Festival de Cine Pobre de Gibara se reinventa en tiempos de apagones
Con pantallas al aire libre y una programación reducida, el Festival de Cine Pobre de Gibara se aferra a su espíritu alternativo para no desaparecer en medio de la crisis cubana.
El Festival de Gibara acude a pantallas al aire libre y sistemas de respaldo energético como alternativa a la severa crisis económica que vive Cuba.
Foto: Cortesía del Comité Organizador del FICG
La Habana, 14 jul.- “Nos hemos focalizado en dedicar este festival a las personas de Gibara”, dijo Sergio Benvenuto, presidente del Festival Internacional de Cine Pobre de Gibara, encuentro que IPS Cuba ha seguido de cerca desde su nacimiento de la mano del cineasta cubano Humberto Solás (1941-2008) hace ya más de 20 años.
En Gibara, ciudad costera de la provincia cubana de Holguín y ubicada a 771 kilómetros al este de La Habana, comienza el Festival de Cine Pobre este martes 14 de julio, en una jornada cultural que proyectará hasta el 18 de julio audiovisuales procedentes de unos 20 países, cifra inferior a la treintena de la edición de 2025.
“No estamos en el momento idóneo para reunir a una amplia representación de países, ni tendremos una gran cantidad de profesionales participando. La edición estará un poquito más compactada y la cantidad de asistentes también, por razones económicas, de transporte y logísticas de todo tipo”, explicó Benvenuto en declaraciones a IPS Cuba.
Tras el bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos a Cuba en enero pasado, las autoridades nacionales implementaron medidas de racionalización extrema de combustible y se limitó la realización de eventos masivos culturales, como sucedió con la suspensión del anual Festival del Habano en febrero, junto a otras ferias y espectáculos.
El Festival de Cine Pobre, que se pospuso tras haber sido planificado para abril, carga ahora con el reto de conservar una calidad que no traicione los estándares del proyecto fundado en 2003 por Solás, al tiempo que intenta ser “una experiencia aterrizada” a la realidad nacional, dijo su presidente.

Festival aterrizado
El festival llega a Gibara cuando esta urbe de unos 70 000 habitantes sufre de apagones de hasta 50 horas, sucedidos de pequeños períodos de dos o tres horas de electricidad, una situación mucho más trágica e insostenible que la que vivenció el evento en su edición pasada.
“¿Cuán importante podría ser si lográramos colocar tres pantallas al aire libre, con sus sistemas de respaldo energético, y no enredarnos con una sala de cine y todos los costos de preparación y aire acondicionado? Serían como unos cocuyos gigantes en la noche de Gibara”, reflexionó el director del festival.
Pese a la depresión de las arcas estatales, el gobierno de Holguín, en conjunto con el Ministerio de Cultura y el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), decidieron financiar el festival, si bien recibió también apoyo de las embajadas de Noruega y Suiza en la isla, así como de otros actores económicos, privados y estatales.
“Es una oportunidad única de que un montón de experiencias culturales ocurran. El aire que los gibareños tendrán en esta semana, puede tener mucho valor. A nivel simbólico, parar con un proyecto de esta magnitud, con el significado que siempre ha tenido para Gibara, es como detenerse completamente”, dijo Benvenuto.
El Festival de Cine Pobre de Gibara no solo tiene una alta valoración cultural sino que, cumpliendo con unos de los sueños de Solás, empezó a tener valor económico.
Según su presidente, por la experiencia de años anteriores las autoridades locales hicieron sus cálculos y habían comprendido que el festival proporcionaba ingresos a la ciudad, que ya “no era solo un hueco de gastos” y que “dinamizaba toda la economía local” con el turismo que atraía.
El gobierno “está consciente de que esta vez no será como el año pasado, pero si un festival es anual, también mantenerlo significa invertir a futuro”, dijo Benvenuto. “Si en su 20 edición, te olvidas de Gibara, pudieras olvidarte de Gibara para siempre”, alertó.

Espíritu alternativo
Una pantalla al aire libre en la plaza Calixto García que ostenta la Iglesia de San Fulgencio, alumbrará este martes —como un “cocuyo”—, la noche de Gibara con las imágenes del filme de inauguración Neurótica Anónima, de los realizadores cubanos Jorge Perugorría y Mirtha Ibarra.
Rafael Grillo, miembro del comité organizador del evento, confirmó a la prensa nacional que la pluralidad geográfica del festival —que incluye títulos de Irán, India, Palestina, Marruecos, Curazao, naciones de Europa y una amplia representación latinoamericana—, reafirma el espíritu alternativo y universal del evento.
“El festival de Gibara, con su espíritu alternativo y libre, es el hogar natural para Lorca en La Habana”, afirmaron en un comunicado José Antonio Torres y Antonio Manuel Rodríguez, directores del largometraje documental español que presentará a concurso en el certamen.
Desde su fundación por Solás hace 23 años, el festival ha incluido la proyección de audiovisuales, exposiciones de artes visuales, obras teatrales, conciertos multitudinarios y en pequeños espacios, además de fiestas y talleres de cine para niñas, niños, adolescentes y jóvenes, fomentando un fuerte vínculo con la comunidad en que se inserta.
Las bases del certamen, que se enfocan en videos de bajo presupuesto pero de alta calidad, ofrecen un canal de divulgación a estudios audiovisuales independientes y realizadores noveles, cuando en Cuba no frecuentan las oportunidades de proyectar en la gran pantalla obras que se producen fuera del circuito de la industria cinematográfica estatal. (2026)
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