Adolescencia cubana debate sobre educación financiera y salud mental
En medio de la policrisis del país, el proyecto Alma abre espacios para la adolescencia cubana en función del crecimiento personal.

El proyecto Alma forma a la comunidad adolescente en diversos oficios, perfiles y profesiones, mediante encuentros con empresas estatales y otras formas de gestión económica.
Foto: Cortesía del proyecto
La Habana, 16 sep.- Cuando el joven cubano de 18 años, Youset Ur, comenzó a informarse sobre el mundo del emprendimiento, un familiar le recomendó visitar el proyecto Alma, una iniciativa enfocada en promover el bienestar de la adolescencia cubana a través de espacios de conexión, acompañamiento y aprendizaje.
“En la escuela nos enseñan matemáticas y otras asignaturas, pero no educación financiera. Aquí he adquirido conocimientos valiosos sobre este y otros temas, como la inteligencia emocional. Aunque en el futuro no curse contabilidad o economía, me siento preparado para emprender un negocio”, cuenta Ur, residente en el habanero municipio de La Lisa.
La iniciativa de la educadora y entrenadora emocional Noslen Vázquez, nació de su necesidad de comprender y acompañar en la etapa adolescente a sus dos hijas, entonces estudiantes de preuniversitario. Un día las reunió, junto a otros compañeros de aula, para motivarles con una charla sobre el estudio y otras cuestiones de interés.
Así, en el municipio habanero de Regla, inició hace tres años esta experiencia que hoy se extiende más allá de sus fronteras.
El proyecto impulsa diversas iniciativas orientadas al desarrollo cognitivo y cultural, incluyendo acciones que buscan llenar vacíos en los planes de estudio nacionales. Se estima que, mientras otros sistemas educativos incorporan materias sobre educación financiera y salud mental de forma transversal desde la enseñanza primaria, los programas cubanos continúan sin contemplarlos sistemáticamente.
Así, en coordinación con el proyecto de formación y asesoría a personas que se insertan o buscan iniciarse en el sector privado Cuba Emprende, impulsado por el Arzobispado de la Iglesia Católica de La Habana, Alma brinda a sus integrantes herramientas de educación financiera para su futuro camino en el mundo empresarial.
“La gran mayoría sabe hacer ficha de costo. Dominar esa herramienta es uno de los primeros pasos para que un negocio resulte sostenible”, afirma Vázquez, quien también es cuentapropista.

Foro de adolescencia
Precisamente, la educación financiera y la salud mental fueron los ejes principales de un foro celebrado el 30 de agosto en la comunidad cristiana de Sant´Egidio, en el municipio La Habana Vieja. Al encuentro, dirigido a la adolescencia cubana, asistieron más de 40 personas de edades entre 12 y 21 años, tanto integrantes de la colectividad religiosa como del proyecto Alma.
El foro abordó otros temas que preocupan a la adolescencia cubana en la actualidad, como la educación sexual, las adicciones, el embarazo prematuro, la violencia de género y el uso de las redes sociales, algunas de las principales áreas de vulnerabilidad juvenil señaladas por investigaciones del gubernamental Centro de Estudios Sobre la Juventud y el Fondo de Población de Naciones Unidas.
“A los adolescentes es importante escucharlos. Hay que entender qué piensan, cuáles son sus miedos y preocupaciones, para así ayudarlos a enfocarse en propuestas positivas y a elegir bien sus caminos”, explica Ignaris Suárez, responsable de la Comunidad de Sant´Egidio en la provincia de La Habana.
Presente en Cuba desde el año 1992 y con sedes en varias provincias del país, este movimiento internacional de laicos involucra a niños, niñas y adolescentes en tareas de servicio comunitario, con el propósito de formarles en valores de solidaridad y compromiso social, con un fuerte compromiso con los valores de la cultura de paz.

Un lugar seguro
A sus 13 años, Ana Bárbara Zayas fue diagnosticada con distimia, una depresión crónica de menor intensidad que la depresión mayor, pero de curso más prolongado. Esta enfermedad se manifiesta con tristeza o irritabilidad persistente, baja autoestima y dificultad para concentrarse, síntomas que suelen confundirse con los cambios propios de la adolescencia.
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Estudios definen la adolescencia como una etapa de vulnerabilidad emocional. La neurociencia explica la maduración del cerebro empieza por las áreas sensoriales y motoras, dejando para el final la encargada de la planificación y el control de los impulsos. El proceso va más allá de los 20 años y explica la impulsividad y cambios de ánimo típicos de esta etapa de la vida. Sin embargo, la adolescencia es también un momento de florecimiento y proyectos. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) la define como un proceso de descubrimiento personal, que la familia debe acompañar sin bloquear ni enlentecer. El gran objetivo, según Unicef, es que las y los adolescentes puedan aprender a tomar decisiones, a equivocarse y hacerse cargo de sus actos, ejercer su libertad con responsabilidad y crecer en autonomía. |
Hoy, con 16 años, ella reconoce cuánto le ha ayudado el proyecto en su proceso de salud. “Dejé la medicación gracias a las reuniones del grupo. Estar ocupada en algo útil y sentirme escuchada me ayudó muchísimo. Alma se convirtió en mi lugar seguro”, afirma Zayas.
Quienes integran esta familia de amistades son muy diferentes entre sí, sin embargo, conviven sobre la base del respeto y la empatía. “Cuando llegan aquí buscan sentirse libres. Aprenden a manejar problemas de ansiedad, a reconocer sus talentos y mejorar incluso las relaciones con sus adultos responsables”, expresa Vázquez.
Zayas ha participado en los campamentos de Alma, experiencias que rescatan el régimen de internado escolar. La propuesta consiste en tres días de convivencia sin pantallas, con normas de disciplina colectiva y talleres formativos que impulsan la creatividad, el desarrollo cultural, así como el sano entretenimiento.
“Aprendemos de muchas aristas de la vida al mismo tiempo. Ojalá todos los adolescentes puedan encontrar un proyecto como este. Venir aquí merece la pena”, dice Zayas.
Lamentablemente, la crisis eléctrica que atraviesa el país ha obligado a reducir a una vez al mes los encuentros presenciales organizados por esta iniciativa para la adolescencia cubana. En cambio, la dinámica se mantiene activa en la red digital de Alma, donde participan cientos de adolescentes de diferentes provincias como Pinar del Río y Guantánamo. (2026)
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