COBARB, un proyecto que mejora condiciones de vida en campos de Cuba

Se trata de una iniciativa internacional que combina la conservación, el rescate de especies y el fomento agrícola.

Proyecto COBARB.

Foto: IPS_Cuba

A mujeres y hombres de comunidades casi desconocidos y muy distantes entre sí, los une un proyecto de cooperación internacional que promueve la agrobiodiversidad y les ha propiciado cambio de mentalidad, mayores ingresos y nuevos y buenos amigos.

Viven en sitios como Demajagua y La Munición, en las Cuchillas del Toa (en la oriental provincia de Guantánamo); o Carambola, Cayajabos y La Tumba, en la Sierra del Rosario (la occidental Pinar del Río) o Bermeja y Hondones, en la Ciénaga de Zapata , (Matanzas, también en la región occidental de Cuba).

Pese a las distancias entre sí, todas estas áreas han sido beneficiadas con capacitación e insumos agrícolas y hoy producen alimentos libres de químicos.

Resultados

Principales impactos:

-Documentar y contribuir a la posibilidad de llevar a cabo un manejo agrícola sostenible en áreas protegidas de recursos manejados, con prácticas que en algunos paisajes han incidido, incluso con perfil histórico, en su configuración socioecológica.

– Inclusión dentro del plan del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP), un Programa de Manejo y Conservación de la Agrobiodiversidad en los territorios de implementación del proyecto.

El proyecto “Conservación de la diversidad agrícola en Reservas de la Biosfera en Cuba: conectando paisajes agrícolas y naturales para lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio” (COBARB), se ejecuta desde 2010 y concluye el próximo diciembre.

“El objetivo es conservar la biodiversidad agrícola dentro y alrededor de las áreas protegidas de Cuba, fundamentalmente dos reservas de la biosfera: Sierra del Rosario y Cuchillas del Toa”, indicó  Yanisbell Sánchez, directora del Instituto de Investigaciones Fundamentales en Agricultura Tropical Alejandro de Humboldt (INIFAT) y coordinadora de la iniciativa desde 2013.

Con 190 familias campesinas vinculadas directamente, la iniciativa ha beneficiado a otros productores de las localidades y ha contado con el apoyo del Centro Nacional de Áreas Protegidas de Cuba, el Sistema Nacional del Áreas Protegidas y la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños.

 

Cambiar las mentes

COBARB persigue incorporar dentro de los planes de manejo la agrodiversidad, como un programa para “mejorar el nivel de vida de las comunidades, a partir de una mayor capacidad de comercializar los productos y de esta forma conservar la diversidad que estamos defendiendo, agregó la coordinadora.

Aliannis Alpajón identifica los platos elaborados en la comunidad de Santa María, en Baracoa, Guantánamo.

Foto: IPS_Cuba

Aliannis Alpajón, de Santa María, en el municipio de Baracoa, en Guantánamo, cuenta: “hemos intercambiado con personas de otros lugares, ellos traen semillas, nos enseñan cómo recolectarlas, secarlas y conservarlas. Así, aprendimos a cultivar cosas que no cultivábamos por el clima: pepino y plátanos de otras especies, y elaborar con ellos nuevos platos”.

De acuerdo con Geovanis Rodríguez, jefe de departamento de conservación del Parque Nacional Alejandro de Humbold en el municipio guantanamero de Baracoa,  COBARB dio la posibilidad a campesinos de participar en intercambios de conocimientos y capacitación en temas de semillas, plagas y enfermedades, así como recibir implementos agrícolas.

“En lo productivo, las personas vinculadas al proyecto han podido duplicar y hasta triplicar los ingresos, porque han implementado técnicas de cultivo que no conocían, entre ellas, el uso de materia orgánica en todo lo que producen”,  dijo.

Según Mariana del Rosario, de 47 años y residente en la Ciénaga de Zapata, los ingresos de la familia han aumentado desde que se hace una agricultura no convencional, sin productos químicos, lo que contribuye también a la prevención de enfermedades.

El presidente de la cooperativa Manuel Mauri, la única en la ciénaga, Juan Luis Rangel, sostiene que, con los nuevos saberes, “tratan de producir sin agredir el medio, con más conservadores, talan estrictamente lo necesario y hacen uso de las semillas donadas, sobre todo, luego de que en mayo pasado las lluvias arrasaron los cultivos de hortalizas”.

“Más allá de un par de botas, unas semillas o una guataca, el proyecto les ha hecho hablar, perder el miedo a expresarse y además, a respetarse ellos mismos y a valorar los productos que tienen”, consideró Luis Sáez, profesor de la Universidad de Santiago de Chile, asesor en temas de comercialización.

En una feria en La Habana, las familias de COBARB expusieron sus productos agroecológicos.

Foto: IPS_Cuba

Otros saldos

A juicio de Sánchez, el proyecto que  ha contado con financiamiento del Fondo Mundial del Medio Ambiente (GEF),  la implementación del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la participación de la organización Biodiversity International, ha permitido también enriquecer las colecciones de germoplasma del INIFAT.

Con esto, tras eventos climáticos extremos, “hemos podido devolver lo que los campesinos nos entregaron en su momento”, indicó.

Según Fidel Hernández Figueroa, director de la Reserva de la Biosfera Sierra del Rosario, el proyecto hizo pensar a los manejadores del área en la diversidad agrícola. Siempre pensamos en la diversidad salvaje que existe en los sistemas boscosos, no así en la agrícola, comentó.

La investigadora Nadie Bergamini, de Biodiversity International, organización internacional con sede en Roma, Italia, está ligada al proyecto desde 2010.

“Me gusta muchísimo. El tipo de agricultura que se está haciendo en las reservas es familiar, pero también sostenible y no daña el paisaje. Los campesinos hacen tremendo esfuerzo en la producción de comida y también en mantener y manejar el paisaje”, dijo.

Para Alfredo Socorro, responsable del componente de conservación de la agrodiversidad, el primer aporte es el cambio de mentalidad sobre la agricultura como un agente que agrede al medio ambiente, “cuando perfectamente pueden existir alternativas de manejo agrícola que pueden ir al unísono con la conservación”.

(2018)

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