Bailar tango en El Ojo del Ciclón
La galería personal de Leo DʼLázaro, en el corazón de La Habana Vieja, acoge entre el 30 de octubre y el 2 de noviembre la sexta edición del evento TangueArte.
El tango regresa a La Habana con un evento que se celebrará entre los días 30 de octubre y 2 de noviembre de 2025
Foto: Cortesía del autor
El Ojo del Ciclón es una suerte de puerta dimensional que vincula varios mundos. Martí y Lennon, esculpidos en las paredes, bendicen el acceso al inmueble de la esquina de OʾReilly y Villegas; y encima una tela roja ondea presumiendo con la frase “Barrio del Arte”. Si te adentras en el espacio marcado con el número 501, caes de lleno en el universo mental y emocional del artista plástico Leo DˈLázaro.
Pero enfrente de la galería, un Quijote de alambrón, obra de ese propio creador, dignifica con sus aires de caballero la calle agreste y abre sus brazos para hermanarse a los habitantes del lado oscuro, el de la supervivencia, carestía y solares. Mientras, a doscientos metros de ahí, hay otra escultura suya de hierro: el Sancho Panza montado en su burro y bonachón, que saluda a los turistas visitantes de la zona de La Habana Vieja restaurada por la Oficina del Historiador.
Un gato gris y blanco da la bienvenida al estudio y tras recibir unas caricias vuelve a su rutina de remoloneo entre muebles, objetos viejos, piezas terminadas y otras por hacer. Dentro del salón, una joven instructora practica unos pasos con la muchacha aprendiz y el desplazamiento suave, acompasado y felino delata que bailan tango. Un cartel anuncia: “TangueArte 2025. 30 de octubre- 2 de noviembre” y permite adivinar que ellas se están preparando para ese evento.
Antes de abordar a Leo DˈLázaro Cubillas, graduado en 1984 de la Academia de San Alejandro, con preguntas sobre su faceta artística, cabe que, por la proximidad de ese “Festival de Tango con todas las artes” y la curiosidad de su realización en un ambiente galerístico, la conversación inicie con este asunto.

El último tango en La Habana
No deberá ser el último, pero sí el más reciente; y por eso en vez de empezar con la historia de TangueArte desde sus inicios, pido al artista que entregue la primicia informativa de qué va ocurrir en unos días, durante la que es ya la sexta edición.
“Este es un festival multidisciplinar que va más allá del tango como baile y lo invita a vivir, además, como lenguaje poético, gesto corporal y forma de encuentro entre culturas”, explica DˈLázaro. El programa de papel pegado en una columna avisa de invitados de Cuba, Argentina y otros países, y que habrá clases de baile, milongas nocturnas, música de tango tradicional y de fusiones actuales.

También, en charlas y conversatorios se disertará sobre esta manifestación aparecida en la región suramericana del Río de la Plata, en forma de género musical y de baile. El espíritu tanguero impregnará momentos para la poesía y el teatro. Exposiciones de artes plásticas y la proyección de audiovisuales reinterpretarán la ya añeja tradición cultural desde una visión contemporánea.
Cuando le insisto al nacido en La Habana en 1965 que subraye algunas sugerencias especiales para el público, este apunta:
“La inauguración aquí, el 30 de octubre a las 7 pm, con Tango Teatro y canciones en vivo. La clase abierta para todos que conducirá Amy Bermúdez, mi esposa y directora de Tanguearte, el 31 a las 3pm en la Casa de la Poesía. Para la noche de ese día, ʽMilonga con música en vivoʼ en la Fábrica de Arte Cubano. La Feria Multicultural del 1 de noviembre, desde las 10 am, en Espacios Creativos, donde se presentará una exposición mía. Y el Tango Culinario en El Ojo del Ciclón, el 2 de noviembre a las 7 pm.”

Melodía tanguera en el país de la guagua
DˈLázaro me enseña la partitura enmarcada de “La fumadera en la puerta”, tango que él mismo compuso y se estrenará en el evento. Dice: “Siempre sentí una atracción natural por el tango, sobre todo por las canciones”. Tiene la letra escrita a mano en una hoja de papel y leo: “Los abrazos ni te cuento/ ya vienen incorporados/ en el tango de la guagua/ el sudor y los frenazos”.
Un día, él descubrió que su pasión era compartida por otras personas en La Habana y enseguida los invitó a vincularse con su rincón artístico, El Ojo del Ciclón, ya fundado por entonces. “Desde mi punto de vista todo tiene que ver y todo puede conectarse, porque soy así, todo lo relaciono tanto en mi obra como en la vida”, pretexta.
“Años después apareció una polaca que viene mucho a Cuba, Úrsula Bollig, y que hacía unos maratones de tango, donde se baila por varios días, y nos propuso hacer uno”, cuenta DˈLázaro. “Ahí, con mi visión atrevida del arte en cuanto a los vínculos, le fui sugiriendo otras cosas: bailar en la calle, hacer una orquesta, y vamos a poner esto otro y ella siempre muy abierta. Lo más reciente que introducimos es el Tango Culinario”.
Así brotó TangueArte, cuya edición primera tuvo lugar en 2017. Con el tiempo ha evolucionado hasta consolidarse como “espacio donde confluyen la tradición rioplatense, la energía cubana y la experimentación artística contemporánea”; y se ha ganado el apoyo de la Embajada de la República Argentina en Cuba y la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Filosofías del tango, el huracán y el arte
“El tango, como el ojo del ciclón, tiene un centro en calma que invita a mirar adentro”. Esta reflexión del artista no sólo explica por qué esa expresión cultural se adueñó de su atelier particular sino también los cauces del proyecto que ha desarrollado ahí dentro. “Cuando las personas se abrazan en el baile sienten algo especial, se forja una química, una intimidad. Esa sensación de paz interior que se respira con el tango la tiene El Ojo del Ciclón”.
Entrar a la galería es “entrar en mi cabeza”, revela DˈLázaro; y ahí, en el ojo del huracán, en su vórtice o centro, halla un remanso para enfocarse en la confección de su legado artístico y el universo conceptual que lo sustenta. Lo mismo les sucede a quienes visitan El Ojo del Ciclón y por un rato se sienten a salvo de las turbulencias del alrededor, en esa Habana Vieja ora trágica, ora con tintes de absurda comedia.
Pero no es que el artista haya erigido una torre de marfil: “Las personas vienen a mi galería, hago que se sientan bien, me hablan mientras voy creando, y como resultado hay un flujo de afuera hacia dentro, en el que voy absorbiendo toda la realidad”, aclara. El Ojo del Ciclón es un laboratorio creativo donde ese proceso de absorción ha arrojado como resultado una forma íntima de expresión artística, a la cual denominó “arqueología del presente”.
Inquieto y multifacético, versado en dibujo, pintura, escultura, fotografía, diseño y escenografía, DˈLázaro recolecta objetos cotidianos y recicla materiales para realizar ensamblajes inesperados, simular texturas orgánicas y conseguir piezas de arte cargadas de historias ocultas, evocación y simbolismo. Su enfoque artístico enlaza la memoria colectiva con la realidad contemporánea y ofrece significaciones nuevas a objetos en desuso.
Dicho en palabras del propio creador: “Mi arte es una celebración histórica del presente. Es como ir al futuro y volver con la capacidad de asombro para mirar lo actual como si fuera pasado, verlo como si fuera antiguo”.

Hacia fuera: el “Barrio del Arte”
“Si la galería es el centro del huracán, donde está la paz; y afuera está la calle, la gente, que es el ciclón. ¿Cómo yo vinculo El Ojo del Ciclón con la calle?”. Esa pregunta se la hizo Leo DˈLázaro, con el deseo de expandirse, ir hacia fuera, insertarse en el entorno. Y de ahí emergió “Barrio del Arte”, como un proyecto comunitario.
“Mi objetivo es contaminar el barrio con arte y que todo el mundo se involucre”, señala. “Hacemos murales en las calles, actividades con niños, se ofrecen las clases de baile; y yo vinculo a mucha gente, los emprendedores de por aquí, los artistas que están cerca. También los vecinos participan y disfrutan lo que se hace, respetan el proyecto y los he oído como le hablan de eso a otras personas. A veces me traen algo y me dicen, mira, esto es para hacer una escultura, o me venden cosas que hacen falta para mi obra”.
El área donde está enclavado El Ojo del Ciclón permanece mejor iluminada que el resto. Y las obras de arte en el exterior alegran la vida de los transeúntes y atraen a los turistas. El artista asegura que “ya se ha creado un sentido de pertenencia con la galería y reconocen que es algo bueno para la comunidad”.
“Los niños de la guardería de mi hija más chiquita, de cinco años, cuando salen del círculo infantil, vienen aquí a jugar. También entran los chiquitos del barrio. Aquí los grupos sociales se conectan. Confluyen muchos grupos culturales, vienen amigos míos de diferentes ámbitos y se forjan vínculos y proyectos. Incluso se han creado familias, como la mía, porque en este lugar conocí a mi esposa”, confiesa. Y concluye:
“La idea es crear vínculos a partir de la emoción. Este es un espacio de emoción, como el tango”.

Sobre íconos: Quijote y Sancho, Martí
Aunque están relativamente cercanos, llama la atención no verlos cabalgar uno al lado del otro. “Por lo menos se pueden enviar mensajes por Whatsapp”, responde en broma a la pregunta que, según él, llevan años haciéndole. “Si Quijote y Sancho no han podido juntarse es por problemas institucionales”.
Entonces, Leo DˈLázaro me hace el cuento entero: “Yo primero hice el Sancho y estuvo dando vueltas por varios puntos de la ciudad: en el Pabellón Cuba, en Playa, en el parque de la Biblioteca Villena, hasta que lo doné a Eusebio Leal para ponerlo en el parque de Obispo y Aguacate donde ahora está”.
“Muchas veces traté de colocarle un Quijote al lado, desde que estaba en otros lugares, pero siempre me decían que existe una comisión para eso y había que esperar por la reunión de aprobación. Al final, hice el Quijote y lo puse ahí en la esquina, como parte del proyecto Barrio del Arte, con la esperanza de algún día poder unirlo a su escudero.”
Colocado afuera y dentro del estudio por todas partes, en dibujos y pinturas, fotos y esculturas, aparece la imagen de José Martí. DˈLázaro justifica su obsesión: “Leí todos los tomos de su obra escrita y siempre me atrajo su figura. Ya en 1995, cuando el centenario de su muerte, hice un montón de esculturas de él que se entregaron a grandes personalidades de este país”.
Sus figuraciones de Martí han pasado por diferentes materiales y enfoques simbólicos. “El último que hice es al que llamo ʽMartí Halcón”. A ese lo tiene en tamaño de busto sobre su mesa de trabajo, lo toma en sus manos y expone: “Este lo ve todo desde arriba como el halcón. Y tiene el pelo alzado en la punta de la cabeza, como una llama encendida, y además como un peinado moderno, para acentuar que es un hombre de todos los tiempos”.
El creador hace una revelación: “Decidí hacer una copia en pequeño con el objetivo de empezar a entregar un Premio anual El Ojo del Ciclón. La distinción será para una personalidad que a mi entender haya hecho aportes especiales a la cultura cubana”.
No alcanzo a sacarle el nombre del privilegiado porque no lo ha decidido aún. Pero Leo DˈLázaro me regala este resumen para cerrar la conversación:
“Llevo 21 años con este proyecto, haciendo actividades y promoviendo el arte, pues mi interés no es solamente hacer mi obra sino tener un efecto real en el mundo cultural y ejercer una influencia verdadera sobre el barrio y la gente. Creo haber logrado bastante, pero se puede hacer mucho más” (2025).
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