Cuba en trance

Limitaciones financieras y problemas en la importación de combustibles han desacelerado la economía en magnitud mayor a la prevista. Vuelve el recuerdo de etapas más oscuras.

La reducción en la importación de petróleo desde Venezuela ha forzado medidas para recortar el consumo de electricidad.

Foto: Tomada de www.diariolasamericas.com

Los nubarrones se enciman nuevamente sobre la economía de Cuba. El gobierno adopta medidas de urgencia, vinculadas unas con recortes energéticos, que acentúan la remembranza de los momentos dramáticos del llamado Período Especial. La afinidad de algunas causas entre trances distantes entre sí en el tiempo hace el resto. Pero el Presidente Raúl Castro no admite comparaciones con la crisis de aquel entonces. Y ciertamente no solo son diferentes las políticas oficiales entre los años 90 del pasado siglo y el presente.

A inicios de aquella década, el líder cubano Fidel Castro propuso una estrategia centrada en la resistencia, tras admitir en persona la imposibilidad temporal de construir el socialismo en este país. Con la desaparición de la Unión Soviética y el derrumbe del socialismo en el Este de Europa, Cuba había perdido casi de golpe los aliados que sostenían el 80 por ciento de su comercio exterior y el abastecimiento de casi todo el petróleo que consumía. La recesión más aguda fue inevitable.

La contracción en el suministro de combustible desde el principal socio comercial de Cuba, Venezuela esta vez, se repite entre los problemas que han desacelerado la economía en 2016: apenas creció un 1 por ciento en el primer semestre y es difícil que consiga el ya magro 2 por ciento previsto para el año. La analogía es evidente, aunque Caracas representa hoy menos de lo que Moscú significó, hace más de dos decenios, para el comercio, el desarrollo y las finanzas de Cuba.

La economía cubana solo creció un 1 por ciento en el primer semestre, debido a ingresos por exportaciones menores a los previstos y otras limitaciones financieras.

La economía cubana solo creció un 1 por ciento en el primer semestre, debido a ingresos por exportaciones menores a los previstos y otras limitaciones financieras.

Ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, Raúl Castro mencionó hace unos días “la agudización de restricciones financieras externas” como causa del pobre crecimiento en la primera mitad del año. Se refirió al “incumplimiento de los ingresos por exportaciones, unido a las limitaciones que afrontan algunos de nuestros principales socios comerciales, debido a la caída de los precios del petróleo”.

Días antes de reunirse el Parlamento, el gobierno adoptó un grupo de medidas para rebajar el consumo de electricidad en el segundo semestre. A juzgar por los comentarios de Murillo (*) a los diputados, el recorte general del gasto eléctrico será del 6 por ciento, aunque en algunas áreas de la economía llegará al 50 por ciento al menos en el verano.

Raúl Castro no descarta un agravamiento de las dificultades económicas, pero las autoridades se han propuesto eludir esta vez los apagones que castigaron al sector residencial en los años 90. La Unión Nacional Eléctrica (UNE) ha reiterado en medios de prensa que hay condiciones para evitarlos. También ha declarado que puede respaldar el consumo total de electricidad en industrias y sectores priorizados.

El gobierno se propone una estrategia con tres objetivos a los que renunció en los años 90, cuando se vio obligado a posponer aspiraciones de desarrollo para resistir ante la crisis. Ahora promete mantener los servicios vitales a la población, el equilibrio financiero interno y la capacidad de compra del peso cubano –mediante el respaldo de la circulación mercantil minorista-, y las inversiones para el desarrollo. “Se trata, en síntesis, de no detener, en lo más mínimo, los programas que garantizan el desarrollo de la nación”, dijo el Presidente a los diputados.

De acuerdo con la información ofrecida en el Parlamento, en 2016 el país pudiera dejar de ejecutar el 17 por ciento del plan de inversiones del año, pero el Ministerio de Economía confía en alcanzar aún así un monto mayor a lo realizado en el 2015. Del total de 6.510 millones de pesos, 4.535 millones corresponden a programas y sectores estratégicos.

A pesar de las presiones financieras, el gobierno maniobra con extrema cautela ante la opción de tomar créditos para compensar el déficit de liquidez en moneda dura. Administra con mucho cuidado esa alternativa “para que no nos aumente el endeudamiento en los próximos años”, dijo Murillo. Evidentemente, las autoridades no quieren perder el terreno ganado con la renegociación de deudas con otros países.

El turismo se mantiene como uno de los sostenes principales del resto de la economía.

El turismo se mantiene como uno de los sostenes principales del resto de la economía.

Raúl Castro, sin embargo, reconoció la existencia de “atrasos en los pagos corrientes a los proveedores”, pero reiteró la voluntad de recuperar los vencimientos pendientes.

Otras múltiples diferencias existen entre el escenario actual de la economía cubana y el de los años 90. Hoy Cuba produce casi la mitad de los combustibles que consume y, a pesar de experimentar pérdidas de ingresos por exportaciones este año por caída de precios del níquel o incumplimientos de la industria azucarera, cuenta con sectores que mantienen vitalidad.

El turismo, prácticamente inexistente cuando comenzó el Período Especial, experimenta un fuerte crecimiento desde hace un par de años y los pronósticos le son optimistas. La recepción de visitantes y el interés consecuente de inversionistas extranjeros por ese sector son animados por uno de los cambios más importantes del presente: la postura de Estados Unidos hacia la mayor de las Antillas.

Cuando se desató en Cuba la severa recesión económica de los 90, Washington adoptó leyes sucesivas –la Torricelli y la Helms-Burton– para estrechar aún más el bloqueo económico a la debilitada vecina del Caribe y ahogarla definitivamente. Dos décadas y media después, optó por cambiar de estrategia.

Tras el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países, la Casa Blanca pugna por abrir espacios de acercamiento cultural, comercial y financiero, y las empresas estadounidenses comienzan a operar en sectores clave de la economía cubana, como la hotelería, los cruceros y los viajes aéreos. En el Congreso, entretanto, tiene lugar una intensa batalla ante cada iniciativa legislativa para flexibilizar el bloqueo.

En marzo, en vísperas de su histórica visita a La Habana, el Presidente Barack Obama prometió eliminar la disposición que prohíbe a Cuba utilizar el dólar en sus transacciones internacionales. Pero cuatro meses después el gobierno cubano reclama que no ha podido efectuar todavía pagos ni depósitos en efectivo en esa moneda. Esa prohibición continúa entre las normas que más gravan a la economía cubana cuando opera en los mercados externos.

De cualquier modo, el cambio de política y discurso de Estados Unidos hacia Cuba, está favoreciendo un mayor acercamiento comercial de gobiernos y empresas de terceros países. Las oportunidades aumentan desde el exterior a un ritmo mayor que la posibilidad real de este país, con una industria descapitalizada, de aprovecharlas. (2016)

 

(*)  Marino Murillo, sustituido,  tras la reunión parlamentaria que concluyó el 8 de julio, como ministro de economía y planificación por Ricardo Cabrisas, aunque conserva sus cargos de Vicepresidente del Gobierno y Jefe de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo.

 

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