Activistas medioambientales cuestionan la política hidráulica cubana

La isla caribeña padece una prolongada sequía desde 2014, que se acentúa más en la actualidad en el centro y oriente del país.

El Guardabosques mantiene, con altas y bajas, ediciones periódicas desde su fundación en 2007.

Foto: Tomada del sitio Web El Guardabosques

La Habana, 4 jul.- Críticas y alertas sobre la fuerza que cobra en la actualidad la mentalidad desarrollista en la política hidráulica cubana, sobresalen en la última entrega del boletín electrónico y ecológico El Guardabosques.

En el texto “Resucita Cuba el fantasma de la voluntad hidráulica”, el biólogo Isbel Díaz llamó la atención sobre el regreso a la concepción reduccionista que caracterizó las acciones del sector hídrico durante la década del 60 de siglo XX en el país, cuando se construyeron innumerables represas.

El ecologista recordó que la política asumida en ese periodo trajo efectos dañinos en la vegetación y fauna en los alrededores de los embalses y en los acuíferos costeros, donde hasta provocó su salinización.

“Es tal el efecto de las represas, que sus críticos aseveran que los beneficios valen menos que los costos sociales, ambientales y económicos que traen aparejados”, explicó.

La bahía de La Habana se encuentra entre las áreas priorizadas en el plan estatal, denominado Tarea Vida.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

Para Díaz, estos efectos tienen impactos directos en los suelos, el clima y, especialmente, las poblaciones humanas del área.

Y advirtió del retorno en la actualidad a esta cuestionable directiva estatal, en el artículo publicado en edición de junio del boletín alternativo

“Este 19 de mayo la actual ministra del Citma (siglas del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente) volvió a repetir el viejo lema…: ´no dejar que el agua vaya al mar´”, insistió.

De igual forma, valoró como una amenaza para los ecosistemas al proyecto de Ley de Aguas Terrestres, que aún espera por la aprobación del parlamento.

Esta legislación “coloca el ´caudal ecológico´ en séptimo lugar, en el orden de prioridades del uso de las aguas terrestres”, lamentó.

“Esta lógica de imposición, de desconocer los ciclos naturales y sus mecanismos, parece ser una de las características de la irónicamente llamada Tarea Vida”, criticó.

La Tarea Vida es el primer Plan de Estado para el enfrentamiento del Cambio Climático, que fue aprobado en abril último por el Consejo de Ministros y planifica un programa de inversiones progresivas para su ejecución a plazos que van hasta 2020, 2030, 2050 y 2100.

Ahora la estrategia es divulgada por los medios masivos de comunicación y con actividades de capacitación y recorridos especiales para decisores en los espacios provinciales y municipales.

La Tarea Vida identifica áreas priorizadas como el sur de las provincias de Artemisa y Mayabeque; el litoral norte de La Habana y su bahía; la Zona Especial de Desarrollo de Mariel; Varadero y sus corredores turísticos; los cayos de Villa Clara y del norte de Ciego de Ávila y Camagüey, entre otros.

Y se traza 11 tareas como asegurar la disponibilidad y el uso eficiente del agua para enfrentar la sequía, reorientar la reforestación hacia la conservación de los suelos y las aguas, detener el deterioro de los arrecifes coralinos, extender la explotación de las energías renovables, lograr la eficiencia energética y seguridad alimentaria.

En otro artículo de El Guardabosques, también se cuestionó la voluntad hidráulica del Estado cubano.

El texto titulado “No le tenemos miedo al cambio climático” recordó que, como parte de la política hidráulica en la isla caribeña, se construyeron más de 240 presas y 60 derivadoras desde la década del 60 del siglo XX.

Para alcanzar mayor cobertura de agua potable y saneamiento hídrico, también se ejecutaron 1.400 kilómetros de diques.

Esas obras ingenieras dejaron, según el artículo, “saldos negativos de la mayoría de los ríos represados, las lagunas secadas, los acuíferos subterráneos salinizados, las bahías contaminadas, y las ciénagas dragadas”. (2017)

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