Historias del primer año de la Covid

Un relato personal.

¿Qué hacer en tiempos de pandemia? Cada cual tiene una respuesta particular para esta pregunta.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Comenzamos un nuevo año en el que habíamos puesto esperanzas, pero muy pronto nos damos cuenta que este es una extensión del anterior, que distanciamiento físico y cuidados extremos seguirán marcando la pauta, y como Sísifo tendremos que empezar de nuevo a escalar la montaña. Entonces, hacemos el recuento de lo sucedido en el anterior año pandémico.

Recuerdo bien mi primera respuesta de alejamiento y prevención, antes de que en la isla sonaran las alarmas. Fue un día de febrero, en una cola para el pollo en Lawton; sentí temor y abandoné mi lugar. Ya Europa estaba sufriendo las conscuencias de unos negligentes aficionados al fútbol, en Italia, y el SARS Cov-2, proveniente de China, se diseminaba por el viejo continente.

Cuando en marzo otros italianos aterrizaron aquí con el coronavirus, nos adentramos en esta angustia global que ahora, en enero de 2021, se reinicia y se expande, rápida y furiosa, de una punta a la otra del archipiélago.

La pandemia demanda el máximo de gobiernos y estados, de las sociedades, pero también nos lleva al límite a nivel individual, nos exige estrategias de tiempo de guerra. Como volvimos al estado de sitio hay que hacer un replay.

Llegamos hasta aquí atravesando el 2020 como si corriéramos por un campo minado, lleno de obstáculos, tratando de esquivar a un enemigo invisible que podía estar agazapado en una cola, en un grupo de personas, quienes, tal vez, eran inconscientes del mal que podían contener y el peligro que representaban. Cuando lográbamos el objetivo perseguido (adquirir o gestionar algo), regresábamos al refugio donde otras conductas debíamos seguir, porque otros enemigos podían atacarnos: la soledad, el estrés, los pensamientos destructivos.

Una de las cosas que yo puse en práctica como respuesta al confinamiento, para escapar del estrés, entre abril y septiembre, fue preguntarle a otros qué sabían del coronavirus, qué información tenían para compartir, qué habían hecho en todo ese tiempo, y qué estaban haciendo para lidiar con el encierro. Mis preguntas estuvieron contenidas en tres encuestas realizadas para la revista católica Palabra Nueva; dos de ellas en conjunto con Yarelis Rico.

Como cada nación trazó su propia gestión de la crisis, en la primera de las encuestas, “Una pandemia transita el orbe”, convocamos a un grupo de profesionales que viven en países diversos, para poner el tema en contexto desde esas naciones. Así, entre el 22 de abril y el 9 de mayo, le dimos seguimiento a través de las voces de científicos, académicos, profesores, escritores, y periodistas, procedentes de Argentina, Australia, Reino Unido, España, Rumania, Alemania, Suecia, y Noruega.

En sus respuestas, Rodolfo Alonso, Carlos Uxó, Alejandro Madrigal, Antonio Álvarez Gil, Robert Luzinski, Anabel Pacios, Miguel Ángel Fraga, y Kristin Havgart, nos contaron las políticas implementadas en esos países; los doctores Madrigal y Pacios nos explicaron, además, los tratamientos practicados. La información brindada por todos ellos, junto a los datos que agregamos, fueron una especie de mapa global del coronavirus hasta mayo.

Muy pronto nos damos cuenta que este año es una extensión del anterior.

La segunda encuesta, “Hoy y mañana de una pandemia”, entre el 24 de mayo y el 9 de junio, la dirigimos a escritores, artistas, sacerdotes, religiosos, religiosas, y jovenes laicos, para inquirir sobre sus experiencias particulares durante el encierro: cómo había transcurrido su tiempo, cómo lo habían empleado, qué reflexiones hicieron de lo acontecido, y cómo imaginaban el futuro post pandemia. Ofrecemos dos ejemplos:

El escritor Leonardo Padura dijo haberle sacado provecho a la situación, pues hizo la revisión final de su novela Como polvo en el viento, además de la escritura de varios artículos, el prólogo al libro de un fotógrafo, respondió muchas entrevistas (todas para medios de fuera de Cuba), y avanzó en un posible argumento para una serie de cine/tv.

El Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015 también compartió un pensamiento inquietante respecto al futuro, pues avizora “un mundo que va a vivir por meses, quizás años, en permanente zozobra, con miedo, en medio de la incertidumbre más abarcadora: sanitaria, social, económica, política, existencial… Un mundo en el que cada vez más los poderes de las inteligencias artificiales y las plataformas de información, comunicación y recopilación de datos, tendrán un protagonismo mayor y muy peligroso”.

Mientras que la profesora, ensayista y novelista Margarita Mateo, nos dejó esta reflexión: “En plena clausura ha surgido la libertad de un tiempo que responde a una dinámica más afín a los ritmos corporales, a las necesidades de expansión del espíritu, al placer del ocio: no del banalmente industrializado en hoteles y aeropuertos, sino de aquel mencionado por Montaigne, que le permitió escribir sus ensayos: el de un pensamiento libre y girovagante, que puede detenerse en cualquier reflexión, abandonado a sus propias fuerzas. El espacio interior puede ampliarse en la misma medida en que el de afuera permanece vedado”.

Y en esa misma pauta filosófica siguió: “Sí, creo que he aprovechado estos meses en una dimensión alejada de lo utilitario inmediato: tiempo recuperado para dialogar conmigo misma, para hacer recuentos difíciles tantas veces postergados, realizar lecturas aplazadas por otras exigencias, escribir por la pura necesidad de hacerlo, sin saber a dónde irán a parar esas palabras”.

Respecto al futuro, la académica respondió: “La puesta en escena de la pandemia a través de los medios de comunicación, aparte de la intensa carga trágica y estremecedora de algunas de las situaciones mostradas, ha llegado a adquirir tonos burlescos, de un nivel de mentiras y desvergüenza que provoca confusión y espanto. Siento que la crisis de valores éticos se ha extendido como un cáncer y ha llegado a un punto en el que va a ser muy difícil recuperar la credibilidad en las instituciones”.

Y continuó: “No entendía mucho el concepto de post-verdad, y aún ahora no sé si lo comprendo en su real acepción, pero siento que este caos de mentiras, fraudes, distorsiones, eufemismos y ocultamientos con fines políticos para mantener el poder de algunos ha llegado a extremos tales que la verdad parece convertirse en una ficha más que ha sido prostituida”.

En la tercera serie, “Notas del año de la Covid”, entre el 29 de julio y el 9 de septiembre, encuestamos a un grupo más amplio aún, integrado por escritores, comunicadores, artistas, médicos, sacerdotes, religiosos, religiosas, y otras personas de fe, para que nos contaran sus vivencias en esos siete meses, y nos dijeran cómo habían pasado sus días, de qué manera enfrentaron los desafíos, y qué lectura hacían de lo acaecido.

Lo más interesante que tuvo esa serie fue la diversidad y originalidad de las catorce respuestas. Ofrecemos una muestra muy sintética de la mitad de ellas:

Benito Abeledo Fernández es un médico especializado en toxicología, pero también es un gran lector y cinéfilo que aprovechó el encierro para implementar un programa cinematográfico hogareño para compartir con su hijo adolescente. Lo titularon Ciclo de filmes Covid. Ellos vieron y debatieron más de treinta películas y documentales. Según el doctor Abeledo “El confinamiento propició que La sociedad de los poetas muertos, La vida es bella, o Forrest Gump, entre otros filmes inolvidables, formen parte ahora del arsenal de gratos recuerdos de ese infante que es mi hijo, como lo son desde hace mucho de su padre, que tuvo el privilegio de verlos nuevamente en su compañía”.

La artista visual y curadora Mabel Martín Zuaznábar relató las “duras sacudidas” que sufrió al asumir intensas labores, familiares y domésticas, y ser artista, lo cual la obligó a replantearse su arte en espacios y horarios reducidos, pero convirtió el escenario de la pandemia en una situación provechosa para acometer la creación; así surgió el proyecto “A todos los que saben amar”, para realizar un video con sus amigos de la escuela Lenin, tomando como hilo conductor el discurso de José Martí «Con todos y para el bien de todos».

El escritor Leonardo Padura dijo haberle sacado provecho a la situación, pues hizo la revisión final de su novela Como polvo en el viento.

La escritora Yasmín Sierra confeccionó un árbol con un material muy parecido al fieltro, “para celebrar, en medio del caos, una acción de adoración a lo creado por Dios. Cada vez que sentía angustia iba a ‘mi árbol de la vida’ y colocaba un animal, un árbol, en fin, algo creado por Dios, y me decía: Si Dios creó este mundo jamás lo destruirá. Debo agasajar su obra”.

Alexis Soto Ramírez, en el poema “La plaga” metáfora de la pandemia, nos dice que “a eso mandaron la plaga/ a encofrar con un cintillo la locura del hombre/ el llanto mudo del mulo/ y el orgullo del árbol”, aunque nos advierte que “la plaga era y no imaginaria/ como nuestras pesadillas/ no obstante plantamos flores/ para aliento y refugio de las abejas/ como si no importara más el propio sucumbir”.

Otro poeta, Carlos Esquivel, en “La pandemia de los sobrevivientes”, propone un arca para salvarnos, porque, “como nos estábamos quedando sin país, hicimos nuestro propio país y lo convertimos en un arca rodante que pudiera atravesar lo que todavía quedaba de lo que fuera mundo. Un arca para escribir y vivir. Un país rodante para iguales, o simulados, trances”.

Xavier Carbonell, novelista y corresponsal en Cuba de la Asociación Católica Mundial para la Comunicación, relató su travesía por tres continentes para llegar a Cuba en medio de la pandemia, y demuestra, con su propia narrativa, que “el cubano es capaz de convertir, proletariamente, los reveses en historias. No importa el género (chisme, bola, meme, noticia trastornada o reinventada), mientras más mala se ponga la cosa pública, se responde con humor de todos los colores, con una verborrea que desafía cualquier nasobuco, aunque sea impermeable o plástico”.

Por último, el seminarista Juan Carlos Panellas confiesa que es en la dimensión vocacional de su vida en la que más ha sentido los efectos de este tiempo, y es en ella donde más experiencias positivas ha tenido y donde más ha sufrido algunas realidades que le hacen pensar mucho en su futuro sacerdotal. Él compartió algunas experiencias y reflexiones de mucha sustancia, y señaló: “Viendo lo que se ha vivido creo que se abren oportunidades múltiples de diálogo para crecer. Dios me sigue confirmando en la necesidad de promover y vivir el diálogo. Este ha sido un tiempo para sentir con Jesús, para compartir sus emociones y trabajos en este mundo. Es una gracia de Dios”.

Hasta aquí el relato de las tres series que mantuvieron ocupado una parte de mi tiempo entre abril y septiembre. Tendría que hacer otra crónica para comentar la solidaridad que recibimos mi esposa y yo durante los días más duros, sin la cual nos hubiera sido mucho más difícil llegar hasta hoy. Ahora vemos que todo vuelve a ser oscuro, y como Sísifo tratamos de subir la montaña con una piedra mayor aún. Pero no perdemos la esperanza. Mi amigo, el novelista Lázaro Zamora, que participó en la tercera serie, me dijo, esperanzado, que esta pesadilla pasará y en la vida todo volverá a ser como antes.

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