Emprendimientos cubanos por sostenibilidad y economía circular
Ferias como las realizadas en la Quinta de los Molinos, en La Habana, permiten intercambiar experiencias y complementarse a varios negocios.
Beatriz Mejías, (sentada) de 27 años, estudiante y emprendedora que espera dedicarse a su negocio en el futuro.
Foto: Archivo IPS Cuba
La Habana, 29 jul.- Beatriz Mejías, de 27 años, estudiante de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, decidió en tiempos de pandemia crear un emprendimiento basado en el reciclaje, como parte de una tendencia al desarrollo de negocios que apuntan a la sostenibilidad y la economía circular.
Desde el nombre de la iniciativa, MAR (Manualidades, artesanía y reciclaje) se evidencia esa vocación: emplea conchas de mar, cera de abejas que obtiene de apicultores, botellas recicladas para lámparas con tecnología led, ahorradora.
Según cuenta, la llevaron a ello la pandemia, el interés por mejorar la economía familiar y la oportunidad abierta a las nuevas formas de gestión, para “aportar nuevos diseños y nuevas formas de artesanía, diferentes a las que se están produciendo en el país”.
Creado apenas en octubre pasado, sin local propio y sorteando las dificultades con las materias primas, el grupo de personas emprendedoras participan en ferias y se asocian con negocios afines, como Selva y Decó, de cosmética natural y confecciones textiles ecológicas, entre otras, comentó Mejías.

Eduardo Aguilar, de 55 años, lleva adelante el proyecto De casa, se dedica a fabricar objetos de madera, ya sea con pallets o con árboles talados o podados.
“Recupero de la calle restos de madera, los desinfecto para evitar se deterioren y trato de darles uso y que las personas los aprovechen”, dijo.
Así, tiene a la venta pequeños estantes, tablas para cocina, bases para cazuelas, bandejas, muebles hechos de ramas y cortes de troncos que unos utilizan como banquetas y otros, como mesitas, así como diversos tejidos con fibras naturales.
Para Guillermo Fleites, del bazar Paraíso verde, dedicado a la comercialización de plantas, artesanías y postales, entre otros, la sostenibilidad consiste en ser capaces de mantener un negocio, que sea rentable y aporte a la comunidad.
“En 10 años, hemos ido cambiando, somos capaces de sustentar todas nuestras necesidades y estamos dispuestos a encaminar a quienes se interesen”, ofreció Fleites.
Yunior Fernández, de 24 años, se dedica a la conservación, propagación y comercialización de cactus y suculentas, en un negocio llamado Spirit Cactus, a partir de una colección que ya suma 500 especies.
“Comercializo y promuevo que los niños se interesen un poquito más por la naturaleza, la conservación de especies raras, difíciles de reproducir”, dijo.
No son solo emprendimientos privados los que tienen esa mirada. Raúl Cervantes, de la Asociación Nacional Ornitológica de Cuba, indica que se dedican a perpetuar y comercializar aquellas especies que ya no pueden vivir en la naturaleza –canarios, pericos y rosa coli–, a sus integrantes les están prohibidas las capturas en la naturaleza.
Además de mejorar las especies, apunta, educan a niñas y niños para no cazar, un asunto medianamente extendido en el país, que pone en riesgo a parte de la fauna.
Nuevas miradas y enfoques
A juicio de Alejandro Palmarola, especialista en flora de la Quinta de los Molinos, una institución adjunta a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, promotora de iniciativas ambientales, es importante entender que un emprendimiento puede ser responsable con la naturaleza y ser rentable.
“Para ser sostenible, no hace falta vivir en la pobreza, es decir, podemos emprender y hacer negocios que mantengan a nuestra familia, sin contaminar el medio ambiente, de eso se trata el desarrollo sostenible”, consideró.
Visibilizar y compartir diferentes experiencias fue el objetivo de una reciente feria de emprendimientos sostenibles y economía circular, celebrada en ese parque urbano.
“La idea es que entre ellos también aprendan cuáles iniciativas han tenido cada uno, pues, unos más, otros menos, están de alguna forma tributando a la economía circular”, basada en los principios de reducir, reciclar, reutilizar, y que potencia la utilización de energías verdes y diversificación de producciones para alcanzar la resiliencia.
A su juicio, esta manera de complementarse resulta factible y coherente en medio de la situación económica por la que transita Cuba, con déficit de materias primas y recursos.
“La economía circular es una cosa de sentido común cuando te faltan productos. En medio de eso, aumenta la creatividad de la gente y realmente han aparecido muchos emprendimientos”, destacó.
De acuerdo con Palmarola, con la apertura a nuevos actores económicos, muchos de los que surgieron durante la epidemia de covid 19 como proyectos personales se reorientan y legalizan con el tiempo, algo derivado de la creatividad familiar que surgió en esa etapa.
Según describió, “los clásicos, que cultivan plantas, han empezado a producir sus propias vasijas. Si antes importaban, ahora las hacen fundiendo plástico reciclado o creando vasijas biodegradables para las maticas”.
Indicó que el propósito de la Quinta de los Molinos es “ser un espacio de promoción del desarrollo sostenible dentro de la capital, que las personas aprendan en la práctica un concepto que resulta algo abstracto y, normalmente, no se entiende qué se puede hacer, que vean cuáles productos se pueden hacer desde el aporte de cada uno”. (2022)
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