La urgencia de innovar, el contexto y la cultura
La innovación es clave para generar riqueza y bienestar e impulsar el desarrollo sostenible de un país.
El reto es modificar la inercia y promover una cultura innovadora.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
En días recientes, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, señalaba el retraso que presenta el sistema empresarial estatal respecto a la innovación, así como su lenta respuesta a un conjunto de medidas adoptadas en los últimos meses (unas 43) para otorgarle mayor autonomía. También subrayó la urgencia de fomentar una cultura innovadora en el principal actor económico de la economía cubana con una gestión más efectiva de este proceso que, vale la pena recordarlo, conforma uno de los ejes estratégicos para el desarrollo de la nación al 2030.
Como se sabe, la innovación es clave para generar riqueza y bienestar e impulsar el desarrollo sostenible de un país. Se expresa en nuevos (o significativamente mejorados) productos, servicios y procesos con un impacto económico, comercial, social y ambiental. Es un proceso multiactoral que requiere de conocimientos, habilidades y creatividad para cuestionar la realidad y romper esquemas.
Requiere también infraestructura y recursos, regulaciones y políticas, interacciones efectivas entre sus varios actores, (gobierno en sus diferentes instancias, empresas, universidades, centros de investigación) así como un ambiente que favorezca e incentive la innovación, sistemas para su gestión, detección de señales del entorno, y equipos de trabajo multidisciplinarios y competentes, con acceso a información y conocimiento en contacto con clientes, proveedores y otros implicados. Todo ello le confiere alta complejidad a su dirección.
Inconvenientes
Se erigen en obstáculos a la innovación la visión cortoplacista y la falta de comprensión de su papel estratégico en el desarrollo de la empresa, la poca apertura al aprendizaje, la insuficiencia de personal técnico y de apoyo, la falta de incentivos para la innovación, desconocimiento de las características y
tendencias de su entorno de negocios, capacidades financieras insuficientes, la intolerancia a los errores y a la toma de riesgos.
Varios estudios realizados en entidades empresariales por investigadores cubanos en años anteriores muestran una serie de factores para explicar los determinantes del retraso antes mencionado. Entre ellos se encuentran las presiones por cumplir el plan anual que absorben la atención de la dirección empresarial, enfocada por lo general hacia el corto plazo en detrimento de gestionar actividades estratégicas cuya naturaleza y alcance rebasan un año, como la innovación.
También está el desfase entre las metas establecidas por el plan y la aparición de nuevas oportunidades propias de la dinámica empresarial y de la demanda que no forman parte de ese plan anual y cuyo aprovechamiento depende de respuestas basadas en la innovación. Así mismo, se señalan la falta de incentivos más atractivos para innovar y el aseguramiento de mercados cautivos por condiciones monopólicas o cuasi monopólicas del productor, que anula el efecto de la competencia y la retroalimentación con los clientes como fuentes de innovación.

Estas causales se asocian a problemas más generales que ha afrontado el sistema empresarial estatal en Cuba, aquejado además de una irregular disponibilidad de recursos que compromete la fluidez del ciclo básico empresarial (aprovisionamiento, fabricación de productos y prestación de servicios, ventas).
Y en estos estudios también se referencia la falta de ambientes apropiados y culturas orientadas a la innovación, así como carencias o ausencias de sistemas efectivos para gestionarla.
Los desafíos
Una cultura de innovación se refuerza si se promueven valores y normas de comportamiento que contienen la confrontación constructiva y el manejo eficaz de contradicciones entre ideas y enfoques diferentes, una cierta transgresión del status quo (entendido como la necesidad de modificar lo asumido hasta entonces como «lo correcto»), una clara orientación al cliente, la tolerancia al error y la incertidumbre, la asunción ( y administración) de riesgos.
Necesita emprendimiento, flexibilidad y apertura. Y una de las cosas más dificiles de cambiar – en términos de teoría y práctica de gestión empresarial- es la cultura, que en el caso de la empresa estatal en Cuba, se ha caracterizado por la denominada » cultura de la espera».
El reto de modificar esa inercia y promover una cultura innovadora para lograr mejores resultados en las empresas estatales cubanas implica transformaciones que fomenten el papel de la innovación como factor clave para este propósito.
Una cultura de innovación no puede alcanzarse al margen de los efectos esperados por haber retomado el camino de las transformaciones pendientes, con la modificación de factores del contexto regulatorio, económico, social y tecnológico –cuya contribución resulta imprescindible–, pero donde también es necesario considerar y fomentar estilos de liderazgo y prácticas de gestión que igualmente son relevantes. (2020).
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