¿Qué dice sobre la felicidad en Cuba una famosa psicóloga?

Cuba no está exenta del auge del individualismo, el consumismo y lo superfluo, según la experta Patricia Arés.

En su libro, Arés hace algunas recomendaciones acerca de la educación, entre ellas, dejar vivir la infancia y proteger el estado mental de niñas y niños.

Foto: Archivo IPS Cuba

La Habana, 1 feb.- Estudios y análisis sobre qué significa ser feliz para la población cubana, los retos del contexto actual y cómo educar a niñas, niños y adolescentes, brinda la popular psicóloga cubana Patricia Arés en su último libro Individuo, familia, sociedad. El desafío de ser feliz.

En el volumen publicado por la Editorial Caminos, del no gubernamental Centro Memorial Martin Luther King, la también profesora hace un bosquejo de los estudios y avances de estos temas y particulariza el caso de Cuba, donde muchas personas miran con sospecha abordar la felicidad.

La experta habló sobre el tema y presentó su libro, el 25 de enero, en la última sesión científica abierta de la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad.

En el capítulo El bienestar y la felicidad de los cubanos y las cubanas, Arés señala que estudios sobre la identidad cultural los relaciona con cualidades que la psicología pondera en la gente feliz: tener relaciones sociales significativas, buen sentido de humor, ser alegre, solidario y formar parte de una familia, barrio, grupo de amigos o colegas.

Da cuenta de que en la Cuba de hoy coexisten y se mantienen los valores solidarios, que determinan gran parte de la vida familiar, laboral, vecinal, comunitaria, social y política con gérmenes de insensibilidad y descalificación a los aportes poco remunerados, que gozaban de gran prestigio y legitimidad antes de la crisis económica.

“Las relaciones interpersonales, aquellas otrora de igualdad, hermandad y solidaridad, amenazan con quedar dañadas por ese sentimiento oculto y no visible de desigualdad social”, indica Arés.

En su práctica como psicóloga de familia, sostiene haber podido constatar que “el dinero, un valor altamente cotizado, va adquiriendo valor de poder, estatus, acceso, posibilidad”.

De acuerdo con Arés, lo que hace a un cubano más feliz tiene que ver con su capital social, los distintos niveles de relaciones: familia de convivencia, familia de interacción, barrio, comunidad, legiones estudiantiles, amigos de toda la vida, a los que se suma la comunidad transnacional.

A su juicio, “vivimos en este mundo con dos fuerzas contradictorias que pugnan una con la otra: el individualismo, el consumismo, el confort material, las luchas por los bienes materiales, el valor del dinero, el laceramiento de las relaciones sociales”.

“La desigualdad social está también en Cuba al mismo tiempo que está la solidaridad, el intercambio social, el capital social”.

Para lograr salud y bienestar en el contexto cubano, Arés recomienda potenciar los factores resilientes de la sociedad, continuar desarrollando políticas diferenciadas a familias con problemas específicos, generar capacidad familiar de desarrollo, así como conciencia crítica de las contradicciones actuales a enfrentar.

La psicóloga apuesta por padres más preparados, que dejen de mimar en exceso y les propicien a hijas e hijos experiencias emocionales de confianza básica, calor y seguridad emocional.

Foto: Tomada del perfil de FB de Unicef en Cuba.

Y, en las reflexiones finales, sostiene que para lograr el bienestar y la felicidad se necesita de condiciones mínimas en la satisfacción de necesidades básicas, así como políticas públicas que coadyuven a la disminución de la pobreza, de la desigualdad social y a la promoción de la equidad de derechos.

La industria de la felicidad

De acuerdo con la autora, el discurso de la felicidad y del bienestar ha experimentado en las últimas dos décadas un auge y ha impactado en la subjetividad individual y social.

Este fenómeno viene acompañado del avance de la industria de la felicidad, con libros de autoayuda, las técnicas derivadas del desarrollo personal y el éxito, las cirugías plásticas para la eterna juventud y los fármacos de la felicidad, así como las nuevas píldoras para dopar el deseo sexual (Viagra y Lybido, entre otras).

La manía de la felicidad o felicitomanía puede provocar riesgos sociales como disociar la felicidad del sufrimiento, la cancelación tóxica del dolor mediante el consumo de fármacos, alcohol y drogas; estrategias evasivas; hipererotización e hipersexualización de la imagen ligada al placer y al goce narcisista y la tramitación digital de las emociones.

Algunas pautas

En su libro, Arés hace algunas recomendaciones acerca de la educación, entre ellas, dejar vivir la infancia y proteger el estado mental de niñas y niños que, según estudios internacionales, han perdido unas 12 horas semanales de tiempo libre, como resultado de una educación enfocada en que sean exitosos y no para ser felices.

La psicóloga apuesta por padres más preparados para conversaciones reflexivas, que dejen de mimar en exceso y les propicien a hijas e hijos experiencias emocionales de confianza básica, calor y seguridad emocional. (2019)

Un comentario

  1. JORGE ERNESTO ZALDIVAR RAMIREZ

    UN APORTE NECESARIO A LA CUBA DE HOY,ME GUSTARIA PODER TENERLO PRONTO

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.