Demonios fundamentalistas cristianos (parte II)

Algunas reflexiones hereticales para el Partido Comunista de Cuba.

Fotógrafo en reciente Jornada Cubana contra la Homofobia y la Transfobia.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

El punto Punto 2 de la Declaración de la iglesia Evangélica Pentecostal Asambleas de Dios, las Convenciones Bautistas Occidental y Oriental, la Liga Evangélica de Cuba y la Iglesia Metodista en Cuba dice:

«La ideología de género no tiene relación alguna con nuestra cultura, nuestras luchas de independencia, ni con los líderes históricos de la Revolución»

Las congregaciones religiosas cristianas han acuñado con éxito el término ideología de género para referirse a los fundamentos del pensamiento feminista y de los movimientos lésbico-gay-trans e intersexo que aboga por la igualdad y la fluidez de género, desde un enfoque no binario y que amplía (no sin contradicciones) la legitimidad de las orientaciones eróticas del deseo y las diferentes conformaciones de familias, además del ejercicio pleno de los derechos reproductivos, incluyendo el aborto y la anticoncepción.

Desde el estandarte de la Ideología de Género, la contraofensiva ideológica de las iglesias cristianas tomó fuerza en las  primeras décadas de este milenio, ante la globalización creciente de las políticas favorables de los Estados en relación a los derechos de las personas LGBT y con el peligro que para ellos representa la adopción de los derechos como derechos humanos universales en el sistema de las Naciones Unidas.

Los grupos religiosos fundamentalistas han encontrado terreno fértil en la oleada reaccionaria que azota a Occidente. Muchos de ellos participan en la política y han conformado partidos y gobiernos. En América Latina han articulado acciones anti-ideología de género y muchos partidos políticos han llegado al poder con alianzas con estos grupos fundamentalistas. Pudiera afirmarse que poco a poco se desdibuja el Estado laico de la modernidad con un franco retroceso en cuestiones de los derechos sexuales y reproductivos.

En Cuba numerosas iglesias y congregaciones protestantes tienen una influencia directa de las iglesias del sur de los Estados Unidos, las firmantes de esta Declaración, aficionadas a una trasnochada geopolítica de izquierda, son un notable ejemplo de ello.  Desde la nación norteña se ha irradiado una compleja trama de apoyo en recursos logísticos y doctrinales hacia nuestra región y han influido fuertemente en los retrocesos legales que penalizan la homosexualidad en numerosos países africanos.

Lo que los grupos fundamentalistas cristianos denominan ideología de género no es más que una corriente contra-ideológica a los fundamentos del patriarcado, que no pretende erigirse como dominadora o excluyente de los hombres,  sino que aboga por justicia, equidad y no discriminación en relación al género y la sexualidad

El cuerpo y la sexualidad están atravesados por principios ideológicos de género. El patriarcado, considerado en la práctica social nuestra como machismo, es una ideología de género hegemónica, excluyente y opresiva. Se encuentra asimilada en las estructuras sociales, institucionales y del Estado mismo, desde normas (matriz heterosexual a decir de Judith Butler ) heterosexistas.

El punto 2 de la Declaración tiene razón en parte: nuestra cultura, nuestras luchas de independencia, y los líderes históricos de la Revolución cubana han sido heteronormativos. Es decir,  no es un valor en sí mismo del cual tengamos que sentirnos orgullosos si nos ponemos los espejuelos del género para mirar en detalle nuestro devenir histórico.

El complejo proceso de formación de la Nación cubana ha sido machista y patriarcal, independientemente de la destacada participación de las mujeres en las guerras de independencia contra el Imperio Español o del movimiento sufragista de mujeres de principio de la República burguesa, que lograron el derecho al divorcio y al voto.

Tampoco fue diferente en las luchas contra el poder neocolonial estadounidense. Los ejemplos de manifestaciones homofóbicas y excluyentes de destacados intelectuales de izquierda y antimperialistas no son nada raros.

Con el triunfo de la Revolución cubana, el sueño de José Martí de fundar una República con todos y para el bien de todos se continuó posponiendo mediante la aplicación de un nacionalismo excluyente que no integró a las mujeres no heterosexuales ni a las personas homosexuales masculinas, bisexuales o transgénero. De hecho se implementaron políticas de Estado contrarrevolucionarias en el marco de las leyes, de la salud, la pedagogía y la criminalística que pretendían normalizar y corregir los cuerpos y las sexualidades que no se adscribieran al poder heteronormativo.

La contradicción entre una Revolución que prometió libertad plena, goce de los derechos humanos y el tratamiento que recibieron miles de cubanas y cubanos por su orientación sexual e identidad de género comenzó a ser entendida en tiempos muy recientes. El Partido Comunista de Cuba, organización política que también excluyó de su membresía a personas con sexualidades y géneros no heteronormativos, rectificó su política discriminatoria en sus estatutos y sentó las bases ideológicas para eliminarlas.

Algunas congregaciones y líderes religiosos hicieron visible un trabajo ecuménico liberador, revolucionario e integrador que venían desarrollando hacía décadas. Ellas consideran que la fe no se inculca desde la culpa y proclaman una cultura de paz, libre de opresiones de género y del deseo erótico, con apertura a múltiples configuraciones de familias y con una visión transformadora y erosiva del patriarcado como ideología.

«La ideología de género tampoco guarda ningún vínculo con los países comunistas, dígase la antigua Unión Soviética, China, Vietnam y menos aún Corea del Norte»

Resulta interesante la visión ideológica de algunas congregaciones religiosas en Cuba, que apelan a la vieja visión de bloque de guerra fría, con la confrontación capitalismo/comunismo. La visión binaria y tubular que tienen con el género y la sexualidad también parece extenderse a la ideología en su expresión más concreta. Ni siquiera el país que encabeza la lista llegó a construir el comunismo, los demás tampoco.

El punto es que la izquierda, o los vestigios que de ella quedan a nivel internacional, tampoco han adoptado una posición revolucionaria en relación a la sexualidad y los géneros no heteronormativos. Ya mencionamos nuestro referente histórico, pero es necesario destacar que fue Lenin quien despenalizó la homosexualidad en 1919 y que fue repenalizada por Stalin en 1934. De esa tradición estalinista se nutrieron nuestros líderes comunistas y socialistas del siglo XX. La homofobia y la lesbofobia tropical no fue sólo asunto de hombres en el movimiento cubano de izquierda de aquel momento. Mariblanca Sabas Alomá fue una destacada feminista de izquierda de principios del siglo XX con marcadas proyecciones lesbofóbicas, si la analizamos fuera de su contexto histórico.

En el caso de China,Vietnam y Korea del Norte se suman además otros elementos de la tradiciones culturales y religiosas asiáticas.

En la Rusia capitalista contemporánea, a pesar de que la homosexualidad se despenalizó en 2004, se mezclan fundamentos nacionalistas y del Cristianismo Ortodoxo en el ejercicio de una robusta homofobia. Es curioso que los firmantes de esta Declaración no se refieran a la época pos-soviética que ha transcurrido desde 1989 hasta la actualidad.

El Estado cubano es constitucionalmente laico, espero que nuestros representantes políticos y legisladores no permitan que ninguna iglesia o congregación religiosa ejerza presión desde criterios fundamentalistas, excluyentes y contrarios a la política del Partido en relación a la eliminación de todas las discriminaciones.

Butler, J. (2005). Undoing gender. [Regulaciones de género]. La Ventana (23), 7-35.

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