Especialistas analizan inclusión laboral de campesinas cubanas

En la sistematización de estudios se basan posibles estrategias para promover políticas de equidad en el sector agropecuario.

Las mujeres ocupan apenas un 20 por ciento de la fuerza laboral en el sector agropecuario mientras se sostienen las brechas que dificultan una mayor inserción.

Foto: Archivo IPS Cuba

La Habana, 31 jul.Menos del 15 por ciento de la población rural femenina en Cuba cuenta con un trabajo remunerado. Así lo señala un informe de la campaña Soy Todas, donde también se analizan posibles estrategias para cerrar las brechas que limitan una mayor inclusión en los espacios productivos.

La presentación del documento es parte de las acciones que impulsa el proyecto Producción Sostenible de Alimentos en Municipios (Prosam) para el reconocimiento social de mujeres diversas vinculadas a las cadenas agroalimentarias en la nación caribeña.

Las autoras del estudio –Miriam García, Yenisei Bombino, Betsy Anaya y Dayma Echevarría– sistematizan más de 100 artículos e investigaciones que identifican algunas de las barreras para la incorporación y permanencia de las mujeres en el sector agropecuario cubano.

Mujeres en el sector agropecuario

Entre las brechas identificadas para la inserción femenina en espacios productivos las investigadoras citan las malas condiciones de trabajo en las cooperativas agrícolas, insuficiente capacitación técnica y bajos salarios para aquellas labores consideradas femeninas desde los estereotipos de género.

A esto se une la sobrecarga de responsabilidades domésticas y de cuidados, agravada por el déficit de servicios de guardería para infantes, tercera edad y personas con discapacidad en áreas rurales. Acorde a la Encuesta Nacional de Género de 2016, las cubanas dedican 36 horas semanales a estos quehaceres.

Por otra parte, se alerta sobre la posición desventajosa de quienes están en el sector en relación con el acceso a recursos necesarios para su empoderamiento.

El porciento de usufructuarias y propietarias de tierras todavía es bajo. Al cierre de 2019 estas apenas representaron el ocho por ciento en cada uno de esos rangos. En su mayoría, las mujeres se ocupan en el ámbito familiar como ayudantes no remuneradas, o como asalariadas en labores productivas que reciben salarios menores.

“La ayuda familiar no remunerada invisibiliza su trabajo y las aleja de la toma de decisiones y de la percepción de empleada que debe recibir ingresos”, advierte el grupo de especialistas.

Quienes están insertadas en las cooperativas –aunque hasta 2019 solo 13 por ciento de los trabajadores eran mujeres– se encuentran en su mayoría como socias en puestos administrativos y labores de oficina, como personal de servicios y como esposas e hijas de los cooperativistas.

Las mujeres también están subrepresentadas en puestos considerados decisorios, y las que lo logran “tienen una limitada conciencia sobre la promoción de otras mujeres al empleo y a cargos similares”, apunta el informe.

Entre las causas de la baja presencia presencia femenina, varios estudios señalan que las reuniones suelen ser extensas y en horarios extralaborales, coinciden con los otros roles socialmente asignados en el hogar. Además, la capacitación en temas de dirección resulta insuficiente.

También influyen los estereotipos que, según recogen las investigaciones analizadas, “las obliga a demostrar sus capacidades y aptitudes con mayor intensidad que los hombres”.

Otra parte de los estudios se enfoca en analizar los patrones demográficos que influyen y reflejan la permanencia de las brechas, entre ellos, la masculinización de espacios rurales como resultado de una mayor migración femenina.

Cómo enfocar las estrategias de equidad

Entre las alternativas para mitigar las problemáticas identificadas está la generación de empleos e ingresos que favorezcan la autonomía económica de las mujeres.

Estas ofertas, señala el informe, pueden estar o no dentro del sector agropecuario y como tendencia son promovidas por proyectos de cooperación internacional. Minindustrias, jugueras, elaboración de alimentos en conserva, puestos en lavanderías son algunas de las opciones abiertas.

Sin embargo, se advierte en una de las investigaciones la necesidad de evaluar el alcance de este tipo de medidas para modificar las condiciones de la población rural femenina.

Aun cuando el sector agropecuario constituye la principal fuente de empleo en las comunidades rurales, “los trabajos que se promueven desde los proyectos con frecuencia reproducen labores domésticas y no inciden en la modificación de la división sexual del trabajo a nivel individual, familiar y comunitario”, resumen las especialistas.

Para balancear estas desigualdades proponen, entre otras estrategias, promover la responsabilidad compartida del cuidado y el trabajo doméstico entre Estado, familia y sociedad.

Asimismo se deben mejorar las condiciones de trabajo y de vida en las cooperativas, “lo que no siempre depende de la disponibilidad de recursos”, apuntan las expertas que sugieren impartir charlas sobre igualdad, equidad y derechos humanos en estos espacios. (2021)

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