Transformaciones en el agro cubano esperan por mayor productividad

Con una alta dependencia externa, la economía cubana necesita modificar el sector agropecuario de producción y comercialización de alimentos.

La economía cubana aún refleja una alta dependencia alimentaria externa. En el país, aún quedan muchas tierras ociosas.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Desde 2008 hasta la fecha, en el sector agropecuario  cubano se han implementado más de 22 transformaciones; de ellas, la más significativa es la entrega de tierras ociosas en condiciones de usufructo.

De inicio fueron inventariadas cerca de 2,5 millones de hectáreas (ha) de tierra agrícola ociosa, alrededor de 40 por ciento del total del área agrícola del país (6,2 millones de  ha). Hasta finales del tercer cuatrimestre de 2017 sehabían entregado, por la vía de Los Decretos Leyes 259 y 300, alrededor de  1,8 millones de hectáreas a personas naturales, lo que benefició a 234.000 usufructuarios y personas jurídicas (cooperativas agropecuarias y de créditos y servicios, fundamentalmente) y unas 213.000 hectáreas a 3.200 entidades (personas jurídicas) productivas.

La entrega de tierras constituye, hasta el presente, la transformación estructural más importante de las aplicadas para ese estratégico sector productivo.

Sin embargo, no se aprecia un aumento considerable en la producción agrícola-ganadera, deficiencia que se acompaña, generalmente, del incremento de los  precios en el mercado minorista (excepto de aquellos productos a los cuales se les han situado precios máximos, para los mercados estatales y cooperativos no agropecuarios)[1].

De inmediato surgen algunas interrogantes: ¿las medidas se corresponden o no con los resultados productivos obtenidos hasta el presente?, ¿cuáles son las dificultades que limitan un crecimiento  sostenido de la producción agrícola y ganadera?, ¿se concibe bajo un enfoque sistémico de las medidas implementadas o por implementar en el sector agropecuario?

La economía cubana aún refleja una alta dependencia alimentaria externa. De acuerdo al informe presentado en diciembre de 2017 ante la Asamblea Nacional (parlamento), por el Ministro de Economía y Planificación, Ricardo Cabrisas, para 2018 se proyecta importar 1.738 millones de dólares en alimentos, 66 millones más que el año anterior.

Estas compras representan alrededor de 17 por ciento de las importaciones totales de la economía cubana. Las importaciones de productos alimenticios representan entre 65 y 69por ciento de la total disponibilidad de alimentos[2], lo que evidencia una elevada dependencia alimentaria externa y, a la vez, una alta vulnerabilidad. Sin duda, esa dependencia pudiera reducirse, sustancialmente, a partir de la producción nacional.

En el transcurso y desarrollo de investigaciones realizadas por diversos autores, desde los años noventa hasta la fecha,  se han abordado algunas de estas interrogantes y se ha tratado de encontrar explicaciones, sugerencias, posibles soluciones. Sin embargo, varias causas concurrentes no han favorecido el incremento de la producción de alimentos[3] y la oferta.

Son de suma importancia tanto las causas que se ubican al inicio del ciclo productivo (cadena) y lo condicionan desde el  comienzo, como las que se manifiestan a lo largo de la cadena, en sus diferentes eslabones.

Entre las causas fundamentales se pueden citar:

  • En primera instancia, la falta de un enfoque sistémico, que parte desde  el inicio, se manifiesta a lo largo del ciclo (producción-distribución-cambio-consumo) y, de no ser considerado, puede generar contradicciones antagónicas.
  • No identificar el ciclo como un encadenamiento productivo-valor[4] y,cuando en limitadas ocasiones se ha visto como un encadenamiento, solo ha sido desde el punto de vista delvalor de uso, lo que no permite apreciar la problemática en toda su extensión.
  • En realidad se manifiestan escasas medidas descentralizadoras, que permitan una mayor autonomía a los productores; algunas de ellas se expresan bajo la ausencia de un enfoque sistémico y al final del ciclo.
  • A manera de ejemplo se pudiera citar que, en el  eslabón final de la cadena, se ha aplicado –mediante la Ley 318– la descentralización del proceso de comercialización de los productos agrícolas (mayorista-minorista); sin embargo,no se ha sido consecuente en la descentralización en el punto de inicio  del ciclo[5](producción);el mercado mayorista de insumos creados no ofrece una respuesta oportuna y expedita para el productor (la agricultura trabaja con  seres biológicamente vivos, la naturaleza no entiende; es decir,  cuando hace falta aplicar agroquímicos o productos biológicos, cultivar, cosechar, etcla naturaleza no espera: hay que realizar la actividad en el momento requerido).
  • Durante el proceso descentralizador de la comercialización (Decreto Ley 318), los niveles de ventas al Estado (acopio estatal) se habían reducido de un rango inicial entre 75-80 por ciento, a un nivel promedio de 51 por ciento, aproximadamente. Las medidas implementadas sobre la fijación de precios  o precios máximos  en los mercados minoristas (excepto  los ya señalados), puede interpretarse como el retorno a un punto de partida sobre el cual ya se ha transitado sin éxito. El problema central no radica en la circulación, sino en la producción.
  • Los recientes procesos centralizadores en la comercialización (eslabón final de la cadena) se manifiestan o interpretan como una especie de involución en cuanto a las medidas descentralizadoras iniciadas. Si bien es cierto que se requiere establecer un ordenamiento en este eslabón, retomar formas transitadas y ya agotadas, como vía de solución, no resulta nada novedoso.
  • El tema de los insumos productivos, servicios, equipamiento, herramientas, etc., particularmente al inicio de la cadena productiva-valor, se ha encauzado más bien de forma centralizada,mediante empresas institucionales, enmarcadas en los territorios, que requieren de diversos escalones de autorización, y no a través de un mercado para los productores, al cual ellos puedan acudir de forma directa y comprar con la rapidez que requiere la producción agrícola-ganadera.
  • Estos altos niveles de centralización y monopólicos han dado lugar a situaciones desfavorables,  tales como: desestímulo al productor,  pérdida de cosecha en la plantación por no recogida a tiempo, pérdida de  productos en los lugares de acopio, niveles de subsidios asumidos por el Estado, precios no consecuentes con calidades, cadena de impagos al productor, desviación de productos hacia el mercado subterráneo, entre otros.
  • La necesidad de reconocer la existencia real y objetiva del mercado en complementariedad con la planificación, teniendo presentes los requerimientos sociales, constituye un elemento importante para mejorar la gestión económica empresarial.
  • Lograr la realización de la propiedad bajo una cultura gerencial totalmente nueva.
  • Se ha transitado por varios decretos leyes 259 (julio 2008), 282 (agosto 2008)-Reglamento- y 300 (octubre 2012, deroga los anteriores) y se avizora un nuevo Decreto Ley para 2018, que deroga el 300; todos referidos a la distribución de tierras en usufructo.

En total, han transcurrido 10 años entre el primer decreto y el anunciado para el año en curso, en la búsqueda soluciones, muchas de las cuales podían haberse concebido desde el inicio.

La deficiente producción agrícola se acompaña generalmente de altos precios en el comercio minorista

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

No constituye un objetivo del presente análisis detallar y relacionar las inconsistencias registradas en los Decretos Leyes 259 y 300, pero sin duda habría que  estudiar si estas perduran en el nuevo cuerpo legislativo que, al término de este análisis, aún no se daba a conocer.

A lo anterior hay que añadir  procedimientos burocráticos extendidos en la tramitación de la solicitud de las tierras ociosas, lo cual dilata el periodo efectivo para ponerlas a producir con efectividad.

  • De hecho, el usufructuario, nuevo ente económico-productivo surgido con la entrega de tierras ociosas, ha crecido en participación en relación con las restantes formas productivas: actualmente ocupa el 29 por ciento de la tierra agrícola del país, con una potencialidad productiva que hay que estimular.
  • El sector agropecuario cubano se caracteriza por la diversidad de productores, con la existencia en los territorios de diferentes formas productivas agropecuarias, tales como: las cooperativas, empresas estatales,  los privados usufructuarios y el privado individual; sin embargo, entre ellas  se manifiestan insuficientes relaciones horizontales. Estas formas productivas,  por lo general,  dependen o se encuentran verticalmente supeditadas a una estructura institucional que no facilita  las relaciones horizontales.
  • La ausencia de relaciones horizontales entre los productores agrícolas en los territorios se manifiesta como una preocupación y se ha argumentado la necesidad de buscar  vías  de intercooperación en los territorios y entre las formas productivas, que propicie de forma efectiva el amplio desarrollo de las relaciones horizontales entre los productores;  independientemente de la institución vertical a la cual se encuentra supeditada.
  • Entre 2014 y 2015 comenzó a gestarse y luego, a finales de 2016, se inició un Proyecto de Intercooperación identificado por APOCOOP, en cuatro municipios (Alquízar, Banao, Manatí y El Salvador),  auspiciado por la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) y OXFAM, con la colaboración de otras instituciones nacionales. Este proyecto integra un número de cooperativas en cada municipio que, de forma voluntaria, han decidido afrontar unidas los problemas que surgen durante la gestión económica-productiva e ir a la búsqueda de soluciones conjuntas ante problemas y dificultades (productivas, sistémicas, económicas, ambientales y sociales) dentro del propio territorio, sobre bases legales  y contractuales.
  • Entre las trasformaciones ocurridas en la fase de comercialización minorista, están los mercados arrendados a cooperativas. Sin duda es un paso valioso, ya que permite incorporar a la comercialización los productores directos, es decir, a parte integrante de su cadena productiva y de valor. Sin embargo, estos mercados arrendados a cooperativas de productores directos suelen registrar falta de sistematicidad en la oferta y poco surtido, ya que no reciben diariamente el suministro de la cooperativa que lo abastece. Se originan baches en momentos determinados, no solo por factores de estacionalidad de las producciones agrícolas, sino también por fallas en la logística, particularmente aquellos mercados que se encuentran en la capital.
  • En la modalidad de mercados arrendados, comenzó a gestarse desde hace más de dos años y hasta su actual funcionamiento (entre 2014-2016 y 2017),  una nueva modalidad (en experiencia)  de un mercado arrendado a varias cooperativas productoras. Es vista  la cadena productiva-valor en toda su extensión
  • La intercooperación de las cooperativas agrícolas, bajo esta nueva modalidad de mercado arrendado, se extiende más allá de la propia coordinación cooperada de la administración y sostenibilidad del mercado situado en La Habana.
  • Esta forma de intercooperación desborda los objetivos fundamentales señalados y su efecto se hace extensivo a aspectos tales como: acerca y conduce a compatibilizar la producción con la demanda; sistematiza la oferta; promueve el encadenamiento productivo y de valor; hace corresponder precios con resultados, teniendo presente la relación ingreso-precio de la población; logra mayor valor agregado (beneficio-transformación-calidad); vincula las utilidades, en primer lugar, a las cooperativas que administran de forma cooperada el mercado, a los cooperativistas del mercado (antiguos trabajadores del mercado) y establece un fondo para el desarrollo del mercado.

    Las importaciones de alimentos pudieran reducirse sustancialmentea partir del incremento de la producción nacional.

    Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Para lograr efectos extensivos, dicha forma de intercooperación proyecta:

  • Ajustar el plan de siembra y de producción para cada año en estas cooperativas, según las necesidades del mercado (población, industria) y cumpliendo con el encargo estatal como primera prioridad.
  • Incrementar las áreas de producción y los rendimientos para garantizar el crecimiento de los suministros de forma estable al mercado.
  • Sumar a nuevas cooperativas a participar en esta modalidad.
  • Garantizar una distribución eficiente desde el productor hasta el consumidor final, reduciendo los ciclos de reaprovisionamiento, ajustando los niveles de abastecimiento a los niveles de venta diarios.
  • Poner precios máximos a los productos, mensualmente, por acuerdo de las cooperativas que administran el mercado, según las regulaciones vigentes.
  • Fiscalizar diariamente el funcionamiento del mercado y el resultado alcanzado.
  • Establecer el lugar de beneficio de los productos a comercializar, proyectando el incremento de su capacidad para lograr mayor valor agregado, paulatinamente.
  • Contribuir de forma efectiva a alcanzar la seguridad alimentaria, constituida por cuatro ejes fundamentales: disponibilidad, acceso económico a los consumidores, inocuidad de los alimentos y sistematicidad en la oferta.
  • Realizar la distribución mensual de las utilidades que generen la gestión comercial del mercado, entre las cooperativas comprometidas,los socios cooperativistas del mercado y el fondo de desarrollo del mercado.

Sin duda, el actual proceso de transformaciones por el que transita la economía cubana requiere de una constante observación y, con el objetivo de detectar inconsistencias y fenómenos no previstos para, de forma dinámica, realizar los ajustes necesarios e implementar medidas, algunas previstas, pero no instrumentadas y otras nuevas, pero no concebidas al inicio.

En realidad, durante el proceso de implementación surgen nuevos aspectos, no todo es previsible desde el inicio y se necesita tener presente la práctica como criterio de la verdad.

Ante las manifestaciones de aspectos desfavorables, sería aconsejable realizar los ajustes necesarios inmediatos, pero aquellos que no impliquen inmovilidad y retrocesos, por cuanto los retrocesos traen consigo un grado de incertidumbre que puede conllevar inestabilidad y falta de credibilidad en las transformaciones. Vale reiterar el enfoque sistémico en la aplicación de las medidas, el análisis del derrame que estas traen durante su instrumentación y aplicación. Los imprevistos pueden reducirse al mínimo inevitable, por medio del análisis sistémico previo, durante y constante,  en la aplicación de las transformaciones.

La academia puede y debe jugar un papel valioso, activo, durante el  proceso: previo (conceptualización) y la implementación (observador-alertando), con  sugerenciasdirigidas al ordenamiento y ajuste del proceso actual de transformaciones económicas. Sería aconsejable evitar o reducir al mínimo los altos en el proceso de transformaciones, por las implicaciones ya mencionadas que ello podría acarrear. (2018).

 

[1] Las restantes formas de mercados minoristas (oferta y demanda, puntos de ventas y carretilleros) se rigen por precios libres, determinados por la oferta y demanda.

[2] Disponibilidad (producción nacional+importaciones-exportaciones), determinada a partir de una canasta de productos seleccionado durante un periodo de ocho años.

[3] Una producción agrícola-ganadera  limitada por la oferta.

[4] Tener presente que la mercancía encierra un doble carácter: valor de uso y valor de cambio.

[5] El ciclo está conformado por: producción-distribución-cambio-consumo. Constituye una unidad dialéctica; para producir  se necesita consumir  y para consumir se necesita producir.

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