1990: Cuba, entre la incertidumbre y la eventualidad de la asfixia

Resumen político anual

El desplome del socialismo en Europa Oriental y la crisis política en la Unión Soviética repercutió en la isla de tal forma, que La Habana se vio colocada en la disyuntiva de recomponer muchos de sus métodos de acción y modificar sustancialmente estilos que le vinieron de los modelos socialistas del este europeo.

Foto: Archivo IPS Cuba

Más que algún otro país de América Latina, Cuba se debatió en 1990 entre la incertidumbre y la eventualidad de la asfixia económica, ideológica y política según diversas fuentes.

A diferencia de otras naciones del Tercer Mundo, inmersas en una grave crisis, la isla es, también punto neurálgico en un mundo sometido a profundos cambios, en los que no se inserta como “los grandes han dispuesto”, según observadores.

El desmoronamiento del bloque socialista en 1989, alianza a la que perteneció durante casi 30 años, y le sirvió de sostenimiento, pareció darle a la revolución cubana un breve margen, tal vez meses o un año, según apreciaciones generalizadas en Occidente.

Por otra parte, el recrudecimiento de la hostilidad de Estados Unidos, que llamó a La Habana a tomar el “camino democrático” de Europa Oriental y de América Latina o enfrentar su “oposición activa” y el reforzamiento del embargo comercial de casi tres décadas redujeron más las posibilidades de respiro para Cuba.

A esa situación se sumó el eventual “cerco” de la Comunidad Económica Europea, a mediados de 1990, en respuesta a la crisis de las embajadas en La Habana y a la negativa de Cuba de aceptar “presiones externas” para permitir la salida del país para quienes penetraron en esas sedes diplomáticas.

El gobierno cubano se negó a tolerar presiones de España y otros países de Europa para que un cierto número de ciudadanos salieran del país, tras su ingreso por la fuerza en las embajadas de España, Checoslovaquia, Suiza, Italia, Bélgica y Canadá.

Sin embargo, el régimen mostró evidencias de recuperación ante la desaparición de la “comunidad socialista” y la “acción coordinada” de Occidente contra Cuba y aunque no logró despejar las incógnitas sobre el futuro del país, reajustó con determinado éxito, las reglas del juego: comunismo y resistencia.

Desde enero a diciembre de 1990 la acción político-ideológica se transformó en la principal gestión del gobierno, acompañada de la reelaboración de la estrategia interna para enfrentar la disminución de los suministros de petróleo, alimentos y materias primas básicas.

Para Occidente, especialmente para Estados Unidos, la imposibilidad de compra de Cuba para adquirir mercaderías en terceros países completaría las condiciones que pudieran dar al traste con un proceso político de más de 30 años.

Según Washington, a La Habana le vendría el final, de la misma manera que a la Europa socialista, y tal vez como ocurrió en Rumanía.

Por otra parte, no pocos aliados de Estados Unidos, no dieron por terminado el gobierno del presidente Fidel Castro, en 1990, en una “caída de dominó”, sino que una parte considerable consideró cambios inminentes “a la manera y al estilo” de Castro.

El Partido Comunista y el gobierno cubanos tomaron medidas no sólo para crear las bases de la política de “resistencia”, y preparar a la población sicológicamente para una etapa de carencias más grave, sino también para “sanear” las estructuras administrativas y “recomendar” los mecanismos de control.

Castro pidió el 19 de diciembre de 1990 a los estudiantes universitarios, en La Habana, que confíen en el gobierno y les aseguró que “saldremos victoriosos” de lo que para muchos es el Armagedón de la revolución cubana.

La afirmación de Castro casi al término de 1990 es interpretada por los observadores como un mensaje directo a quienes especulan con el virtual desplome económico del país, y consecuentemente con una crisis política imprevisible.

Aunque todavía no hay precisiones sobre el futuro económico, cuya suerte está sujeta a la efectiva y real materialización de los acuerdos suscritos con la Unión Soviética el 29 de diciembre de 1990, se descarta una situación extrema, e imprevisible en el desarrollo de las relaciones bilaterales, que eche por la borda al país.

El presidente dijo el 20 de diciembre que Moscú suministrará a la isla petróleo y otras materias primas básicas en una cantidad menor, pero suficiente para sortear las dificultades y evitar el colapso económico.

A pesar de la crisis política, económica, ideológica y hasta militar que amenaza con desintegrar a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), diversas fuentes cubanas especulan con la posibilidad de que Moscú cumpla en buena lid viejos compromisos comerciales y económicos con La Habana, que no le sean tan costosos, como la actual reconversión de sus relaciones económicas con sus ex aliados de Europa Oriental, totalmente en base a las leyes del mercado y al pago efectivo en divisas.

En lo que parece una nueva perspectiva comercial viable, Cuba recibiría de la Unión Soviética, en 1991 el combustible que requiere, y por su parte suministraría a la Unión Soviética azúcar, níquel y otros productos que tradicionalmente ha puesto en el mercado soviético.

Pero las cosas para La Habana no son tan simples. Dar y tomar no es la solución mágica de los problemas, a la vista están también asuntos urgentes como el diferendo político cubano-estadounidense, una rémora que gravita con fuerza sobre el destino del país.

Algunas consideraciones sobre los principales aspectos de la situación política en 1990

La situación interna en Cuba se caracterizó en 1990 por un radical y sostenido empeoramiento de las condiciones económicas, la recomposición del tradicional esquema ideológico de triunfalismos, la puesta en marcha de una revisión de la política general del Partido Comunista y el afloramiento transitorio de grupos de oposición con un discreto margen de tolerancia oficial.

El desplome del socialismo en Europa Oriental y la crisis política en la Unión Soviética repercutió en la isla de tal forma, que La Habana se vio colocada en la disyuntiva de recomponer muchos de sus métodos de acción y modificar sustancialmente estilos que le vinieron de los modelos socialistas del este europeo.

La estrecha dependencia económica cubana de la Unión Soviética y otros países de Europa Oriental, de los que Cuba recibía la casi totalidad de sus materias primas, tecnología, alimentos y el combustible promovió un período de incertidumbre y de gradual ahondamiento de la crisis.

Sin embargo, y según criterio de las autoridades, esa crisis aún no se ha materializado en su grado máximo.

Para el gobierno cubano, el país entró en 1990 en un denominado “período especial en tiempo de paz”, debido a la crisis de desabastecimiento y la liquidez financiera, pero sin que exista algún tipo de conflicto militar interno o exterior con Estados Unidos.

Ese período que fue esbozado por La Habana como un plan contingente para “salvar la revolución y el socialismo” en Cuba, no campea de lleno, pero se cree que la agudización de los déficits en los primeros meses de 1991 hará más dramática la situación de racionamiento y también empeorará el desabastecimiento del mercado local.

El primer trimestre de 1991 es visto por todos los cubanos como el punto de viraje radical de la situación económica: se despejarán todas y cada una de las interrogantes acerca de cómo serán las relaciones con la Unión Soviética, las cuales han sido reiteradas por los dos gobiernos, pero no se han ofrecido precisiones sobre la forma en que se realizaran y los mecanismos de nuevo tipo que utilizaran.

El gobierno soviético ha advertido que de acuerdo a su nueva concepción de “economía de mercado regulado” para continuar la construcción del socialismo, mantendrá con La Habana intercambios regulares sobre la base de los valores del mercado mundial, es decir, sustituirá las formas de pagaré y entregas en condiciones de rublo transferible.

Moscú ha reiterado que tiene intención de cumplir sus obligaciones contractuales con Cuba asentadas en una larga interdependencia de más de 30 años, y tiene también “voluntad política” para proseguir la cooperación con la isla, a pesar de sus graves dificultades internas, pero sobre la base de “beneficios recíprocos y libre de tutelas”.

Según los acuerdos cubano-soviéticos para garantizar las entregas mutuas en 1991, Moscú enviará a la isla materias primas como combustible, cereales, productos químicos y metales, equipos, maquinarias, piezas de repuesto, entre otros productos, y continuará dando asistencia técnica y colaboración económica en la construcción de objetivos para el desarrollo del país.

Un reporte oficial cubano indicó que “los volúmenes de exportaciones soviéticas están ajustados al requerimiento del país en el período especial, como se denomina a las medidas adoptadas para enfrentar las dificultades del bloqueo norteamericano y las surgidas en el comercio con los países de Europa del Este”.

Sin embargo, los observadores se preguntan si Moscú podrá cumplir lo conveniado con la isla, y hasta si podría mantener su cooperación con Cuba en 1991, cuando el multinacional Estado soviético parece marchar hacia el desmoronamiento y la desintegración.

Las tendencias de cambios radicales en la Unión Soviética casi coinciden con la necesidad de sustituir las viajes fórmulas de cooperación económica con la isla, basadas durante 30 años en la solidaridad político-ideológica, la identidad de las políticas doméstica y exterior y la unidad de criterios por mecanismos adecuados que resuelvan la “inercia e ineficiencia de los resortes del sistema socialista”.

Cada vez son más claros, regulares y numerosos los llamados de la prensa soviética para poner fin a la colaboración económica y militar de Moscú con La Habana, al tiempo que sugieren un acercamiento de los gobiernos cubano y norteamericano con mediación del régimen soviético.

Sectores opuestos a la continuación de las relaciones económicas de Moscú con La Habana y otros países aliados de la Unión Soviética argumentan que Cuba se convirtió en los últimos 25 años en una pesada carga económica, a la que había que enviar “en nombre de la fraternidad y el internacionalismo” hasta la más mínima mercancía o pieza de repuesto.

Valoraciones sobre el criterio oficial de que el socialismo no esta en crisis

A un año del desplome del “Bloque Socialista”, o como llamaron en Occidente, el “Bloque Soviético”, para el Partido Comunista de Cuba y el presidente Fidel Castro, esa situación, que reajustó el esquema político en Europa Oriental, en 1989, no significa que el sistema de la ideología marxista haya entrado en crisis como sistema político.

Según esa apreciación conceptual, lo que ocurrió fue la caída de modelos de construcción del socialismo que cometieron errores y se desviaron del camino correcto del marxismo-leninismo copiando fórmulas o adoptando métodos que no resolvieron los problemas de esas naciones.

Para La Habana no hay crisis de ideología, a pesar de que unos y otros en Europa, y en la Unión Soviética atribuyen a la doctrina de Marx, Engels y Lenin la derrota por su falta de realismo para enfrentar el mundo actual, el dogmatismo ideológico de los Partidos Comunistas y sus carencias democráticas.

Cuba ha reivindicado como propias “en estos tiempos de flaquezas y abandono del socialismo” las figuras de los fundadores de la ideología del proletariado. Durante los actos oficiales de homenaje por el 73 aniversario de la Revolución de Octubre de 1917, La Habana reiteró la “viabilidad y vitalidad” de las ideas de Lenin como guía ideológico de la clase obrera.

Para Castro la reivindicación de Lenin se hace necesaria en Cuba ante el creciente cuestionamiento del programa y la acción política del fundador de la URSS.

La tendencia a negar a Lenin y su utilidad para construir “la nueva sociedad”, es una “suerte de subterfugio para minar definitivamente el socialismo y desnudarlo de sus pilares ideológicos”.

Esa corriente, según expertos, podría también hacer surgir dentro de Cuba corrientes críticas a Lenin, que desde 1985 tiene levantado en La Habana el monumento de piedra y mármol más grande construido fuera de la Unión Soviética.

El partido comunista de Cuba, situación interna y propósitos de cambios sociales

Por otra parte, en los últimos meses de 1989, durante el estrepitoso y maratónico derrumbe del socialismo en Europa Oriental, y especialmente en 1990, el Partido Comunista exaltó los valores patrióticos y nacionales para la continuación del modelo socialista cubano.

En 1990, como consecuencia de la crisis del socialismo no se registraron en el Partido Comunista de Cuba tendencias similares a la que desbarataron a sus ex aliados, que cuestionaron a la dirección del país o promovieron la adopción de reformas que signifiquen una “vuelta pacífica al capitalismo”.

El Buró Político del PCC pidió a sus militantes argumentar ante el pueblo a favor de la tesis gubernamental de asegurar el continuismo político como garantía de supervivencia nacional.

Según la dirección partidista el llamamiento a la realización del IV Congreso del PCC, previsto para los primeros meses de 1991, ha sido favorablemente acogido y los debates han despertado amplias expectativas en el Partido y en el pueblo”.

Para la dirección del PCC, el proceso de discusión de llamamiento al congreso en las fábricas y centros de estudios e instituciones puede hacer que los comunistas demuestren como “en medio de condiciones excepcionalmente complejas, inciertas y riesgosas, nuestra dirección política sigue un camino revolucionario”.

El gobierno descartó, sin embargo, “cualquier ilusión en el sentido de que el mejoramiento de las instituciones podrá expresarse en mayores niveles de soluciones materiales a corto plazo”.

Según las autoridades, se trata de “propiciar un consenso que tiene que nacer de la propia discusión, de la confrontación de ideas y el esclarecimiento que ella sabe propiciar”.

Para el gobierno, la consulta popular, a partir del análisis de los objetivos programáticos del congreso del único partido político del país, no es ocasión para desmantelar el socialismo sino para perfeccionarlo.

Fuentes del exilio cubano en Estados Unidos difunden a través de radioemisoras diversos rumores acerca de graves disidencias internas en el Partido Comunista, así como de oposiciones a la continuidad de la actual línea de la revolución.

Esas fuentes atribuyeron en octubre, al comandante Juan Almeida, y a Jorge Risquet, ambos integrantes del Buró Político del PCC, discrepancias con Castro por lo que habrían sido arrestados.

También indicaron que entre cientos de funcionarios del Partido y Gobierno arrestados por oposición al presidente Castro figuraba el comandante Ramiro Valdés, ex miembro del Buró Político y ex titular del Ministerio del interior.

Esos rumores fueron desmentidos con apariciones públicas de los altos funcionarios cuestionados, o declaraciones en las que reiteraron su fidelidad a la conducción del régimen por el actual Jefe de Estado.

También se rumora que el congreso del PCC no se realizará antes de julio de 1991, debido a razones de orden organizativo y del momento político, que requiere de tiempo.

Según esas versiones extraoficiales, la dirección del gobierno estaría interesada en prolongar el debate partidista para realizar importantes cambios en las estructuras del

Partido y del gobierno que atenúen la imagen actual de esos organismos y las ofrezcan más adaptables a eventuales cambios.

José Ramón Machado, integrante del Buró Político y uno de los principales organizadores del Congreso, asegura que en la disminución de las estructuras del PCC y el gobierno en más de 50 por ciento.

En septiembre, importantes figuras del aparato político del régimen se vieron movidas de sus puestos, entre otros, Risquet, ex secretario del Comité Central, quien fungía en la práctica como el jefe de las relaciones exteriores del Partido.

En lugar de Risquet, quien permanece como titular en el Buró Político, fue designado Carlos Aldana, quien es considerado por diversos comentarios del cubano medio como uno de los más importantes dirigentes del PCC en estos momentos.

Como en los días previos al tercer congreso del PCC, en diciembre de 1985, también ahora se realizan comentarios sobre la posibilidad de que Castro se convierta en presidente del Partido, cargo honorario que además le permitiría desde arriba controlar el proceso político por el iniciado hace 32 años.

Por otro lado, los dirigentes del gobierno y el PCC continúan exaltando la necesidad de que Castro permanezca al frente de la dirección del país, y en ese sentido exhortan a los seguidores del régimen a marchar tras la guía del Partido Comunista y de Fidel Castro.

La ampliación de la base social del partido único de la revolución cubana

Según diversas fuentes, el Partido se abrirá discretamente a todos los revolucionarios que opten por defender el socialismo y las conquistas revolucionarias, pero no será masivo, y mantendrá su carácter selectivo.

El problema de los creyentes y su eventual aceptación en el PCC es otro de los temas que se espera discutirá el Congreso, a pesar de que no existe consenso entre los sectores religiosos acerca de su incorporación a la organización marxista-leninista.

El gobierno cubano se propone introducir cambios en la Constitución de la República. Existe también el propósito de modificar la política de incorporación al Partido.

La Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento) examinará en su período ordinario de sesiones de julio de 1991 las propuestas de modificación a la Constitución de la República, adoptada en referendum en febrero de 1976.

Según las autoridades, esas propuestas de modificación serán hechas por una Comisión integrada por diputados y especialistas jurídicos.

Trascendió, que se prevé entre otras cosas eliminar de la Carta Magna el carácter ateo del Estado, y propugnar el laicismo, que a juicio de las autoridades eliminaría la discriminación de las personas por motivo de fe.

Las autoridades concedieron el 25 de diciembre, por primera vez en más de 25 años de régimen comunista, un espacio en la Radio Nacional a las Iglesias protestantes (evangelistas) para expresar su mensaje sobre la labor que realizan y la marcha de su “incorporación plena a la vida social y política”.

Por su parte, la Iglesia Católica, mayoritaria y más influyente en la población que las evangélicas, no ha podido tampoco este año disfrutar de lo que algunos califican de “apertura religiosa del sistema”.

La jerarquía de la Iglesia Católica mantiene posiciones críticas hacia el gobierno, y se niega a suscribir el actual proceso de “unidad” entre cristianos y comunistas que liderea el Consejo Ecuménico, encabezado por el reverendo Raúl Suárez.

Los sectores disidentes: situación y perspectivas

En otro orden de cosas, lejos de mostrar una tendencia a la unidad, la disidencia interna se ha fraccionado en los últimos dos años y cada vez más, se conoce la existencia de un mayor número de grupos, los cuales surgen del fraccionamiento de otros y así nacen y desaparecen de la vista de la prensa extranjera, a donde únicamente tienen acceso y donde encuentran un limitado medio de expresión.

Unos a otros se acusan de no representar los intereses de las personas que se oponen al gobierno y de buscar, en especial, privilegios y una cuota de influencia.

Carlos Aldana, Secretario del CC del PCC aseguró que existen unos 80 grupos disidentes, aunque aclaró que no representan a más de 300 personas.

Aunque todos aseguran oponerse al gobierno de Castro, los grupos disidentes muestran serias fisuras como consecuencias de sus rivalidades y pugnas internas, así como por la falta de programas y de respaldo.

Los ex presos políticos denegados como refugiados por Estados Unidos

Entre mayo y julio de 1990 un denominado grupo de ex presos políticos denegados por el departamento de Estado norteamericano a ser admitidos como refugiados políticos en Estados Unidos, realizó gestiones en La Habana para obtener visas para unos 700 ex reclusos.

Entre esas gestiones, tres ex presos políticos realizaron un ayuno voluntario, que duró una docena de días, como presión pública para encontrar, sin éxito, el camino del exilio en Estados Unidos.

Según los ex presos, funcionarios de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en La Habana les dijeron que la política de Washington es que los disidentes permanezcan en Cuba con el propósito de que integren la base social de apoyo para un futuro levantamiento contra el gobierno de Castro.

Para los sectores que se oponen al gobierno, el país requiere cambios internos inmediatos, pero sus apreciaciones sobre los objetivos y los medios para ello son diversos.

Mientras que para algunos los cambios deberán sobrevenir con la desaparición del actual gobierno, para otros, las transformaciones sociales, económicas y políticas deben producirse con el actual régimen.

Pero unos y otros creen que no existen las condiciones para imponer al Partido Comunista su punto de vista para el diálogo y la transformación, y subrayan que el apoyo a Castro es mayoritario.

Algunas precisiones sobre el diferendo cubano-norteamericano

Para Washington el fin del bloque socialista y la crisis en la URSS era suficiente para la rápida caída del régimen de Castro, sin embargo esa percepción falló, y La Habana se mantienen “en su misma posición” tras un año de la bancarrota del socialismo.

La hostilidad norteamericana contra la isla se recrudeció en 1990 con un saldo aún más negativo y peligroso.

A los tradicionales enfrentamientos políticos y diplomáticos y la continuación del bloqueo económico el gobierno del presidente George Bush agregó nuevos elementos de fricción.

Así fue establecida el 27 de marzo de 1990 la telemisora norteamericana TV-Martí, filial de la “Voz de los Estados Unidos de América” (VOA) para difundir informaciones políticas y culturales contra el sistema político de la isla, y propiciar la desestabilización del régimen, según precisiones hechas por las mismas autoridades del programa radial y televisivo anticastrista.

La entrada en operaciones de la TV-Martí originó lo que fue anunciado un año antes por La Habana como “una guerra radioelectrónica” o de ondas.

En respuesta a la medida norteamericana, que según La Habana “viola la soberanía de Cuba”, el gobierno cubano montó y mantiene un sistema de interferencia radioelectrónica en torno a la capital cubana que ha impedido con éxito, según las autoridades, la recepción de la imagen televisiva.

También fue establecida la interferencia a Radio Martí, emisora establecida en Washington en enero de 1985 con similares objetivos a los de la TV-Martí.

Esa interferencia ha logrado neutralizar las señales radiales de esa emisora en más del 70 por ciento del territorio nacional, especialmente sobre las principales ciudades cubanas y muy particularmente La Habana.

Entre abril y mayo de 1990 coincidiendo con un incremento de las hostilidades económicas y políticas, Washington realizó ejercicios bélicos en los alrededores de la isla, que incluyeron maniobras de desembarco aéreo y marítimo en la Base Naval norteamericana de Guantánamo.

Esa acción, considerada por el gobierno cubano de “ensayo de golpe aéreo masivo” y “preparación para una invasión militar directa” contra la Isla, desencadenó en el país una fuerte reacción de enfrentamiento a una eventual agresión exterior.

Cuba dispuso la movilización de unos tres millones de cubanos, la totalidad de sus efectivos de combate y colocó en estado de máxima alerta a sus unidades y el arsenal militar en general.

Por primera vez en más de 30 años de diferendo cubano-norteamericano y similar tiempo de “fraternales relaciones” cubano-soviéticas. Moscú optó por la variante de mediar entre La Habana y Washington para solucionar el malentendido histórico-político entre los dos países vecinos.

Para los analistas locales este paso sólo ha sido posible por la actual postura de la URSS, especialmente por la actitud del presidente soviético Mijail Gorbachov hacia los problemas mundiales, y en el contexto de la política de distensión entre las superpotencias, iniciada hace algunos años, tras el fin de la era Stalin-Breznev en la Unión Soviética y el comienzo de la “era de las reformas”.

Gorbachov precisó a principios de junio de 1990, en Moscú, que su país está dispuesto a cooperar en la solución negociada de las diferencias entre Cuba y Estados Unidos.

El gobernante hizo esas declaraciones tras su regreso de Washington donde se entrevistó con Bush, ocasión en la que se opuso a la inclusión del tema cubano en la agenda de discusiones bilaterales y advirtió que sus vínculos con la isla no son materia de análisis por terceras naciones.

Funcionarios soviéticos sostuvieron en Miami una serie de encuentros con exiliados cubanos, especialmente algunos dirigentes de la anticastrista Fundación cubano-americana, que encabeza Jorge Mas Canosa, para analizar la situación cubana.

Esas actividades encontraron el rechazo de La Habana, pero Moscú se encargó de disminuir el alcance de esos contactos y reiteró el firme respaldo soviético al gobierno del presidente Fidel Castro.

Conclusiones: esperanzas de sobrevivir a la crisis del socialismo

Un año después del desmantelamiento del socialismo en Europa del Este y la crisis del sistema en la Unión Soviética, Cuba no parece perder las esperanzas de sobrevivir a esa “tragedia para el Tercer Mundo” y cree que emergerá como el Ave Fénix.

Esa percepción tomó cuerpo en los círculos oficiales en los últimos meses, a partir de las “lecciones” que ofrecen los “ex hermanos países socialistas” en las nuevas condiciones de la economía de mercado y el multipartidismo.

También, a partir de la agudización de la crisis político-económica, ideológica y hasta militar en la Unión Soviética, colocada al borde de la desintegración.

Aunque todavía las medidas de reajuste económico interno no ofrecen resultados, no se cuenta con un programa teórico coherente que explique y regule las nuevas concepciones aplicadas en esa esfera, La Habana estima que “la revolución” y el socialismo podrán ser salvados”.

El presidente Castro dijo el 20 de diciembre, en La Habana, que “el capitalismo no puede cantar victoria por mucho tiempo”.

“Aquellos que soñaron en Europa del Este, aquellos que creyeron en los cantos de sirena del capitalismo y, que creían que tendrían París, Roma, Londres al otro día, sin trabajar además, van a saber lo que es el capitalismo”, apuntó.

Para el gobernante, lo ocurrido desde mediados de 1989 en Europa del Este y en la URSS confirma sus análisis sobre el origen y los resultados de ese proceso.

Castro advirtió a los cubanos en julio de 1989 que Europa Socialista desaparecerá del mapa político y la Unión Soviética podría despeñarse por el camino de la guerra civil y la desintegración estatal.

Según el presidente cubano, la causa del socialismo en Europa Oriental está perdida, no así en la Unión Soviética donde “hay fuerzas que luchan por el socialismo, por la integración del país, por salvar las ideas de la revolución de octubre y de Lenin”, aunque no las identificó.

Según las autoridades cubanas, su país demostró en 1990 que está preparado para resistir, y se han creado condiciones para enfrentar un eventual agravamiento de la situación de desabastecimiento y carencias.

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.