Alfredo Zaldívar: Como Don Quijote, insiste en cabalgar

El poeta y ensayista matancero no puede separar al escritor del editor ni del hombre que es, su vida no es literatura, pero vive en ella, y como todos, sueña con ese día sin mascarillas.

Alfredo tiene más de 20 libros publicados y es fundador de la conocida Editorial Vigía.

Foto: revista digital buenosairespoetry.com

Muchos llaman a Alfredo Zaldívar “el alcalde” de Matanzas. Ello se debe a su activa participación en todos los asuntos literarios no solo de su provincia sino de toda la isla. Aunque nació en Holguín vive desde adolescente en la llamada Atenas de Cuba donde ha desarrollado toda su carrera de escritor.

Poeta, ensayista, dramaturgo ha incursionado también en la crítica literaria y de arte y en la narración breve. Tiene más de 20 libros publicados y es fundador de la conocida Editorial Vigía, famosa internacionalmente por la calidad de sus libros artesanales. Actualmente dirige Ediciones Matanzas y su revista homónima y es vicepresidente de la Asociación de Escritores de la UNEAC.

Ha obtenido numerosos reconocimientos literarios pero quizás el más significativo es el Premio Nacional de Edición que se le otorgó en 2012 por la obra de toda su vida.

He aquí algunas de sus reflexiones sobre este tiempo de pandemia y otros asuntos de interés literario.

Se impone hablar de la pandemia. ¿Cómo ha repercutido ella en tu creación?

Lamento decir que ha sido muy escasa. Ni yo mismo lo entiendo. Pensé que tanto encierro me dejaría tiempo para todos mis planes de escritura, que no son pocos, y muchas veces postergados por mi trabajo editorial, tan absorbente. Pensé que leería mucho, algo de lo que nunca he podido prescindir, y no conseguía concentrarme. Empecé a releer mis libros preferidos buscando estimulación. Llegué a la conclusión de que leer o escribir son necesidades, nunca imposiciones. ¡Qué iba a venir una pandemia a imponerme algo tan sublime!

¿Piensas que la situación epidemiológica ha sido para ti una oportunidad de buscar nuevas vías de comunicación con tus lectores? ¿Lo has hecho?

Aunque he usado las redes, algo que la pandemia propició, para publicar poemas, y hasta creé un grupo “La vida en ciernes” para el intercambio literario, no he sido muy consecuente. Sin embargo aparecieron poemas míos en Jerusalén, traducidos al árabe, una extraña experiencia, y Buenos Aires poetry publicó una amplia selección de mi poesía. Ahora Margaret Randall acaba de traducir para una antología de poetas latinoamericanos que saldrá en Estados Unidos, un poema reciente con el tema del racismo.

El poeta, ensayista, dramaturgo es vicepresidente de la Asociación de Escritores de la UNEAC

¿Cómo es escribir poesía con la amenaza del coronavirus?

La prosa, ya sea narrativa o reflexiva, lleva otro tiempo, un laboreo mayor en cuanto a horas de trabajo, a concentración, no a rigor, por supuesto. Pero la poesía viene y uno la deja entrar. No hay que estar predispuesto ni buscarla. Es lo que más he escrito en estos tiempos, sin embargo hay un solo poema que toca el tema del coronavirus. De todas formas, en todo lo que he escrito en estos meses, la pandemia subyace, está en el subtexto. Todo ha cambiado, y la poesía también.

En cuanto a la edición ¿cómo ha repercutido este impasse en Ediciones Matanzas?

Tenemos un fuerte entrenamiento en el trabajo a distancia en lo referente a la labor editorial. Generalmente trabajamos desde casa y nos reunimos una vez por semana. También hemos estado luchando con las carencias de todo tipo. Esto no cambió, pero se dificultan otras cosas que requieren de nuestra presencia y de gestiones que se han visto muy limitadas. No obstante, han salido los libros del plan regular, 22 en total, hechos totalmente por nosotros en nuestro modesto taller. También, lentamente, van saliendo algunos del Plan Nacional del Instituto del Libro, que se hacen en poligrafía. Ha sido complejo pero no hemos parado. Hemos hecho presentaciones en las redes, y mantenemos, vía correo electrónico, nuestros concursos. Creo que le hemos hecho buena resistencia a la pandemia.

¿En qué has estado trabajando en el último año?

Escribo un libro testimonial sobre los primeros años de Ediciones Vigía, como sabes, editorial que fundé y dirigí durante 15 años. Sigo con otra novela: Dile a Fragancia. Reescribí un cuaderno de poesía para niños que saldrá por la editorial D´McPerson. Estoy cerrando un libro de poesía y tengo terminado uno de sonetos. Todo en proceso. No termino nada. Parece que hasta que la pandemia no se vaya voy a estar dándole vueltas.

¿Cómo piensas el futuro post pandemia tanto desde el punto de vista personal como el de escritor y editor?

No puedo separar al escritor del editor ni del hombre que soy. Mi vida no es literatura, pero vivo en ella. Como todos, sueño con ese día sin mascarillas, sin la obsesión, casi paranoica, de higienizarlo todo constantemente. Y aunque vivimos tiempos convulsos, pandemia aparte, va a ser un país y un mundo mejor. Pero lo mejor de todo será el mundo de los abrazos, del “apretamiento social y físico. Lo necesitamos ya”.

Puedes relacionar algunos títulos que prepara la editorial que diriges para este año y para el próximo?

Ahora mismo estoy editando un libro con cartas del adolescente Cintio Vitier a su gran amigo matancero Mario Argenter, gran músico, fundador de la Orquesta Sinfónica de Matanzas. Acaba de salir una gran antología de los poetas Beat, con selección, prólogo y notas de Margaret Randall. Salen ya libros de poesía de Damaris Calderón, Luis Marimón, Efraín Rodríguez Santana, Soleida Ríos, entre muchos otros. Hierro, de Carlos Celdrán y los premios Fundación de la Ciudad y Milanés. Hay varios libros para niños, de historia, ensayo, narrativa. Amplia variedad.

¿Cómo definirías a Alfredo Zaldívar?

Quizás sea uno, entre la muchedumbre, de los seguidores de Don Alonso Quijano, que no ha llegado siquiera a Sancho, pero que insiste en cabalgar.

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