Cambio demográfico en Cuba demanda reorganizar la vida
IPS Cuba aborda nuevos enfoques al cambio demográfico en la isla caribeña con motivo al 11 de julio, Día Mundial de la Población.
El cambio demográfico es una tendencia global que transforma la composición, ubicación y necesidades de las poblaciones.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
La Habana, 11 jul.- Cuba, el país más envejecido de América Latina y El Caribe, atraviesa por un proceso muy avanzado de cambio demográfico, caracterizado por una baja fecundidad acumulada, decrecimiento natural de la población, un elevado índice de envejecimiento y saldos migratorios negativos crecientes.
Esta realidad poblacional muy difícil de revertir demanda un enfoque de resiliencia.
En diciembre de 2024, la población cubana totalizaba 9 748 007 habitantes, con 25,7% de personas de 60 años y más, según la Oficina Nacional de Estadística e Información (Onei). Sobre el 2025, autoridades locales ofrecieron un estimado de 9,4 millones de habitantes con 27% de personas de la tercera edad, en un conversatorio realizado el 8 de julio en la Casa de Naciones Unidas, con motivo al Día Mundial de la Población.
Es necesario aceptar que la estructura demográfica ya se ha transformado y no volverá atrás, y toca reorganizar la economía, los servicios y la protección social en función de esa nueva realidad, defiende la psicóloga y demógrafa Matilde Molina, subdirectora del Centro de Estudios Demográficos (Cedem), de la Universidad de La Habana.
En su artículo Cambio demográfico en Cuba, una mirada desde la resiliencia demográfica, publicado en la revista Novedades en Población, Molina indica que se deben aprovechar las capacidades de todas las personas, incluidas las mayores, redistribuir las cargas de cuidado, rediseñar los sistemas educativos y de salud, y gestionar la fuerza de trabajo disponible con criterios de eficiencia y equidad, en lugar de diseñar políticas orientadas a revertir las tendencias demográficas.
La política pública al respecto debe transitar hacia un enfoque de resiliencia demográfica, definido por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) como “la capacidad de las sociedades para adaptarse y prosperar en contextos de cambio, garantizando que todas las personas puedan ejercer sus derechos, tomar decisiones informadas y desarrollar plenamente sus capacidades a lo largo de la vida”.
El cambio demográfico en el mundo y la región

Es una tendencia global que transforma la composición, ubicación y necesidades de las poblaciones, afirma Unfpa.
La disminución de la fecundidad, el envejecimiento, la migración y la urbanización afectan la planificación de los presupuestos nacionales, los sistemas de protección social, la salud y la educación. A nivel mundial, la tasa de fecundidad pasó de cinco nacimientos por mujer en 1950 a 2,3 en 2022, y más de 60% de la población vive en países donde la tasa se encuentra por debajo del nivel de reemplazo de la población, o sea, por cada mujer en edad reproductiva no queda otra que la sustituya en ese rol.
En este camino, la transición demográfica en América Latina y el Caribe ha sido profunda y acelerada. La región presenta el descenso de fecundidad más rápido del planeta y un envejecimiento demográfico muy avanzado en casi todas las naciones del área.
Según la Comisión Económica para América Latina, en 2024 había alrededor de 65 millones de personas de 65 años y más en la región, y se proyecta que alcancen los 138 millones en 2050, lo que equivaldría al 18,9% de la población regional.
El bono demográfico, esa ventana de oportunidad donde la población en edad de trabajar supera a la población dependiente, concluirá para el promedio regional en 2028.
Y Cuba ¿cómo vive el cambio demográfico?

Ya en el año 2016 las demógrafas Marisol Alfonso y Grisell Rodríguez señalaban que la nación caribeña había concluido la primera transición demográfica y se encontraba en proceso de una segunda transición, con singularidades relacionadas con los niveles de migración y los comportamientos reproductivos, según el artículo La evolución demográfica cubana: una mirada desde las teorías transicionales, también publicado en la revista Novedades en Población.
En su texto de 2025, Molina resume este proceso casi diez años después: el crecimiento demográfico negativo se ha sostenido desde 2017, determinado por el descenso de los nacimientos, el aumento de las defunciones y un saldo migratorio externo negativo.
La tasa global de fecundidad se ubicó en 1,29 hijos por mujer en 2024, la cifra más baja de los últimos 65 años, con 71 358 nacimientos. Las defunciones alcanzaron 128 098 y el saldo migratorio externo fue de -251 221 habitantes.
Entre 2020 y 2024, el país registró un descenso de más de 1,4 millones de personas. La magnitud del decrecimiento poblacional se expresa en que, de los 168 municipios del país, solo uno -San Luis, en la provincia de Santiago de Cuba- logró un crecimiento total positivo en 2024, y apenas 14 municipios tuvieron crecimiento natural positivo.
El envejecimiento es acelerado y profundo. De 21,3% de población de 60 años y más en 2020, se pasó al estimado de 27% en 2025, un aumento de 5,7 puntos porcentuales en apenas un quinquenio.
Este valor posiciona a Cuba como el país más envejecido de América Latina y el Caribe. La tendencia al incremento continuo es notable: en los últimos años, la población de 60 años y más creció ha crecido casi en 900 000 personas.
Sobre la magnitud del desafío advirtió el pasado 22 de junio Juan Carlos Alfonso, vicejefe de la Onei, durante el Diálogo Político sobre el Contexto Demográfico Cubano.
«Es uno de los principales retos que tenemos. Tenemos un déficit de fuerzas de trabajo. No hay experiencia similar en el caso de lo que está sucediendo en Cuba demográficamente», aseveró el demógrafo durante un panel organizado por el Unfpa y el Cedem a propósito de la visita a Cuba de Paula Narváez, directora regional de ese fondo de las Naciones Unidas.

La fecundidad también va de derechos

La muy baja natalidad en Cuba se combina con altas tasas de embarazo adolescente, algo que Molina califica de «la mayor desarticulación de la fecundidad cubana».
En 2024, las tasas se ubicaron en 1,3 nacimientos por cada 1 000 niñas de 10 a 14 años, y 45,6 por cada 1 000 adolescentes de 15 a 19 años. Si bien se registró un ligero descenso, el comportamiento se ha mantenido en niveles similares desde 2015 y muestra una gran resistencia al descenso.
La persistencia del embarazo y la fecundidad en la adolescencia responde a factores estructurales que trascienden la decisión individual. La subdirectora del Cedem señala que las condiciones en las que se producen estos embarazos suelen estar atravesadas por desigualdades de género, relaciones de poder asimétricas y fallas en los procesos educativos.
También por la ocurrencia de violencias machistas, abunda. En muchas ocasiones, las adolescentes inician relaciones con parejas de mayor edad, con dinámicas que limitan su autonomía y su capacidad para tomar decisiones sobre su propio cuerpo.
El más reciente Código de las Familias (2022) eliminó la autorización excepcional para el matrimonio desde los 14 años. Sin embargo, persisten las uniones consensuadas, la violencia y las brechas de género, que truncan el desarrollo intelectual de las personas más jóvenes.
Molina insiste en que «lo más importante es que las familias y la sociedad entiendan que se trata de niñas, no de madres». La educación integral de la sexualidad sigue siendo débil, no sistemática y, en consecuencia, los programas y acciones no son efectivos.
Los costos de la migración

Cuba ha sido históricamente un país de migraciones. Sin embargo, actualmente esta variable demográfica se distingue por una movilidad internacional creciente, protagonizada por población joven en edades productivas y reproductivas, con alta composición femenina.
Molina llama la atención, especialmente, sobre sus costos sobre el crecimiento de la población: la salida de 555 700 mujeres en edad reproductiva en el quinquenio 2020-2024 afecta directamente la fecundidad futura y la estructura de los hogares.
La migración emerge como una estrategia para enfrentar los problemas cotidianos, según investigaciones de las psicólogas Consuelo Martín, Marisela Perera y Jany Bárcenas, publicadas por la revista Temas. Tiene, indican, un impacto diferenciador en la sociedad, ya que beneficia fundamentalmente a quienes pueden viajar porque tienen recursos o redes de apoyo fuera de las fronteras que facilitan los traslados.
Además, incrementa la carga de cuidado sobre las mujeres que se quedan, que asumen el cuidado de personas mayores, niños y hogares reconfigurados por la partida de sus integrantes, detalla el texto titulado Crisis y migraciones desde un enfoque psicosocial de la vida cotidiana. Esto genera sobrecarga física y mental, poca autonomía, soledad y carencias afectivas, y constituye un impacto directo en las relaciones de género.
Antonio Aja, director del Cedem, reconoció en el panel del 21 de junio la existencia de «sobrecarga doméstica y la persistencia de la doble y triple jornada de trabajo para las mujeres», una realidad que se agrava en el contexto del envejecimiento poblacional y de la migración.
Resiliencia demográfica: mirar las diferencias
Demográficamente hablando, existen muchas heterogeneidades territoriales en Cuba a considerar con un enfoque de resiliencia demográfica.
Por ejemplo, el municipio de Plaza de la Revolución, en La Habana, supera el 35% de población de 60 años y más mientras Yateras, en Guantánamo, en el extremo este oriental, no llega a 20%. Aunque ambos territorios cuentan con población envejecida, las estrategias, programas y acciones deben responder a sus características específicas.
En Plaza de la Revolución, por ejemplo, la prioridad pasaría por reorganizar los servicios de salud y cuidado de larga duración, adecuar el transporte público a las necesidades de movilidad de las personas mayores y rediseñar el espacio urbano para hacerlo accesible.
En Yateras, un municipio rural, el envejecimiento se combina con el despoblamiento, la migración de jóvenes hacia la ciudad y la necesidad de reactivar la economía local para retener a la población en edad laboral.
Existen muchas heterogeneidades territoriales en Cuba a considerar con un enfoque de resiliencia demográfica.
Cada territorio requiere un diagnóstico propio y soluciones a medida. Esto necesita, como señala Molina, «crear capacidades que posibiliten utilizar los datos demográficos para anticipar, planificar y proyectar el futuro de estos territorios, de manera que se aprovechen las oportunidades que puedan ofrecer las personas de esos municipios».
En una sociedad envejecida, además, es imprescindible promover alianzas estratégicas con diferentes actores económicos.
La adaptabilidad demográfica no es un concepto abstracto: es la capacidad de cada gobierno local para comprender su estructura poblacional, identificar los recursos humanos disponibles y trazar estrategias que potencien las fortalezas demográficas con que cuenta, ya sean la experiencia de las personas mayores o el empuje de las jóvenes que aún permanecen en el territorio.
En una sociedad envejecida, además, es imprescindible promover alianzas estratégicas con diferentes actores económicos. El Estado no es suficiente para satisfacer todas las demandas y cubrir los costos financieros. Las estrategias de desarrollo local deben combinar los recursos del presupuesto estatal, la contribución territorial, el apoyo de los actores económicos y la cooperación internacional.
La resiliencia demográfica como estrategia

Frente a este cambio demográfico, la resiliencia emerge como la vía para enfrentar los desafíos. No se trata de revertir las tendencias, sino de adaptarse a ellas. La propuesta incluye «poner la inteligencia demográfica al servicio de la toma de decisiones», apunta el Unfpa.
Se trata de combinar datos de población, proyecciones, análisis geoespaciales y herramientas de prospectiva para anticipar necesidades emergentes, identificar riesgos de exclusión y alinear los recursos con las realidades demográficas futuras.
Por tanto, impone reconfiguraciones a los sistemas sociales. Una economía envejecida implica un incremento significativo de los costos sanitarios y una mayor demanda en la atención primaria.
El gobierno cubano destinó para 2026 el 21% de su presupuesto anual a la salud pública, una cifra cercana al doble del promedio mundial, según la Organización Mundial de la Salud. La seguridad social, en tanto, abarcó también poco más de 20% del presupuesto.
Sin embargo, urge fortalecer la promoción de estilos de vida sanos para potenciar un envejecimiento activo y saludable. También un modelo de atención interdisciplinario, ciudades amigables con las personas mayores y una adecuada implementación del Sistema Nacional para el Cuidado Integral de la Vida.
Paula Narváez, directora regional del Unfpa, enfatizó durante el ya citado Diálogo Político sobre el Contexto Demográfico Cubano, que las prioridades deben centrarse en «la reorganización de los servicios de cuidado de larga duración que alivien la carga que hoy recae sobre las mujeres y la gestión de una fuerza de trabajo que se reduce, evitando intentar elevar la fecundidad mediante políticas de incentivos directos que tienden a ser caras, poco efectivas y, en algunos casos, contrarias a un enfoque de derechos».
Con ella coinciden Juan Carlos Imbert, Paula Rodríguez-Modroño y Silvia Odriozola en su artículo La organización social de los cuidados en Cuba: desafíos actuales, publicado en 2025 por la revista Economía y Desarrollo.
Este equipo de economistas agrega que, el caso de los cuidados, también se requiere intensificar la generación y gestión de datos, información y conocimiento público; perfeccionar la formación de las personas que cuidan con niveles de certificación adecuados y fortalecer capacidades en personas en puestos de decisión con énfasis en el nivel local.
En el caso de la educación, la disminución de estudiantes en todos los niveles obliga a utilizar datos demográficos y proyecciones de población para actualizar y diseñar el futuro del sistema educativo. Se estima que prevalecerán claustros altamente envejecidos, por lo que se necesitan alternativas para la organización del trabajo, horarios flexibles, más opciones de teletrabajo y atención personalizada a trabajadoras y trabajadores.
Lo mismo ocurre con el déficit de recursos laborales, más acentuado en las zonas rurales, lo cual impone buscar alternativas para incentivar el empleo juvenil en el campo. Se debe aprovechar a los recursos humanos que continúan trabajando después de la edad límite para jubilarse, crear condiciones laborales adecuadas, horarios flexibles e incentivos.
Un pequeño paso en esa dirección fue la aprobación del Decreto Ley número 36/2021, que abrió la puerta para que personas jubiladas pudieran recontratarse en el mismo cargo que desempeñaba al momento de obtener su pensión, manteniendo ambos ingresos.
Para potenciar la resiliencia demográfica el desafío mayor es poner a la población en el centro: enfocarse a las personas, las familias y las comunidades. Aprovechar las oportunidades y garantizar los derechos y decisiones de todas las personas. (2026)
Su dirección email no será publicada. Los campos marcados * son obligatorios.
Normas para comentar:
- Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
- Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
- No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
- Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.