Un nuevo audiovisual sumergido
Los audiovisuales realizados por creadores infanto-juveniles vienen cobrando fuerza en toda Cuba y, a pesar de ser un movimiento poco difundido y exhibido, ya pueden apuntarse algunas de sus características.
Emma aborda el embarazo adolescente. Los audiovisuales de este movimiento infanto-juvenil reflejan las preocupaciones de ese grupo etario
Foto: Cortesía de los creadores
En el prólogo de su Guía crítica del cine cubano (2001), Juan Antonio García Borrero empleó el término “cine sumergido cubano” para llamar la atención sobre producciones hechas al margen de las intenciones de industria antes de 1959 y de la institución hegemónica constituida desde la fundación del Icaic.
Ya desde entonces, el investigador y crítico camagüeyano reconocía que tal denominación quedaba estrecha, pues igual suerte de sumersión estaba sufriendo toda el área de la creación en video, la cual no podía recoger en su texto.
En lo que va de siglo XXI, una buena parte de la revolución creativa generada dentro del ecosistema mediático digital nacional puede considerarse ―ampliando el término― como “audiovisual sumergido”. Dentro de este, cabe incluir un fenómeno bastante reciente del universo audiovisual del país: las obras realizadas por niños y adolescentes agrupados en colectivos de creación.
Dada la fuerza, organización y volumen de producción con que ya cuentan, es importante apuntar algunas de sus características, pues estos textos audiovisuales y sus grupos de origen deben forman parte ―por derecho propio― del “cuerpo audiovisual de la nación cubana”, un concepto más amplio y ecuménico concebido, igualmente, por García Borrero.
Un nuevo movimiento audiovisual
El acceso ampliado de la población a la web 2.0, la posesión mayor de artilugios poseedores de pantallas inteligentes con cámaras cada vez más perfeccionadas, las aplicaciones y programas para editar de fácil manejo ha facilitado la consolidación en Cuba de un nuevo ecosistema mediático digital.

La utilización de la red de redes como un espacio inmensurable de comunicación ha abierto infinitas posibilidades para la niñez y la juventud, quienes funcionan como prosumidores naturales, habitantes de un universo audiovisual amplio en formas de expresión y alcance; y no ajustado, necesariamente, a los formatos y géneros tradicionales del cine o la televisión.
La consolidación de los factores contextuales y tecnoambientales dentro del ecosistema audiovisual digital cubano fueron favorables para la consolidación de las experiencias creativas que iban surgiendo a lo largo y ancho de la isla.
En su detección y primeros desarrollos tuvo un papel fundamental, desde la década del ochenta del pasado siglo, el Universo Audiovisual del Niño Latinoamericano, posteriormente transformado en Red Unial. Su labor se encaminaba, especialmente, a la edu-comunicación y el trabajo investigativo con los grupos etarios infantiles y adolescentes.
Sin embargo, el impulso definitorio lo produjo la creación de la Red Cámara Chica Cuba en 2013, en el cual tuvo una participación importante la British Council, mediante convenios con el Ministerio de Educación y el de Cultura. Esta ONG británica apoyó la capacitación de niñas y niños de diferentes comunidades en la apreciación y creación audiovisual, así como la formación y superación de una figura importante: el gestor de cada proyecto.
El grupo devenido de esos esfuerzos ha sido asesorado por la Red Unial y la Federación Nacional de Cine Clubes de Cuba, entre otras organizaciones.
Un nuevo pensamiento creativo
Directamente relacionado con el ecosistema digital nació su nuevo pensamiento creativo. Por ejemplo, el proyecto Rodando Fantasías de Santa Clara, muy bien posicionado y organizado metodológicamente, tiene como objetivo fundamental contribuir a formar un receptor activo desde las edades tempranas, mediante el uso artístico-creativo de las nuevas tecnologías en la educación audiovisual de los escolares.
Para tal propósito han adoptado el formato de creación de los youtubers, agrupados en los ChicoTuber y los YoyTubers. Los primeros, para creadores infantiles; el segundo, para adolescentes. Con esta modalidad, esos grupos etarios se sienten cómodos, pues son consumidores habituales de los contenidos allí ubicados. Con idénticas herramientas trabajan muchos de los otros conjuntos.

Lo anterior no es óbice para el empleo de los lenguajes tradicionales audiovisuales, en particular, el uso de la animación ―y dentro de ella el stop motion―, gracias al empleo de aplicaciones existentes en computadoras o pantallas inteligentes, aprendidas en talleres de creación, o su participación en noticiarios emitidos a través de los telecentros.
El aprovechamiento de los factores intermediáticos se complementa con el registro de su labor en las redes. Cada uno tiene su perfil en Facebook, donde se pueden apreciar sus obras y las actividades que realizan. Ellos no luchan por una cuota de pantalla: un elemento que los diferencia de los movimientos audiovisuales surgidos con anterioridad en Cuba. Su espacio de circulación está en las plataformas digitales, aunque sin las debidas políticas de circulación.
La importancia del gestor de proyecto
Otra característica insoslayable es su carácter comunitario. De ahí la alianza con el sistema de Casas de Cultura y las instancias municipales y provinciales de educación, entidades que en muchos casos los cobija y apoya. Por tal motivo, es frecuente la inclusión de esas instituciones en los créditos de producción o en los agradecimientos.
Una fortaleza, que al mismo tiempo constituye una de las debilidades, es la figura de los gestores de proyectos. Estas personas provienen muchas veces del movimiento de instructores de arte y han sido capacitados en los encuentros generados alrededor del movimiento, con el propósito de conseguir ese receptor-creador activo.
Su selección y capacitación los convierte en entes institucionalizados; con lo cual, su labor de dirección y coordinación del audiovisual infanto- juvenil estará condicionado por los parámetros ideológicos que pretenden mantener dichas instituciones. Esto influye en la concepción de la mirada de los creadores bisoños y en sus roles dentro de la comunidad.
El necesario protagonismo y compromiso con la labor del grupo de estos gestores ―quienes muchas veces son asignados y no surgidos de su seno o comunidad― se ve afectado por los problemas objetivos que enfrentan como seres sociales de estos tiempos, lo cual ha mellado la multiplicación y existencia de algunos proyectos.
La mirada audiovisual infanto-juvenil
Más allá de las mediaciones institucionales que intervienen en las creaciones de estos niños y adolescentes, hay un espectro de temas y formas de abordarlos, diferentes al punto de vista adulto, que constituyen el aporte más importante de este movimiento creativo.

Así, aparecen el embarazo adolescente (Emma, Lucía Travieso; Disculpa mamá, Melissa González), el bullying (Mis zapatos pionero, creación del taller 11-15 años de Rodando Fantasías, Santa Clara), las relaciones intrafamiliares (Sorpresaaa, Vanesa Gesen; Maltrato, Isaac García; Sueño, Mélany Robaina).
También, el maltrato animal (Compañero, Albert Bryan; El maltrato animal, Ernesto Besada), el cuidado del medio ambiente (En tus manos, Elizabeth Álvarez; Desperdicio, Alejandro Daniel), la ciberseguridad (El rastro de la babosa, Adriana Ma. Garay), los efectos de la Covid 19 (El contagio, Yaniela Núñez, Alicia M. Columbié; Don Quijote contra virus e infección, Ibrayan Rodríguez), son asumidos desde enfoques frescos, diferentes.
Aunque no todos posean similar calidad de realización y la mayoría estén contados mediante una narrativa clásica, tienen a su favor una perspectiva temática distinta, matizada además por su abordaje desde las diferentes zonas geográficas nacionales. Esta focalización provincial los separa del habanacentrismo imperante en los medios de difusión hegemónicos nacionales.
Conclusiones para estos apuntes
El surgimiento de la Red Cámara Chica Cuba cumple sus primeros diez años este 2023. El esfuerzo de los colectivos de creación, su superación y espacios de encuentro se realiza a través de festivales y muestras, todavía insuficientes y poco visibles en los medios.
Los eventos y muestras más importantes en 2022 fueron la segunda edición de la MICE Cuba, organizada en conjunto con la Red Unial durante mayo. La exhibición de obras y el encuentro realizado con integrantes de algunos de los proyectos creativos durante el evento teórico del Premio Caracol de la Uneac en octubre; y el 8vo. Festival Internacional del audiovisual infantil “Rodando Fantasías” de Santa Clara, en noviembre.
Quizás, como escribe García Borrero en la defensa del término “cine sumergido”, por desconocimiento y franca subestimación de lo no oficial. En estos momentos, hay un decrecimiento en la cantidad de colectivos, aunque se aprecian algunos brotes nuevos, sobre todo en La Habana.
Y aunque este movimiento ha encontrado su espacio de comunicación en las redes, se hace necesario implementar políticas de circulación y conservación de sus obras, porque ellas y ellos son un fragmento del cuerpo audiovisual de la nación cubana.
Mientras tanto ―parafraseando a Glauber Rocha―, estas niñas, niños y adolescentes salen todos los días a la calle con un celular en la mano y muchas ideas en su cabeza. Con ellas desean representar su universo cotidiano en el ecosistema digital que les ha tocado vivir, como prosumidores naturales que son (2023).
Un comentario
Juan Carlos
Muy buen análisis del fenómeno audiovisual y ojalá las personas encargadas de facilitar el trabajo de los niños a todas las instancias lo continúen haciendo porque ellos y la nación lo necesitan.