Festival Corazón Feliz celebra a las infancias cubanas

La séptima edición del Encuentro Internacional de Artes para las Infancias Corazón Feliz defendió los derechos de las infancias en un contexto de crisis.

El festival mantuvo espacios habituales como Pensar la infancia con el corazón, Corazón de taller y las jornadas de lectura en el Museo Casa Natal José Martí.

Foto: Tomada del perfil de Facebook del evento

La Habana, 5 jun.- En medio de un escenario nacional marcado por profundas tensiones económicas y sociales, el Encuentro Internacional de Artes para las Infancias Corazón Feliz regresó a La Habana. La cita volvió con una premisa que trasciende el entretenimiento, defender la sensibilidad y la imaginación como parte esencial del desarrollo infantil.

Entre canciones, títeres, teatro y literatura, la séptima edición del festival dedicada a promover una cultura de paz, rindió homenaje a la creación musical de las cantautoras cubanas Rosa Campo y Rita del Prado, así como al aniversario 70 de Pelusín del Monte, figura emblemática del teatro de títeres en el país.

Bajo la dirección de la cantante y promotora cultural Rochy Ameneiro y con el respaldo artístico de Rubén Darío Salazar y Zenén Calero, más que una programación cultural, el encuentro evidenció el lugar que puede ocupar el arte en la vida de las infancias, especialmente en contextos atravesados por incertidumbres materiales y desgaste social.

La diversidad de lenguajes presentes como música, cine, danza, literatura y teatro, así como la asistencia de público, ratificaron que las infancias no representan un sector menor ni secundario, sino sujetos culturales con necesidades propias de expresión, imaginación y acceso a experiencias artísticas de calidad. (Foto: Tomada del perfil de Facebook del evento).

Durante una semana, escenarios de los municipios capitalinos de Habana Vieja y Plaza de la Revolución acogieron conciertos, funciones teatrales, espacios literarios y propuestas de artes visuales dirigidas al público infantil y su familia.

Sostener el festival

En la actualidad, donde la policrisis ha impactado de manera creciente la cotidianidad de la familia cubana y las instituciones culturales, sostener un festival adquiere significados que van más allá de la agenda artística.

Especialistas y promotores culturales coinciden en que los espacios de creación y participación no constituyen un lujo, sino parte de los derechos de la infancia. La apuesta, impulsada por Ameneiro, da continuidad a los esfuerzos desplegados por la artista durante años en campañas por la no violencia de género hacia las mujeres y las niñas.

El programa del evento reunió a artistas de reconocida trayectoria como Lidis Lamorú, Enid Rosales, Haila María Mompié y Annie Garcés. Igualmente participaron agrupaciones como Teatro de las Estaciones, Teatro Tuyo, Ballet Lizt Alfonso Dance Cuba, el proyecto MusiPeke y La Colmenita, entre otros, cuyas propuestas dialogan desde hace años con universos sensibles, pedagógicos y participativos.

El homenaje a Pelusín del Monte, personaje nacido hace siete décadas y convertido en símbolo del teatro para niños en Cuba, permitió además conectar memoria y contemporaneidad. La permanencia de esta figura dentro del imaginario nacional revela cómo determinadas expresiones artísticas se convierten en puentes entre generaciones y vehículos de identidad cultural.

Entre los momentos más esperados de la programación destacó el estreno mundial del DVD Concierto para repartir canciones. La música para la niñez del trovador cubano Silvio Rodríguez, una propuesta que acercó al público infantil al universo creativo del cantautor y reforzó el homenaje que esta edición dedicó también a su obra.

La artista argentina Estrellita Caracol llegó una vez más al festival para crear el cuarto mural, esta vez dedicado al personaje Pelusín del Monte.

Emprendimientos a favor de las infancias

Este año el festival amplió sus redes de colaboración más allá del ámbito artístico. Por primera vez, el proyecto Bacoretto, dedicado a la elaboración de alimentos sin gluten a partir de materias primas cubanas, se incorporó a la familia de Corazón Feliz.

La iniciativa propició un espacio participativo donde niños y niñas decoraron dulces que luego compartieron, en una experiencia que integró alimentación, creatividad y convivencia.

La presencia de este emprendimiento evidenció además cómo actores emergentes de la economía creativa y social comienzan a encontrar en los eventos culturales oportunidades de diálogo y construcción colectiva alrededor de las infancias.

Lo que comenzó como un festival de corta duración ha evolucionado hacia una verdadera multiplataforma cultural. Cuando concluye el festival, su impulso se mantiene vivo a través de la Casa Corazón Feliz, ubicada en la intersección de Compostela y Teniente Rey, en La Habana Vieja.

Este espacio funciona como un laboratorio permanente para las infancias, ofreciendo talleres y una variada programación artística que extiende el espíritu del evento durante todo el año.

La iniciativa evidencia el crecimiento del proyecto y su capacidad de convertirse en un ecosistema cultural sostenible, que combina creatividad, educación y participación comunitaria. (2026)

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