1993: La reforma controlada

Resumen político anual.

Bajo la dirección de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, y con el guión del cuentista Senel Paz, la cinta toma como eje central el problema de la marginación política y sexual a la homosexualidad y llama a reflexionar sobre todos los males que la intolerancia generó en las tres últimas décadas de proyecto socialista.

Foto: Tomada de cubanow.cult.cu

El XV Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano que se desarrolla anualmente en La Habana, concluyó en 1993 otorgando ocho de los principales Corales a “Fresa y Chocolate”, un filme cubano contra la intolerancia.

Bajo la dirección de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, y con el guión del cuentista Senel Paz, la cinta toma como eje central el problema de la marginación política y sexual a la homosexualidad y llama a reflexionar sobre todos los males que la intolerancia generó en las tres últimas décadas de proyecto socialista.

Para los observadores políticos en La Habana, la premiación de la película y su popularidad que le mereció el recién estrenado Premio del Público, una suerte de contrapunto democrático y popular evidenció nuevos tiempos de cambios y flexibilidades en Cuba.

Después de casi tres años soportando los vientos que soplaron con fuerza desde Europa del Este, Cuba inició en 1993 su reforma que hace a la isla abandonar posiciones y procedimientos del socialismo ortodoxo aprendidos del llamado modelo soviético.

El gobierno sostiene que su intención de cambio es más antigua que la Perestroika, y que se inició en el llamado Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas, que lidereó Fidel Castro a partir de 1985.

También señala que la serie de medidas económicas tomadas constituyen parte de un proceso que comenzó en 1989, cuando se iniciaron los cambios en el este europeo y el ojo avisor de Castro vislumbró el huracán en formación.

Opositores al gobierno indican que los cambios, presuntamente resultado de presiones internacionales que aislaron a la isla, comenzaron realmente en julio de 1993, cuando el Presidente anunció la despenalización del dólar.

 

Un desapasionado observador de la realidad cubana podría descubrir que las reformas económicas y los lentos cambios en el orden político obedecen a un mismo proceso y que son resultado, fundamentalmente, de una realidad interna impuesta por la crisis económica y sus consecuencias.

El deterioro sostenido del nivel de vida de los cubanos en este año debilitó sin dudas la base popular del gobierno, aunque el liderazgo de Fidel Castro todavía logró abarcar la mayoría de la población.

Algunos hechos pueden ilustrar esta afirmación: por primera vez en 35 años Fidel Castro se consagró en una campaña electoral donde los resultados se convirtieron de hecho en un plebiscito para su gobierno.

El presidente llegó hasta los barrios más marginales de La Habana como El Canal o en la superpoblada Habana Vieja, a la vez que concitó a otros dirigentes del país a hacer lo mismo.

El resultado de las elecciones tuvo mucho que ver con ese esfuerzo, pero la posibilidad de un revés político en las urnas estuvo presente por primera vez.

La sorpresiva designación del dirigente juvenil Roberto Robaina como canciller desató una polémica que evidenció ausencia de unanimidad en las filas de los seguidores del gobierno, y precisó la intervención de Fidel Castro para aplacar a los discordantes.

Funcionarios del gobierno y parlamentarios comentaron sobre el paquete de medidas que analizó la Comisión Económica Permanente de la Asamblea Nacional con vistas a preparar una serie de leyes y medidas que estarían encaminadas a disminuir el excedente monetario y el déficit fiscal.

Poco antes de la reunión, altos funcionarios de ese órgano legislativo y de gobierno indicaron que los diputados harían “una reflexión colectiva” sobre esos problemas, pero que no se sancionaría ley alguna al respecto.

El costo social de las medidas proyectadas fue avisorado y el Comité Central del Partido Comunista orientó en su IV Pleno celebrado en diciembre “un enfoque político y no tecnocrático a tan delicado asunto”.

Esto no quiere decir que el gobierno desatendiera su imagen exterior y no trabajara para mejorarla. Una tremenda cautela frente a la administración de Bill Clinton, un moderado lenguaje político y el nombramiento de Roberto Robaina en la cartera de exteriores, hablan en ese sentido.

¿Hacia dónde van los cambios?

Dentro de la isla, simpatizantes del gobierno observan con preocupación las nuevas medidas y aseguran que se marcha irremisiblemente hacia el capitalismo.

Algunos gobiernos europeos y Estados Unidos, califican las reformas de insuficientes y piden mayores y más decididos pasos hacia la economía de mercado.

Desde Miami, los conservadores del exilio cubano tachan los cambios de “reforma cosmética” y tratan de que el resto de la comunidad no acepte un diálogo propuesto por La Habana para 1994.

Sin embargo, el problema parece estar en que, para hacer el análisis, se toman como referencia el modelo capitalista actual y el socialista ortodoxo, que desapareció en Europa tras su estruendoso fracaso.

La dirección cubana busca su propio modelo socialista, que se aproxima al implantado en China y Vietnam, pero atendiendo a las peculiaridades de la isla, país latinoamericano con diferente idiosincrasia y mayoritaria población urbana, a diferencia de los asiáticos.

El resultado de las reformas en Europa del Este no estimulan a los cubanos a imitar o seguir el mismo camino. La marcha hacia la economía de mercado en una reforma precipitada y sin el más mínimo control, ha dejado un saldo de desastre para la economía, conflictos bélicos en algunos países y un costo social muy alto en todos.

En las condiciones cubanas, un cambio hacia el capitalismo significaría retornar a los niveles de los países no petroleros de América Latina. La Habana, significan algunos, se parecería más a La Paz que a Estocolmo.

Por otro lado, la experiencia china y vietnamita de una reforma controlada ha dado resultados económicos satisfactorios y así lo reconoció un reciente informe del Banco Asiático de Desarrollo (ASDB), equivalente al BID latinoamericano.

“Es equivocada la convicción de que el libre mercado surgirá instantáneamente tras la desaparición de la economía planificada”, dice el ASDB, cerebro económico de los “dragones” de Asia.

 

“En contraste con los resultados negativos en Europa Oriental, la transición gradual de esos cinco países asiáticos, ha logrado mantener el crecimiento económico”, agregó el documento del ASDB.

Ciertamente la reforma cubana es el fin del Socialismo Ortodoxo en el mundo, pero con la vigilante y presta atención del Partido Comunista, única fuerza política en el país.

Por otro lado, las reformas económicas iniciadas en 1993 no todas tienen un carácter coyuntural, y muchas de las permanentes tendrán repercusiones políticas en 1994.

La ley de autorización al trabajo por cuenta propia crea una importante capa cuya mentalidad política no es igual a la de los obreros. Con los nuevos cooperativistas de las Unidades Básicas creadas ocurre lo mismo, aun cuando la tierra sigue siendo del estado.

El semanario Trabajadores publicó durante varias semanas lo que algunos denominan “la preparación artillera” para los cambios que se sucederán, sobre todo en las conciencias, con la necesaria e imprescindible eliminación del “igualitarismo”, profundizado por la crisis económica.

La diferencia en retribución, según cada cual entrega a la sociedad, generará diferencias sociales ahora prácticamente inexistentes.

Aquí está la gran contradicción política de la reforma: el gobierno está obligado por las circunstancias económicas a eliminar a lo que le ha servido de base política en la crisis.

Un experimentado observador extranjero escribió: “A Castro le toca la responsabilidad de dosificar los cambios políticos. Si peca por lentitud, el proceso puede escapársele de la mano. Un apresuramiento lograría un efecto idéntico”.

Por su parte el pleno del Partido Comunista hizo hincapié en “la necesidad de continuar aplicando sin tregua, pero con el mayor orden y sin absurdas precipitaciones, los pasos encaminados a reanimar la economía y producir más en condiciones de bloqueo económico y período especial”.

Elecciones: primera batalla antes de las urnas

Con un sistema de gobierno y electoral denominado Poder Popular, establecido desde 1975 y refrendado por la Constitución de la República, el gobierno cubano nunca tuvo mayores escollos en los comicios que se realizaban de una forma casi mecánica, con una participación del 90 por ciento y más.

 

La crisis económica con implicaciones políticas que provocó en la isla la desaparición de la Unión Soviética y la quiebra del socialismo en Europa, indujo a los cubanos a una paciente revisión de todo su sistema, incluyendo el gobierno y el mecanismo electoral.

El Poder Popular funciona a partir de la elección de un Delegado de Circunscripción (barrio) por parte de los vecinos, ejerciendo el voto secreto y directo. Ese delegado forma parte de la Asamblea Municipal, la que elige a su presidencia y hasta 1992 elegía a los candidatos a las Asambleas Provinciales y a la Nacional, que tiene el carácter de Parlamento y de principal órgano de gobierno.

La Asamblea Nacional tiene dos sesiones anuales (julio y diciembre) y entre ellas el estado está presidido por el Consejo de Estado, un cuerpo colegiado integrado por un presidente, un vicepresidente primero, cinco vicepresidentes, un secretario y otros 23 miembros.

Según establece la Constitución, el presidente del Consejo de Estado ocupa igual cargo en el Consejo de Ministros.

La revisión del sistema de gobierno detectó numerosos problemas que atentaban contra el buen funcionamiento por lo que comenzó un proceso, aún en marcha, que el gobierno denomina “perfeccionamiento de los órganos de gobierno”.

Por otro lado, el gobierno se propuso buscar fórmulas de mayor participación popular en las decisiones fundamentales del país y comenzó un proceso de “democratización”, según su propia denominación.

Las estructuras municipales sufrieron algunas reformas para perfeccionar su acción mientras que el sistema electoral se vio alterado en la Constitución, confiando a la elección directa los delegados a las Asambleas Provinciales y a la Nacional.

Estas modificaciones hicieron retrasar el proceso electoral un año, o dicho de otra manera, la legislatura que finalizaba su mandato tuvo que prolongarlo un año más, haciendo uso de un precepto constitucional, que permite esa prórroga.

Del tal forma, las elecciones fueron convocadas para el 20 y 27 de diciembre (municipales) y para el 24 de febrero para delegados provinciales y diputados al Parlamento.

Los comicios municipales pasaron sin problemas. Más de 13 000 delegados o ediles fueron electos en las dos vueltas con una asistencia del 97 por ciento de los 7,8 millones de electores el día 20 de diciembre.

Sin embargo, los partidarios del gobierno advirtieron rápidamente que la segunda parte de las elecciones, podría tener consecuencias peligrosas para la estabilidad del régimen.

La crisis económica que se desató a partir de 1990 y que fue enfrentada con un programa de ajuste antichoque denominado Período Especial, continuó deteriorando el nivel de vida de los ciudadanos y socavando la base política del régimen.

La oposición interna y sobre todo externa advirtió también esa posibilidad y trató de sacarle partido. El ejercicio del sufragio tiene un carácter voluntario en Cuba y a pesar de la presión social, nadie es penado por la ley por no concurrir a las urnas.

De tal forma, el primer peligro para el gobierno era el abstencionismo, y la oposición llamó a él, mientras el gobierno inició una fuerte y temprana campaña por la asistencia.

Según se reveló, más de una decena de emisoras anticastristas con base en Estados Unidos, fácilmente sintonizables en Cuba, dedicaron prolongados espacios a esa campaña.

El segundo peligro era que el voto directo podría convertirse en negativo, pues cada candidato precisa un mínimo de un 50 por ciento de los sufragios para ser electo.

La oposición llamó a votar sólo por las nuevas figuras y dejar boletas en blanco o anularlas con consignas anticastristas.

Una Comisión Electoral, integrada por representantes de las principales organizaciones sociales cubanas realizó un largo proceso de consulta que abarcó a más de un millón de personas y concluyó una nómina de 589 diputados a la Asamblea Nacional y 1 190 delegados a asambleas provinciales.

Quizás quien primero advirtió el riesgo fue el presidente Fidel Castro y con un relevante olfato político se lanzó en una campaña electoral sin precedentes en Cuba revolucionaria en busca del voto por todos los candidatos.

Castro abandonó virtualmente todas las funciones de gobierno durante casi un mes previo a las elecciones y se puso en función de la promoción de las principales figuras en Santiago de Cuba y Ciudad de La Habana, realizando actos públicos en barrios como El Canal del Cerro, considerado conflictivo en medios policiales por su alto nivel de delincuencia.

Pero además de su participación personal, Castro peleó contra la inercia de muchos candidatos, acostumbrados a procesos electorales fáciles y los conminó a visitar a sus electores y analizar con ellos sus problemas.

El 24 de febrero, a telón abierto para la prensa internacional, siete millones 842 mil 617 boletas fueron depositadas en las urnas, lo que representó el 99.62 por ciento de los electores empadronados (todos los ciudadanos mayores de 17 años).

El primer peligro fue conjurado, mientras que corresponsales extranjeros acreditados en La Habana se quedaron sin elementos para hablar en favor del segundo peligro y para poner en tela de juicio la limpieza de los comicios.

De esas boletas, algo más del 92 por ciento resultaron válidas y el 7,2 no válidas. El 3,1 por ciento en blanco y 4,1 por ciento anuladas. Periodistas extranjeros que participaron como espectadores en los conteos, en barrios “problemas”, concluyeron sus crónicas con frases como esta: “créalo usted o no, pero yo lo vi”.

Todos los candidatos a diputados alcanzaron más del 50 por ciento de los votos y 585 de los 589 más del 90 por ciento de los sufragios. Según algunos observadores, la campaña a votar por todos salvó electoralmente a algunas figuras desgastadas políticamente e impopulares.

Fidel Castro obtuvo el 99 por ciento de los votos. Castro ganó en el terreno su primera batalla electoral después de 1959, pero para algunos quizás no la última.

El nuevo parlamento: problemáticos, santeros y pastores de dios al parlamento comunista

La nueva Asamblea Nacional del Poder Popular creció en número de miembros. De 510 en la legislatura anterior, pasó a 589 por el crecimiento de la población en ese lustro, pero además fue renovada en un 83 por ciento.

De los 589 miembros, 34 son científicos, 25 médicos, 13 campesinos, 9 deportistas, 25 poetas, escritores, periodistas y artistas, 20 obreros, 2 religiosos, (pastores evangélicos), 18 maestros, 23 dirigentes sindicales, 37 militares, 60 dirigentes del Partido Comunista y 164 funcionarios del gobierno.

Aunque el Partido Comunista no postula a sus candidatos, logró que buena parte de los electos sean miembros de la organización. De los 225 miembros del Comité Central, 101 son también diputados a la Asamblea Nacional, incluyendo los 26 miembros del Buró Político.

Con un promedio de edad de 43 años, la Asamblea tiene figuras nuevas que nunca alguien imaginó pudieran ser electos diputados. Personas como los cantantes Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, considerados “problemáticos” desde el punto de vista ideológico en otras épocas, ahora son escuchados con atención y respeto.

Dos pastores evangélicos y algunos practicantes de la Santería Cubana, o laicos católicos como el escritor y ensayista Cintio Vitier, ocupan bancas.

Para sorpresa general, la Asamblea eligió como presidente a Ricardo Alarcón, un experimentado diplomático, audaz polemista que goza de carisma, a la sazón canciller de la República.

Alarcón tiene sobre sus hombros la misión de perfeccionar los órganos del Poder Popular, hacer más participativa la gestión del gobierno y presentar al mundo la imagen de una república parlamentaria.

Para ello, el principal órgano de gobierno, que sólo se reúne dos veces al año, creó diez comisiones permanentes, que mantienen una actividad constante y analizan los principales problemas del país.

Dicho de otra forma, la Asamblea dejó de ser un foro de aprobación mecánica y de análisis burocrático de temas intrascendentes para meterse de lleno en el centro de los problemas del país. Aunque ese órgano trata de dar una imagen de unanimidad en sus sesiones, algunos comentarios señalan que existe diversidad de opiniones en su seno y que la polémica, dentro de un mismo terreno político, comienza a instaurarse.

La Asamblea también eligió al nuevo Consejo de Estado, en el que trató de resumir las principales fuerzas políticas y las tres generaciones que intervienen en el actual proyecto político.

En el nuevo órgano están representados “los viejos”, que como Fidel Castro, pasan de los 60 años y son figuras históricas del proceso revolucionario.

“Los intermedios”, como Carlos Lage, Concepción Campa, Carlos Dotres y otros que pasan los 40 y tienen notable influencia en las decisiones políticas y económicas del país.

“Los jóvenes”, como Felipe Pérez y Enith Arlem, dirigentes estudiantiles que comienzan una vida política con fuerza. El canciller Roberto Robaina es un intermedio entre esos dos últimos grupos.

Además del equilibrio generacional, en el Consejo de Estado están representadas las diferentes organizaciones sociales del país, como los sindicatos, la Federación de Mujeres y los Comités de Defensa, por intermedio de sus figuras máximas.

De los 31 miembros del Consejo de Estado, la mayoría son militantes del Partido Comunista y 15 de ellos integran el Buró Político.

Varias figuras históricas de la Revolución salieron del Consejo de Estado como Carlos Rafael Rodríguez, Ramiro Valdés, Guillermo García y José Ramón Fernández.

También quedaron fuera Roberto Veiga, José Ramírez Cruz y Armando Acosta Cordero.

El proceso electoral cubano levantó importantes expectativas a nivel internacional, sobre todo en medios contrarios al gobierno de Fidel Castro.

El 11 de marzo, el Parlamento Europeo emitió una declaración en Estrasburgo que aseguró que las elecciones no mejoraron la imagen del gobierno cubano.

La declaración condenó los comicios monopartidistas e instó a La Habana a celebrar una consulta con la participación de varios grupos políticos, así como poner en libertad a todos los presos políticos. El gobierno norteamericano se pronunció en términos semejantes.

Sin embargo, en medios latinoamericanos y de la socialdemocracia internacional, los comicios cubanos representaron un estímulo para los que esperan cambios en Cuba y la inserción cada vez mayor de la isla al resto del mundo.

Política exterior: la diplomacia de la camiseta

El año 1993 comenzó para Cuba bajo el signo del aislamiento reforzado por una política adversa de la administración de George Bush, muy cercana a los deseos de los grupos conservadores del exilio, que concluyó con la aprobación de la Ley Torricelli, recrudeciendo el embargo sobre la isla.

Los dos grandes polos políticos de antaño, Moscú y Washington, comenzaron el año muy distanciados de La Habana, que se trazó caminos enrutados a romper esa soledad forzada, mientras mantuvo una larga expectativa por el inicio de la nueva administración demócrata de Bill Clinton.

El 4 de enero el canciller Alarcón trazó las prioridades de la política exterior cubana para el año que incluía la lucha contra el bloqueo norteamericano y la salvaguarda de la soberanía e independencia, dos conceptos muy estrechamente ligados con la permanencia del socialismo en el país.

Esta línea suponía una ofensiva en América Latina para un incremento de las relaciones y la profundización en otros casos.

Estos mismos lineamientos fueron mantenidos por el nuevo canciller Roberto Robaina, designado sorpresivamente en marzo para sustituir a un diplomático experimentado como Alarcón, quien pasó a presidir el parlamento.

Robaina, un ex-profesor de Matemáticas devenido dirigente juvenil en la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), primero como Segundo Secretario bajo el mandato de Carlos Lage, y después como primera figura, logró de una manera alegre, ágil y dinámica, movilizar a los jóvenes alrededor de las tareas políticas.

Algunos dirigentes cubanos sostienen que la UJC tuvo su mejor momento bajo el mandato de Robaina, y que fue la organización cubana de mayor capacidad de movilización en momentos de crisis.

Sin embargo, el dirigente de desenfadado vestir y lenguaje común y “en ráfagas” resultó ser la antítesis del clásico diplomático.

La designación desató las pasiones y Fidel Castro tuvo que ir al Ministerio de Relaciones Exteriores a argumentar la decisión.

Robaina, quien siempre vestía camiseta (pulóver para los cubanos), soportó la tormenta con modestia, pero no se desligó de la prenda de vestir, la que sigue usando bajo la chaqueta.

Pero la camiseta hacía falta en el Ministerio de Relaciones Exteriores cubano para poder llevar de manera casi atlética el ritmo de trabajo del nuevo ministro, dispuesto a pasar a la ofensiva tras décadas de pasividad y recogimiento diplomático.

“Hay que poner corazón, mente, idea, y a mí me parece que se puede hacer con corazón, mente e idea, mucho más de lo que se puede hacer con el más grande de los presupuestos”, dijo Robaina a IPS en su primera entrevista como canciller concedida a una agencia internacional.

Robaina comenzó con una febril actividad que incluyó su participación en reuniones sobre derechos humanos, “donde Cuba se cansó de estar en el banquillo de los acusados” y en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El nuevo ministro comenzó un sorprendente diálogo con las comunidades cubanas del exilio en Estados Unidos, México, Venezuela, y anunció una reunión en La Habana para el segundo trimestre de 1994.

El cuerpo diplomático cubano comenzó a ser renovado en algunos casos por personas muy jóvenes menores de 40 años, ex-dirigentes de la Unión de Jóvenes Comunistas, como en los casos de los nuevos embajadores en Colombia y Bolivia, Jesús Martínez Beatón y Carmen Elena Herrera, respectivamente.

Por otro lado, la cancillería aumentó y agilizó el contacto de sus funcionarios, incluyendo vice ministros, con la prensa, y el nuevo canciller se mostró siempre prestó a aprovechar cualquier tribuna bajo el convencimiento de que también se hace diplomacia de esa forma.

El cuerpo diplomático visitó quizás por primera vez el lado cubano de la base norteamericana en la oriental provincia de Guantánamo y la Escuela Superior de Guerra “Máximo Gómez” de La Habana, considerada por algunos de los visitantes un antiguo centro de subversión continental.

El restablecimiento de plenas relaciones diplomáticas con Colombia dejó sólo la cuenta en cinco países sin vínculos con Cuba: Paraguay, Honduras, Costa Rica, El Salvador y Guatemala mientras que Chile sostiene relaciones a nivel consular.

Después de las elecciones en Honduras, se espera el pronto restablecimiento con ese país.

El canciller cubano realizó casi a fines de año una gira por las naciones de El Caribe, reforzando la presencia cubana en esos mercados y sirviendo de preámbulo a la creación de la Comisión Mixta entre La Habana y la Comunidad del Caribe (CARICOM), como primer paso para convertirse en observador permanente.

Al cierre del año, la cancillería seguía su marcha rápida y el balance a nivel global resultó mucho más favorable para La Habana que a principio de año: el aislamiento fue roto en buena medida.

El exilio se reúne en La Habana

El 26 de julio, en su tradicional discurso por la fecha, el presidente Fidel Castro anunció una serie de medidas a tomar en el futuro próximo para encarar el rigor de la crisis económica.

Además de la despenalización del dólar, el dirigente cubano anunció la autorización para que cubanos residentes en otros países puedan enviar remesas monetarias a sus parientes en la isla, así como mayores facilidades para visitar Cuba.

Tal situación marcó un giro respecto a la percepción política en Cuba de esas personas que por diferentes motivos abandonaron la isla en una cifra que se ubica en más de un millón.

De “gusanos” y “contrarrevolucionarios”, los exiliados en Estados Unidos, España y varias naciones latinoamericanas, se convirtieron según el humor popular cubano en “despenalizados políticos” y pasaron a ser sencillamente “los emigrados”.

Tal cambio resulta difícil de entender para muchas personas en Cuba, pues aunque la emigración tuvo mayoritariamente un carácter económico, La Habana, Washington y el exilio de Miami se encargaron durante décadas de otorgarle un carácter político.

Durante su visita a Estados Unidos, en la segunda semana de octubre, para asistir a la Asamblea General de la ONU, Robaina se reunión en Nueva York con exiliados de varios estados dispuestos al diálogo con Cuba y anunció un encuentro en La Habana para el segundo trimestre de 1994.

El anuncio fue reiterado en México y Venezuela en sendas reuniones del canciller con cubanos emigrados, argumentando que sólo quedarían fuera los que han mantenido una política de fuerza contra Cuba mediante el terrorismo.

El anuncio levantó expectativas en medios del exilio y algunos dijeron que el gobierno cubano se proponía negociar con la oposición.

El canciller Robaina dijo que el motivo del encuentro es identificar puntos comunes entre la comunidad y la isla para establecer contactos amistosos entre ambas partes.

La Fundación Nacional Cubano Americana, Alfa 66, Omega 7 y otras organizaciones conservadoras del exilio fueron excluidas de hecho del diálogo y se lanzaron en una campaña amenazante contra los potenciales participantes.

Aunque La Habana se guardó bien de fijar las bases del encuentro y de no excluir o incluir a nadie por su nombre, las expectativas giran en torno al encuentro de las autoridades de la isla con “el centro” del exilio, con el cual no ha habido entendimiento alguno.

La izquierda de Miami, considerada la Coalición Cubano Americana, la Brigada Antonio Maceo y otras organizaciones, han mantenido estrechas relaciones con el gobierno cubano y su participación está asegurada.

Sin embargo, la participación de figuras como Ramón Cernuda, o personas de “Cambio Cubano” que dirige el ex comandante Eloy Gutiérrez Menoyo, incluso el periodista Carlos Alberto Montaner, presunto agente de la inteligencia norteamericana según las autoridades cubanas, centra la atención de esta reunión.

El conservador Diario de las Américas publicó un trabajo el 23 de noviembre que no rechaza el diálogo con el gobierno cubano, pero lo condiciona.

José Ignacio Rasco, a nombre de la Plataforma y el Partido Demócrata Cristiano, llamó a “un diálogo sin exclusiones”.

“La dedocracia para escoger unilateralmente a personas que no representan a grupos u organizaciones serias puede terminar en una farsa o en un monólogo ocioso, con un coro de alabarderos sin voluntad de cambio para dar al mundo una apariencia de negociaciones y ganar tiempo oxigenante”, dijo.

Y agregó que “si La Habana se reserva el derecho de votar o vetar a los dirigentes que han de concurrir el diálogo será una fiesta de carnaval para bailar al son que toquen los que mandan, o lo que es peor, una procesión funeraria que enterrará las pocas esperanzas nacionales que van quedando”.

La Habana, por su parte, mantiene las mismas cotas para el diálogo, y los funcionarios, incluyendo el canciller Robaina, no parecen interesados en dar mayores detalles por ahora y dejar que el exilio se consuma en elucubraciones.

En su mensaje navideño, los Obispos de la Iglesia Católica dijeron que “es alentador observar como parece que se está abriendo paso la posibilidad de un diálogo con la emigración cubana y, es de desear también, que esta misma idea se convierta en una esperanzadora realidad por medio de un verdadero diálogo interno”.

 

Diferendo Cuba-Estados Unidos

El diferendo político y económico entre Washington y La Habana cumplió 33 años con un tono más bajo, un lenguaje menos agresivo, motivaciones relativamente diferentes a las de años anteriores, pero un igual estancamiento en términos de relaciones.

Desde el triunfo del demócrata Bill Clinton, el gobierno de La Habana moderó su lenguaje y se puso a la expectativa, en la seguridad de que esa administración tendría que ser menos adversa que la del republicano George Bush, quien cerró su mandato firmando la Ley Torricelli, que recrudeció el embargo económico a la isla.

Otro factor que resulta evidente para los cubanos es que, terminada la bipolaridad del mundo, Cuba dejó de ser una prioridad en la política exterior norteamericana.

Clinton, por su parte, se dedicó más en su primer año de gobierno, a la política doméstica, posponiendo los asuntos externos y relegándolos en buena medida a un segundo plano.

La administración hizo algunos gestos que en La Habana se interpretaron como positivos: un intento de nombramiento del abogado cubano-americano José Baeza, un “desplante” a los directivos de la Fundación Nacional Cubano Americana el 20 de Mayo y la prohibición de acciones armadas contra Cuba desde territorio norteamericano.

La nueva administración intentó nombrar a Baeza como Secretario de Estado adjunto para Asuntos Interamericanos, intención que provocó una protesta airada del Lobby cubano en el Congreso y la Fundación.

En lugar de Baeza fue nombrado finalmente Alexander Watson.

El 20 de mayo, fecha en que se celebra el inicio de la República Cubana, la Casa Blanca ofreció una ya tradicional recepción a los exiliados en Estados Unidos. Por primera vez en los últimos años, los directivos de la Fundación y otras organizaciones conservadoras no fueron invitados, hecho interpretado como un rasgo de independencia de la nueva administración frente al ala conservadora del exilio.

La Habana, sin embargo, no le concedió importancia al asunto. “No le doy demasiada importancia a esas cosas, porque creo que no debió haberse celebrado ningún 20 de Mayo, pero de todas maneras demuestra que esos elementos más recalcitrantes no tienen la misma influencia que tenían antes”, dijo Fidel Castro a fines de junio.

La nueva administración también prohibió las acciones armadas contra Cuba desde su territorio, aunque no emprendió ninguna acción contra las prácticas amenazantes de grupos militares en Miami.

Sin embargo, el 31 de mayo el periódico El Nuevo Herald, de Miami, publicó declaraciones del vicepresidente norteamericano Al Gore y dijo que “a (Fidel) Castro le ha llegado su hora, su política ha sido un fracaso absoluto”.

Gore anunció además el propósito oficial de reforzar las transmisiones de Televisión y Radio Martí dirigidas hacia Cuba.

A principios de julio, un intercambio de notas oficiales en lenguaje duro sobre incidentes fronterizos en la Base Naval de Guantánamo, disipó los signos distensivos que se habían dado entre los dos países en los últimos meses.

El canciller Roberto Robaina desmintió el 8 de julio las imputaciones hechas por Washington sobre presuntos procedimientos violentos e inhumanos empleados por las tropas guardafronteras cubanas para evitar la salida ilegal de personas por esa instalación.

Una nota del Departamento de Estado entregada a la prensa dijo que los guardafronteras cubanos empleaban granadas y fusiles automáticos contra los nadadores que intentaban cruzar esa frontera.

Pero la definición sobre el estado del diferendo fue expresada claramente por el nuevo Secretario de Estado adjunto para Asuntos Interamericanos, Alexander Watson, el 26 de octubre ante la Fundación Cubano-Americana.

“En lo que toca a Cuba, nuestro objetivo es promover una transición pacífica a la democracia. Creemos que el pueblo de Cuba merece ser libre para determinar su propio futuro, mediante la expresión de su voluntad en elecciones libres”, dijo Watson.

Agregó que “el embargo no será levantado hasta el momento en que haya en Cuba reformas democráticas y respeto por los derechos humanos”.

Watson explicó las acciones que emprende su gobierno para lograr tales objetivos:

-“Apoyamos plenamente la Ley de la Democracia Cubana como un instrumento para promover el cambio democrático en Cuba”.

 

 

-“Seguimos transmitiéndole al pueblo de Cuba noticias e información sin censura. Radio y TV Martí subrayan el compromiso de esta administración con la promoción del movimiento de información e ideas hacia el pueblo cubano”.

-“Seguimos informando a la comunidad mundial acerca de los abusos cubanos en materia de derechos humanos”.

Según algunos especialistas, existen funcionarios en la administración interesados en una normalización de relaciones con Cuba, o al menos en la eliminación del bloqueo contra la isla.

Pero el gobierno no puede romper un lazo administración-exilio que lleva muchos años y que comprometería el futuro electoral demócrata en La Florida, pues el voto hispano resulta importante.

Al margen de esas contradicciones, ambos países han comenzado a negociar algunos problemas, y personalidades norteamericanas han visitado la isla.

El 30 de junio un grupo de militares retirados y ex diplomáticos norteamericanos iniciaron encuentros con académicos cubanos en La Habana en la búsqueda de posibles vías para aliviar tensiones entre los dos países.

Fuentes de la cancillería cubana dijeron que las conversaciones tuvieron un carácter exclusivamente académico y que no se trata en modo alguno de negociaciones bilaterales.

La comitiva estuvo encabezada por el académico Wayne Smith e integrada por Jack Kidd, general de división (R), Kermit Johnson, capellán general de división (R) y Jack Mendelson, subdirector de la Asociación de Armamentos.

En la primera decena de septiembre, el jefe de la oficina de Cuba del Departamento de Estado, Dennis Hays, visitó La Habana en un viaje de familiarización.

En ocasión de esa visita a La Habana, las autoridades cubanas reiteraron que la administración Clinton tiene un tono “menos agresivo” que las anteriores con respecto a Cuba.

En junio, el Ministro de Justicia de Cuba, Carlos Amat, dijo a IPS que funcionarios de los dos países han tenido contactos en organismos internacionales para cooperar en la lucha contra el narcotráfico en un “ambiente de respeto mutuo y espíritu de colaboración”.

“Incluso en situaciones en que nosotros hemos detectado el tráfico aéreo o algún tipo de movimiento alrededor de nuestro país que podría afectarlos a ellos, se les ha facilitado la información”, dijo Amat.

Agregó que “ellos (los estadounidenses) nos han informado de algunas situaciones también”.

En octubre, el Secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, Carlos Lage, dijo que ambos países negociaban en materia telefónica y la instrumentación del envío de remesas de dinero de cubanos a sus familiares en la isla.

Las comunicaciones entre ambos países están prácticamente paralizadas desde 1991, cuando los viejos equipos que prestaban esos servicios desde Miami fueron destrozados por el ciclón Andrew.

“Nuestra única exigencia al respecto es que se nos trate como a cualquier otro país, reconociendo los derechos que tenemos” dijo Lage.

Cuba reclama el pago de 80 millones de dólares que la compañía AT&T está dispuesta a sufragar por esas comunicaciones en los últimos años y que la ley del bloqueo impide.

La compañía instaló un nuevo cable submarino que está listo para ser activado, pero las negociaciones están frenadas por el pago de los 80 millones de dólares que Cuba reclama.

Otras negociaciones bilaterales realizadas este año fueron en materia migratoria, sin que se anunciaran públicamente los resultados. En diciembre, el presidente del parlamento cubano, Ricardo Alarcón, acusó a las autoridades norteamericanas de conceder sólo el 40 por ciento de las visas solicitadas por cubanos para viajar a ese país e incitar a la emigración ilegal por balsa o por la base naval de Guantánamo.

Acercamiento con Rusia

Al desaparecer oficialmente la Unión Soviética, en diciembre de 1991, Rusia inició 1992 como la gran heredera del antiguo estado multinacional, pero con intereses políticos muy diferentes.

El gobierno de Boris Yeltsin pareció inicialmente no tener más intereses en Cuba que un mercado donde adquirir azúcar y hasta algunos funcionarios encontraron un chivo expiatorio en la isla para hacer méritos ante Washington.

El año 1992 fue sin dudas el de mayor distanciamiento y tal parecía que la débil relación podría quebrarse en cualquier momento, de tal forma que los cubanos llegaron a analizar potenciales mercados azucareros y suministradores de petróleo más cercanos, que disminuyera en definitiva el flete.

Pero 30 años de estrecha colaboración económica y alianza política no se pueden echar a un lado de una vez, aún más cuando ambos países se encuentran sumergidos en una crisis.

En noviembre de 1992 representantes de los dos gobiernos se reunieron en Moscú en un ambiente constructivo para tratar de recomponer su colaboración casi tronchada por los cambios en Europa y en particular en la antigua URSS.

No se trata, en opinión de los observadores, de un acercamiento político, sino de una moderación en este aspecto para incentivar el comercio y las relaciones económicas.

Del 20 al 22 de mayo de 1993 el vicepresidente del gobierno ruso Vladimir Shumeiko viajó a La Habana para concretar acuerdos económicos y de otra índole con la parte cubana, encabezada por el vicepresidente Lionel Soto.

Las conversaciones fueron continuación de las realizadas en noviembre en Moscú, y de las cuales se derivaron cuatro acuerdos sobre la base de un “nuevo carácter de las relaciones cubano-rusas”, según los trascendidos oficiales.

Los acuerdos tomados están referidos a la colaboración económica, la navegación comercial marítima, la permanencia en Cuba de la estación de rastreo de Lourdes que perteneció a la Unión Soviética, así como la creación de una comisión mixta bilateral.

Según los analistas, dos factores le imprimieron a las relaciones una dirección favorable a Cuba: los precios del azúcar mejoraron, mientras los del petróleo bajaron, por lo que la relación inicial del trueque de 1.5 millones de toneladas de azúcar por 2,3 millones de toneladas de petróleo, cambió en el segundo término a más de tres millones de toneladas de combustibles.

El otro factor fue la base de Lourdes, en la cual los rusos mostraron un insistente interés para sus comunicaciones con América, aunque algunos afirman que tiene fines militares frente a Estados Unidos.

Los acuerdos alcanzados en La Habana contemplan la colaboración en la producción conjunta de fertilizantes, refinación de petróleo, producción de neumáticos y suministros de piezas de recambio para la industria azucarera cubana.

En medio de solemnes ceremonias, el ejército cubano despidió a mediados de junio al último contingente de la brigada soviética que permaneció en Cuba desde la crisis de los misiles, en 1962.

Sorpresivamente las dos partes anunciaron entonces un aumento de la colaboración en la esfera militar, aunque el General Ulises Rosales del Toro se mostró cauteloso y reservado al respecto.

“Todo parece indicar que se acrecentará la colaboración militar mutuamente ventajosa para ambas naciones”, dijo el jefe del Estado Mayor cubano.

La parte rusa fue más efusiva. “Nos retiramos, pero estamos convencidos de que la colaboración militar entre nuestros países va a tener un nivel considerable”, dijo el coronel Viachslav Bibikov.

Pocos días después, el 7 de julio, el gobierno ruso anunció en Moscú la concesión de créditos a la isla por 380 millones de dólares para la terminación de obras con tecnología soviética que quedaron pendientes al desaparecer la URSS.

De esa cantidad, 30 millones están destinados a la conservación de la Central Nuclear de Juraguá, en Cienfuegos, una obra paralizada tras 12 años de trabajo, en los que no fue terminada.

Además de los créditos, fue firmado un convenio de protección a las inversiones y un memorando intergubernamental para la creación de empresas conjuntas en la rama de refinación de petróleo, producción de fertilizantes y neumáticos.

Lionel Soto dijo que las partes continúan negociando posibles inversiones en el turismo cubano.

El 25 de noviembre ambas partes anunciaron la firma de un convenio en Moscú para la creación de las bases jurídicas para la fundación de empresas y organizaciones conjuntas.

El acuerdo prevé la posibilidad de formar bancos y compañías financieras conjuntas, en los que podrían participar entidades de terceros países.

Saliendo de la materia económica, Cuba y Rusia acordaron el 3 de diciembre incrementar la colaboración cultural y en otras áreas que mantenían un perfil bajo desde la desaparición de la Unión Soviética.

El documento asegura la participación del otro en festivales y eventos culturales a celebrarse en los dos países, así como colaboración en las esferas de la industria editorial, el cine, la radio y la televisión, así como en educación, ciencia, deporte y turismo.

Los expertos pronostican que en 1994 ambos países deben acercarse más como resultado de esos acuerdos y de la permanencia en el poder del gobierno de Fidel Castro, al que algunos auguraban poco tiempo después de la desaparición de la Unión Soviética.

La Habana, por su parte, parece consciente de su dependencia de las antiguas repúblicas soviéticas, al menos en el plano tecnológico y ha propiciado el acercamiento con otros estados ahora independientes.

Tal situación debe tener su efecto en el lado político, borrando los signos de hostilidad que se manifestaron en 1992 sin que ello signifique una alianza o identificación de posiciones.

En punto muerto las relaciones con la CE

Las relaciones entre Cuba y la Comunidad Europea continuó este año en punto muerto a pesar de los esfuerzos diplomáticos de la isla y la ayuda humanitaria enviada por la CE para paliar los daños de temporales y epidemias que azotaron a Cuba.

Un nudo gordiano persiste en las relaciones económicas: Bruselas aduce preocupación por el estado de los derechos humanos y la democracia en Cuba. La Habana rechaza las presuntas violaciones y le reprocha a los europeos un trato discriminatorio.

Legisladores, empresarios, políticos y funcionarios de ambos lados debatieron durante cuatro días en La Habana esos problemas en un taller académico bajo el título “Cuba en los años 90: su reinserción en la economía internacional y el papel de Europa”, celebrado del 6 al 9 de diciembre.

“Venimos a mostrarles a los cubanos como vemos nosotros las cosas, no como las tienen que hacer” dijo el español Fernando Suárez, presidente de la Comisión para México y Centroamérica del Parlamento Europeo.

El diálogo, propiciado por el Instituto de Relaciones Internacionales (IRELA) de Madrid, trató de desbrozar caminos y dar movilidad en un contexto favorable por las recientes reformas económicas emprendidas en Cuba que levantaron consecuentes expectativas en Europa.

Rudolf Linkohr, del Partido Socialdemócrata Alemán, dijo que “la base de esta Revolución (la cubana) debe cambiar y está cambiando y nuestro papel es ser útil en ese sentido”.

Cuba y la Comunidad Europea establecieron relaciones en septiembre de 1988, con posterioridad al reconocimiento recíproco entre la Comunidad y el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), del cual Cuba fue miembro hasta su desaparición en 1990.

Desde esa fecha, ambas partes han trabajado para ampliar y profundizar los vínculos mediante la concertación de un acuerdo marco de cooperación económica, instrumento jurídico fundamental para esos propósitos.

Sin embargo, motivaciones políticas derivadas de presuntas violaciones de los derechos humanos en la isla han frenado la decisión de las autoridades comunitarias y Cuba es el único país de América Latina que no cuenta con ese acuerdo marco.

“Las autoridades de las Comunidades Europeas han condicionado el avance de la colaboración a cambios políticos en nuestro país, lo cual resulta inaceptable para Cuba”, dijo un texto oficial sobre el tema de 1992.

Pero los cubanos reconocen que esta situación fue tratada de paliar mediante algunos mecanismos de ayuda del Sistema de Preferencias Generalizadas (SPG), al cual Cuba tiene acceso desde 1973 y ha beneficiado sus exportaciones de camarón fresco, tabaco negro en rama y café en grano.

Por otro lado, la Comisión planteó sólo acciones puntuales de cooperación general y aprobó acciones concretas para 1990, cuando 53 cubanos se refugiaron en diferentes embajadas en La Habana en un intento de salir del país por esa vía no legal.

El gobierno de La Habana no accedió a esas presiones, los ciudadanos regresaron a su vida anterior en sus hogares y las relaciones entre La Habana y Madrid se tensaron, pues fue la principal embajada encartada en el asunto.

En septiembre de 1991 la Comisión comunicó al gobierno cubano que reanudaría las acciones de cooperación con la isla a principios de 1992, pero en enero de ese año La Habana fusiló a un anticastrista que se había infiltrado desde Estados Unidos con planes terroristas. Las acciones fueron nuevamente suspendidas.

Sin embargo, como consecuencia de desastres naturales y de una epidemia de neuropatía que en el transcurso del año afectó a más de 50.000 cubanos, la Comunidad entregó a la isla una ayuda humanitaria superior a los 13 millones de dólares.

Las dos partes expresaron su voluntad de continuar el diálogo, pero las conversaciones de La Habana al parecer no lograron sacar a la situación de su estancamiento, aún cuando los eurodiputados se entrevistaron con el presidente Fidel Castro poco antes de su partida.

Un politólogo norteamericano, muy cercano al Departamento de Estado, explicó esa situación en La Habana, durante una visita en 1991. Según ese académico, “las presiones políticas de Europa sobre Cuba son el precio que tienen que pagar ante Washington por romper su bloqueo económico a la isla”.

Política interna: la crisis agudiza contradicciones

El año que concluyó fueron 12 meses definitivamente marcados por la crisis económica. El deterioro de la vida fue quizás el principal elemento político que jugó un papel importante en el aumento de las disidencias en las filas de los partidarios y algunos indefinidos pasaron al bando contrario compulsados por las escaseces y las necesidades más perentorias.

Si bien la oposición interna registró una actividad menor y el gobierno se anotó un tanto importante con la liberación de María Elena Cruz, la iglesia católica ocupó la primera tribuna contestataria.

El mensaje de los obispos “El amor todo lo espera”, levantó de hecho una polémica nacional en que intervinieron, con diferentes tonos y actitudes, los evangélicos, laicos, y los comunistas.

Quizás por ello el “Mensaje de Navidad” de los obispos y el del arzobispo Jaime Ortega, pasaron sin contestación en medios oficiales que, al parecer, decidieron ignorarlos.

Un fenómeno nuevo fue quizás los incidentes ocurridos en Cojímar y Regla, como consecuencias de dos salidas ilegales frustradas por los guardafronteras, las que terminaron en problemas a nivel de comunidad.

Los partidarios de Fidel Castro comenzaron la creación de una Asociación de Combatientes de la Revolución, que concluyó a fines de año con la formación de su directiva nacional.

Desde un inicio quedó claro que la nueva organización no era una simple asociación de veteranos, de las que hay numerosos ejemplos en el mundo, sino un refuerzo al Partido Comunista desde posiciones menos oficiales.

La prensa continuó contraída por la falta de recursos y su orientación se mantuvo muy cercana a la política gubernamental, posición que se incrementará en 1994.

Esta tendencia fue reafirmada en el Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en los últimos días de diciembre.

Según las intervenciones de algunos de los delegados al encuentro, reportadas por la televisión, se pidió más agilidad a los medios y una respuesta más rápida ante las distintas coyunturas.

Esta conclusión es evidente a partir de un aumento en la sintonía de emisoras anticastristas en Cuba como consecuencia del silencio oficial o de lo tardío en ofrecer su versión de los problemas.

El cierre del año fue quizás un indicativo: a pesar de la escasez y las necesidades, muchos hogares cubanos celebraron la Nochebuena abiertamente y los arbolitos de Navidad, a veces muy modestos, pulularon en La Habana.

Para los expertos, la situación política de 1994 dependerá del comportamiento de la economía, y se comenzarán a sentir los primeros efectos de las medidas económicas tomadas en el año recién concluido.

Iglesia abre debate sobre situación nacional

El 8 de septiembre, día de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona Nacional, la jerarquía católica cubana confeccionó un extenso mensaje en el que analiza la situación económica, política y social de la isla.

En el texto, leído en los templos y difundido varios días después, la iglesia llamó a favorecer el diálogo entre todos los cubanos, residentes o no en la isla, el pluralismo político y la desideologización en las relaciones entre las personas.

“En las graves circunstancias actuales parece que si no hubiera cambios reales, no sólo en lo económico, sino también en lo político y en lo social, los logros alcanzados podrían quedar dispersos tras años de sacrificios”, dijeron los obispos.

El largo manifiesto católico pide la erradicación de “algunas políticas irritantes” del gobierno y plantea una renuncia al actual proyecto político socialista.

El texto provocó una cadena de reacciones diferentes: Lázaro Barredo, vicepresidente de la UPEC y diputado a la Asamblea Nacional, respondió en un airado artículo editorial publicado en el semanario Trabajadores, considerada una respuesta “desproporcionada” por los propios obispos.

 

Barredo dijo que los pronunciamientos de los obispos son “francamente agresivos y contrarrevolucionarios” y que el documento “solo rezuma rencor y resentimiento”.

Mucho más moderado fue el poeta y ensayista católico Cintio Vitier, quien reconoció aciertos parciales en la pastoral, pero objetó ciertas críticas del mensaje, en una respuesta publicada en Granma.

“Hay señalamientos objetivos acerca de problemas reales como un cierto deterioro moral y un relativo incremento de la violencia incomparables con la de otros muchos países, comenzando por Estados Unidos”, dijo Vitier.

Para muchos de los que siguieron la polémica levantada por la pastoral, y que tuvieron acceso a ella, pues no se publicó en la prensa, el debate pudo haberse detenido con la respuesta de Vitier, calificada por algunos como elegante y pausada”.

Sin embargo, prácticamente todos los medios nacionales Trabajadores, Granma, Juventud Rebelde y la radio nacional, se involucraron en el asunto echando leña al fuego y levantando una expectativa, que hizo preguntar a la gente cuál era el contenido de la pastoral.

Numerosas personas acudieron a Radio Martí para enterarse del contenido de la carta de los obispos, mientras la iglesia la distribuyó y luego la vendió al módico precio de 20 centavos la copia del documento de 17 páginas.

Ciertamente la Pastoral tuvo reacción internacional inmediata, tan inmediata en algunos casos, que en medios oficiosos se entendió que primero llegó a Madrid o Bogotá antes que a los creyentes de La Habana.

Los evangélicos se sumaron al debate. Aclararon que no estaban respondiendo a nadie, tomaron distancia política de la Iglesia Católica, explicaron sus criterios diferentes, más próximos al gobierno, aunque también criticaron a éste por inmovilismo en las reformas emprendidas en el Proceso de Rectificación y lo instaron a seguir adelante con ellas.

Uno de los cinco mensajes emitidos por las 86 personalidades evangélicas fue dirigido al presidente Fidel Castro. Tal documento dio pie a una respuesta pública del mandatario, calificada en medios diplomáticos de “indirecta y pausada”.

“Jamás merecerán nuestro respeto ni escucharemos a los que cultivan la insidia, sirven al enemigo y traicionan a su pueblo y a su patria”, señaló Castro.

“Agregó que acogeremos siempre los criterios, aún discordantes, de quienes están sinceramente interesados en promover nuestra obra de adelanto social”.

La polémica levantada puso más en tensión los vínculos entre la iglesia católica y el gobierno, y algunos obispos viajaron al Vaticano a una reunión prevista con el Papa, pero que sirvió de marco para tratar la situación creada con la pastoral.

La iglesia volvió nuevamente a la carga en noviembre, con un “mensaje de Navidad” difundido en diciembre, y en el cual básicamente se saluda el inicio de un diálogo con la emigración, pero se llama al gobierno a extenderlo a toda la sociedad.

“A este respecto es alentador observar cómo parece que se está abriendo paso la posibilidad de un diálogo con la emigración cubana y, es de desear también, que esta misma idea se convierta en una esperanzadora realidad por medio de un verdadero diálogo interno”.

El arzobispo de La Habana, Monseñor Jaime Ortega Alamino, tocó otro tema espinoso en su mensaje mensual “La voz del obispo”, que se publica en Aquí la Iglesia.

Ortega pidió que las reformas que se practicaron en la economía tengan una contraparte en la política.

“Porque los cubanos experimentamos, en este momento de nuestra historia, que es algo más que la economía lo que hay que estimular y transformar; son también las actitudes ante la vida, los sentimientos, los modos de pensar y actuar los que deben cambiar”, dijo.

El arzobispo también analizó el papel del Estado: “Puede aceptarse cierto control del Estado en la esfera económica, justamente para beneficiar a las personas individuales; pero un control indebido o excesivo de las personas, por parte del Estado, afecta la creatividad del hombre y su rendimiento laboral, y paraliza muchas iniciativas, quedando paradójicamente coartada la misma proyección social del individuo”.

El tema del diálogo nacional fue nuevamente retomado por la publicación “Palabra Nueva”, que edita la Arquidiócesis de La Habana.

“Diálogo total” fue la nueva consigna lanzada por la publicación, que pidió la participación de la oposición interna en las conversaciones.

“Hay entre nosotros hombres y mujeres que no están precisamente al servicio de Estados Unidos. Las actuales fuerzas de pensamiento no oficiales dentro de Cuba constituyen una realidad que, más temprano que tarde, deben ser consideradas también”.

Menor actividad de la disidencia interna

Durante 1993 la actividad política de los grupos disidentes en Cuba decreció en comparación con los años anteriores, sobre todo en el segundo semestre del año.

Uno de los factores que intervinieron en ese decrecimiento fue la liberación de la poetisa María Elena Cruz Varela, quien había sido condenada a dos años de cárcel en noviembre de 1991.

Cruz Varela fue liberada seis meses antes de cumplir la condena impuesta por el tribunal de Habana del Este, municipio donde vivía la opositora antes de ser encarcelada (Alamar).

La ex-líder del Movimiento Criterio Alternativo, y una de las figuras emblemáticas de la oposición anticastrista, decidió ir a residir a Matanzas, y aunque no se retractó de sus posiciones políticas, aceptó el liderazgo de Fidel Castro en el país y anunció su retirada de la vida política, para dedicarse a la literatura.

La sorpresiva decisión, reflejada en una entrevista concedida en Matanzas a un periódico español, dejó desarmados a muchos opositores, que habían ubicado la figura de la poetisa en el ámbito internacional.

También influyó en esa baja de acción la ausencia de Elizardo Sánchez Santacruz, quien emprendió una gira política por República Dominicana, España, Suecia y Estados Unidos.

Sánchez, presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, coincidió con otro dirigente de la llamada corriente socialista, Rolando Prats, quien fue en viaje personal a Estados Unidos.

Prats, quien a la sazón fungía como presidente de esta Corriente, fue descalificado por la dirección de la organización tras haber realizado planteamientos inconsultos en nombre de la Corriente, según se dijo.

Conclusiones y proyecciones para 1994

 

Con 1993 terminó el peor año en el plano económico de los 35 del proyecto socialista cubano, y uno de los de mayores tensiones políticas como resultado de un recrudecimiento de las limitaciones y escaseces de alimentos, productos industriales y medicinas.

El crecimiento inusitado del mercado negro agrietó las bases políticas de la población, que tuvo que acudir al comercio ilegal para atender no menos del 60 por ciento de sus necesidades vitales.

Tales problemas acumularon un nivel de tensiones que no llegó a explotar de forma contundente, pero en varias ocasiones se estuvo próximo a explosiones sociales, aún cuando el gobierno siguió contando con gran apoyo.

Ese nivel de tensión acumulada pudo constatarse en el mayor número de deserciones de las personas que salieron al exterior, como los deportistas a los Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en Ponce, Puerto Rico, a fines del año.

Pero también aumentaron, fundamentalmente en el primer semestre, las personas que se aventuraron en balsas y otras rústicas embarcaciones hacia el Estrecho de La Florida, o por la Base Naval norteamericana de Guantánamo.

Dos intentos frustrados, uno en Cojímar y otro en Celimar, ambos en el litoral este de La Habana, terminaron en conatos políticos y choques entre partidarios del gobierno y la policía, por un lado, y descontentos por otro.

Ambos casos fueron amplificados por emisoras anticastristas con base en Estados Unidos y aprovechados para criticar la observancia de los derechos humanos en la isla.

La lentitud o el silencio de la prensa nacional contribuyeron a propalar las versiones de la oposición sobre los sucesos, dando pie a historias distorsionadas de vejaciones policiales.

De todas formas, los hechos de Cojímar y Regla (donde habitaba y fue sepultado el muerto de Celimar) sirven de pulso para medir el nivel de tensiones acumuladas y precisar el alcance que pueden tener en estas circunstancias eventuales errores en la conducción de los problemas.

El asunto de la emigración, los sucesos de Cojímar y Regla, así como otros problemas presentados en el año tienen como factor común el tema de los derechos humanos, cuya observancia por parte de las autoridades cubanas es criticada por Washington.

Especialistas en el diferendo Cuba-Estados Unidos, opinan que el problema de los derechos humanos seguirá siendo en 1994 el principal tema de la oposición y otros gobiernos para presionar a La Habana.

El gobierno emprendió en julio una campaña policial contra el delito, reflejada en la prensa para buscar dividendos políticos y disuasión.

La gente trabajadora recibió con agrado la reacción oficial, aunque un poco tardía, contra el mercado negro y fulminantes operativos nocturnos fueron televisados.

Con carácter disuasivo, los tribunales cubanos dictaron dos penas de muerte por fusilamiento en el año, y cientos de altas condenas de cárcel. Al cierre de diciembre la población penal había crecido considerablemente.

Las medidas policiales frenaron un tanto algunas actividades, más por el control de los organismos pertinentes, que por los arrestos y detenciones realizadas, pero los problemas de fondo siguieron observándose, pues sus causas continúan latentes.

Como ya se explicó anteriormente, la disidencia tuvo un papel menor en 1993 y el tono de sus demandas fue más moderado en general. En su lugar, la iglesia católica se convirtió en el gran contestatario del gobierno.

La alta jerarquía eclesial, y fundamentalmente el arzobispo de La Habana, Jaime Ortega, mantuvieron una constante crítica y adoptaron peticiones de cambios.

Otro asunto que quedó en evidencia en 1993 es que las reformas económicas llevan una ventaja a las políticas y las repercusiones de las primeras en el plano político son retardadas.

Es decir, medidas como la creación de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa o la autorización del trabajo por cuenta propia, tendrán consecuencias en el plano político bien avanzado 1994, cuando las personas involucradas tomen conciencia que cambió su posición en la sociedad.

La afluencia de cubanos del exilio para visitar a la isla no se comportó como se esperaba (se preveían 10 mil de septiembre a diciembre), pero su mayor presencia en 1994 se hará notar también en el balance político del país.

El discurso oficial de unanimidad o inmensa mayoría perdió vigencia, y el gobierno se percata de la pérdida de base social como consecuencia de la crisis y el desgaste político.

¿Cuál es el rumbo para 1994?

La capacidad de maniobra del gobierno estará en relación directa con el comportamiento de la economía, que algunos vislumbran algo mejor que en 1993.

El proceso de reformas iniciado ha creado expectativas y muchos guardan esperanza de la recomposición de la situación, aunque existe la convicción de que no se puede retroceder al modelo existente en 1989.

Como se indicó en la introducción, el modelo o la línea adoptada por Rusia y otros ex aliados socialistas de Cuba, no parece encontrar adeptos en la isla, que observan el estado de deterioro social y político de esos países.

Internamente, una oposición dividida, sin coherencia en el programa político y con un fuerte olor de complicidad con Estados Unidos, en muchos casos, no parece ser alternativa para casi nadie, incluso el grupo de la Corriente Socialista, más ligado a la Socialdemocracia Internacional.

El Partido Comunista y el Gobierno parecen decididos a seguir adoptando cambios en busca de un modelo político y económico que se ajuste a la realidad, sin abandonar los postulados fundamentales del socialismo.

Algunos partidarios sostienen que existe una especie de socialismo aplazado, hasta tanto mejoren las condiciones, mientras otros van convencidos de que el modelo realista es diferente al anterior.

El gobierno parece acercarse mucho al modelo chino, aunque con diferencias en las medidas económicas, pero imitando una reforma controlada por el Partido Comunista, el único en la sociedad.

Algunos estudiosos sostienen que se marcha hacia una “mexicanización” política, es decir, que el Partido Comunista juegue un rol parecido al Partido Revolucionario Institucional (PRI), que mantiene el poder casi absoluto hace décadas en un contexto de multipartidismo.

En ese sentido alegan que el gobierno cubano permitiría la existencia de algunas organizaciones políticas adicionales y ello lo llevó con tiempo, a constituir su aliado: la Asociación de Combatientes de la Revolución, una entidad que está lejos de ser una simple asociación de veteranos a la usanza en otros países.

Otra corriente de pensamiento señala que lo que ocurre en el país es una situación de desconcierto, pues después de las primeras medidas, el gobierno no sabe que rumbo tomar, y comienza un lento tanteo.

La más probable de todas esas posibilidades parece ser que el Partido Comunista, como única organización política del país, continúe las reformas en 1994, contando con el liderazgo político de Fidel Castro, lo que garantizará el tránsito pacífico hacia el nuevo modelo.

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