites. ¿Podemos esperar que Sin amanecer continúe esta línea? Sin revelar demasiado, ¿cuál es el conflicto central que impulsa la historia y sus personajes?
(DCh): «Eso es algo que continúo explorando en mi ópera prima. Es la historia de una amistad entrañable entre dos hombres puesta a prueba a partir de un suceso que cambiará sus vidas. Un drama con elementos de thriller, que gira alrededor de esa relación y las decisiones que toman ambos cuando se ven arrastrados a una situación que los supera.
«Me interesaba indagar cómo las situaciones límites ponen en crisis nuestras certezas, nuestras lealtades y hasta los vínculos que creemos más fuertes. El conflicto se vuelve más oscuro a medida que avanza la película, y ese recorrido nos lleva a descubrir hasta dónde pueden llegar estos personajes.»
Realismo y carga simbólica
(MQ): Su obra combina realismo y distopía. ¿Cómo se manifiesta esta combinación en Sin amanecer?
(DCh): «Esta es una película esencialmente realista. Parte de situaciones y conflictos que podrían ocurrir en nuestro entorno y está construida desde una mirada dramática. Determinadas imágenes y decisiones de puesta en cámara y puesta en escena pueden tener una carga simbólica, pero siempre al servicio de la historia y de los personajes.
»En ese sentido, se mueve fundamentalmente entre el drama, el thriller y la exploración psicológica, más que en un terreno distópico.»

Construyendo un lenguaje visual conjunto
(MQ): ¿Cómo trabajó la visualidad junto a su equipo de fotografía y arte? ¿Buscó una continuidad estética con sus cortos o exploró nuevos caminos visuales el largometraje?
(DCh): «Siempre me ha interesado que la cámara acompañe a los personajes, que respire, se sienta presente sin entorpecer el drama y sea como un ojo que observa desde la verdad. En ese sentido, intento que cada plano tenga una voz propia y exprese la emoción de la escena.
»Tuve la suerte de dirigir El último juego antes de Sin amanecer. De hecho, trabajé ese corto con parte del equipo que me acompañó ahora en la aventura del largometraje. Junto a Alexander González, director de Fotografía, experimentamos ahí con la iluminación, los planos secuencia y la cámara en mano.
»Esas búsquedas las llevamos posteriormente a la película de una manera más elaborada y, sobre todo, con mayor seguridad. Sin la experiencia de El último juego probablemente no habríamos llegado a algunas de las decisiones estéticas que finalmente tomamos en la película.
»Con Juan Carlos Tabío, director de Arte, trabajamos el color y la atmósfera, siempre desde el espíritu de la historia y las emociones que atraviesan a los personajes. Fue un trabajo en conjunto, buscando que cada elemento visual estuviera al servicio de lo que queríamos contar y hacer sentir al espectador.»

Una ventana hacia nuevos conflictos
(MQ): La marginalidad, la soledad y la supervivencia son recurrentes en su obra precedente. ¿Sin amanecer dialoga con esas preocupaciones? ¿Es una culminación de estas exploraciones o abre una nueva etapa?
(DCh): «Todas esas preocupaciones están presentes de alguna manera. Son temas que me han acompañado durante años y, de forma inconsciente, terminan apareciendo en cada proyecto que emprendo, aunque cada historia tiene su propia personalidad.
»No siento que Sin amanecer sea una culminación de esas exploraciones. Prefiero verla como una ventana hacia otros conflictos humanos que me inquietan como cineasta. Me motiva arriesgarme en otros caminos, géneros e historias. Siento que me queda mucho por descubrir y contar de este país y hay muchas realidades, personajes y situaciones que mere cen llegar al cine de ficción.»
La actuación como herramienta de dirección
(MQ): ¿Cómo influye su background como actor en la manera en que dirige a sus intérpretes en Sin amanecer?
(DCh): «Haber estudiado actuación en la Escuela Nacional de Arte ha sido fundamental. Sentí en carne propia muchos de los temores a los que se enfrenta un actor y esa experiencia me ayuda a comunicarme con ellos y comprender lo que sienten antes de filmar una escena. También, a entender mejor ese proceso complejo y personal que implica construir un personaje.»
(MQ): ¿Hablanos del trabajo con el elenco, especialmente en la construcción de los personajes principales?
(DCh): «El trabajo con los actores estuvo marcado por muchas lecturas del guion y ensayos. Andros Perugorría, Alberto Corona y Laura Moras interpretan a los personajes principales, y el objetivo fue que pudieran encontrarlos desde su propia verdad, su esencia, sus pasiones.
»Conté con el apoyo de Yaremis Pérez, coach de actores, y juntos emprendimos un camino arriesgado, pero con la confianza de que podíamos llegar al lugar que buscábamos. Son personajes atravesados por un conflicto duro, que los hace vulnerables y los lleva a vivir un volcán de emociones.
»El rodaje fue riguroso e intenso, tanto para ellos como para mí, pero creo que conseguimos un resultado honesto. Ojalá que el público lo descubra y lo sienta.»
No juzgar sino comprender
(MQ): ¿Qué busca provocar en el espectador con esta obra? ¿Cuál es la principal reflexión que le gustaría se llevara el público tras ver su largometraje?
(DCh): «Más que provocar, quisiera que el espectador no juzgue a los personajes sino que intente comprenderlos. Ojalá el público reflexione al ver la película y, sobre todo, siga pensando en esos personajes, en sus contradicciones, sus dudas, sus decisiones y también en las propias.
»El cine puede ser un espacio para mirar nuestra condición humana con mayor complejidad y empatía, especialmente en momentos como los que vivimos.»
(MQ): Han pasado algunos años desde sus primeros cortos premiados en Gibara o en el Festival de Cine de Miami. Mirando hacia atrás, ¿cómo siente que ha evolucionado su voz como director desde Tres puntos hasta Sin amanecer?
(DCh): «Cada corto partió de los cuestionamientos que me hacía en ese momento de mi vida, por eso cada uno tiene la mirada natural que brotó de mí en ese instante. Pero también siento que he evolucionado en mi manera de mirar al ser humano y a mi país.
»Antes partía desde la ingenuidad propia de la edad. Hoy he ganado madurez y eso, inevitablemente, se refleja en la creación. Si algo se mantiene intacto es mi pasión por el cine, mis ganas de contar historias que conmuevan, y mi deseo de seguir avanzando, a pesar de lo complejo que pueda ser el camino.»
El futuro, un lienzo en blanco
(MQ): Con el largo Sin amanecer en proceso de postproducción, ¿cuáles son sus próximos proyectos? ¿Seguirá explorando el formato del largometraje o siente necesidad de volver al corto como un laboratorio de ideas más inmediato?
(DCh): «Tengo un guion de largometraje que escribí junto a Amílcar Salatti, pero aún no sabemos cuál será su destino. Creo que si aparece una buena historia, sea un cortometraje o un largometraje, intentaré filmarla. No le resto valor a ningún formato, porque si la historia es poderosa, da igual si dura diez minutos o dos horas. Lo importante es hacer cine y sacudir al espectador en la sala oscura» (2026).
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