Migración interna en Cuba sigue ampliando brechas territoriales

La migración interna en Cuba mantiene en 2025 su ruta de oriente a occidente, con las mujeres al frente de los desplazamientos y un impacto desigual en las brechas territoriales.

La migración interna en Cuba mantiene su dirección histórica de oriente a occidente. La Habana concentró una ganancia neta de 21 104 personas por este concepto en 2025, consolidándose como el principal polo de atracción del país.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

La Habana, 2 oct.- La migración interna en Cuba continúa desplazándose de oriente a occidente, en línea con su tendencia histórica. Las mujeres lideran esos movimientos y el impacto según territorios ensancha brechas de desigualdad entre las provincias que pierden población y las que la ganan.

La tendencia se mantiene, según confirman los Indicadores Demográficos de Cuba y sus Territorios 2025 publicados por la Oficina Nacional de Estadística e Información. A cierre del pasado año La Habana –principal polo de atracción del país– concentró una ganancia neta de 21 104 personas por migración interna, mientras que Granma, Santiago de Cuba y Holguín figuran entre las provincias que más población ceden a este flujo interno.

Sin embargo, investigaciones locales revelan cambios en la estructura por edades y sexo de la migración interna en años recientes. Si bien la mayoría de quienes se mueven fronteras adentro del archipiélago se concentran en edades productivas y reproductivas (15-59 años), ha aumentado la movilidad de adultos mayores, confirma un estudio de Arelis Rosalen Mora y Antonio Aja, publicado en 2025 en la revista Novedades en Población, en 2025.

En La Habana y Villa Clara, por ejemplo, más de 21 % de quienes migran internamente tienen más de 60 años, documenta el texto titulado Migración interna en Cuba en el período 2019-2024. Continuidad y cambios.

La proporción de personas menores de 15 años migrando internamente ha disminuido desde 2022, aunque en provincias como Guantánamo, Santiago de Cuba y Mayabeque las mayores proporciones de emigrantes internos se concentran en el grupo de 0-14 años, lo que evidencia la movilidad de menores junto a sus familias.

Provincias como Granma, Santiago de Cuba y Holguín figuran entre las que más población ceden a la migración interna, un fenómeno que despuebla el oriente del país y agudiza las brechas territoriales.

El oriente se resiente

El estudio de Mora y Aja, profesores del Centro de Estudios Demográficos (Cedem), de la Universidad de La Habana, documenta con detalle la evolución de la migración interna en el período previo a 2025.

En 2019 se registraron 74 916 movimientos interprovinciales, cifra que cayó a 42 909 en 2021 debido al cierre de fronteras interprovinciales para contener entonces la pandemia de covid.  Para 2024, los movimientos se redujeron a 52 528, más de 11 000 menos que en 2023.

Los principales destinos de esa movilidad son La Habana, Artemisa, Mayabeque y Matanzas. Las razones parecen estar relacionadas con la reunificación familiar derivada de la búsqueda de mejores condiciones de vida en las provincias de la región occidental, más industrializadas y con mayores desarrollos turísticos.

A nivel municipal, la cantidad de territorios con saldo migratorio interno negativo ascendió de 115 en 2019 a 124 en 2024, lo que representa 73,8 % del total de municipios del país. Los municipios de Manuel Támes, Santa Cruz del Sur, Jobabo y Yateras –todos rurales y de la zona oriental– se mantienen entre los de mayores pérdidas por mil habitantes durante todo el período.

Esta dinámica no es neutral en términos de equidad. Mora y Aja documentan que las provincias occidentales concentran las mayores ganancias poblacionales internas mientras las orientales experimentan pérdidas sostenidas, con un creciente número de municipios en saldo negativo. Esa asimetría acumulada es, en sí misma, una brecha territorial que se profundiza en términos de disponibilidad de fuerza de trabajo y potencial para la fecundidad, por solo citar dos ejemplos.

El aumento de la movilidad de adultos mayores es uno de los cambios en la estructura por edades de los migrantes internos. En La Habana y Villa Clara, más del 21 % de quienes emigran tienen más de 60 años.
Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Las mujeres lideran los desplazamientos

“Vine para La Habana buscando mejores ingresos y condiciones de vida, pero las cosas no salieron como soñé”, dijo a IPS Liliana Barrios, una investigadora social que se mudó para la capital desde Santiago de Cuba, junto a su hija universitaria, en medio de la pandemia de covid.

Aunque llegó con vivienda y trabajo garantizado, la vida cotidiana le confirmó una realidad difícil de prever desde la distancia: junto a un mejor salario, el traslado también la enfrentó a precios más altos y desplazamientos más largos. Actualmente vive en el municipio de La Lisa y trabaja en la Universidad de La Habana.

“En Santiago todo estaba cerca, tenía mis rutinas de búsqueda de alimentos, de cómo llegar al trabajo. Acá pago medio salario cada vez que tengo que buscar algo o salir a trabajar. Encima, los problemas con el agua y apagones que buscaba evitar también aquí están siendo terribles”, agregó.

Uno de los cambios más significativos del período es la composición por sexo de la migración interna. En 2019, los hombres protagonizaban los movimientos, con 1 027 por cada mil mujeres. A partir de 2020, las mujeres asumieron el liderazgo y para 2024 representaron 52,2 % de estos movimientos migratorios.

En 2025 se mantiene este comportamiento. Persisten mayores pérdidas de población femenina en la región oriental del país mientras La Habana continúa presentando una ganancia neta de mujeres y es la provincia con mayor diferencia entre hombres y mujeres en la movilidad interna del país.

“Uno de los rasgos que ha caracterizado históricamente a la migración interna en América Latina es el predominio femenino”, afirma el demógrafo Jorge Rodríguez en Migración interna en América Latina y el Caribe: estudio regional del período 1980-2000, publicado por la Comisión Económica para América Latina, en 2004, como parte de la serie Población y Desarrollo.

El especialista lo atribuye a varias causas: “La más importante es de naturaleza laboral y se basa en la existencia de nichos específicamente femeninos en el mercado de trabajo urbano, en particular en el sector servicios y en el empleo doméstico”.

Aunque no es el caso específico de Barrios, investigaciones como la tesis doctoral de Magela Romero, El trabajo doméstico remunerado a domicilio en Cuba: un estudio de caso en Miramar, han alertado de la presencia de mujeres migrantes, mayormente de piel negra o mulata, entre quienes trabajan como domésticas en La Habana.

Políticas sociales e invisibilización

Aunque predomina un enfoque universalista en el diseño de las políticas sociales en Cuba, las personas que migran al interior del país no constituyen un grupo preferencial en la agenda social y son abordados mayoritariamente de manera implícita (68 % de los casos), refiere un estudio de Daliana Ramos y María del Carmen Zabala, publicado en Estudios del Desarrollo Social: Cuba y América Latina en 2026.

El artículo Políticas sociales y migración interna en Cuba: ¿inclusión? analiza el protagonismo de las personas migrantes internas en las políticas sociales cubanas a partir de 19 documentos normativos emitidos entre 1997 y 2023.

Solo 26 % de los documentos menciona explícitamente a quienes protagonizan los desplazamientos internos, generalmente cuando la migración se cruza con categorías como vulnerabilidad social o dinámica demográfica.

El análisis identifica una tensión estructural entre las garantías constitucionales de libre movilidad y una normativa restrictiva vigente que limita el asentamiento definitivo en La Habana. Esta contradicción, señalan las autoras, profundiza situaciones de vulnerabilidad social en los territorios de destino y agudiza la heterogeneidad territorial en las zonas de origen.

Entrevistas con especialistas y gestores de políticas realizadas para la investigación revelan preocupaciones sobre la efectividad de las estrategias actuales.

En opinión de la socióloga Dayma Echevarría, el programa de revalorización de la ruralidad en Cuba carece de carácter público y no se ha convertido en un instrumento de ejercicio de la ley, lo que debilita su implementación.

Antonio Aja, director del Cedem, en tanto, advierte que el proceso de diseño de una estrategia para el ordenamiento de la migración interna está detenido desde hace cinco años.

Las autoras proponen cuatro líneas de acción: el diseño de una política específica para el ordenamiento de la migración interna que trascienda el carácter restrictivo y se enfoque en el derecho constitucional a la movilidad; la legalización de la condición migratoria mediante la simplificación de trámites administrativos; intervenciones multiescalares que generen desarrollo territorial en zonas de origen y destino; y la institucionalización de la gestión migratoria con enfoque interseccional y de derechos.

La inclusión social de los migrantes internos, advierte el texto, no puede ser un efecto colateral de otras políticas, sino el objetivo explícito de una estrategia coherente, sostenida y con enfoque de derechos. (2026)

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