Yamila Marrero y el productor como un ente creativo

Entrevista a una reconocida productora del ámbito audiovisual cubano, que participará en el Producer´s Lab del Open Doors Locarno, en Suiza.

La productora cubana Yamila Marrero defiende la producción como un ente creativo

Foto: Cortesía de la entrevistada

Aunque no suele recibir de la prensa el mismo interés que el director y los actores, el productor es una figura esencial en la realización de un proyecto audiovisual y es el representante legal y quien posee los derechos para la explotación, comercialización, distribución y exhibición del filme.

“En Cuba y muchos países de Latinoamérica, el productor viene siendo, a veces, una suerte de «todólogo»; y no por elección, sino por obligación, al tener que suplir los roles de agente de venta o distribuidor”, asegura Yamila Marrero Montero, una de las productoras más reconocidas del ámbito audiovisual cubano.

Nacida en Holguín y graduada de Historia del Arte en Santiago de Cuba, y de Producción en la Escuela de Cine y Televisión (EICTV) de San Antonio de los Baños, Marrero defiende el rol del productor como un ente más creativo.

Ella lo ve como alguien que “posee una formación, vocación y aptitud dentro del universo audiovisual y las ganas de contribuir con su creatividad a un proyecto. Sus decisiones están enfocadas no solo en un adecuado diseño, control y ejecución del presupuesto, sino también en brindar herramientas para aportar a lo narrativo, lo estético, lo visual y sonoro de una película”.

Con un trabajo que la vincula a la obra de Rafael de Jesús Ramírez, Alejandro Alonso, Eduardo del Llano, Rosa María Rodríguez, Deymi D´Atri, Alán González, Daniel Alemán y otros directores cubanos y extranjeros, la joven asegura que el productor es “el máximo responsable de que el proyecto sea viable en términos financieros, sin que lastre la creatividad o atente artísticamente contra la película”.

Yamila Marrero en el Festival Internacional de Cine de Cali, Colombia, en 2023 (Foto: Cortesía de la entrevistada)

 

Revolución en los modos de producir en Cuba

En agosto próximo, Yamila Marrero participará con el proyecto Toda la vida, de Deymi D´Atri, en el Producer´s Lab del Open Doors Locarno. Sobre esta actividad insertada en el Festival Internacional de Cine de Locarno, Suiza, uno de los más importantes a nivel mundial, declara a Altercine IPS: “Este es un gran impulso para mi formación y mi carrera como productora”.

Erian Peña Pupo (EPP): Has comentado acerca de un cambio significativo en los modos y enfoques de producir en Cuba…

Yamila Marrero (YM): En los últimos quince o veinte años, el productor ha logrado protagonismo y se ha consolidado como ente creativo. En eso ha influido mucho la EICTV, al formar toda una generación de productores, fundamentalmente productoras, que han revolucionado los modos de producir; con una formación sólida y con herramientas de su especialidad y de otras.

La irrupción del cine digital y la democratización del acceso a los medios de producción audiovisual generaron la emergencia de un cine independiente, con muchísima fuerza, pluralidad y heterogeneidad de estéticas, discursos y modos de producir.

La búsqueda de mecanismos alternos de financiación hizo que los directores se acercaran más a los productores desde la génesis de sus proyectos, y se estableciera una dupla creativa que desarrolla la película, juntos hasta el final.

Si se analizan las películas cubanas de la última década, se verá que buena parte de las más relevantes y de mayor impacto en festivales internacionales, se han gestado desde ese cine independiente, sin demeritar lo realizado desde el Icaic, las escuelas de cine y otras instituciones culturales.

Con el director Alán González, en la presentación del corto de ficción Azul Pandora, en el Festival Internacional de Cine de Rotterdam, Países Bajos (Foto: Cortesía de la entrevistada)

 

Obstáculos y sinsabores

EPP: ¿Cuáles son los principales obstáculos que enfrenta la producción independiente en Cuba?

YM: Los limitados presupuestos para realizar las obras, con un esquema de financiación que no siempre se logra completar. Y la inexistencia de incentivos fiscales que fomenten la producción nacional y provoquen que Cuba se convierta en foco de interés como destino fílmico internacional.

Tampoco se fomentan las producciones locales y necesitamos que los territorios se involucren cada vez más en la producción audiovisual, que vean el cine como arte y una fuente de empleo.

No existe en nuestro país una ley de cine que ampare, regule y fiscalice el ejercicio de la producción cinematográfica, y que a la vez proteja la creación; tampoco una comisión fílmica, algo en lo que se ha venido trabajando desde hace mucho tiempo y que esperamos ver materializado este año.

No tenemos una academia de cine y sería hermoso que desde ella se convocara anualmente a un certamen que premie al cine nacional y a las distintas especialidades.

Existe una morosidad realmente lapidaria en cuanto a la tramitación de los permisos para una filmación. Esos tiempos no están en correlación con los que se manejan a nivel internacional y eso lastra la producción nacional.

Otro obstáculo es la censura y la exclusión que ha afectado a muchísimas obras y cineastas independientes.

Un productor creativo acompaña al director desde la génesis hasta la distribución (Foto: Cortesía de la entrevistada)

 

Dinamizando una industria

EPP: El Fondo de Fomento para el Cine Cubano abrió nuevas posibilidades a la producción audiovisual en Cuba. Varios proyectos en diferentes etapas se han beneficiado con sus distintas convocatorias. ¿Cuánto crees que es necesario este y cuánto podría mejorar, dinamizar o modificar sus estructuras y bases?

YM: El Fondo tiene apenas cuatro años y ya se ha podido palpar el impacto en los creadores y en dinamizar una industria no solo a nivel nacional sino también internacional. Pero, lamentablemente, después del reordenamiento monetario, los presupuestos que se conceden son insuficientes y muy limitados. Casi un 70 % por debajo de las cifras necesarias para acometer una producción audiovisual, sobre todo con la gran inflación en nuestro país.

EPP: ¿Existen otras vías de producción en el panorama nacional además del Fondo?

YM: Otros espacios pueden aportar algunos apoyos: el Festival Internacional de Cine de La Habana, con su Premio Coral de Postproducción; o el de Cine en Construcción del Festival Internacional de Cine de Gibara. Además, están los fondos de algunas embajadas europeas en nuestro país, como el Fondo Noruego para el Cine Cubano, con once ediciones; el fondo Go-Cuba, que convocó durante nueve ediciones; y el FSPI Cine, de la embajada francesa.

Existen iniciativas locales como el Festival Por Primera Vez en Holguín y el pitch del Almacén de la Imagen en Camagüey, para jóvenes de menos de 35 años. También el Instituto Instar otorga un premio para la producción y distribución de películas cubanas.

Pero, obviamente, todavía son insuficientes las vías de financiamiento porque siguen siendo escasos los montos concedidos para la producción de una película desde cada uno de esos espacios.

 

El cine que hacemos y no se ve

EPP: En estos años de trabajo, ¿qué ha sido lo más complejo y lo más estimulante?

YM: Lo más complejo es el nivel de adaptabilidad que tienes que estar desarrollando diariamente. Cuba es un país cuyo contexto, cuya realidad, cambia todos los meses, es muy fluctuante.

Además, nos afecta la desconexión con el mundo, pues tenemos un acceso muy limitado a internet y muchos eventos se desarrollan dentro de la virtualidad; el hecho de no poder acceder a determinadas plataformas por vivir en Cuba; el tener una movilidad limitada en comparación con otros países por cuestión de visados, y económicas para costear nuestra movilidad como cineastas.

Choca también que buena parte del cine que hacemos no se vea en nuestro propio país, por no tener acceso suficiente a los espacios de distribución. Y sentir el peso de la censura como espada de Damocles a punto de caer sobre cualquiera.

Lo más estimulante: Todas las personas que he podido conocer a lo largo de estos años, que ya son parte importante de mi vida y con las que he desarrollado una amistad y una cercanía inquebrantable. Y el cariño que uno recibe de sus personajes o de las comunidades donde filma y, por supuesto, la reacción y aceptación del público ante tu obra (2024).

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