Gabriela Román: Hay conversaciones que no podemos seguir aplazando

Esta entrevista forma parte de una serie de IPS Cuba por los 16 días de activismo mundial por la no violencia hacia las mujeres y las niñas.

La violencia de género es un problema que está lejos de saldarse en Cuba y en el mundo.

Foto: Cortesía de Gabriela Román.

La Habana, 2 dic.- Cuando se le pregunta por un mensaje feminista para Cuba, Gabriela Román, curadora y artista visual de 26 años, responde con un cambio de planes, con la contrapropuesta de establecer muchas conversaciones.

“Un mensaje me sabe a muy poco, porque no hay uno que le sirva a toda Cuba. No se me ocurre nada que, por ejemplo, pudiera poner en un cartel y nos sirva por igual a todes, como un slogan motivador o crítico, y que nos acerque a ese lugar dónde queremos estar, o ese país que queremos tener”, piensa.

Gabriela también es directora creativa del proyecto Ensayo Cero, y en estos momentos reside en Inglaterra, donde realiza estudios de maestría. Más que un mensaje, ella prefiere entablar una conversación o muchas conversaciones, “que no podemos seguir aplazando”.

IPS Cuba: ¿Qué significación le confiere a los 16 Días de activismo mundial por la no violencia de género?

GABRIELA ROMÁN (GR): Todo lo que signifique generar y articular un activismo por los derechos de la mujer y por la no violencia de género me parece muy significativo.

Creo que desde su establecimiento en 1991 por el Center for Women’s Global Leadership, esta estrategia ha sumado cada vez más actores nacionales, regionales e internacionales para desarrollar acciones concretas que tienen un impacto positivo sobre la vida de millones de niñas y mujeres.

Sin embargo, siempre guardo un poco de suspicacia con esto de las “jornadas”. Quizás porque tienen un día de inicio y uno de final, y se invita a actuar dentro de ese marco de acción en específico. Y al acabarse hay quien queda con la satisfacción del deber cumplido cuando eso está bastante alejado de la realidad. Por eso creo en 365 días de trabajo constante y en levantarse cada mañana pensando en revertir una situación alarmante y lamentable que potencialmente puede sufrir más de la mitad de la población mundial.

IPS CUBA: El movimiento feminista ha sido protagonista de la conceptualización, sensibilización y respuesta a la violencia machista ¿Cómo ha sucedido en Cuba?

GR: Por el tipo de país que es Cuba, por la forma en que se estructura el poder y la vida en general, siento que estamos bastante estancados con esto. Tenemos un Estado que se empeña en criminalizar todo lo que genera de alguna manera un contrapeso a su poder e insiste en ver como superado este tema o al activismo feminista como otra “patraña del imperialismo”.

Pero, por otro lado, en cuanto a conceptualización, sensibilización y respuesta a la violencia machista, me interesa mucho lo que últimamente se ha podido articular desde redes alejadas de la oficialidad. En este sentido creo que fue muy importante la petición de la Ley contra la violencia de género en noviembre de 2019, y el trabajo que desde hace tiempo desarrolla Yo Sí Te Creo en Cuba. Necesitamos más iniciativas cívicas como esas, que nos recuerden que para cualquier proyecto de país hay que contar con las voces de todes.

La petición de esta ley cristalizó cierta conciencia de grupo entre nosotras, y articuló un colectivo que sigue creciendo. Fue un punto de inflexión y desde entonces muchas nos hemos unido para denunciar, para tomar las acciones que estén a nuestro alcance y hacerle frente a la violencia de género. Junto a esta petición, para mí a nivel personal fue muy significativo el performance “El violador eres tú” que se hizo en la Universidad de las Artes, organizado principalmente por las muchachas de La Manada. A partir de ahí quedó establecido un espacio de sororidad, de localización de nuestras voces para saber qué nos une, para aprender, debatir, resistir y organizarnos.

La violencia de género es un problema que está lejos de saldarse en Cuba y en el mundo. Sin embargo, no puedo dejar de ver algunas señales que indican que este es y será el siglo de las mujeres, de las personas negras, de los colectivos trans, las personas con discapacidades, no binarias, de todos los que padecemos distintas formas de marginación. Y creo que cualquier trabajo de sensibilización y respuesta a la violencia machista desde Cuba, debería también intentar conectarse de manera más directa con lo que entiendo es un movimiento global.

IPS CUBA: ¿Cuáles serían las acciones que propondría para seguir avanzando en la respuesta a la violencia de género en Cuba?

GR: Mal y rápido se me ocurren muchas cosas: la primera, es algo tan simple como reconocer que hay un problema. No por nosotras, que no paramos de repetirlo, de denunciarlo, sino por el Estado, los órganos y las instituciones pertinentes.

Luego, me parece que hay algunas cosas muy urgentes, como aprobar la Ley integral contra la violencia de género. Además es necesario crear casas de acogida para las mujeres víctimas de violencia; que haya transparencia en las estadísticas que recogen por ejemplo los casos de feminicidios; que exista trabajo de acompañamiento psicológico y terapia para las mujeres que sufren violencia de género; que se escuchen y tengan en cuenta nuestras demandas.

Hay una lista muy larga de cosas que se pueden hacer, y muchas de ellas no requieren demasiada infraestructura y recursos, sino más bien disposición para implementarlas.

IPS CUBA: ¿Cuándo y por qué comenzó a identificarse como feminista?

GR: Creo que hay incomodidades que siendo niña no sabes enunciar, pero están ahí. Cosas como ser omitida, infantilizada o subvalorada constantemente por cuestiones de género. Luego lo que tiende a suceder cuando eres adulta son dos cosas: o te integras a lo que se espera de ti como mujer, al lugar en que la sociedad quiere ponerte, y haces como que te olvidas de esas incomodidades o vas a contracorriente, y empiezas a deconstruirte sobre bases diarias hasta que te das cuenta de que la única manera de ser tú misma es siendo feminista.

Creo que en primer lugar se trató de eso, de herramientas para nombrar un malestar, malestares sutiles y dolorosos, y otros que son grotescos desde su obviedad y forma de manifestarse.

Igual es un proceso de deconstrucción que no termina, y no creo que en mi experiencia esté marcado por un hecho en particular, sino por la suma de muchos momentos incómodos y situaciones desagradables. En todo caso, si pensara en una fecha, o más bien un año, creo que sería el 2018. Aunque ya desde antes siento que tuve muchas conversaciones con personas como la gestora cultural Ada Azor o la psicóloga Yolanda Eternod que me abrieron hacia un nuevo curso de pensamiento. También creo que este año, en cuanto a lecturas, personas que he conocido y exposición a contextos distintos, ha sido fundamental.

IPS CUBA: ¿Cómo sientes que eres mirada en los diferentes espacios en Cuba cuando te declaras feminista?

GR: Creo que por un lado acogida, apoyada, estimulada, y por otro como si estuviera loca o fuera muy “intensa”, porque si eres feminista, eres “demasiado emocional”, “estás biased (prejuiciada)”, “te lo tomas todo muy a pecho”.

Gabriela es directora creativa del proyecto Ensayo Cero, y en estos momentos reside en Inglaterra, donde realiza estudios de maestría.

Los problemas no vienen tanto cuando te declaras feminista, porque tampoco es que una vaya declarándose una cosa o la otra en todos lados. Los problemas, las fricciones, las incomodidades vienen sobre todo cuando una desde su accionar diario, desde la manera en que habla, camina, se viste y vive, interpela un sistema que mayoritariamente ofrece oportunidades y preferencias para el hombre blanco heterosexual.

Pero también hay un punto en el que esa “mirada” de los demás hacia ti comienza a darte lo mismo.

IPS CUBA: ¿En cuáles espacios, proyectos o área del conocimiento, consideras que realizas una labor feminista?

GR: Creo que en todos los espacios. A veces de manera indirecta y otras con proyectos directamente relacionados con el tema. Como es el caso, por ejemplo, del encuentro “Locas, brujas, raras y lesbianas” que organicé este año desde mi proyecto Ensayo Cero y junto a Residencia Arthaus, Ediciones sinsentido y La Manada.

IPS CUBA: La experiencia de estar fuera de Cuba, la conexión con las luchas de otros contextos y otras mujeres ¿ha nutrido tu visión sobre el feminismo?

GR: Definitivamente. Ocurre que vivir en Cuba, por mucho que una quiera y se esfuerce, implica sufrir cierto nivel de delay (retraso), respecto a procesos que se están dando en otras partes del mundo, y con las luchas de otros contextos y otras mujeres. Es un poco como si las cosas no pasaran en tiempo real. En ese sentido siento que la experiencia de vivir en una ciudad global como Londres, ha tenido un impacto enorme sobre mi visión de los feminismos. Han sido muchos intercambios, conferencias, lecturas, conversaciones, que han contribuido a cimentar nuevas ideas y visiones en mí.

Por otro lado, este ha sido (además del año de la covid-19), el año de Black Lives Matter, acaba de salir por primera vez una mujer como vicepresidenta de los Estados Unidos y Chile recién aprobó redactar una nueva Constitución…Vivir esos sucesos desde aquí inevitablemente tiene que ver con ser partícipe de un ejercicio cívico que se materializa en muchos renglones de la vida, y te lleva a repensar tu relación con el espacio público y tus libertades. Y también mirar a Cuba desde la distancia te da otra perspectiva de las cosas. A veces una se siente más cubana o más latinoamericana desde la distancia.

Un poco antes de que empezara la primera cuarentena, fui a la marcha por el 8 de marzo. Una manifestación multitudinaria por Regent y Oxford Street, con mujeres portando carteles escritos en más de veinte idiomas, quizás. Gente bailando, cantando, protestando, no solo por los derechos de las mujeres, sino por una larga lista de cosas que harían de este un mundo mejor. Y yo no podía dejar de pensar, quizás un poco ingenuamente, ¿cuándo podremos tener una marcha así en La Habana? No sé, a lo mejor no falta tanto. Yo ya la estoy viendo bajar por todo Prado…

IPS CUBA: ¿Puedes ubicar el feminismo en el espacio en que te desarrollas?

GR: El sector del arte, que es del que yo participo mayormente, es un ambiente abrumadoramente machista y misógino. Ya estoy viendo algunas cejas levantarse y algunos ceños fruncidos al leer esto, pero creo que no hay otra manera de ponerlo. Eso se manifiesta en varios niveles y de distintas formas. Primero desde el punto de vista de cómo está estructurado el gremio, en el que las mujeres ocupan fundamentalmente cargos de gestión, producción o como asistentes y su trabajo termina por ser poco valorado y mal remunerado. Luego el monopolio de la creación está del lado de los hombres, organizado además alrededor de una idea completamente desfasada de lo que es ser “un genio”.

En el caso de las artes visuales, cuando una artista logra tener el reconocimiento del gremio, se dice que es buena porque no hace “arte de mujeres” -esto lo he escuchado tantas veces-. Pero qué es, en todo caso, ¿arte de mujeres? Recuerdo un artista que me dijo medio en broma, medio en serio, que el arte de mujeres era ese que tenía que ver con sangre, menstruación, etc. Básicamente todo lo que expone de manera muy directa lo que se supone sean las problemáticas de la mujer. No voy a entrar a rebatir algo tan tonto como eso, solo me gustaría llamar la atención sobre el hecho de que, sospechosamente, a lo que pudiéramos llamar “arte de hombres” y reducirlo malintencionadamente a la representación fálica de la vida, todo el mundo le dice “arte”, a secas.

En definitiva, al arte cubano le hacen falta más mujeres, pero para esto tienen que cambiar muchas cosas desde la base, para que no nos sea tres veces más difícil tener un clima positivo para crear, exponer y comercializar nuestro trabajo. Tendría que cambiar, por ejemplo, la manera en que se estructura la enseñanza artística, a todos los niveles. Y tendría que dejar de normalizarse que tantos y tantos artistas hombres usen su estatus y abusen de su poder para acosar y violentar (física, verbal y psicológicamente) a mujeres. Sin exagerar, no tengo una amiga que no haya pasado por eso.

Esto no quiere decir que no haya mujeres exitosas dentro de este sistema agreste. Ahí están las obras desautomatizadoras de Loló Soldevilla, Antonia Eiriz, de artistas contemporáneas como Celia González, Alina Águila, Susana Pilar Delahante, Alicia Rodríguez Alvisa, Jenny Feal. Está el trabajo curatorial de Dannys Montes de Oca, Cristina Vives, Cristina Figueroa, Gretel Medina, Anamely Ramos, Solveig Font, curadoras jóvenes como Aurora Carmenate y Gladys Garrote, gestoras como Elena Molina, Ada Azor o críticas de arte como Janet Batet, Magela Garcés y Elvia Rosa Castro.

IPS CUBA: Sobre esos diálogos que no pueden aplazarse…

GR: Me gustaría conversar, por ejemplo, con esas señoras que le hicieron un mitin de repudio a la curadora Anamely Ramos. Ver qué motivaciones, miedos y prejuicios las llevaron a levantarse ese día e impedir que otra persona, en este caso otra mujer, saliera de su casa. Me gustaría conversar con muchos amigos y familiares hombres, que de pronto no entienden, o ven como una amenaza cualquier cosa que “huela” a feminismo, o que la simple mención de la palabra “patriarcado” los haga ponerse a la defensiva o anular tu opinión. Me gustaría sentarme a conversar con mi mamá o con mi abuela, sobre cómo muchas decisiones que hemos tomado parten de distintos tipos de violencia que tenemos completamente asimiladas. Me gustaría hablar más a menudo con mis amigas de nuestro derecho a ser nosotras mismas, hasta las últimas consecuencias, en nuestros propios términos. Mi idea de una Cuba feminista pasa por tener esas conversaciones y muchas otras que no podemos seguir aplazando. (2020)

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