Violencia contra la mujer pese a igualdad jurídica

La Organización de las Naciones Unidas instituyó a partir de 1999 el 25 de noviembre como Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres.

Jorge Luis Baños

Cuarenta años de igualdad jurídica entre mujeres y hombres sumió en el silencio los casos de violencia contra las cubanas, pero no puso punto final a un fenómeno que se extiende por todas las regiones del planeta.

Las mujeres en esta isla del Caribe, de gobierno socialista, son víctimas de presiones psicológicas y emocionales, dominación y chantaje económico, de acoso, abuso e imposición sexual, y de agresiones físicas que pueden derivar en lesiones o la muerte.

Todas estas manifestaciones, identificadas por distintos autores cubanos como formas de violencia doméstica, se complementan con los casos de maltrato sexual, incluidas las violaciones, que tienen lugar en las calles de la isla.

»La concepción del mundo no se cambia por decreto», opina Celia Berges, especialista de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), organización vinculada al gobierno que agrupa a nivel de barrio a la mayoría de las cubanas de más de 14 años.

La experta estima que detrás de los casos de violencia se mueve una fuerte cultura patriarcal, con actitudes y conductas trasmitidas de una generación a otra, que reproducen en la pareja las relaciones de desigualdad entre hombres y mujeres.

A pesar del papel protagónico que ha pasado a jugar la mujer en la sociedad cubana, a nivel social y doméstico los hombres continúan asumiendo posiciones de superioridad y ellas de subordinación, de acuerdo con Berges.

En Cuba, las mujeres constituyen el 42,5 por ciento de las fuerza laboral activa, el 70 por ciento de los maestros y profesores, el 72,4 por ciento del personal de salud y el 43 por ciento de los trabajadores de los complejos científicos.

Mayoría en las universidades, las cubanas ocupan 30 por ciento de los cargos de dirección económica del país y 27,6 por ciento de los escaños del parlamento. El gobierno de Castro tiene 3 mujeres ministras y 14 embajadoras en distintos países.

»No importa cuánto hagamos en nuestro centro de trabajo. Cuando salimos a la calle o en el hogar es como si la máquina del tiempo empezara a funcionar y todo volviera atrás», comenta Ivette Rodríguez, ingeniera de 38 años.

Rodríguez, quien decidió separarse de su pareja de ocho años el día que recibió el primer golpe, piensa que »a pesar de todo lo que se ha hecho en Cuba por las mujeres el hombre sigue mirándonos desde una posición de poder».

»Cambiar esta mentalidad será mucho más difícil que dictar leyes», agrega.

El tema la violencia contra la mujer empezó a estudiarse con fuerza por diferentes centros de investigación especializados en Cuba en esta década, pero hasta el momento no se cuenta con una visión del alcance nacional del fenómeno.

Entre 1991 y 1992 se presentaron ante el Tribunal Provincial de la capital cubana 150 casos de abuso sexual contra mujeres, 70 por ciento de ellos por violación consumada, y sólo dos casos de hombres víctimas de pederastia con violencia.

Según un reporte del Instituto de Medicina Legal de Cuba, las víctimas de delito sexual son en su mayoría solteras, trabajadoras o estudiantes menores de 30 años, que en 60,6 por ciento de los casos no conocían a sus agresores.

En cuanto a la violencia conyugal, los estudios parciales existentes indican que ésta se practica sin distinción de religión, alcoholismo, nivel cultural, situación económica, color de la piel, diferencia de edad y tiempo de relación de la pareja.

Una investigación en la provincia de Guantánamo, a 971 kilómetros de La Habana, evidenció que mujeres entre 21 y 30 años son lesionadas frecuentemente, en su propio hogar o en plena calle, tanto en horas de la mañana como en la noche.

En estas agresiones, el móvil pasional para mantener por la fuerza el vínculo amoroso ya disuelto, al menos en lo afectivo, ocupó el primer lugar en los años 1996 y 1997.

Los resultados de otro estudio, publicados por el Centro Nacional de Educación Sexual del Ministerio de Salud Pública, indica de 41 parejas que asistieron a una consulta de terapia sexual, en 38 se había ejercido algún tipo de violencia.

En 41,5 por ciento de las parejas hubo presencia de maltrato físico y en 29,3 por ciento de ellas se usó la violencia sexual contra el otro miembro de la pareja.

La violencia sicológica fue la más empleada en los casos estudiados. Métodos tan poco cuantificables como el silencio prolongado, fueron utilizados por 78,9 por ciento de las mujeres y 81,6 por ciento de los hombres.

»Los hombres usaron en mayor medida la violencia contra las mujeres, aunque no es tan notable la diferencia», aseguraron las autoras del estudio, Tamara Sánchez y Nancy Hernández.

Sánchez y Hernández aseguran que en Cuba »han disminuido las dependencias que la colocaban (a la mujer) en un papel más pasivo y tolerante, para ubicarla actualmente en una posición más defensiva». Esta posición »a la defensiva» conduce, sin embargo, a una reacción violenta por parte de las cubanas.

Responder a la violencia con violencia no sería »un indicador de progreso femenino» y, por el contrario, »sólo llevaría a perpetuar el problema y aumentarían los daños en la pareja», alertaron las especialistas.

La diferencia entre el abuso femenino y masculino parece radicar en el mayor empleo por parte de la mujer de las formas psicológicas, mientras que el hombre acude más que las mujeres a la violencia física y sexual.

Aunque expertos y autoridades afirman que la violencia en Cuba es muy inferior a los niveles reportados en otros países de América Latina, la FMC estimó necesario crear hace dos años el Grupo Nacional de Prevención de Violencia contra la Mujer.

Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) revela que un tercio de las mujeres casadas que viven en los países en desarrollo son víctimas del maltrato de sus cónyuges.

Según la agencia de la ONU »la violencia mata a más mujeres en edad de procrear que los accidentes viales y la malaria juntos».

En América Latina más de la mitad de las mujeres han sido objeto de agresiones en algún momento de sus vidas y alrededor de 80.000 niñas y adolescentes mueren cada año por la violencia doméstica.

Un análisis del Banco Mundial (BM) sobre estudios relativos a países industrializados y en desarrollo arroja que entre las cuarta parte y la mitad de todas las mujeres observadas habían sufrido malos tratos físicos por su compañero íntimo.

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