¿Las películas son mensajes para el futuro?

La publicación online de un cortometraje del documentalista cubano Gustavo Pérez, 17 años después de su estreno, provocó una reacción inesperada y miles de visualizaciones. Altercine examina tan inusual acontecimiento.

Gustavo Pérez es cineasta, poeta y fotógrafo.

Foto: Cortesía de la autora

Sola, la extensa realidad es un corto documental realizado en 2003 por Gustavo Pérez, en Camagüey, que se exhibió en algunos festivales y muestras, y fue reseñado por algunos críticos. Diecisiete años después, la revista electrónica Rialta publicó la pieza en su sección “Mise en Abyme”. A partir de ese momento, las reacciones de los internautas y las interacciones que provocó fueron sorpresivas, tanto para el realizador como para la publicación.

De acuerdo con los editores de Rialta, entre junio de este año –fecha de la publicación del corto– y mediados de septiembre pasado, la página del documental tuvo 26.334 visitas, por mucho la publicación más vista de 2020 en la revista, y los usuarios dejaron 51 comentarios en el foro.

¿Cómo es posible que una película casi desconocida provoque semejante reacción, casi dos décadas después de su estreno?

Gustavo Pérez, quien es cineasta, poeta y fotógrafo, reflexiona en Sola… sobre la soledad en la que quedan los objetos cuando pierden su valor de uso. El documental examina los espacios físicos de varias escuelas en el campo del municipio Sierra de Cubitas, en la provincia de Camagüey, que años antes dejaron de funcionar como centros docentes. Ahora la soledad y el abandono habitan los espacios que antes fueron el núcleo de la vida de miles de jóvenes y el paradigma de la vinculación del estudio con el trabajo, que promovían las becas en el campo como parte del proyecto educacional conocido como Sola.

La motivación de Pérez para realizar la pieza parte de la poesía: “La soledad no es la daga con que se esquivan las penas / ni el sonido de las quenas donde el silencio se apaga. / Es una sobra que indaga los sótanos del mutismo, / la penitencia, el abismo, el cíclope que se duerme / y el espejo para verme cuando me pierdo en mí mismo”, escribió su realizador cuando le pedí que explicara de dónde salió la idea para el corto.

Los nuevos espectadores que compartieron sus impresiones en el foro de la publicación recurrieron, en su mayoría, a vivencias personales: “¡Cuántos recuerdos llegaron en ocho minutos!”; “Allí estuve, es increíble el desastre ese y pensar que fueron años maravillosos”; “A todo el que estuvo en una beca se le debe encoger el corazón al ver este documental. La música, espectacular”; “Exactamente eso me pasó, se me encogió el corazón”, fueron algunos de los comentarios.

“Escuelas donde el bullying y el abuso de todo tipo estuvieron presentes por parte de algunos estudiantes y profesores (pero nunca se tomó acción por parte de la dirección de Educación). Hoy solo escombros quedan diseminados por todo el país y Sola no es una excepción”, agregó otro usuario.

“Desgraciadamente, en Sola no solo hubo escuelas en el campo, también hubo campamentos de las UMAP: Colorado, Jagüey Grande, Jagüey Chico, La Atómica, La Gloria y muchos más (…). Eso también es historia de ese pequeño pueblo”, escribió otra persona, en referencia a las tristemente recordadas Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP) que, a fines de la pasada década de los sesenta, sirvieron para encerrar a homosexuales, religiosos y otros sujetos “indeseables”.

En el propio foro, los internautas se lanzaron a dialogar e intercambiar recuerdos. Entre lo comentado emergieron sugerencias de otras piezas para ver, o un libro que leer, en el que se trata el tema de las escuelas en el campo y los suicidios que ocurrieron en ellas. “Ese tipo de eventos era más frecuente de lo que imaginamos, pero jamás se publicaron estadísticas y la información era local. Yo viví a finales de los ochenta ese tipo de situaciones en la Isla de la Juventud. Recomiendo el libro Yotuel, de Javier Negrín Ruiz, o el corto Camionero, que está en YouTube”, sugirió Qbano.

Por su lado, Víctor Rodríguez evocó su paso por aquel paraje: “En 1968 trabajé en la escuela primaria de ese pueblito camagüeyano. (…) Guardo muy lindos recuerdos de mi primer contacto con la docencia, aún no existían las escuelas en el campo. Pero el tiempo ha pasado, la historia es otra. (…) Hoy los alumnos y profesores de la Escuela Pedagógica José Martí también sufrimos y sentimos la nostalgia al ver lo que queda de ella”.

Gustavo Pérez tiene sus propios recuerdos de lo que fue la aventura de grabar el documental.

“Una de las pocas escuelas que funcionaban por aquel entonces fue donde grabé el sonido. Las otras, donde tomé las imágenes, ya estaban en proceso de abandono y deterioro marcados. La primera comenzaba su ciclo, la segunda ya había servido para aliviar las necesidades de materiales de muchas personas. La segunda había perdido las losas de los pisos, todo el acero posible, los pasos de escaleras, los azulejos, el aluminio, los cristales, los elementos de electricidad y las conexiones sanitarias. Todos esos materiales pasaron de ser olvido a tener utilidad en nuevos espacios. Al menos eso quedaba de positivo”, comentó.

El sonido del documental nos traslada a un universo casi olvidado: las voces de los estudiantes, el agua al caer de las duchas de los baños colectivos o  el dribleo de la pelota de baloncesto en la cancha deportiva; mientras las imágenes devuelven edificios vacíos, lo que prendió la memoria de aquellos cubanos que estudiaron durante las décadas del setenta, ochenta y noventa  en los centros educativos en el campo.

La idea del montaje sonoro del documental, Gustavo la tuvo definida desde el principio. “Fueron dos jornadas de cuatro horas cada una y debía tener todo muy claro para aprovechar el tiempo. El equipo que participó era pequeño, como corresponde en este tipo de proyecto, pero todos con oficio en su trabajo. Siempre pensé que este corto tenía que narrar evitando una estructura que se acercara a la noticia, aunque quizás el tema debió ser abordado desde el periodismo; pero sabemos que eso no ocurría. Yo preferí que la subjetividad guiara la historia y conectara emocionalmente con los espectadores”.

Precisamente la memoria, las ruinas y los espacios de convivencia son temas recurrentes en la obra de Gustavo. Están presentes en sus cortos audiovisuales Caidije, la extensa realidad (2001), La tejedora (2005) o Despertando a Quan Tri (2006), así como en su fotografía y su poesía.

“El mundo donde yo nací, los espacios donde fui joven, las costumbres en que me educaron, todo desapareció, o fue degradándose hasta convertirse en ruinas. Son ruinas que mi sensibilidad y mi intelecto se niegan a abandonar. He tenido la necesidad de mantener, por mucho tiempo, objetos que me ofrecieron su servicio y, aunque desfasados o dañados por el uso, aún se mantienen conmigo. Esos espacios tienen una presencia importante en mi audiovisual y también en otros modos de expresión”, precisó.

Cuenta Gustavo que “Sola se estrenó en la televisión regional de mi provincia, (Tele Camagüey). Luego se exhibió en algunos centros culturales, hasta que llegó a la Muestra de Cine Joven. Pero la oportunidad que me ofreció Rialta ha llenado mi aspiración de que se encontrara con la mayor cantidad de público posible”.

Si Gustavo fuera a realizar otra vez Sola, su motivación sería la misma: “El dolor ante la indolencia, ante la falta de planificación y la incapacidad de un sistema para reinventarse, cuando un proyecto como este falla. Luego habría que tener en cuenta las posibilidades de producción, eso también influiría. Lo que sí volvería a repetir es el intento de poetizar la realidad, con el afán de llegar a las fibras más profundas del espectador. Pero ya nada será igual”.

“Lo sucedido con la aceptación del documental en la plataforma de Rialta me llena de sentimientos encontrados. De un lado, la satisfacción infinita por sentir que Sola, la extensa realidad ha tenido una cantidad de espectadores que no hubiera reunido ni estrenando durante una semana a cine lleno en el Cine Chaplin de La Habana. Las 18.000 reproducciones y un número considerable de comentarios me hacen sentir feliz. Pero esos mismos comentarios están llenos de dolor y tristeza, ante una realidad que ya no se puede cambiar y que se extiende mucho más allá de las escuelas en el campo”.

Cuando vi Sola hace unos cuantos años me quedé con el impacto sinestésico de sus imágenes y unas sensaciones muy extrañas que duraron por un buen rato en mi cuerpo. Por aquellos días, no supe explicar qué me había provocado aquella obra. Es un documental que nunca olvidas; no solo por sus imágenes, sino también por el sonido. Permaneces sintiendo el mundo que el documental evoca, como si un fantasma te rondara, un espectro que se resiste a seguir su rumbo.

Hoy la he vuelto a ver. En esta ocasión, el sabor es distinto, acaso más amargo. Descubro una obra que me habla del tiempo y sacude mi memoria. Probablemente es lo mismo que han vivido los espectadores que tropezaron con ella en internet. (2020)

Un comentario

  1. Inés M. Curbelo

    Sin dudas toda factura q viene de Gustavo Pérez es esperadamente igual , con grandes valores sobre todo sentimentales, y siempre te hacen reflexionar hasta en sus fotos, con seguridad, a el muchas FELICIDADES desde lo más profundo de mi corazón

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