Sistema empresarial de Cuba: retos ante la crisis
Humberto Blanco
Profesor e investigador del estatal Centro de Estudios de la Economía Cubana. Es también consultor en temas relacionados con la economía cubana y administración de empresas.
Más que un sistema empresarial, tenemos un tejido empresarial diferente, con una diversidad de actores que años atrás era impensable, y con muchas limitaciones todavía para desplegar plenamente sus posibilidades como sistema, para contribuir al desarrollo del país.
Recuerdo ahora una frase de inicios de la década pasada que era como un mantra de las reformas iniciadas con los Lineamientos: “Desatar los nudos que atan las fuerzas productivas”.
Nuestros problemas actuales en la economía indican claramente que todavía quedan nudos por desatar, en algunos casos de larga data. El fomento y la articulación de todos los actores, sin excepción, y reitero, como sistema, es una condición indispensable para salir de esta situación.
Entre sus fortalezas hoy está precisamente su diversidad, la capacidad de sobrevivir aún en tan difíciles circunstancias y la potencialidad que puede apreciarse en no pocas de estas empresas. Entre sus debilidades pueden mencionarse el alejamiento de tendencias contemporáneas de la gestión, el bajo nivel tecnológico (con excepciones, claro), la insuficiente articulación.
Me refiero al tejido en su conjunto, tratando de mencionar solo las debilidades a lo interno y no las condicionantes del entorno, que son determinantes. En dependencia del tipo de actor, se podrían especificar otras.
La empresa estatal es determinante si nos referimos al peso que mantiene en el producto interno bruto (PIB), en las exportaciones, el empleo, la presencia en sectores clave de la economía (industria, infraestructura y otros).
Sin embargo, la evolución de su desempeño, con excepciones que siempre existen, dista mucho de cumplir con las expectativas depositadas en este actor económico. Y en determinados sectores como la producción de alimentos, la fabricación de bienes industriales, la energía, entre otros, es evidente el deterioro.
El número de empresas estatales que exhiben pérdidas o baja rentabilidad y los subsidios correspondientes reflejan una situación que no es sostenible por mucho más tiempo.
Varios economistas hemos estudiado el asunto reiteradamente. Resulta indispensable acometer de una vez la reforma a fondo de la empresa estatal, que sigue sin concretarse y cuyas bases se abordan en no pocos de los referidos trabajos.
Aquí solo menciono tres asuntos: el concepto de medios fundamentales de producción y su expresión práctica en empresas por tipo de propiedad y sectores de actividad donde participan, el reconocimiento y la solución de problemas centrales de las empresas estatales en economías centralmente planificadas como la nuestra y el mecanismo de asignación de recursos y formación de precios.
En toda esa diversidad que coexiste con la empresa estatal podrían comentarse historias y casos de éxito y fracaso, de buenas y malas prácticas. Por cierto, hace falta más difusión sobre tales ejemplos y disponer de más datos confiables sobre el universo empresarial cubano.
Las condiciones del entorno donde gestionan su actividad, la eficacia gerencial y el colectivo laboral, en definitiva, son determinantes en los resultados de cualquier tipo de empresa o proyecto.
Existen ejemplos en los que empresas estatales se encadenan con el sector privado en temas como la obtención de materias primas y algunos servicios, el uso de programas informáticos (softwares), el aprovechamiento de capacidades ociosas. Sin embargo, como se decía al inicio, el potencial para un mayor encadenamiento y la concertación de alianzas estratégicas todavía está por desplegarse.
Ello depende de acciones como fortalecer la divulgación y los espacios de confluencia entre actores para la detección de oportunidades de negocio mutuamente beneficiosas, pero también del dominio de los factores determinantes del desempeño de ese tipo de relación, asunto no menor.
Además, influye el contexto donde la estabilización macroeconómica, las políticas nacionales y locales de fomento y sus incentivos correspondientes faciliten estos encadenamientos.
Precisamente, esas tres expresiones al inicio de la pregunta: descentralización, autonomía y fomento de alianzas, como factores de desarrollo del sistema, exhiben obstáculos a vencer. En respuestas anteriores he mencionado algunas claves. Aquí nuevamente sale a relucir el entorno institucional y el modelo de funcionamiento de la economía, transversal a las tres.
También podría añadir la falta de inversiones y la obtención de financiamiento de capital foráneo. Como es evidente, algunos factores externos al país que afectan en mayor o menor medida los esfuerzos del sector empresarial cubano y siempre deben estar presentes en cualquier análisis. Pero ni están bajo nuestro control ni debe ser una opción resignarse a ser rehén de esos factores.
Ante todo hace falta una mirada desde los decisores al sistema en su conjunto, para establecer políticas que no solo controlen y regulen, sino que también fomenten —y esta es una palabra clave: fomentar— el aumento de la capacidad empresarial del país y de los nexos entre los diferentes actores económicos.